Musica Para el Alma
domingo, 14 de junio de 2026
MATEO 5,38-42 CICLO A
*Lecturas
del Lunes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario*
Lunes, 15 de
junio de 2026
Evangelio
*Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,38-42)*
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo:
"Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis
frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla
derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la
túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla,
acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo
rehúyas.»
Palabra del Señor
*Que la Paz
del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
«Dijo
Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo:
"Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo»
*Tratemos
de escuchar la palabra de Jesús no como una ley impuesta, ni como un sermón,
sino como un mensaje que ha sido dado por nuestra libertad, para nuestra salvación.
Jesús quiere que seamos libre de las limitaciones que nos hemos autoimpuesto al
percibir a otros equivocadamente. Recemos para que nuestras acciones y
actitudes cambien por medio de nuestro quehacer dentro de la libertad, dentro
de la salvación que Jesús da. Jesús
llama a ver más allá de los límites de la ley. Necesitamos ser generosos y
agradecidos si queremos estar por encima de los obstáculos que la vida
presenta*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAUDES Y VISPERAS DEL LUNES 15
*LAS
LAUDES Y LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre;
limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina
mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y
devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia
de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén
TIEMPO ORDINARIO
LUNES
DE LA SEMANA XI
De la Feria.
Salterio III
15 de junio
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Ant. Entremos a la presencia del Señor
dándole gracias.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Entremos a la presencia del Señor
dándole gracias.
Himno: ERES LA LUZ Y SIEMBRAS CLARIDADES
Eres la luz y siembras claridades;
abres los anchos cielos que sostienen,
como un pilar, los brazos de tu Padre.
Arrebatada en rojos torbellinos,
el alba apaga estrellas lejanísimas;
la tierra se estremece de rocío.
Mientras la noche cede y se disuelve,
la estrella matinal, signo de Cristo,
levanta el nuevo día y lo establece.
Eres la luz total, Día del Día,
el Uno en todo, el Trino todo en Uno:
¡gloria a tu misteriosa teofanía! Amén.
SALMODIA
Ant 1. Dichosos los que viven en tu casa, Señor.
Salmo 83 - AÑORANZA DEL TEMPLO
¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
se alegran por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan de altura en altura
hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu Ungido.
Un solo día en tu casa
vale más que otros mil,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la gloria,
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en ti!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dichosos los que viven en tu casa,
Señor.
Ant 2. Venid, subamos al monte del Señor.
Cántico: EL MONTE DE LA CASA DEL SEÑOR EN LA CIMA DE LOS MONTES Is
2, 2-5
Al final de los días estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles,
caminarán pueblos numerosos.
Dirán : «Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob:
Él nos instruirá en sus caminos,
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sión saldrá la Ley,
de Jerusalén la palabra del Señor.»
Será el árbitro de las naciones,
el juez de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, ven;
caminemos a la luz del Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Venid, subamos al monte del Señor.
Ant 3. Cantad al Señor, bendecid su
nombre.
Salmo 95 - EL SEÑOR, REY Y JUEZ DEL MUNDO.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones;
porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor están en su templo.
Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda;
decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.»
Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Cantad al Señor, bendecid su
nombre.
LECTURA BREVE St 2, 12-13
Hablad y actuad como quienes han de ser juzgados por una ley de libertad. Pues
habrá un juicio sin misericordia para quien no practicó misericordia; pero la
misericordia triunfa sobre el juicio.
RESPONSORIO BREVE
V. Bendito el Señor ahora y por siempre.
R. Bendito el Señor ahora y por siempre.
V. Solo él hizo maravillas.
R. Ahora y por siempre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. Bendito el Señor ahora y por siempre.
V. Escucha,
pueblo mío, que voy a hablarte.
R. Yo, el Señor, tu Dios.
PRIMERA LECTURA
Comienza el libro de Esdras 1, 1-8; 2, 68-3, 8
LIBERACIÓN DEL PUEBLO Y RETORNO DE LOS
DESTERRADOS. RESTAURACIÓN DEL CULTO
El año primero de Ciro, rey de Persia, el Señor,
para cumplir lo qué había anunciado por boca de Jeremías, movió a Ciro de
Persia a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino:
«Ciro, rey de Persia, decreta: El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos
los reinos de la tierra y me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de
Judá. Los que entre vosotros pertenezcan a ese pueblo, que su Dios los acompañe
y suban a Jerusalén de Judá para reconstruir el templo del Señor, Dios de
Israel, el Dios que habita en Jerusalén. Y a todos los supervivientes,
dondequiera que residan, la gente del lugar les proporcionará plata, oro,
hacienda y ganado, además de las ofrendas voluntarias para el templo del Dios
de Jerusalén.»
