Musica Para el Alma
lunes, 6 de abril de 2026
JUAN 20,11-18 CICLO A
Evangelio del Martes de la Octava de Pascua
07 Abr 2026
*Lectura del santo evangelio según san Juan (20,11-18)*
En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al
sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles
vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había
estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice.
«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre
vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
(«Mujer,
¿por qué lloras?». Ella contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé
dónde lo han puesto»).
*María Magdalena una mujer a la que Jesús arrancó de
la mano del demonio, después de ser curada, nunca se apartó de Jesús. Ella no
pudo conciliar el sueño, por la angustia y por el dolor y por la madrugada
decide ir al lugar donde habían enterrado a Jesús. Ella que viene con el dolor
de que mataron a su Señor, y ahora se encuentran que abrieron la tumba, otro
dolor más que llega a su vida, y en medio de tanto dolor y tristeza, se llena
de valor y reclama el cuerpo de su Señor, y le dice: señor, si tú te lo has
llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». La buena noticia es que el
Señor, cambio su dolor en gozo y su luto en fiesta, ella resulto ser la mujer
encargada de llevar en su corazón, la más grande de toda la noticia, “El Señor
ha Resucitado” y dice que los espera en galilea que allí lo verán, María
Magdalena fue la mujer que llevo la gran Esperanza a tantos corazones lastimando
y triste y el mío es uno de eso corazones que ha alcanzado esta buena noticia.
Cristo ha Resucitado, Aleluya, Aleluya*
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAS LAUDES Y LAS VISPERAS DEL MARTES 7
*LAS LAUDES Y
LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar
este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
*Martes de la
octava de pascua*
LAUDES
(Oración
de la mañana)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Señor abre mis labios
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant. Verdaderamente ha resucitado el
Señor. Aleluya.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA
DIVINA
Venid,
aclamemos al Señor,
demos
vítores a la Roca que nos salva;
entremos
a su presencia dándole gracias,
aclamándolo
con cantos.
Porque
el Señor es un Dios grande,
soberano
de todos los dioses:
tiene
en su mano las simas de la tierra,
son
suyas las cumbres de los montes;
suyo
es el mar, porque él lo hizo,
la
tierra firme que modelaron sus manos.
Venid,
postrémonos por tierra,
bendiciendo
al Señor, creador nuestro.
Porque
él es nuestro Dios,
y
nosotros su pueblo,
el
rebaño que él guía.
Ojalá
escuchéis hoy su voz:
«No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como
el día de Masá en el desierto;
cuando
vuestros padres me pusieron a prueba
y
dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante
cuarenta años
aquella
generación me repugnó, y dije:
Es
un pueblo de corazón extraviado,
que
no reconoce mi camino;
por
eso he jurado en mi cólera
que
no entrarán en mi descanso»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno: ESTABA AL ALBA MARÍA
Estaba
al alba María,
porque
era la enamorada.
«¡María!»,
la voz amada.
«¡Rabbuní!»,
dice María.
El
amor se hizo un abrazo
junto
a las plantas benditas;
las
llagas glorificadas
ríos
de fuego y delicia;
Jesús,
esposo divino,
María,
esposa cautiva.
Estaba
al alba María,
para
una unción preparada.
Jesús
en las azucenas
al
claro del bello día.
En
los brazos del Esposo
la
Iglesia se regocija.
¡Gloria
al Señor encontrado,
gloria
al Dios de la alegría,
gloria
al Amor más amado,
gloria
y paz, y Pascua y dicha! ¡Aleluya!
Estaba
al alba María,
es
Pascua en la Iglesia santa. ¡Aleluya! Amén.
SALMODIA
Ant 1. Cristo ha resucitado y con su
claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.
SALMO 62, 2-9 - EL ALMA SEDIENTA DE
DIOS
¡Oh
Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi
alma está sedienta de ti;
mi
carne tiene ansia de ti,
como
tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo
te contemplaba en el santuario
viendo
tu fuerza y tu gloria!
Tu
gracia vale más que la vida,
te
alabarán mis labios.
Toda
mi vida te bendeciré
y
alzaré las manos invocándote.
Me
saciaré de manjares exquisitos,
y
mis labios te alabarán jubilosos.
