Musica Para el Alma
domingo, 19 de abril de 2026
JUAN 6,22-29 CICLO A
Evangelio del Lunes de la III Semana de Pascua
20 Abr 2026
*Lectura del santo evangelio según san Juan (6,22-29)*
Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo
vieron caminando sobre el mar. Al día siguiente, la gente que se había quedado
al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que
Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían
marchado solos.
Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían
comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que
ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en
busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino
porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece,
sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo
del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
Respondió Jesús:
«La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
*(Trabajad,
no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida
eterna)*.
*El Señor nos conoce, y nos invita a buscar trabajo,
que nos dejemos de estar mendigando y de estar pidiendo a los demás, que nos
quieran. Nos invita a trabajar por el alimento que perdura. Porque él siempre
nos ha amado: Sin pedir nada a cambio, el amor de él hacia nosotros es el amor
que se dona. El Señor sabe que el amor que buscamos es un amor de intercambio,
(yo te quiero para que tú me quieras, no hablo mal de ti, para que tú no hables
mal de mí), al final ese amor nos hace sufrir. El Señor nos invita por nuestro
propio bien, a que trabajemos por el alimento que perdura, que nunca se acaba,
que es infinito, el amor que es eterno. Él, le pide a su padre que donde él
está, que nosotros también podamos estar ahí*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón según el Señor: llegará a
ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAUDES Y VISPERAS DEL LUNES 20
*LAS LAUDES Y
LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar
este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
*LUNES DE LA SEMANA III DE PASCUA*
LAUDES
(Oración
de la mañana)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Señor abre mis labios
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant.
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
Salmo
94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid,
aclamemos al Señor,
demos
vítores a la Roca que nos salva;
entremos
a su presencia dándole gracias,
aclamándolo
con cantos.
Porque
el Señor es un Dios grande,
soberano
de todos los dioses:
tiene
en su mano las simas de la tierra,
son
suyas las cumbres de los montes;
suyo
es el mar, porque él lo hizo,
la
tierra firme que modelaron sus manos.
Venid,
postrémonos por tierra,
bendiciendo
al Señor, creador nuestro.
Porque
él es nuestro Dios,
y
nosotros su pueblo,
el
rebaño que él guía.
Ojalá
escuchéis hoy su voz:
«No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como
el día de Masá en el desierto;
cuando
vuestros padres me pusieron a prueba
y
dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante
cuarenta años
aquella
generación me repugnó, y dije:
Es
un pueblo de corazón extraviado,
que
no reconoce mi camino;
por
eso he jurado en mi cólera
que
no entrarán en mi descanso»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno:
LA BELLA FLOR QUE EN EL SUELO
La
bella flor que en el suelo
plantada
se vio marchita
ya
torna, ya resucita,
ya
su olor inunda el cielo.
De
tierra estuvo cubierta,
pero
no fructificó
del
todo, hasta que quedó
en
un árbol seco injerta.
Y,
aunque a los ojos del suelo
se
puso después marchita,
ya
torna, ya resucita,
ya
su olor inunda el cielo.
Toda
es de flores la fiesta,
flores
de finos olores,
mas
no se irá todo en flores,
porque
flor de fruto es ésta.
Y,
mientras su Iglesia grita
mendigando
algún consuelo,
ya
torna, ya resucita,
ya
su olor inunda el cielo.
Que
nadie se sienta muerto
cuando
resucita Dios,
que,
si el barco llega al puerto,
llegamos
junto con vos.
Hoy
la Cristiandad se quita
sus
vestiduras de duelo.
Ya
torna, ya resucita,
ya
su olor inunda el cielo. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Mi corazón y mi carne se alegran por ti, Dios vivo. Aleluya.
Salmo
83 - AÑORANZA DEL TEMPLO
¡Qué
deseables son tus moradas,
Señor
de los ejércitos!
Mi
alma se consume y anhela
los
atrios del Señor,
mi
corazón y mi carne
se
alegran por el Dios vivo.
Hasta
el gorrión ha encontrado una casa;
la
golondrina, un nido
donde
colocar sus polluelos:
tus
altares, Señor de los ejércitos,
Rey
mío y Dios mío.
Dichosos
los que viven en tu casa
alabándote
siempre.
Dichosos
los que encuentran en ti su fuerza
al
preparar su peregrinación:
cuando
atraviesan áridos valles,
los
convierten en oasis,
como
si la lluvia temprana
los
cubriera de bendiciones;
caminan
de altura en altura
hasta
ver a Dios en Sión.