Entonces, todos los que se sintieron movidos por Dios —cabezas de familia de
Judá y Benjamín, sacerdotes y levitas— se pusieron en marcha y subieron a
reedificar el templo de Jerusalén. Sus vecinos les proporcionaron de todo:
plata, oro, hacienda, ganado y otros muchos regalos, además de las ofrendas
voluntarias.
El rey Ciro mandó sacar los utensilios del templo que Nabucodonosor se había
llevado de Jerusalén para colocarlos en el templo de su dios. Ciro de Persia
los consignó al tesorero Mitrídates, que los contó delante de Sesbasar,
príncipe de Judá.
Cuando llegaron al templo de Jerusalén, algunos cabezas de familia hicieron
donativos para que se reconstruyese en su mismo sitio. De acuerdo con sus
posibilidades, entregaron al fondo del culto sesenta y una mil dracmas de oro,
cinco mil minas de plata y cien túnicas sacerdotales.
Los sacerdotes, los levitas y parte del pueblo se establecieron en Jerusalén;
los cantores, los porteros y los donados, en sus pueblos; y el resto de Israel,
en los suyos.
Los israelitas se encontraban ya en sus poblaciones cuando, al llegar el
séptimo mes, se reunieron todos a una en Jerusalén. Entonces Josué, hijo de
Josadac, con sus parientes los sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Salatiel, con
sus parientes, se pusieron a construir el altar del Dios de Israel para ofrecer
en él holocaustos, como manda la ley de Moisés, hombre de Dios. Levantaron el
altar en su antiguo sitio —aunque intimidados por los colonos extranjeros— y
ofrecieron en él al Señor los holocaustos matutinos y vespertinos.
Celebraron la fiesta de los Tabernáculos como está mandado, ofreciendo
holocaustos según el número y el ritual de cada día; y siguieron ofreciendo el
holocausto diario, el de principios de mes, el de las solemnidades dedicadas al
Señor y los ofrecidos voluntariamente al Señor.
El día primero del séptimo mes, comenzaron a ofrecer holocaustos al Señor. Pero
aún no se habían echado los cimientos del templo. Entonces, de acuerdo con lo
autorizado por Ciro de Persia, contrataron canteros y carpinteros, y dieron a
los sidonios y tirios alimentos, bebidas y aceite para que enviasen a Jafa, por
vía marítima, madera de cedro del Líbano.
A los dos años de haber llegado al templo de Jerusalén, el segundo mes,
Zorobabel, hijo de Salatiel, Josué, hijo de Josadac, sus demás parientes sacerdotes
y levitas, y todos los que habían vuelto a Jerusalén del cautiverio comenzaron
la obra del templo, poniendo al frente de ella a los levitas mayores de veinte
años.
RESPONSORIO Is 48, 20; 40, 1
R. Proclamadlo,
publicadlo hasta el confín de la tierra, decid: * «El
Señor ha rescatado a su siervo Jacob.»
V. «Consolad, consolad a mi pueblo», dice vuestro
Dios.
R. El Señor ha rescatado a su siervo Jacob.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir,
Sobre la oración del Señor.
(Cap. 8-9: CSEL 3, 271-272)
NUESTRA ORACIÓN ES PÚBLICA Y COMÚN
Ante todo, el Doctor de la paz y Maestro de la
unidad no quiso que hiciéramos una oración individual y privada, de modo que
cada cual rogara sólo por sí mismo. No decimos: «Padre mío, que estás en el
cielo», ni: «Dame hoy mi pan de cada día», ni pedimos el perdón de las ofensas
sólo para cada uno de nosotros, ni pedimos para cada uno en particular que no
caigamos en tentación y que nos libre del mal. Nuestra oración es pública y
común, y cuando oramos lo hacemos no por uno solo, sino por todo el pueblo, ya
que todo el pueblo somos como uno solo.
El Dios de la paz y el Maestro de la concordia, que nos enseñó la unidad, quiso
que orásemos cada uno por todos, del mismo modo que él incluyó a todos los
hombres en su persona. Aquellos tres jóvenes encerrados en el horno de fuego
observaron esta norma en su oración, pues oraron al unísono y en unidad de
espíritu y de corazón; así lo atestigua la sagrada Escritura que, al enseñarnos
cómo oraron ellos, nos los pone como ejemplo que debemos imitar en nuestra
oración: Entonces —dice— los tres, a una sola voz, se pusieron a cantar,
glorificando y bendiciendo a Dios. Oraban los tres a una sola voz, y eso que
Cristo aún no les había enseñado a orar.
