DANDO Y RECIBIENDO
El Ángel anunció a María...
Musica Para el Alma
miércoles, 22 de abril de 2026
JUAN 6,44-51 CICLO A
Evangelio del Jueves de la III Semana de Pascua
23 Abr 2026
*Lectura del santo evangelio según san Juan (6,44-51)*
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, Y yo lo
resucitaré en el último día.
Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que
escucha al Padre y aprende, viene a mí.
No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese
ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y
murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no
muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para
siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
*(Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para
siempre)*
*Jesús es el pan bajado del cielo,
que sacia de modo definitivo. También el pueblo judío, durante el largo camino
en el desierto, había experimentado un pan bajado del cielo, el maná, que lo
había mantenido en vida hasta la llegada a
la tierra prometida. Ahora Jesús habla de sí mismo como el verdadero pan bajado
del cielo, capaz de mantener en vida no por un momento o por un tramo de
camino, sino para siempre. Él es el alimento que da la vida eterna, porque es
el Hijo unigénito de Dios, que está en
el seno del Padre y vino para dar al hombre la vida en plenitud, para
introducir al hombre en la vida misma de Dios. En el pensamiento judío estaba
claro que el verdadero pan del cielo, que alimentaba a Israel, era la Ley, la Palabra de Dios. El pueblo de Israel
reconocía con claridad que la Torah era el don fundamental y duradero
de Moisés, y que el elemento basilar que lo distinguía respecto de los demás
pueblos consistía en conocer la voluntad de Dios y, por tanto, el camino justo de la vida. Ahora Jesús, al
manifestarse como el pan del cielo, testimonia que es la Palabra de Dios en Persona, la Palabra encarnada, a través de
la cual el hombre puede hacer de la voluntad de Dios su alimento*
*El que desea y quiere amar, con el corazón según el Señor: llegará a
ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAUDES Y VISPERAS DEL JUEVES 23
*LAS LAUDES Y
LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar
este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
*JUEVES DE LA SEMANA III DE PASCUA*
LAUDES
(Oración
de la mañana)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Señor abre mis labios
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant.
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
Salmo
94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid,
aclamemos al Señor,
demos
vítores a la Roca que nos salva;
entremos
a su presencia dándole gracias,
aclamándolo
con cantos.
Porque
el Señor es un Dios grande,
soberano
de todos los dioses:
tiene
en su mano las simas de la tierra,
son
suyas las cumbres de los montes;
suyo
es el mar, porque él lo hizo,
la
tierra firme que modelaron sus manos.
Venid,
postrémonos por tierra,
bendiciendo
al Señor, creador nuestro.
Porque
él es nuestro Dios,
y
nosotros su pueblo,
el
rebaño que él guía.
Ojalá
escuchéis hoy su voz:
«No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como
el día de Masá en el desierto;
cuando
vuestros padres me pusieron a prueba
y
dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante
cuarenta años
aquella
generación me repugnó, y dije:
Es
un pueblo de corazón extraviado,
que
no reconoce mi camino;
por
eso he jurado en mi cólera
que
no entrarán en mi descanso»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno:
EL AGUA PURA, DON DE LA MAÑANA
El
agua pura, don de la mañana,
da
a los ojos el brillo de la vida,
y
el alma se despierta cuando escucha
que
el ángel dice: «¡Cristo resucita!»
¡Cómo
quieren las venas de mi cuerpo
ser
música, ser cuerdas de la lira,
y
cantar, salmodiar como los pájaros,
en
esta Pascua santa la alegría!
Mirad
cuál surge Cristo transparente:
en
medio de los hombres se perfila
su
cuerpo humano, cuerpo del amigo
deseado,
serena compañía.
El
que quiera palparlo, aquí se acerque,
entre
con su fe en el Hombre que humaniza,
derrame
su dolor y su quebranto,
dé
riendas al amor, su gozo diga.
A
ti, Jesús ungido, te ensalzamos,
a
ti, nuestro Señor, que depositas
tu
santo y bello cuerpo en este mundo,
como
en el campo se echa la semilla. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Cantaremos danzando: Jerusalén, ciudad de Dios, todas mis fuentes están en
ti. Aleluya.