Señor
de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme,
Dios de Jacob.
Fíjate,
¡oh Dios!, en nuestro Escudo,
mira
el rostro de tu Ungido.
Un
solo día en tu casa
vale
más que otros mil,
y
prefiero el umbral de la casa de Dios
a
vivir con los malvados.
Porque
el Señor es sol y escudo,
él
da la gracia y la gloria,
el
Señor no niega sus bienes
a
los de conducta intachable.
¡Señor
de los ejércitos, dichoso el hombre
que
confía en ti!
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Mi corazón y mi carne se alegran por ti, Dios vivo. Aleluya.
Ant
2. Pueblos numerosos caminarán hacia el monte del Señor. Aleluya.
Cántico:
EL MONTE DE LA CASA DEL SEÑOR EN LA CIMA DE LOS MONTES Is 2, 2-5
Al
final de los días estará firme
el
monte de la casa del Señor,
en
la cima de los montes,
encumbrado
sobre las montañas.
Hacia
él confluirán los gentiles,
caminarán
pueblos numerosos.
Dirán
: «Venid, subamos al monte del Señor,
a
la casa del Dios de Jacob:
Él
nos instruirá en sus caminos,
y
marcharemos por sus sendas;
porque
de Sión saldrá la Ley,
de
Jerusalén la palabra del Señor.»
Será
el árbitro de las naciones,
el
juez de pueblos numerosos.
De
las espadas forjarán arados,
de
las lanzas, podaderas.
No
alzará la espada pueblo contra pueblo,
no
se adiestrarán para la guerra.
Casa
de Jacob, ven;
caminemos
a la luz del Señor.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Pueblos numerosos caminarán hacia el monte del Señor. Aleluya.
Ant
3. Decid a los pueblos: El Señor es rey. Aleluya.
Salmo
95 - EL SEÑOR, REY Y JUEZ DEL MUNDO.
Cantad
al Señor un cántico nuevo,
cantad
al Señor, toda la tierra;
cantad
al Señor, bendecid su nombre,
proclamad
día tras día su victoria.
Contad
a los pueblos su gloria,
sus
maravillas a todas las naciones;
porque
es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más
temible que todos los dioses.
Pues
los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras
que el Señor ha hecho el cielo;
honor
y majestad lo preceden,
fuerza
y esplendor están en su templo.
Familias
de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad
la gloria y el poder del Señor,
aclamad
la gloria del nombre del Señor,
entrad
en sus atrios trayéndole ofrendas.
Postraos
ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble
en su presencia la tierra toda;
decid
a los pueblos: «El Señor es rey,
él
afianzó el orbe, y no se moverá;
él
gobierna a los pueblos rectamente.»
Alégrese
el cielo, goce la tierra,
retumbe
el mar y cuanto lo llena;
vitoreen
los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen
los árboles del bosque,
delante
del Señor, que ya llega,
ya
llega a regir la tierra:
regirá
el orbe con justicia
y
los pueblos con fidelidad.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Decid a los pueblos: El Señor es rey. Aleluya.
LECTURA
BREVE Rm 10,8b-10
«Cerca
de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón», es decir, el mensaje de la
fe que nosotros predicamos. Porque, si proclamas con tu boca a Jesús como Señor
y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.
Pues con el corazón creemos para obtener la justificación y con la boca hacemos
profesión de nuestra fe para alcanzar la salvación.
RESPONSORIO
BREVE
V.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
R.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V.
El que por nosotros colgó del madero.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V. Mi
corazón y mi carne. Aleluya.
R. Se alegran por el Dios vivo. Aleluya.
PRIMERA LECTURA AÑO (II)
De
los Hechos de los apóstoles 8, 26-40
FELIPE
BAUTIZA AL EUNUCO DE CANDACE
En
aquellos días, un ángel del Señor habló así a Felipe:
«Vete
hacia eso del mediodía por el camino que baja de Jerusalén a Gaza, que está
solitario.»
Felipe
se puso en camino, y topó con un eunuco etíope, alto dignatario de Candace,
reina de Etiopía, e intendente del tesoro real. Había venido a Jerusalén a
adorar a Dios, y ahora estaba de regreso. Iba sentado en su carroza, leyendo en
voz alta al profeta Isaías. Dijo el Espíritu a Felipe:
«Adelántate
y alcanza a esa carroza.»
Adelantóse
Felipe y, oyendo que leía al profeta Isaías, le preguntó:
«¿Entiendes
lo que estás leyendo?»
