TIEMPO DE CUARESMA
LUNES DE LA SEMANA V
Del Propio del Tiempo. Salterio I
8 de abril
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)
V. Señor abre mis
labios
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y
por nosotros murió, venid, adorémosle.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno: CUÁNTAS VECES, SEÑOR, ME HABÉIS LLAMADO
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las hojas del árbol del pecado!
Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas atrevido,
al mismo precio que me habéis comprado.
Besos de paz os di para ofenderos,
pero si fugitivos de su dueño
yerran cuando los hallan los esclavos,
hoy que vuelvo con lágrimas a veros,
clavadme vos a vos en vuestro leño
y tendréisme seguro con tres clavos. Amén.
SALMODIA
Ant 1. A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi
voz.
Salmo 5, 2-10. 12-13 - ORACIÓN DE LA MAÑANA DE UN
JUSTO PERSEGUIDO
Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.
A ti te suplico, Señor;
por la mañana escucharás mi voz,
por la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.
Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.
Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia.
Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo enemigos;
alláname tu camino.
En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.
Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu nombre.
Porque tú, Señor, bendices al justo,
y como un escudo lo rodea tu favor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. A ti te suplico,
Señor; por la mañana escucharás mi voz.
Ant 2. Alabamos, Dios
nuestro, tu nombre glorioso.
Cantico: SOLO A DIOS HONOR Y GLORIA 1Cro 29,10-13
Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
por los siglos de los siglos.
Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el esplendor, la majestad,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,
tú eres rey y soberano de todo.
De ti viene la riqueza y la gloria,
tú eres Señor del universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas a todos.
Por eso, Dios nuestro,
nosotros te damos gracias,
alabando tu nombre glorioso.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Alabamos, Dios
nuestro, tu nombre glorioso.
Ant 3. Postraos ante el
Señor en el atrio sagrado.
Salmo 28 - MANIFESTACIÓN DE DIOS EN LA TEMPESTAD.
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria hace oír su trueno,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los cedros del Líbano.
Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una cría de búfalo.
La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.
La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!
El trono del Señor está encima de la tempestad,
el Señor se sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a su pueblo con la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Postraos ante el
Señor en el atrio sagrado.
LECTURA BREVE Jr 11, 19-20
Yo como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que
contra mí planeaban: «Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la
tierra de los vivos, que su nombre no se pronuncie más.» Pero tú, Señor de los
ejércitos, juzgas rectamente, escudriñas las entrañas y el corazón; veré tu
venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del cazador.
R. Él me librará de
la red del cazador.
V. Me cubrirá con su
plumaje.
R. Él me librará de
la red del cazador.
V. Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Él me librará de
la red del cazador.
PRIMERA LECTURA
De la carta a los Hebreos 11, 1-19
LA FE DE LOS ANTIGUOS PADRES
Hermanos: La fe es la firme seguridad de los bienes que se esperan, la plena
convicción de las realidades que no se ven. A causa de ella fueron alabados nuestros
mayores.
Por la fe sabemos que el universo fue formado por la Palabra de Dios, de modo
que lo visible ha tenido su origen en una causa invisible.
Por la fe ofreció Abel a Dios un sacrificio más excelente que el de Caín; por
ella fue proclamado justo, dando Dios mismo testimonio a favor de sus ofrendas,
y por la fe continúa hablando aun después de su muerte.
Por la fe fue trasladado Henoc sin experimentar la muerte: «No fue hallado más,
porque Dios se lo llevó.» Pero antes de ser trasladado se da testimonio en su
favor de que «había sido grato a Dios». Ahora bien, sin la fe es imposible
agradar a Dios, pues el que se acerca a Dios debe creer que existe y que es
remunerador de los que lo buscan.
Por la fe, movido de religioso temor, Noé fabricó el arca para salvar a su
familia, advertido por Dios de lo que aún no se veía venir; e, igualmente por
la fe, condenó al mundo y se hizo heredero de la justificación que se alcanza
por la fe.
Por la fe obedeció Abraham al ser llamado por Dios, saliendo hacia la tierra
que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe
peregrinó por la tierra prometida, como en tierra extraña, habitando en tiendas
con Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas, pues esperaba entrar en
esa ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es el mismo
Dios.
Por la fe la misma Sara, a pesar de su avanzada edad, recibió el poder de ser
madre, pues tuvo fe en aquel que se lo había prometido. Y, por esto mismo, de
un solo hombre, ya incapaz de transmitir la vida, nacieron hijos, «numerosos
como las estrellas del cielo, incontables como las arenas del mar».
En la fe murieron todos ellos, sin haber alcanzado la realización de las
promesas, pero las vieron desde lejos y las saludaron, reconociendo que eran
«forasteros y peregrinos sobre la tierra». En verdad que quienes así se
expresan dan a entender claramente que van en busca de una patria, pues, si
hubiesen pensado en aquella de la que habían salido, ocasiones tuvieron para
volver a ella. Pero ellos aspiraban a una patria mejor, es decir, a la
celestial. Por eso Dios no se desdeña de llamarse su Dios, pues les tenía ya
preparada una ciudad.
Por la fe, puesto a prueba, ofreció Abraham a Isaac; y ofrecía a su unigénito,
a aquel que era el depositario de las promesas, respecto del cual Dios le había
dicho: «Por Isaac tendrás descendencia.» Concluyó de todo ello que Dios podía
resucitarlo de entre los muertos; y por eso lo recuperó como un símbolo.
