DANDO Y RECIBIENDO
El Ángel anunció a María...
Musica Para el Alma
viernes, 3 de abril de 2026
LAUDES Y VISPERA DEL SABADO SANTO
*LAS LAUDES*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar
este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
TRIDUO PASCUAL –
*SÁBADO SANTO*
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVITATORIO
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros murió, y por nosotros fue sepultado,
venid, adorémosle.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros murió, y por nosotros fue sepultado,
venid, adorémosle.
Himno: VENID AL HUERTO, PERFUMES
Venid al huerto, perfumes,
enjugad la blanca sábana:
en el tálamo nupcial
el Rey descansa.
Muertos de negros sepulcros,
venid a la tumba santa:
la Vida espera dormida,
la Iglesia aguarda.
Llegad al jardín, creyentes,
tened en silencio el alma:
ya empiezan a ver los justos
la noche clara.
Oh dolientes de la tierra,
verted aquí vuestras lágrimas:
en la gloria de este cuerpo
serán bañadas.
Salve, cuerpo cobijado
bajo las divinas alas;
salve, casa del Espíritu,
nuestra morada. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Harán llanto como llanto por el hijo
único, porque siendo inocente fue muerto el Señor.
Salmo 63 - SÚPLICA CONTRA LOS ENEMIGOS
Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:
afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.
Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen: «¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.
Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.
Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.
El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Harán llanto como llanto por el hijo único, porque siendo inocente fue
muerto el Señor.
Ant 2. Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.
Cántico: ANGUSTIA DE UN MORIBUNDO Y
ALEGRÍA DE LA CURACIÓN Is 38, 10-14. 17-20
Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»
Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo.
Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»
Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me quiebras los huesos como un león,
día y noche me estas acabando.
Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!
Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió paz
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
y volviste la espalda a todos mis pecados.
El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.
Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El Padre enseña a sus hijos tu fidelidad.
Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días en la casa del Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.
Ant 3. Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las
llaves de la muerte y del hades.
Salmo 150 - ALABAD AL SEÑOR.
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su augusto firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las
llaves de la muerte y del hades.
LECTURA BREVE Os 6,1-3a
Esto dice el Señor: «En su aflicción me buscarán, diciendo: "Volvamos al
Señor. Él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En
dos días nos sanará, y al tercero nos levantará, y viviremos en su
presencia."»
RESPONSORIO BREVE
En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz; por
eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre».
*LECTURA
AÑO II*
Del libro
del profeta Jeremías 20, 7-18
ANGUSTIA DEL
PROFETA
En aquellos días, exclamó Jeremías:
«Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir. Tú eras el más fuerte y yo
fui dominado. Ahora soy todo el día la irrisión y la burla de todo el mundo.
Siempre que hablo tengo que proclamar: "¡Violencia! ¡Destrucción!" La
palabra del Señor se ha vuelto para mí oprobio y befa todo el día. Yo me dije:
"No pensaré más en él, no hablaré más en su nombre"; pero su palabra
era en mis entrañas como fuego ardiente, encerrado en mis huesos; yo intentaba
contenerlo, pero no podía.
Oía las burlas de la gente: "Terror por doquier. Delatadlo, vamos a
delatarlo." Mis amigos acechaban mi traspié: "A ver si se descuida, y
lo abatiremos y nos vengaremos de él."
Pero el Señor está conmigo, como fuerte guerrero; mis enemigos tropezarán y no
podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo perpetuo que no se
olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del
corazón, que yo vea la venganza que tomes de ellos, porque a ti encomendé mi
causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor, porque libra la vida del pobre de las manos
de los impíos.
Maldito el día en que fui engendrado, el día en que mi madre me parió no sea
bendito. Maldito el hombre que anunció a mi padre: "Te ha nacido un
varón", dándole una gran alegría. Ojalá que hubiera sido ese día como las
ciudades que el Señor destruyó sin compasión; que escuche gritos de alarma en
la mañana y alaridos de guerra al mediodía. ¿Por qué no me mató en el vientre?
Habría sido mi madre mi sepulcro, y yo eterna preñez de sus entrañas. ¿Por qué
salí del vientre para pasar trabajos y fatigas y acabar mis días derrotado?»
RESPONSORIO
Cf. Mt 27, 66. 60. 62
R. Después de sepultar al Señor,
hicieron rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro y lo sellaron. * Y pusieron guardias para
custodiarlo.
V. Los jefes de los sacerdotes se
presentaron ante Pilato, y le pidieron que diese orden de vigilar el sepulcro.
R. y pusieron guardias para
custodiarlo.