Salmo
86 - HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS PUEBLOS.
Él
la ha cimentado sobre el monte santo;
y
el Señor prefiere las puertas de Sión
a
todas las moradas de Jacob.
¡Qué
pregón tan glorioso para ti,
ciudad
de Dios!
«Contaré
a Egipto y a Babilonia
entre
mis fieles;
filisteos,
tirios y etíopes
han
nacido allí.»
Se
dirá de Sión: «Uno por uno
todos
han nacido en ella;
el
Altísimo en persona la ha fundado.»
El
Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste
ha nacido allí.»
Y
cantarán mientras danzan:
«Todas
mis fuentes están en ti.»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Cantaremos danzando: Jerusalén, ciudad de Dios, todas mis fuentes están en ti.
Aleluya.
Ant
2. Como un pastor el Señor ha reunido su rebaño. Aleluya.
Cántico:
EL BUEN PASTOR ES EL DIOS ALTISIMO Y SAPIENTÍSIMO - Is 40, 10-17
Mirad,
el Señor Dios llega con poder,
y
su brazo manda.
Mirad,
viene con él su salario
y
su recompensa lo precede.
Como
un pastor que apacienta el rebaño,
su
brazo lo reúne,
toma
en brazos los corderos
y
hace recostar a las madres.
¿Quién
ha medido a puñados el mar
o
mensurado a palmos el cielo,
o
a cuartillos el polvo de la tierra?
¿Quién
ha pesado en la balanza los montes
y
en la báscula las colinas?
¿Quién
ha medido el aliento del Señor?
¿Quién
le ha sugerido su proyecto?
¿Con
quién se aconsejó para entenderlo,
para
que le enseñara el camino exacto,
para
que le enseñara el saber
y
le sugiriese el método inteligente?
Mirad,
las naciones son gotas de un cubo
y
valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad,
las islas pesan lo que un grano,
el
Líbano no basta para leña,
sus
fieras no bastan para el holocausto.
En
su presencia, las naciones todas,
como
si no existieran,
son
ante él como nada y vacío.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Como un pastor el Señor ha reunido su rebaño. Aleluya.
Ant
3. El Señor es grande en Sión, encumbrado sobre todos los pueblos. Aleluya.
Salmo
98 - SANTO ES EL SEÑOR, NUESTRO DIOS.
El
Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado
sobre querubines, vacile la tierra.
El
Señor es grande en Sión,
encumbrado
sobre todos los pueblos.
Reconozcan
tu nombre, grande y terrible:
Él
es santo.
Reinas
con poder y amas la justicia,
tú
has establecido la rectitud;
tú
administras la justicia y el derecho,
tú
actúas en Jacob.
Ensalzad
al Señor, Dios nuestro;
postraos
ante el estrado de sus pies:
Él
es santo.
Moisés
y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel
con los que invocan su nombre,
invocaban
al Señor, y él respondía.
Dios
les hablaba desde la columna de nube;
oyeron
sus mandatos y la ley que les dio.
Señor,
Dios nuestro, tú les respondías,
tú
eras para ellos un Dios de perdón
y
un Dios vengador de sus maldades.
Ensalzad
al Señor, Dios nuestro;
postraos
ante su monte santo:
Santo
es el Señor, nuestro Dios.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El Señor es grande en Sión, encumbrado sobre todos los pueblos. Aleluya.
LECTURA
BREVE Rm 8, 10-11
Si
Cristo está en vosotros, aunque vuestro cuerpo haya muerto por causa del
pecado, el espíritu tiene vida por la justificación. Y si el Espíritu de aquel
que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que
resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos vivificará también vuestros
cuerpos mortales por obra de su Espíritu que habita en vosotros.
RESPONSORIO
BREVE
V.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
R.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V.
El que por nosotros colgó del madero.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. Dios
resucitó al Señor. Aleluya.
R. Y nos resucitará también a nosotros por su
poder. Aleluya.