En
el lecho me acuerdo de ti
y
velando medito en ti,
porque
fuiste mi auxilio,
y
a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi
alma está unida a ti,
y
tu diestra me sostiene.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su
sangre. Aleluya.
Ant
2. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor,
nuestro Dios. Aleluya.
Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL
SEÑOR - Dn 3, 57-88. 56
Creaturas
todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo
con himnos por los siglos.
Ángeles
del Señor, bendecid al Señor;
cielos,
bendecid al Señor.
Aguas
del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos
del Señor, bendecid al Señor.
Sol
y luna, bendecid al Señor;
astros
del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia
y rocío, bendecid al Señor;
vientos
todos, bendecid al Señor.
Fuego
y calor, bendecid al Señor;
fríos
y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos
y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos
y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas
y nieves, bendecid al Señor;
noche
y día, bendecid al Señor.
Luz
y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos
y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga
la tierra al Señor,
ensálcelo
con himnos por los siglos.
Montes
y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto
germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales,
bendecid al Señor;
mares
y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos
y peces, bendecid al Señor;
aves
del cielo, bendecid al Señor.
Fieras
y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo
con himnos por los siglos.
Hijos
de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga
Israel al Señor.
Sacerdotes
del Señor, bendecid al Señor;
siervos
del Señor, bendecid al Señor.
Almas
y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos
y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Ananías,
Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo
con himnos por los siglos.
Bendigamos
al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo
con himnos por los siglos.
Bendito
el Señor en la bóveda del cielo,
alabado
y glorioso y ensalzado por los siglos.
No
se dice Gloria al Padre.
Ant.
Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor,
nuestro Dios. Aleluya.
Ant
3. Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como os lo había anunciado. Aleluya.
Salmo 149 - ALEGRÍA DE LOS SANTOS
Cantad
al Señor un cántico nuevo,
resuene
su alabanza en la asamblea de los fieles;
que
se alegre Israel por su Creador,
los
hijos de Sión por su Rey.
Alabad
su nombre con danzas,
cantadle
con tambores y cítaras;
porque
el Señor ama a su pueblo
y
adorna con la victoria a los humildes.
Que
los fieles festejen su gloria
y
canten jubilosos en filas:
con
vítores a Dios en la boca
y
espadas de dos filos en las manos:
para
tomar venganza de los pueblos
y
aplicar el castigo a las naciones,
sujetando
a los reyes con argollas,
a
los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar
la sentencia dictada
es
un honor para todos sus fieles.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como os lo había anunciado. Aleluya.
LECTURA BREVE Hch 13,
30-33
Dios
resucitó a Jesús de entre los muertos. Y durante muchos días se apareció a los
que con él habían subido de Galilea a Jerusalén: éstos, efectivamente, dan
ahora testimonio de él ante el pueblo. Y nosotros os damos la buena nueva: la
promesa que Dios hizo a nuestros padres la ha cumplido él ahora con nosotros,
sus hijos, resucitando a Jesús, según está escrito en el salmo segundo: «Tú
eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy.»
RESPONSORIO BREVE
En
lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Éste es el día en que actuó el Señor: sea él nuestra alegría y nuestro gozo.
Aleluya.
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los apóstoles 2,
1-21
VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO. PRIMER
DISCURSO DE PEDRO
Cuando
llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar; de
pronto, se oyó un estruendo que venía del cielo, como de un viento impetuoso
que invadió toda la casa donde estaban reunidos. Y aparecieron unas como
lenguas de fuego, que se repartieron y posaron sobre cada uno de ellos; todos
quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas,
según les hacía expresarse el Espíritu.
Vivían
a la sazón en Jerusalén judíos, hombres piadosos, que pertenecían a todas las
naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel estruendo, acudió un gran
gentío, y todos quedaban atónitos al oírlos hablar cada uno en su propia
lengua. Maravillados y llenos de estupor, exclamaban:
"Pero,
¿no son galileos todos estos que están hablando? Pues ¿cómo cada uno de
nosotros los estamos oyendo hablar nuestra lengua materna? Partos, medos,
elamitas, los que vivimos en Mesopotamia, Judea y Capadocia, en el Ponto y en
el Asia proconsular, en Frigia y Panfilia, en Egipto y tierras de Libia
Cirenaica, forasteros romanos, tanto judíos de raza como prosélitos, cretenses
y árabes, todos los estamos oyendo hablar en nuestras lenguas las grandezas de
Dios.»