Él
respondió:
«¿Y
cómo lo voy a entender, si no tengo quien me lo explique?»
E
invitó a Felipe a que subiese y se sentase a su lado. El pasaje de la Escritura
que iba leyendo era éste: «Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el
esquilador, enmudecía y no abría la boca. En su humillación se le negó todo
derecho; ¿quién podrá contar su descendencia? Lo arrancaron de la tierra de los
vivos.» Preguntó el dignatario a Felipe:
«Por
favor, ¿de quién dice eso el profeta? ¿De sí mismo, o de algún otro?»
Felipe
tomó la palabra y, comenzando por este pasaje de la Escritura, le dio a conocer
el mensaje de Jesús. Según iban siguiendo su camino, llegaron a un sitio donde
había agua, y el eunuco exclamó:
«Aquí
hay agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?»
Y
mandó parar la carroza. Bajaron los dos al agua, y Felipe lo bautizó. En cuanto
salieron fuera del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, que ya no se
dejó ver más del eunuco. Éste continuó alegre su camino. Felipe, por su parte,
se encontró en Azoto y, pasando de una ciudad a otra, fue anunciando en todas
partes la Buena Nueva, hasta llegar a Cesárea.
RESPONSORIO
Cf. Is 53, 7. 12; Sal 21, 28
R.
Fue conducido como oveja al matadero, y no abría la boca; * fue entregado a la
muerte, para dar la vida a su pueblo. Aleluya.
V.
Volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
R.
Fue entregado a la muerte, para dar la vida a su pueblo. Aleluya.
SEGUNDA
LECTURA
Del
Comentario de san Beda el Venerable, presbítero, sobre la primera carta de san
Pedro
(Cap.
2: PL 93. 50-51)
LINAJE
ESCOGIDO, SACERDOCIO REGIO
Vosotros
sois linaje escogido, sacerdocio regio. Este título honorífico fue dado en otro
tiempo por Moisés al antiguo pueblo de Dios, y ahora con toda razón lo da el
apóstol Pedro a los gentiles, porque han creído en Cristo, el cual, como piedra
angular, ha reunido a todos los hombres para que tengan parte en aquella
salvación que era antes exclusiva del pueblo de Israel.
Los
llama linaje escogido a causa de su fe, para distinguirlos de aquellos otros
que, al desechar al que es la piedra viva, se han hecho ellos mismos dignos de
ser desechados.
Los
llama también sacerdocio regio, porque están unidos al cuerpo de aquel que es
el rey supremo y sacerdote verdadero, que, en su calidad de rey, da el reino a
los suyos y, en su calidad de pontífice, limpia los pecados de ellos con la
oblación de su propia sangre. Les da el nombre de sacerdocio regio, para que no
olviden la esperanza del reino perpetuo y la obligación que tienen de ofrecer
continuamente a Dios el sacrificio de una conducta inmaculada.
Son
llamados también nación santa y pueblo adquirido, de conformidad con lo que
dice el apóstol Pablo, explicando la afirmación del profeta: «El justo vivirá
por la fe, pero si vuelve atrás no pondré más en él mi complacencia.» Nosotros
no somos de los que se vuelven atrás para su perdición, sino hombres de fe que
vamos hacia la salvación de nuestras almas. Y dice también en los Hechos de los
apóstoles: El Espíritu Santo os ha constituido como pastores de la Iglesia de
Dios. que él adquirió con la sangre de su Hijo. Así, pues, por la sangre de
nuestro Redentor hemos sido hechos pueblo adquirido, como lo era en otro tiempo
el pueblo de Israel, redimido de Egipto por la sangre del cordero.
Por
esto en el versículo siguiente, reflexionando también sobre el sentido
figurativo de la historia de Israel, enseña cómo obtiene su perfecto
cumplimiento en el nuevo pueblo de Dios, diciendo: Para proclamar sus hazañas.
Pues, del mismo modo que los israelitas, liberados por Moisés de la esclavitud
de Egipto, después del paso del mar Rojo y del hundimiento del ejército del
Faraón, cantaron al Señor un himno triunfal, también nosotros, después de haber
recibido en el bautismo el perdón de los pecados, debemos tributar a Dios una
digna acción de gracias por estos beneficios espirituales.