Por eso fue eficaz su oración, porque agradó al Señor aquella plegaria hecha en
paz y sencillez de espíritu. Del mismo modo vemos que oraron también los
apóstoles, junto con los discípulos, después de la ascensión del Señor. Todos
ellos —dice la Escritura— perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en
compañía de algunas mujeres y de María, la madre de Jesús, y de los hermanos de
éste. Perseveraban unánimes en la oración, manifestando con esta asiduidad y
concordia de su oración que Dios, que hace habitar unánimes en la casa, sólo
admite en la casa divina y eterna a los que oran unidos en un mismo espíritu.
¡Cuán importantes, cuántos y cuán grandes son, hermanos muy amados, los
misterios que encierra la oración del Señor, tan breve en palabras y tan rica
en eficacia espiritual! Ella, a manera de compendio, nos ofrece una enseñanza
completa de todo lo que hemos de pedir en nuestras oraciones. Vuestra oración
—dice el Señor— ha de ser así: «Padre nuestro, que estás en el cielo.»
El hombre nuevo, nacido de nuevo y restituido a Dios por su gracia, dice en
primer lugar: Padre, porque ya ha empezado a ser hijo. La Palabra vino a los
suyos —dice el Evangelio— y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la
recibieron, a los que creen en su nombre, les dio poder de llegar a ser hijos
de Dios. Por esto, el que ha creído en su nombre y ha llegado a ser hijo de
Dios debe comenzar por hacer profesión, lleno de gratitud, de su condición de
hijo de Dios, llamando Padre suyo al Dios que está en el cielo.
RESPONSORIO Sal 21, 23; 56, 10
R. Contaré tu
fama a mis hermanos, * en
medio de la asamblea te alabaré.
V. Te daré gracias ante los pueblos, Señor; tocaré
para ti ante las naciones.
R. En medio de la asamblea te alabaré.
*Lecturas del Lunes de la 11ª semana del
Tiempo Ordinario*
Lunes,
15 de junio de 2026
Evangelio
*Lectura del santo evangelio según
san Mateo (5,38-42)*
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo:
"Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis
frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla
derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la
túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla,
acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo
rehúyas.»
Palabra del Señor
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.
PRECES
Invoquemos a Dios, que puso en el mundo a los hombres para que
trabajasen concordes para su gloria, y digámosle:
Haz, Señor, que te glorifiquemos.
Te bendecimos, Señor, creador del universo, porque has conservado nuestra vida
hasta el día de hoy;
Haz que en toda nuestra jornada te alabemos y te bendigamos.
Míranos benigno, Señor, ahora que vamos a comenzar nuestra labor cotidiana;
haz que, obrando conforme a tu voluntad, cooperemos en tu obra.
Que nuestro trabajo de hoy sea provechoso para nuestros hermanos,
y así todos juntos edifiquemos un mundo grato a tus ojos.
A nosotros y a todos los que hoy entrarán en contacto con nosotros,
concédenos el gozo y la paz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Llenos de alegría por nuestra condición de hijos de Dios, digamos
confiadamente:
Padre nuestro...
ORACION
Señor Dios, rey de cielos y tierra, dirige y santifica en este día
nuestros cuerpos y nuestros corazones, nuestros sentidos, palabras y acciones,
según tu ley y tus mandatos; para que, con tu auxilio, podamos ofrecerte hoy en
todas nuestras actividades un sacrificio de alabanza grato a tus ojos. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
VÍSPERAS
(Oración de la tarde)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno: LANGUIDECE, SEÑOR, LA LUZ DEL DÍA.
Languidece, Señor, la luz del día
que alumbra la tarea de los hombres;
mantén, Señor, mi lámpara encendida,
claridad de mis días y mis noches.
Confío en ti, Señor, alcázar mío,
me guíen en la noche tus estrellas,
alejas con su luz mis enemigos,
yo sé que mientras duermo no me dejas.
Dichosos los que viven en tu casa
gozando de tu amor ya para siempre,
dichosos los que llevan la esperanza
de llegar a tu casa para verte.
Que sea de tu Día luz y prenda
este día en el trabajo ya vivido,
recibe amablemente mi tarea,
protégeme en la noche del camino.