PRIMERA LECTURA AÑO (II)
De
los Hechos de los apóstoles 10,1-33
PEDRO
EN CASA DEL CENTURIÓN CORNELIO
En
aquellos días, vivía en Cesárea un hombre, llamado Cornelio, que era centurión
de la cohorte Itálica. Piadoso y temeroso de Dios, como toda su familia, hacía
muchas obras de caridad entre el pueblo, y dirigía constantes oraciones a Dios.
Un día, a eso de las tres de la tarde, tuvo una visión. Vio claramente que un
ángel del Señor entraba a donde estaba él y le decía:
«¡Cornelio!»
Él
lo miró fijamente y respondió atemorizado:
«¿Qué
quieres, señor?»
El
ángel le dijo:
«Tus
oraciones y tus obras de caridad han subido hasta Dios como el sacrificio del
memorial. Manda ahora unos hombres a Joppe y haz venir a un tal Simón, a quien
llaman Pedro. Se hospeda en casa de un curtidor, llamado Simón, que tiene la
casa junto al mar.»
En
cuanto desapareció el ángel que le había hablado, llamó Cornelio a dos de sus
domésticos y a un soldado, muy piadoso, de los que estaban siempre con él; y,
después de referirles con todo detalle lo sucedido, los envió a Joppe. Al día
siguiente, mientras ellos iban caminando y se acercaban a la ciudad, subió
Pedro a la azotea, hacia eso del mediodía, a orar. Sintió mucha hambre, y quiso
tomar algo. Y, mientras le estaban preparando la comida, le sobrevino un
éxtasis. Vio el cielo abierto y un objeto, algo así como un mantel inmenso,
suspendido por las cuatro puntas, que iba bajando y se posaba sobre el suelo.
Dentro de él había toda clase de animales: cuadrúpedos, reptiles y aves del
cielo. En esto, una voz le dijo:
«Levántate,
Pedro, mata y come.»
Pedro
exclamó:
«De
ninguna manera, Señor. Jamás he comido cosa impura y que pueda contaminar.»
Habló
de nuevo la voz, diciéndole:
«Lo
que Dios ha purificado no lo tengas tú por impuro.»
Sucedió
esto por tres veces; y, en seguida, el mantel fue recogido hacia el cielo.
Estaba Pedro intrigado, discurriendo sobre el significado de la visión que
había tenido, cuando se presentaron a la puerta los hombres enviados por
Cornelio, que venían preguntando por la casa de Simón. Llamaron y preguntaron
si allí se hospedaba Simón, a quien llamaban Pedro. Dijo entonces el Espíritu a
Pedro, que seguía meditando en lo de la visión:
«Mira,
ahí están tres hombres que te buscan. Anda, baja en seguida, y vete con ellos
sin vacilar. Soy yo quien los ha enviado.»
Pedro
bajó y dijo a aquellos hombres:
«Yo
soy el que andáis buscando. ¿Qué es lo que os trae aquí?»
Ellos
respondieron:
«El
centurión Cornelio, que es un hombre justo y temeroso de Dios y muy bien
considerado además por todo el pueblo judío, ha recibido de un ángel santo la
orden de hacerte venir a su casa a fin de escuchar tus palabras.»
Al
oír esto, Pedro los invitó a entrar y les dio hospedaje. Al día siguiente, se
puso en camino con ellos, acompañado de algunos hermanos de Joppe. Al otro día,
entró en Cesárea, donde los esperaba Cornelio, quien había invitado a sus
parientes y amigos íntimos. En el momento de entrar Pedro, le salió al
encuentro Cornelio, y se postró a sus pies. Pedro lo hizo levantarse
diciéndole:
«Levántate,
que yo soy también un hombre.»
Y,
conversando con él, entró en casa, donde encontró un numeroso grupo de personas
que se habían reunido. Pedro les dijo:
«Vosotros
sabéis bien que los judíos tienen absolutamente prohibido tener trato con los
extranjeros o entrar en sus casas. Pero Dios me ha enseñado a no llamar impuro
ni manchado a ningún hombre. Por eso, sin replicar lo más mínimo, he venido
apenas me ha llamado Dios. Pues bien, ahora os pregunto yo: ¿cuál es el objeto
de vuestra llamada?»