Perplejos
y llenos de estupor, se preguntaban unos a otros:
"Pero
¿qué es esto?»
Otros
se burlaban y decían:
«Están
llenos de mosto.»
Pedro,
acompañado de los Once, alzó entonces su voz y les dirigió este discurso:
«Judíos
y moradores todos de Jerusalén, prestad atención a mis palabras y tenedlo bien
entendido. No están éstos ebrios de vino, como vosotros pensáis, pues son
todavía las nueve de la mañana. Lo que estáis viendo es el cumplimiento de esta
profecía de Joel:
"En
los últimos días -dice Dios-, derramaré mi espíritu sobre toda carne:
profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros jóvenes tendrán visiones
y vuestros ancianos soñarán sueños. Hasta sobre los siervos y las siervas
derramaré mi espíritu en aquellos días. Haré prodigios arriba en el cielo y
señales abajo en la tierra: sangre, fuego, columnas de humo. El sol se
oscurecerá, la luna aparecerá sangrienta, antes de que llegue el día del Señor,
grande y terrible. y cuantos invoquen el nombre del Señor se salvarán."»
RESPONSORIO Hch 2,
21; cf. 4, 12. 11
R.
Cuantos invoquen el nombre del Señor se salvarán. * No hay bajo el cielo otro
nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos. Aleluya.
V.
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha
convertido en piedra angular; en ningún otro se encuentra la salud.
R.
No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos
salvarnos. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
De las Disertaciones de san Anastasio
de Antioquía, obispo
(Disertación 4, 1-2: PG 89,
1347-1349)
EL MESÍAS TENIA QUE PADECER, PARA ASÍ
ENTRAR EN SU GLORIA
Después
que Cristo se había mostrado, a través de sus palabras y sus obras, como Dios
verdadero y Señor del universo, decía a sus discípulos, a punto ya de subir a
Jerusalén: Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a
los gentiles y a los sumos sacerdotes y a los escribas, para que lo azoten,
hagan burla de él y lo crucifiquen. Esto que decía estaba de acuerdo con las
predicciones de los profetas, que habían anunciado de antemano la muerte que
había de padecer en Jerusalén. Las sagradas Escrituras habían profetizado desde
el principio la muerte de Cristo y todo lo que sufriría antes de su muerte;
como también lo que había de suceder con su cuerpo, después de muerto; con ello
predecían que este Dios, al que tales cosas acontecieron, era impasible e
inmortal; y no podríamos tenerlo por Dios, si, al contemplar la realidad de su
encarnación, no descubriésemos en ella el motivo justo y verdadero para
profesar nuestra fe en ambos extremos, a saber, en su pasión y en su
impasibilidad; como también el motivo por el cual el Verbo de Dios, por lo
demás impasible, quiso sufrir la pasión: porque era el único modo como podía
ser salvado el hombre. Cosas, todas éstas, que sólo las conoce él y aquellos a
quienes él se las revela; él, en efecto, conoce todo lo que atañe al Padre, de
la misma manera que el Espíritu penetra la profundidad de los misterios
divinos.
El
Mesías, pues, tenía que padecer, y su pasión era totalmente necesaria, como él
mismo lo afirmó cuando calificó de hombres sin inteligencia y cortos de
entendimiento a aquellos discípulos que ignoraban que el Mesías tenía que
padecer para entrar en su gloria. Porque él, en verdad, vino para salvar a su
pueblo, dejando aquella gloria que tenía junto al Padre antes que el mundo
existiese; y esta salvación es aquella perfección que había de obtenerse por
medio de la pasión, y que había de ser atribuida al que nos guiaba a la
salvación, como nos enseña la carta a los Hebreos, cuando dice que él es el que
nos guía a la salvación, perfeccionado por medio del sufrimiento.
Y
vemos, en cierto modo, cómo aquella gloria que poseía como Unigénito, y a la
que por nosotros había renunciado por un breve tiempo, le es restituida a
través de la cruz en la misma carne que había asumido; dice, en efecto, san
Juan, en su evangelio, al explicar en qué consiste aquella agua que dijo el
Salvador que brotaría como un torrente del seno del que crea en él: Esto lo
dijo del Espíritu Santo, que habían de recibir los que a él se unieran por la
fe, pues aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús no había sido
glorificado; aquí el evangelista identifica la gloria con la muerte en cruz.