*SEGUNDA
LECTURA*
De una antigua Homilía sobre el santo y
grandioso Sábado
(PG 43, 439. 451. 462-463)
EL DESCENSO DEL SEÑOR A LA REGIÓN DE LOS
MUERTOS
¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran
silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la
tierra está temerosa Y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se
ha dormido Y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho
hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.
En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida.
Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de
la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que
está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.
El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma
victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el
pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos
vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la
mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre
los muertos y te iluminará Cristo.
Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que
habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en
cadenas: "Salid", y a los que estaban en tinieblas: "Sed
iluminados", Y a los que estaban adormilados: "Levantaos."
Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que
estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos;
yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate,
mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí;
porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu
misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos,
vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin
fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto
paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto.
Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el
primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis
mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira
los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus
pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz,
por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el
árbol prohibido.
Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado
salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor
del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la
espada de fuego que se alzaba contra ti.
Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en
cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí
comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida,
estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran;
ahora hago que te adoren en calidad de Dios.
Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros,
construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos
y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde
toda la eternidad el reino de los cielos.»
RESPONSORIO
R. ¡Se fue nuestro Pastor, la fuente de agua viva! A su paso el sol se
oscureció. Hoy fue por él capturado el que tenía cautivo al primer
hombre. *Hoy nuestro Salvador rompió las puertas y
cerrojos de la muerte*.
V. Demolió las prisiones del abismo y
destrozó el poder del enemigo.
R. Hoy nuestro Salvador rompió las puertas y cerrojos de la muerte.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Salvador del mundo, sálvanos; tú que con
tu cruz y con tu sangre nos redimiste, socórrenos, Dios nuestro.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU
PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Salvador del mundo, sálvanos; tú que con tu cruz y con tu sangre nos
redimiste, socórrenos, Dios nuestro.
PRECES
Adoremos a nuestro Redentor, que por
nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado, para resucitar de
entre los muertos, y supliquémosle, diciendo:
*Señor, ten piedad de nosotros*.
Oh Señor, que junto a tu cruz y a tu sepulcro tuviste a tu Madre dolorosa que
participó en tu aflicción,
haz que tu pueblo sepa también participar en tu pasión.
Señor Jesús, que como grano de trigo caíste en la tierra para morir y dar con
ello fruto abundante,
haz que también nosotros sepamos morir al pecado y vivir para Dios.
Oh Pastor de la Iglesia, que quisiste ocultarte en el sepulcro para dar la vida
a los hombres,
haz que nosotros sepamos también vivir escondidos contigo en Dios.
Nuevo Adán, que quisiste bajar al reino de la muerte, para librar a cuantos,
desde el origen del mundo, estaban encarcelados,
haz que todos los hombres, muertos al pecado, escuchen tu voz y vivan.
Cristo, Hijo de Dios vivo, que has querido que por el bautismo fuéramos
sepultados contigo en la muerte,
haz que siguiéndote a ti caminemos también nosotros en novedad de vida.
Se pueden añadir algunas intenciones
libres
Movidos por el espíritu filial que Cristo nos mereció con su muerte, digamos al
Padre:
Padre nuestro...
ORACION
Dios todopoderoso, cuyo Unigénito
descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos
que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo,
resucitar también con él a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por
los siglos de los siglos. Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo
mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
HOMILIA DEL SABADO SANTO
*Sábado
Santo de la Sepultura del Señor*
4 abrir 2026
*De una antigua Homilía sobre el santo y grandioso
Sábado*
*EL DESCENSO DEL SEÑOR A LA REGIÓN DE LOS MUERTOS*
¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran
silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la
tierra está temerosa Y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se
ha dormido Y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho
hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.
En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida.
Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de
la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que
está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.
El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma
victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el
pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos
vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano,
lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre los
muertos y te iluminará Cristo.
Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que
habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en
cadenas: "Salid", y a los que estaban en tinieblas: "Sed
iluminados", Y a los que estaban adormilados: "Levantaos."
Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que
estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos;
yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate,
mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí;
porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu
misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos,
vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin
fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto
paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto.
Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el
primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis
mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira
los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus
pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz,
por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el
árbol prohibido.
Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado
salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor
del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la
espada de fuego que se alzaba contra ti.
Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en
cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí
comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida,
estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran;
ahora hago que te adoren en calidad de Dios.
Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros,
construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos
y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde
toda la eternidad el reino de los cielos.»