Acoge, Padre nuestro, la alabanza
de nuestro sacrificio vespertino,
que todo de tu amor es don y gracia
en el Hijo Señor y el Santo Espíritu. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.
Salmo 122 - EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.
Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Nuestros ojos están fijos en el
Señor, esperando su misericordia.
Ant 2. Nuestro auxilio es el nombre del
Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 123 - NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
—que lo diga Israel—,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.
Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.
Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Nuestro auxilio es el nombre del
Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Ant 3. Dios nos ha destinado en la persona
de Cristo a ser sus hijos.
Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN - Ef 1, 3-10
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dios nos ha destinado en la persona
de Cristo a ser sus hijos.
LECTURA BREVE St 4, 11-13a
No habléis mal unos de otros, hermanos. El que
habla mal de un hermano, o juzga a un hermano, habla mal de la ley y juzga a la
ley. Y si juzgas a la ley no eres cumplidor de la ley, sino su juez. Uno es el
legislador y juez: el que puede salvar o perder. Pero tú, ¿quién eres para
juzgar al prójimo?
RESPONSORIO BREVE
V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.
V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Porque he pecado contra ti.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi
humillación.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Proclama mi alma la grandeza del
Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.
PRECES
Cristo quiere que todos los hombres alcancen la salvación.
Digámosle, pues, confiadamente:
Atrae, Señor, a todos hacia ti.
Te bendecimos, Señor, porque nos has redimido con tu preciosa sangre de la
esclavitud del pecado;
haz que participemos en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Ayuda con tu gracia a nuestro obispo N. y
a todos los obispos de la Iglesia,
para que con gozo y fervor sirvan a tu pueblo.
Que todos los que consagran su vida a la investigación de la verdad logren
encontrarla
y que, habiéndola encontrado, se esfuercen por difundirla entre sus hermanos.
Atiende, Señor, a los huérfanos, a las viudas y a los que viven abandonados;
ayúdalos en sus necesidades para que experimenten tu solicitud hacia ellos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Acoge a nuestros hermanos difuntos en la ciudad santa de la Jerusalén
celestial,
allí donde tú, con el Padre y el Espíritu Santo, serás todo en todos.
Adoctrinados por el mismo Señor, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro...
ORACION
Señor, tú que con razón eres llamado luz indeficiente, ilumina
nuestro espíritu en esta hora vespertina, y dígnate perdonar benignamente
nuestras faltas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los
siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
LAS LECTURAS DEL LUNES 15 DE JULIO 2026
*Lecturas
del Lunes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario*
Lunes, 15 de junio
de 2026
Primera lectura
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios
(6,1-10):
Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios,
porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu
ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación. Para
no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca damos a nadie motivo de
escándalo; al contrario, continuamente damos prueba de que somos ministros de
Dios con lo mucho que pasamos: luchas, infortunios, apuros, golpes, cárceles,
motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; procedemos con limpieza,
saber, paciencia y amabilidad, con dones del Espíritu y amor sincero, llevando
la palabra de la verdad y la fuerza de Dios. Con la derecha y con la izquierda
empuñamos las armas de la justicia, a través de honra y afrenta, de mala y
buena fama. Somos los impostores que dicen la verdad, los desconocidos
conocidos de sobra, los moribundos que están bien vivos, los penados nunca
ajusticiados, los afligidos siempre alegres, los pobretones que enriquecen a
muchos, los necesitados que todo lo poseen.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 97,1.2-3ab.3cd-4
R/. El
Señor da a conocer su victoria
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclamad al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.
*Lecturas
del Lunes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario*
Lunes, 15 de
junio de 2026
Evangelio
*Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,38-42)*
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo:
"Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis
frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla
derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la
túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla,
acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo
rehúyas.»
Palabra del Señor
*Que la Paz
del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
«Dijo
Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo:
"Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo»
*Tratemos
de escuchar la palabra de Jesús no como una ley impuesta, ni como un sermón,
sino como un mensaje que ha sido dado por nuestra libertad, para nuestra salvación.
Jesús quiere que seamos libre de las limitaciones que nos hemos autoimpuesto al
percibir a otros equivocadamente. Recemos para que nuestras acciones y
actitudes cambien por medio de nuestro quehacer dentro de la libertad, dentro
de la salvación que Jesús da. Jesús
llama a ver más allá de los límites de la ley. Necesitamos ser generosos y
agradecidos si queremos estar por encima de los obstáculos que la vida
presenta*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.