Porque
los egipcios, que afligían al pueblo de Dios y que por eso eran como un símbolo
de las tinieblas y de la tribulación, significan adecuadamente los pecados que
nos perseguían, pero que fueron borrados por el bautismo. También la liberación
de los hijos de Israel y su conducción hacia la patria en otro tiempo
prometida, concuerda con el misterio de nuestra redención, por la cual
tendemos, mediante la iluminación y la guía de la gracia de Cristo, hacia la
luz de la morada celestial; de esta luz de la gracia era también símbolo
aquella nube y columna de fuego que durante todo el camino los defendió de las
tinieblas de la noche y los llevó, por un sendero inefable, hasta la posesión
de la tierra prometida.
RESPONSORIO
1Pe 2, 9; Dt 7, 7; 13, 5
R.
Vosotros sois linaje escogido, nación santa, pueblo adquirido por Dios, * para
proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su
luz maravillosa. Aleluya.
V.
El Señor os eligió y os sacó de la casa de la esclavitud.
R.
Para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar
en su luz maravillosa. Aleluya.
Evangelio del Lunes de la III
Semana de Pascua
20
Abr 2026
*Lectura
del santo evangelio según san Juan (6,22-29)*
Después de que Jesús hubo saciado a cinco
mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar. Al día siguiente,
la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había
habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos,
sino que sus discípulos se habían marchado solos.
Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían
comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que
ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en
busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino
porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece,
sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo
del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
Respondió Jesús:
«La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».
Palabra
del Señor
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Trabajad por conseguir no el alimento perecedero, sino el alimento que
permanece y da vida eterna. Aleluya.
Cántico
de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito
sea el Señor, Dios de Israel,
porque
ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos
una fuerza de salvación
en
la casa de David, su siervo,
según
lo había predicho desde antiguo
por
boca de sus santos profetas:
Es
la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y
de la mano de todos los que nos odian;
ha
realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando
su santa alianza
y
el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para
concedernos que, libres de temor,
arrancados
de la mano de los enemigos,
le
sirvamos con santidad y justicia,
en
su presencia, todos nuestros días.
Y
a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque
irás delante del Señor
a
preparar sus caminos,
anunciando
a su pueblo la salvación,
el
perdón de sus pecados.
Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos
visitará el sol que nace de lo alto,
para
iluminar a los que viven en tiniebla
y
en sombra de muerte,
para
guiar nuestros pasos
por
el camino de la paz.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Trabajad por conseguir no el alimento perecedero, sino el alimento que
permanece y da vida eterna. Aleluya.
PRECES
Glorifiquemos
a Cristo, a quien el Padre ha enaltecido dándole en herencia todas las
naciones, y digámosle suplicantes:
Por
tu victoria, sálvanos, Señor.
Señor
Jesucristo, que en tu victoria destruiste el poder del abismo, venciendo la
muerte y el pecado,
haz
que también nosotros venzamos hoy el pecado.
Tú
que alejaste de nosotros la muerte y nos has dado nueva vida,
concédenos
andar hoy por la senda de esta vida nueva.
Tú
que diste vida a los muertos, haciendo pasar a la humanidad entera de la muerte
a la vida,
concede
el don de la vida eterna a cuantos se relacionarán hoy con nosotros.
Tú
que llenaste de confusión a los que hacían guardia ante tu sepulcro y alegraste
a los discípulos con tus apariciones,
llena
de gozo a cuantos te sirven.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Porque
deseamos que la luz de Cristo alumbre a todos los hombres, pidamos al Padre que
su reino Llegue a nosotros:
Padre
nuestro...
ORACION
Señor
Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que
puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos que se aparten de
todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan, y que cumplan lo que ese
nombre significa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los
siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
HORA TERCIA
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
AL SEÑOR CONFESAMOS, ¡ALELUYA!
Al
Señor confesamos, ¡aleluya!
En
la hora de tercia a la mañana
se
llenaron los suyos de esperanza,
y
lejos de la noche y de la duda
salieron
con la llama y la palabra.
Al
Señor adoramos, ¡aleluya!
Han
marcado sus pies nuestros caminos,
marcó
su nombre el nombre de los siglos,
y
en la tierra su voz cual voz ninguna
convoca
seguidores y testigos.
Al
Señor esperamos, ¡aleluya!
Y
ahora celebramos al Viviente,
a
Jesús victorioso de la muerte;
acéptanos,
oh Cristo, cual liturgia
de
gloria que ganaste y a ti vuelve. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
119 - DESEO DE LA PAZ
En
mi aflicción llamé al Señor,
y
él me respondió.
Líbrame,
Señor, de los labios mentirosos,
de
la lengua traidora.