Cornelio
le respondió:
«Hace
cuatro días, hacia esta hora de las tres de la tarde, estaba yo en mi casa
haciendo oración. Y, de repente, apareció ante mí un hombre, vestido con
brillantes vestiduras, que me dijo: "Cornelio, Dios ha escuchado tu
oración y ha tomado en consideración tus obras de caridad. Manda un recado a
Joppe y haz venir a Simón, a quien llaman Pedro; se hospeda en casa de Simón,
el curtidor, junto al mar." En seguida, yo mandé en busca tuya, y me has
hecho un favor muy grande en venir. Ahora, aquí, en presencia de Dios, estamos
todos reunidos para escuchar las instrucciones que Dios te ha dado.»
RESPONSORIO
Mt 8, 10. 11
R.
Jesús dijo: «Os aseguro que * en ningún israelita he hallado fe tan grande.»
Aleluya.
V.
Vendrán muchos del oriente y del occidente a sentarse a la mesa con Abraham,
Isaac y Jacob en el reino de los cielos.
R.
En ningún israelita he hallado fe tan grande. Aleluya.
SEGUNDA
LECTURA
Del
Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(Libro
5, 2, 2-3: SC 153, 30-38)
LA
EUCARISTÍA, PRENDA DE LA RESURRECCIÓN
Si
no fuese verdad que nuestra carne es salvada, tampoco lo sería que el Señor nos
redimió con su sangre, ni que el cáliz eucarístico es comunión de su sangre y
el pan que partimos es comunión de su cuerpo. La sangre, en efecto, procede de
las venas y de la carne y de todo lo demás que pertenece a la condición real
del hombre, condición que el Verbo de Dios asumió en toda su realidad para
redimirnos con su sangre, como afirma el Apóstol: Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
Y,
porque somos sus miembros, nos sirven de alimento los bienes de la creación;
pero él, que es quien nos da estos bienes creados, haciendo salir el sol y
haciendo llover según le place, afirmó que aquel cáliz, fruto de la creación,
era su sangre, con la cual da nuevo vigor a nuestra sangre, y aseveró que aquel
pan, fruto también de la creación, era su cuerpo, con el cual da vigor a
nuestro cuerpo.
Por
tanto, si el cáliz y el pan, cuando sobre ellos se pronuncian las palabras
sacramentales, se convierten en la sangre y el cuerpo eucarísticos del Señor,
con los cuales nuestra parte corporal recibe un nuevo incremento y
consistencia, ¿cómo podrá negarse que la carne es capaz de recibir el don de
Dios, que es la vida eterna, si es alimentada con la sangre y el cuerpo de
Cristo, del cual es miembro?
Cuando
el Apóstol dice en su carta a los Efesios: Porque somos miembros de su cuerpo,
de su carne y de sus huesos, no se refiere a alguna clase de hombre espiritual
e invisible -ya que un espíritu no tiene carne ni huesos-, sino al hombre tal
cual es en su realidad concreta, que consta de carne, nervios y huesos, que es
alimentado con el cáliz de la sangre de Cristo, y que recibe vigor de aquel pan
que es el cuerpo de Cristo.
Y
del mismo modo que la rama de la vid plantada en tierra da fruto a su tiempo, y
el grano de trigo caído en tierra y disuelto sale después multiplicado por el
Espíritu de Dios que todo lo abarca y lo mantiene unido, y luego el hombre, con
su habilidad, los transforma para su uso, Y al recibir las palabras
consecratorias se convierten en el alimento eucarístico del cuerpo y sangre de
Cristo; del mismo modo nuestros cuerpos, alimentados con la eucaristía, después
de ser sepultados y disueltos bajo tierra, resucitarán a su tiempo, por la
resurrección que les otorgará aquel que es el Verbo de Dios, para gloria de
Dios Padre, que rodea de inmortalidad a este cuerpo mortal y da gratuitamente
la incorrupción a este cuerpo corruptible, ya que la fuerza de Dios se muestra
perfecta en la debilidad.