Por esto el Señor, en la oración que dirige al Padre antes de su pasión, le
pide que lo glorifique con aquella gloria que tenía junto a él, antes que el
mundo existiese.
RESPONSORIO Hb 2,
10; Ap 1, 6; Lc 24, 26
R.
Como quisiese Dios, por quien y para quien son todas las cosas, llevar un gran
número de hijos a la gloria, convenía ciertamente que perfeccionase por medio
del sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación. * A él la gloria y el
poder por los siglos de los siglos. Aleluya.
V.
El Mesías tenía que padecer, para así entrar en su gloria.
R.
A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Aleluya.
Evangelio
*Lectura
del santo evangelio según san Juan (20,11-18)*
En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras
lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados,
uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice.
«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis
hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios
vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Jesús dijo: «¡María!» Ella,
volviéndose, exclamó: «¡Maestro!» Jesús le dijo: «Suéltame, que aún no he
subido al Padre.» Aleluya.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU
PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito
sea el Señor, Dios de Israel,
porque
ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos
una fuerza de salvación
en
la casa de David, su siervo,
según
lo había predicho desde antiguo
por
boca de sus santos profetas:
Es
la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y
de la mano de todos los que nos odian;
ha
realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando
su santa alianza
y
el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para
concedernos que, libres de temor,
arrancados
de la mano de los enemigos,
le
sirvamos con santidad y justicia,
en
su presencia, todos nuestros días.
Y
a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque
irás delante del Señor
a
preparar sus caminos,
anunciando
a su pueblo la salvación,
el
perdón de sus pecados.
Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos
visitará el sol que nace de lo alto,
para
iluminar a los que viven en tiniebla
y
en sombra de muerte,
para
guiar nuestros pasos
por
el camino de la paz.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Jesús dijo: «¡María!» Ella, volviéndose, exclamó: «¡Maestro!» Jesús le dijo:
«Suéltame, que aún no he subido al Padre.» Aleluya.
PRECES
Alabemos
a Cristo, que con su poder reconstruyó el templo destruido de su cuerpo, y
supliquémosle:
Concédenos,
Señor, los frutos de tu resurrección.
Cristo
Salvador, que en tu resurrección anunciaste la alegría a las mujeres y a los
apóstoles y salvaste al universo entero,
conviértenos
en testigos de tu resurrección.
Tú
que has prometido la resurrección universal y has anunciado una vida nueva,
haz
de nosotros mensajeros del Evangelio de la vida.
Tú
que te apareciste repetidas veces a los apóstoles y les comunicaste el Espíritu
Santo,
renuévanos
por el Espíritu consolador.
Tú
que prometiste estar con tus discípulos hasta el fin del mundo,
quédate
hoy con nosotros y sé siempre nuestro compañero.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Concluyamos
nuestra oración, diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro maestro:
Padre
nuestro...
ORACION
Señor
Dios, que nos has proporcionado el remedio de nuestros males por el misterio
pascual, colma a tu pueblo de tus dones celestiales, para que alcance la
perfecta libertad y llegue a gozar plenamente en el cielo de la alegría que ya
ha comenzado a gustar en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos
de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
VÍSPERAS
(Oración de la tarde)
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
NOS REÚNE DE NUEVO EL MISTERIO
Nos
reúne de nuevo el misterio
del
Señor que resurge a la vida,
con
su luz ilumina a la Iglesia,
como
el sol al nacer cada día.
Resucita
también nuestras almas,
que
tu muerte libró del castigo
y
vencieron contigo al pecado
en
las aguas del santo bautismo.
Transfigura
los cuerpos mortales
que
contemplan tu rostro glorioso,
bella
imagen del Dios invisible
que
ha querido habitar con nosotros.
Cuando
vengas, Señor, en tu gloria,
que
podamos salir a tu encuentro,
y
a tu lado vivamos por siempre
dando
gracias al Padre en el reino. Amén.
SALMODIA
Ant
1. María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.
Salmo
109, 1-5. 7 - EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.
Oráculo
del Señor a mi Señor:
«Siéntate
a mi derecha,
y
haré de tus enemigos
estrado
de tus pies.»
Desde
Sión extenderá el Señor
el
poder de tu cetro:
somete
en la batalla a tus enemigos.