¿Qué
te va a dar o a mandar Dios,
lengua
traidora?
Flechas
de arquero, afiladas
con
ascuas de retama.
¡Ay
de mí, desterrado en Masac,
acampado
en Cadar!
Demasiado
llevo viviendo
con
los que odian la paz;
cuando
yo digo: «Paz»,
ellos
dicen: «Guerra».
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
120 - EL GUARDIÁN DEL PUEBLO.
Levanto
mis ojos a los montes:
¿de
dónde me vendrá el auxilio?
El
auxilio me viene del Señor,
que
hizo el cielo y la tierra.
No
permitirá que resbale tu pie,
tu
guardián no duerme;
no
duerme ni reposa
el
guardián de Israel.
El
Señor te guarda a su sombra,
está
a tu derecha;
de
día el sol no te hará daño,
ni
la luna de noche.
El
Señor te guarda de todo mal,
él
guarda tu alma;
el
Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora
y por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
¡Qué
alegría cuando me dijeron:
«Vamos
a la casa del Señor»!
Ya
están pisando nuestros pies
tus
umbrales, Jerusalén.
Jerusalén
está fundada
como
ciudad bien compacta.
Allá
suben las tribus,
las
tribus del Señor,
según
la costumbre de Israel,
a
celebrar el nombre del Señor;
en
ella están los tribunales de justicia
en
el palacio de David.
Desead
la paz a Jerusalén:
«Vivan
seguros los que te aman,
haya
paz dentro de tus muros,
seguridad
en tus palacios.»
Por
mis hermanos y compañeros,
voy
a decir: «La paz contigo.»
Por
la casa del Señor, nuestro Dios,
te
deseo todo bien.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE Cf. Ap 1, 17c-18
Vi
al Hijo del hombre y me dijo: «Yo soy el primero y el último, el que vive.
Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves
de la muerte y del hades.»
V.
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R.
Y se ha aparecido a Simón. Aleluya.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor
Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que
puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos que se aparten de
todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan, y que cumplan lo que ese
nombre significa. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
CONCLUSIÓN
V.
Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
HORA SEXTA
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
VERBO DE DIOS, EL SOL DE MEDIODÍA
Verbo
de Dios, el sol de mediodía,
amable
mensajero de tu rostro,
fecunda
nuestra tierra y la hermosea
como
fuente de luz, de vida y gozo.
Más
hermoso tu cuerpo, que es pleroma
del
infinito amor jamás gastado;
y
de ese mar sin fondo ni ribera
la
Iglesia es tu pleroma continuado.
Verbo
de Dios, que reinas sin fatiga,
que
emerges victorioso del trabajo,
reina
dichoso tú que nos esperas
mientras
nosotros vamos caminando. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
118, 89-96
Tu
palabra, Señor, es eterna,
más
estable que el cielo;
tu
fidelidad de generación en generación,
igual
que fundaste la tierra y permanece;
por
tu mandamiento subsisten hasta hoy,
porque
todo está a tu servicio.
Si
tu voluntad no fuera mi delicia,
ya
habría perecido en mi desgracia;
jamás
olvidaré tus decretos,
pues
con ellos me diste vida;
soy
tuyo, sálvame,
que
yo consulto tus leyes.
Los
malvados me esperaban para perderme,
pero
yo meditaba tus preceptos;
he
visto el límite de todo lo perfecto:
tu
mandato se dilata sin término.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
70 I - TÚ, SEÑOR, FUISTE MI ESPERANZA DESDE MI JUVENTUD
A
ti, Señor, me acojo:
no
quede yo derrotado para siempre;
tú
que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina
a mí tu oído, y sálvame.
Sé
tú mi roca de refugio,
el
alcázar donde me salve,
porque
mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios
mío, líbrame de la mano perversa,
del
puño criminal y violento;
porque
tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y
mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En
el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en
el seno tú me sostenías,
siempre
he confiado en ti.
Muchos
me miraban como a un milagro,
porque
tú eras mi fuerte refugio.
Llena
estaba mi boca de tu alabanza
y
de tu gloria, todo el día.
No
me rechaces ahora en la vejez,
me
van faltando las fuerzas, no me abandones;
porque
mis enemigos hablan de mí,
los
que acechan mi vida celebran consejo;
dicen:
«Dios lo ha abandonado;
perseguidlo,
agarradlo, que nadie lo defiende.»
Dios
mío, no te quedes a distancia;
Dios
mío, ven aprisa a socorrerme.