*De una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado*
jueves, 2 de abril de 2026
JUAN 18,1-19,42 CICLO A
Evangelio del Viernes Santo en la Pasión del Señor
03 abrir 2026
*Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (18,1–19,42)*
C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus
discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron
allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque
Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la
patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá
con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se
adelantó y les dijo:
+ «¿A quién buscáis?»
C. Le contestaron:
S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Les dijo Jesús:
+ «Yo soy.»
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy»,
retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+ «¿A quién buscáis?»
C. Ellos dijeron:
S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Jesús contestó:
+ «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos»
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me
diste.» Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado
del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco.
Dijo entonces Jesús a Pedro:
+ «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a
beber?»
C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo
ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo
sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo:
«Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.» Simón Pedro y otro discípulo
seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con
Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la
puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la
portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a
Pedro:
S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»
C. Él dijo:
S. «No lo soy.»
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y
se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo
sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le
contestó:
+ «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la
sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a
escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de
qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.»
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaban allí le dio una bofetada a
Jesús, diciendo:
S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?»
C. Jesús respondió:
+ «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como
se debe, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba en
pie, calentándose, y le dijeron:
S. «¿No eres tú también de sus discípulos?»
C. Él lo negó, diciendo:
S. «No lo soy.»
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le
cortó la oreja, le dijo:
S. «¿No te he visto yo con él en el huerto?»
C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa
de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para
no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera,
adonde estaban ellos, y dijo:
S. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C. Le contestaron:
S. «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.»
C. Pilato les dijo:
S. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.»
C. Los judíos le dijeron:
S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie.»
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a
morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le contestó:
+ «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
C. Pilato replicó:
S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí;
¿qué has hecho?»
C. Jesús le contestó:
+ «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia
habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es
de aquí.»
C. Pilato le dijo:
S. «Conque, ¿tú eres rey?»
C. Jesús le contestó:
+ «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo:
para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
C. Pilato le dijo:
S. «Y, ¿qué es la verdad?»
C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:
S. «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por
Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Volvieron a gritar:
S. «A ése no, a Barrabás.»
C. El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó
azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la
cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le
decían:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna
culpa.»
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color
púrpura. Pilato les dijo:
S. «Aquí lo tenéis.»
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S. «¡Crucifícalo, crucíficalo!»
C. Pilato les dijo:
S «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.»
C. Los judíos le contestaron:
S «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha
declarado Hijo de Dios.»
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en
el pretorio, dijo a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?»
C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:
S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad
para crucificarte?»
C. Jesús le contestó:
+ «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo
alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está
contra el César.»
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el
tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día
de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:
S. «Aquí tenéis a vuestro rey.»
C. Ellos gritaron:
S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «¿A vuestro rey voy a crucificar?»
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. «No tenemos más rey que al César.»
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él,
cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se
dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y
en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en
él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.» Leyeron el
letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús,
y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de
los judíos dijeron a Pilato:
S. «No, escribas: «El rey de los judíos», sino: «Éste ha dicho: Soy el rey de
los judíos.»»
C. Pilato les contestó:
S. «Lo escrito, escrito está.»
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro
partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin
costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. «No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.»
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi
túnica». Esto hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre,
la hermana de María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al
discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+ «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
C. Luego, dijo al discípulo:
+ «Ahí tienes a tu madre.»
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto,
sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la
Escritura dijo:
+ «Tengo sed.»
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en
vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el
vinagre, dijo:
+ «Está cumplido.»
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos entonces, como era
el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el
sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les
quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las
piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al
llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino
que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió
sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él
sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que
se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la
Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» Después de esto, José de
Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió
a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él
fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a
verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se
acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo
crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado
todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro
estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
«Mujer,
ahí tienes a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» «Tengo
sed.»
*”Tengo sed” unas de las palabras en la cruz. Jesús
que prometió a la Samaritana el agua que no termina, el agua que no se acaba,
el agua que perdura hasta la vida eterna, pareciese que ahora le hiciera falta.
La vida a la cual él va y por la cual él se ha entregado para este momento no
necesita de las aguas de este mundo, ¿Qué tipo de agua en estos momentos de
dolor, de tormentos y de sufrimiento, Jesús me está pidiendo que le dé? Él me
está pidiendo de un agua, que está dentro de mí y de la cual no le he ofrecido. Él lo
ha dado todo. Él está muriendo en la cruz desnudo, privado de su belleza y
dignidad. Y en medio de tantas cosas Él todavía tiene un último regalo
preciado, y también me lo da: Su Madre. Y él quiere que Juan y cada uno de
nosotros, la acojamos y la tengamos dentro de nuestra casa*
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.