«Eres
príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre
esplendores sagrados;
yo
mismo te engendré, como rocío,
antes
de la aurora.»
El
Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú
eres sacerdote eterno
según
el rito de Melquisedec.»
El
Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará
a los reyes.
En
su camino beberá del torrente,
por
eso levantará la cabeza.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Aleluya.
Ant
2. Venid y ved el lugar donde habían puesto al Señor. Aleluya.
Salmo
113 A - ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO; LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO.
Cuando
Israel salió de Egipto,
los
hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá
fue su santuario,
Israel
fue su dominio.
El
mar, al verlos, huyó,
el
Jordán se echó atrás;
los
montes saltaron como carneros;
las
colinas, como corderos.
¿Qué
te pasa, mar, que huyes,
y
a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y
a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas,
que saltáis como corderos?
En
presencia del Señor se estremece la tierra,
en
presencia del Dios de Jacob;
que
transforma las peñas en estanques,
el
pedernal en manantiales de agua.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Venid y ved el lugar donde habían puesto al Señor. Aleluya.
Ant
3. Dijo Jesús: «No temáis. Id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, que
allí me verán.» Aleluya.
Cántico:
LAS BODAS DEL CORDERO - Cf. Ap 19,1-2, 5-7
El
cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio
es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya
sólo al principio y al final de cada estrofa.
Aleluya.
La
salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R.
Aleluya)
porque
sus juicios son verdaderos y justos.
R.
Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Alabad
al Señor sus siervos todos.
(R.
Aleluya)
Los
que le teméis, pequeños y grandes.
R.
Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Porque
reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R.
Aleluya)
Alegrémonos
y gocemos y démosle gracias.
R.
Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Llegó
la boda del cordero.
(R.
Aleluya)
Su
esposa se ha embellecido.
R.
Aleluya, (aleluya).
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Dijo Jesús: «No temáis. Id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí
me verán.» Aleluya.
LECTURA
BREVE 1Pe 2, 4-5
Acercándoos
al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y apreciada
por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del
templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios
espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
RESPONSORIO
BREVE
En
lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Éste es el día en que actuó el Señor: sea él nuestra alegría y nuestro gozo.
Aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Mientras estaba llorando junto al sepulcro, vi a mi Señor. Aleluya.
Cántico
de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
se
alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque
ha mirado la humillación de su esclava.
Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque
el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su
nombre es santo,
y
su misericordia llega a sus fieles
de
generación en generación.
El
hace proezas con su brazo:
dispersa
a los soberbios de corazón,
derriba
del trono a los poderosos
y
enaltece a los humildes,
a
los hambrientos los colma de bienes
y
a los ricos los despide vacíos.
Auxilia
a Israel, su siervo,
acordándose
de su misericordia
-como
lo había prometido a nuestros padres-
en
favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Mientras estaba llorando junto al sepulcro, vi a mi Señor. Aleluya.
PRECES
Aclamemos
alegres a Cristo, que después de ser sepultado en el seno de la tierra resucitó
gloriosamente a vida nueva, y digámosle confiados:
Rey
de la gloria, escúchanos.
Te
rogamos, Señor, por los obispos, los presbíteros y los diáconos: que sirvan con
celo a tu pueblo
y
lo conduzcan por los caminos del bien.
Te
rogamos, Señor, por los que sirven a tu Iglesia con el estudio de tu palabra:
que
escudriñen tu doctrina con pureza de corazón y deseo de adoctrinar a tu pueblo.
Te
rogamos, Señor, por todos los fieles de la Iglesia: que combatan bien el
combate de la fe
y,
habiendo corrido hasta la meta, alcancen la corona merecida.
Tú
que en la cruz cancelaste la nota de cargo de nuestra deuda,
destruye
también en nosotros toda clase de esclavitud y líbranos de toda tiniebla.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Tú
que al bajar al lugar de los muertos abriste las puertas del abismo,
recibe
a nuestros hermanos difuntos en tu reino.
Terminemos
nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre
nuestro...
ORACION
Señor
Dios, que nos has proporcionado el remedio de nuestros males por el misterio
pascual, colma a tu pueblo de tus dones celestiales, para que alcance la
perfecta libertad y llegue a gozar plenamente en el cielo de la alegría que ya
ha comenzado a gustar en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos
de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.