RESPONSORIO
Jn 6, 48-52
R.
Yo soy el pan de vida; vuestros padres comieron el maná en el desierto y
murieron; * éste es el pan que baja del cielo para que quien lo coma no muera.
Aleluya.
V.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo; todo el que coma de este pan vivirá
eternamente.
R.
Éste es el pan que baja del cielo para que quien lo coma no muera. Aleluya.
Evangelio del Jueves de la III
Semana de Pascua
23
Abr 2026
*Lectura
del santo evangelio según san Juan (6,44-51)*
En
aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, Y yo lo
resucitaré en el último día.
Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que
escucha al Padre y aprende, viene a mí.
No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese
ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y
murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no
muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para
siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Palabra
del Señor
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Os lo aseguro con toda verdad: el que cree en mí tiene vida eterna. Aleluya.
Cántico
de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito
sea el Señor, Dios de Israel,
porque
ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos
una fuerza de salvación
en
la casa de David, su siervo,
según
lo había predicho desde antiguo
por
boca de sus santos profetas:
Es
la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y
de la mano de todos los que nos odian;
ha
realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando
su santa alianza
y
el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para
concedernos que, libres de temor,
arrancados
de la mano de los enemigos,
le
sirvamos con santidad y justicia,
en
su presencia, todos nuestros días.
Y
a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque
irás delante del Señor
a
preparar sus caminos,
anunciando
a su pueblo la salvación,
el
perdón de sus pecados.
Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos
visitará el sol que nace de lo alto,
para
iluminar a los que viven en tiniebla
y
en sombra de muerte,
para
guiar nuestros pasos
por
el camino de la paz.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Os lo aseguro con toda verdad: el que cree en mí tiene vida eterna. Aleluya.
PRECES
Glorifiquemos
a Cristo resucitado y siempre presente en su Iglesia, y supliquémosle,
diciendo:
Quédate
con nosotros, Señor.
Señor
Jesús, vencedor del pecado y de la muerte,
permanece
en medio de nosotros, tú que vives por los siglos de los siglos.
Señor,
ven a nosotros con tu poder invencible
y
muéstranos la bondad de Dios Padre.
Señor,
ayuda al mundo abrumado por las discordias,
ya
que tú solo tienes el poder de salvar y reconciliar.
Confírmanos
en la fe de la victoria final
y
arraiga en nosotros la esperanza de tu manifestación gloriosa.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Porque
Jesucristo nos ha hecho participar de su propia vida, somos hijos de Dios, y
por ello nos atrevemos a decir:
Padre
nuestro...
ORACION
Dios
todopoderoso y eterno, que en estos días de Pascua nos has revelado con más
plenitud la grandeza de tu amor, concédenos, ya que nos has librado de las
tinieblas del error, que nos adhiramos más firmemente a tus enseñanzas. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
VÍSPERAS
(Oración
de la tarde)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno:
ES LA PASCUA REAL, NO YA LA SOMBRA
Es
la Pascua real, no ya la sombra,
la
verdadera Pascua del Señor;
la
sangre del pasado es sólo un signo,
la
mera imagen de la gran unción.
En
verdad, tú, Jesús, nos protegiste
con
tus sangrientas manos paternales;
envolviendo
en tus alas nuestras almas,
la
verdadera alianza tú sellaste.
Y,
en tu triunfo, llevaste a nuestra carne
reconciliada
con tu Padre eterno;
y,
desde arriba, vienes a llevarnos
a
la danza festiva de tu cielo.
Oh
gozo universal, Dios se hizo hombre
para
unir a los hombres con su Dios;
se
rompen las cadenas del infierno,
y
en los labios renace la canción.
Cristo,
Rey eterno, te pedimos
que
guardes con tus manos a tu Iglesia,
que
protejas y ayudes a tu pueblo
y
que venzas con él a las tinieblas. Amén.