RESPONSORIO Hb 11,17. 19; Rm 4, 17
R. Por la fe, puesto a prueba, ofreció Abraham a Isaac; y ofrecía a
su unigénito, a aquel que era el depositario de las promesas; * concluyó de
todo ello que Dios podía resucitarlo de entre los muertos.
V. Creyó en aquel que da la vida a los muertos y llama a la existencia
a lo que no es.
R. Concluyó de todo ello que Dios podía resucitarlo de entre los
muertos.
SEGUNDA LECTURA
Del Comentario de san Juan Fisher, obispo y mártir, sobre los
salmos
(Salmo 129: Opera omnia, edición 1579, p. 1610)
SI ALGUNO PECA, ABOGADO TENEMOS ANTE EL PADRE
Nuestro sumo sacerdote es Cristo Jesús y nuestro sacrificio es su cuerpo
precioso, que él inmoló en el ara de la cruz por la salvación de todos los
hombres.
La sangre derramada por nuestra redención no era de terneros o de machos cabríos
(como en la ley antigua), sino la del Cordero inmaculado, Cristo Jesús, nuestro
salvador. El templo en que ofició nuestro sumo sacerdote no era hecho por mano
de hombre, sino edificado únicamente por el poder de Dios. Y así, él derramó su
sangre a la vista de todo el mundo; y el mundo es el templo construido por la
sola mano de Dios.
Este templo tiene dos partes: una es esta tierra que nosotros habitamos al
presente, la otra nos es aún desconocida a nosotros, mortales.
Primero, cuando sufrió la muerte dolorosísima, ofreció el sacrificio aquí en la
tierra. Después, cuando revestido de la nueva inmortalidad penetró por su
propia sangre en el santuario, esto es, en el cielo, presentó ante el trono del
Padre aquella sangre de un valor inmenso, que había derramado abundantemente
por todos los hombres, sujetos al pecado.
Este sacrificio es tan acepto y agradable a Dios que, en el mismo instante en
que lo mira, compadecido de nosotros, se ve forzado a otorgar su clemencia a
todos los que se arrepienten de verdad.
Es, además, un sacrificio eterno, ya que se ofrece no sólo cada año (como
sucedía entre los judíos), sino cada día, más aún, cada hora y a cada momento,
para que en él hallemos consuelo y alivio.
Respecto de él, dice el Apóstol: Obteniendo una redención eterna, pues de este
sagrado y eterno sacrificio se benefician todos aquellos que están
verdaderamente contritos y arrepentidos de los pecados cometidos, los que
tienen un decidido propósito de no reincidir en sus malas costumbres y
perseverar con constancia en el camino de las virtudes que han emprendido.
Lo cual expresa san Juan con estas palabras: Hijos míos, os escribo esto para
que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el
justo. Él es propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros,
sino por los del mundo entero.
RESPONSORIO Rm 5, 10. 8. 9
R. Si, siendo aún enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la
muerte de su Hijo, * con mayor razón, estando ya reconciliados, seremos salvos
por su vida.
V. Siendo todavía pecadores, murió Cristo por nosotros.
R. Con mayor razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su
vida.
Lunes, 8 de
abril de 2019
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Juan. 8,12-20
EN aquel tiempo, Jesús habló a los fariseos, diciendo: «Yo soy la luz del
mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la
vida». Le dijeron los fariseos:
«Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero». Jesús les
contestó:
«Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de
dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni
adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo
yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino yo y e! que me ha
enviado, el Padre; y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos
hombres es verdadero. Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de
mí el que me ha enviado, el Padre». Ellos le preguntaban:
«Dónde está tu Padre?». Jesús contestó: «Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si
me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre». Jesús tuvo esta
conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y
nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.
Palabra del Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. «El que me sigue no camina en tinieblas, sino que
tendrá la luz de la vida», dice el Señor.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1,
68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. «El que me sigue
no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida», dice el Señor.
PRECES
Bendigamos a Jesús, nuestro Salvador, que por su
muerte nos ha abierto el camino de salvación, y digámosle confiados:
Danos caminar por tus senderos, Señor.
Señor de misericordia, que en el bautismo nos diste una vida nueva,
te pedimos que nos hagas cada día más conformes a ti.
Danos caminar por tus senderos, Señor
Enséñanos, Señor, a ser hoy alegría para los que sufren
y haz que sepamos servirte en cada uno de los necesitados.
Danos caminar por tus senderos, Señor
Que procuremos, Señor, hacer lo bueno, lo recto y lo verdadero ante ti
y que busquemos tu rostro con sinceridad de corazón.
Danos caminar por tus senderos, Señor
Perdona, Señor, las faltas que hemos cometido contra la unidad de tu
familia
y haz que tengamos un solo corazón y un solo espíritu.
Danos caminar por tus senderos, Señor
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Dirijámonos a Dios con la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACION
Señor, Dios nuestro, que por el amor inefable que
nos tienes nos enriqueces con toda clase de bendiciones, concédenos pasar de
nuestras antiguas faltas a una vida nueva, para prepararnos convenientemente a
la gloria del reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive
y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de
los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos
lleve a la vida eterna.
R. Amén.