SALMODIA
Ant
1. El Señor Dios le ha dado el trono de David, su padre. Aleluya.
Salmo
131 I - PROMESAS A LA CASA DE DAVID.
Señor,
tenle en cuenta a David
todos
sus afanes:
cómo
juró al Señor
e
hizo voto al Fuerte de Jacob:
«No
entraré bajo el techo de mi casa,
no
subiré al lecho de mi descanso,
no
daré sueño a mis ojos,
ni
reposo a mis párpados,
hasta
que encuentre un lugar para el Señor,
una
morada para el Fuerte de Jacob.»
Oímos
que estaba en Efrata,
la
encontramos en el Soto de Jaar:
entremos
en su morada,
postrémonos
ante el estrado de sus pies.
Levántate,
Señor, ven a tu mansión,
ven
con el arca de tu poder:
que
tus sacerdotes se vistan de gala,
que
tus fieles te aclamen.
Por
amor a tu siervo David,
no
niegues audiencia a tu Ungido.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El Señor Dios le ha dado el trono de David, su padre. Aleluya.
Ant
2. Jesucristo es el único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los
señores. Aleluya.
Salmo
131 II.
El
Señor ha jurado a David
una
promesa que no retractará:
«A
uno de tu linaje
pondré
sobre tu trono.
Si
tus hijos guardan mi alianza
y
los mandatos que les enseño,
también
sus hijos, por siempre,
se
sentarán sobre tu trono.»
Porque
el Señor ha elegido a Sión,
ha
deseado vivir en ella:
«Ésta
es mi mansión por siempre,
aquí
viviré, porque la deseo.
Bendeciré
sus provisiones,
a
sus pobres los saciaré de pan;
vestiré
a sus sacerdotes de gala,
y
sus fieles aclamarán con vítores.
Haré
germinar el vigor de David,
enciendo
una lámpara para mi Ungido.
A
sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre
él brillará mi diadema.»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Jesucristo es el único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores.
Aleluya.
Ant
3. ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los
santos? Aleluya.
Cántico:
EL JUICIO DE DIOS Ap. 11, 17-18; 12, 10b-12a
Gracias
te damos, Señor Dios omnipotente,
el
que eres y el que eras,
porque
has asumido el gran poder
y
comenzaste a reinar.
Se
encolerizaron las naciones,
llegó
tu cólera,
y
el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y
de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y
a los santos y a los que temen tu nombre,
y
a los pequeños y a los grandes,
y
de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora
se estableció la salud y el poderío,
y
el reinado de nuestro Dios,
y
la potestad de su Cristo;
porque
fue precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el
que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos
le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y
por la palabra del testimonio que dieron,
y
no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por
esto, estad alegres, cielos,
y
los que moráis en sus tiendas.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los
santos? Aleluya.
LECTURA
BREVE 1Pe 3, 18. 21b-22
Cristo
murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para
conduciros a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu,
fue devuelto a la vida. Lo que actualmente os salva no consiste en limpiar una
suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la
resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles,
autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.
RESPONSORIO
BREVE
V.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
R.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V.
Al ver al Señor.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo; todo el que coma de este pan vivirá
eternamente; y el pan que yo voy a dar es mi carne ofrecida por la vida del
mundo. Aleluya.
Cántico
de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
se
alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque
ha mirado la humillación de su esclava.
Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque
el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su
nombre es santo,
y
su misericordia llega a sus fieles
de
generación en generación.
El
hace proezas con su brazo:
dispersa
a los soberbios de corazón,
derriba
del trono a los poderosos
y
enaltece a los humildes,
a
los hambrientos los colma de bienes
y
a los ricos los despide vacíos.
Auxilia
a Israel, su siervo,
acordándose
de su misericordia
-como
lo había prometido a nuestros padres-
en
favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo; todo el que coma de este pan vivirá
eternamente; y el pan que yo voy a dar es mi carne ofrecida por la vida del
mundo. Aleluya.
PRECES
Glorifiquemos
a Cristo, resucitado de entre los muertos como primicia de los que han dormido,
y supliquémosle, diciendo:
Tú
que has resucitado de entre los muertos, escucha, Señor, nuestra oración.
Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia santa, edificada sobre el cimiento de los apóstoles y
extendida hasta los confines del mundo:
que
tus bendiciones abundantes se derramen sobre cuantos creen en ti.
Tú,
Señor, que eres el médico de nuestros cuerpos y de nuestras almas,
visítanos
con tu amor y sálvanos.
Tú
que experimentaste los dolores de la cruz y ahora estás lleno de gloria,
levanta
y consuela a los enfermos y líbralos de sus sufrimientos.
Tú
que anunciaste la resurrección a los que yacían en las tinieblas del abismo,
libra
a los prisioneros y oprimidos y da pan a los hambrientos.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Tú,
Señor, que en la cruz destruiste nuestra muerte y mereciste para todos el don
de la inmortalidad,
concede
a nuestros hermanos difuntos la vida nueva de tu reino.
Terminemos
nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre
nuestro...
ORACION
Dios
todopoderoso y eterno, que en estos días de Pascua nos has revelado con más
plenitud la grandeza de tu amor, concédenos, ya que nos has librado de las
tinieblas del error, que nos adhiramos más firmemente a tus enseñanzas. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
COMPLETAS
(Oración
antes del descanso nocturno)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
Hermanos,
habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido,
reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo
confieso ante Dios todopoderoso
y
ante vosotros, hermanos,
que
he pecado mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión:
por
mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por
eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a
los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que
intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V.
El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
Himno:
EN TI, SEÑOR, REPOSAN NUESTRAS VIDAS
En
ti, Señor, reposan nuestras vidas
en
el descanso santo de la noche;
tú
nos preparas para la alborada
y
en el Espíritu Santo nos acoges.
En
apartadas y lejanas tierras
el
sol ha despertado las ciudades;
amigo
de los hombres, ve sus penas
y
ensancha de tu amor los manantiales.
Vencedor
de la muerte y de las sombras,
Hijo
eterno de Dios, resucitado,
líbranos
del peligro de la noche
al
dormirnos confiados en tus brazos. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
15 - CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.
Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti;
yo
digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los
dioses y señores de la tierra
no
me satisfacen.
Multiplican
las estatuas
de
dioses extraños;
no
derramaré sus libaciones con mis manos,
ni
tomaré sus nombres en mis labios.
El
Señor es mi heredad y mi copa;
mi
suerte está en tu mano:
me
ha tocado un lote hermoso,
me
encanta mi heredad.
Bendeciré
al Señor, que me aconseja,
hasta
de noche me instruye internamente.
Tengo
siempre presente al Señor,
con
él a mi derecha no vacilaré.
Por
eso se me alegra el corazón,
se
gozan mis entrañas,
y
mi carne descansa serena.
Porque
no me entregarás a la muerte,
ni
dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me
enseñarás el sendero de la vida,
me
saciarás de gozo en tu presencia,
de
alegría perpetua a tu derecha.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE 1Ts 5, 23
Que
el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser, alma y
cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor
Jesucristo.
RESPONSORIO
BREVE
V.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
R.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
V.
Tú, el Dios leal, nos librarás.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con
Cristo y descansemos en paz. Aleluya.
CÁNTICO
DE SIMEÓN Lc 2, 29-32
Ahora,
Señor, según tu promesa,
puedes
dejar a tu siervo irse en paz,
porque
mis ojos han visto a tu Salvador,
a
quien has presentado ante todos los pueblos
luz
para alumbrar a las naciones
y
gloria de tu pueblo Israel.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con
Cristo y descansemos en paz. Aleluya.
ORACION
OREMOS,
Señor,
Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas,
desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te
serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Cristo
nuestro Señor.
Amén.
BENDICIÓN
V.
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R.
Amén.
ANTIFONA
FINAL DE LA SANTISIMA VIRGEN
Reina
del cielo, alégrate, aleluya,
porque
Cristo,
a
quien llevaste en tu seno, aleluya,
ha
resucitado, según su palabra, aleluya.
Ruega
al Señor por nosotros, aleluya.