Que
fracasen y se pierdan
los
que atentan contra mi vida,
queden
cubiertos de oprobio y vergüenza
los
que buscan mi daño.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
70 II
Yo,
en cambio, seguiré esperando,
redoblaré
tus alabanzas;
mi
boca contará tu auxilio,
y
todo el día tu salvación.
Proclamaré
tus proezas, Señor mío,
narraré
tu victoria, tuya entera.
Dios
mío, me instruiste desde mi juventud,
y
hasta hoy relato tus maravillas;
ahora,
en la vejez y las canas,
no
me abandones, Dios mío,
hasta
que describa tu brazo
a
la nueva generación,
tus
proezas y tus victorias excelsas,
las
hazañas que realizaste:
Dios
mío, ¿quién como tú?
Me
hiciste pasar por peligros
muchos
y graves:
de
nuevo me darás la vida,
me
harás subir de lo hondo de la tierra;
acrecerás
mi dignidad,
de
nuevo me consolarás;
y
yo te daré gracias, Dios mío,
con
el arpa, por tu lealtad;
tocaré
para ti la cítara,
Santo
de Israel;
te
aclamarán mis labios, Señor,
mi
alma, que tú redimiste;
y
mi lengua todo el día
recitará
tu auxilio,
porque
quedaron derrotados y afrentados
los
que buscaban mi daño.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE Col 2, 9-10a. 12
En
Cristo, en su cuerpo glorificado, habita toda la plenitud de la deidad; e,
incorporados a él, alcanzáis también vosotros esa plenitud en él. Con Cristo
fuísteis sepultados en el bautismo, y con él resucitásteis mediante la fe en el
poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos.
V.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
R.
Al ver al Señor. Aleluya.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor
Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que
puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos que se aparten de
todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan, y que cumplan lo que ese
nombre significa. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
CONCLUSIÓN
V.
Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
HORA NONA
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
REINA EL SEÑOR ALLÍ DONDE NINGUNO
Reina
el Señor allí donde ninguno
ciñe
corona que haya dado el mundo;
reina
el Señor allí donde la vida
sin
lágrimas es río de delicias.
Reina
el Señor, el compasivo siervo,
que
en sus hombros cargó nuestro madero;
vive
el muerto en la cruz, el sepultado
y
con hierro sellado y custodiado.
Cruzó
el oscuro valle de la muerte
hasta
bajar a tumba de rebeldes;
fingía
que era suya nuestra pena,
y
en silencio escuchó nuestra sentencia.
Pero
reina el Señor, la tierra goza,
y
ya se escuchan los cánticos de boda.
¡Gloria
al Señor Jesús resucitado,
nuestra
esperanza y triunfo deseado! Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
125 - DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.
Cuando
el Señor cambió la suerte de Sión,
nos
parecía soñar:
la
boca se nos llenaba de risas,
la
lengua de cantares.
Hasta
los gentiles decían:
«El
Señor ha estado grande con ellos.»
El
Señor ha estado grande con nosotros,
y
estamos alegres.
Que
el Señor cambie nuestra suerte
como
los torrentes del Negueb.
Los
que sembraban con lágrimas
cosechan
entre cantares.
Al
ir, iban llorando,
llevando
la semilla;
al
volver, vuelven cantando,
trayendo
sus gavillas.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
126 - EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS.
Si
el Señor no construye la casa,
en
vano se cansan los albañiles;
si
el Señor no guarda la ciudad,
en
vano vigilan los centinelas.
Es
inútil que madruguéis,
que
veléis hasta muy tarde,
los
que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios
lo da a sus amigos mientras duermen!
La
herencia que da el Señor son los hijos;
una
recompensa es el fruto de las entrañas:
son
saetas en mano de un guerrero
los
hijos de la juventud.
Dichoso
el hombre que llena
con
ellas su aljaba:
no
quedará derrotado cuando litigue
con
su adversario en la plaza.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
127 - PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
¡Dichoso
el que teme al Señor
y
sigue sus caminos!
Comerás
del fruto de tu trabajo,
serás
dichoso, te irá bien;
tu
mujer, como una vid fecunda,
en
medio de tu casa;
tus
hijos, como renuevos de olivo,
alrededor
de tu mesa:
ésta
es la bendición del hombre
que
teme al Señor.
Que
el Señor te bendiga desde Sión,
que
veas la prosperidad de Jerusalén
todos
los días de tu vida;
que
veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz
a Israel!
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE 2Tm 2, 8. 11
Acuérdate
de Cristo Jesús, del linaje de David, que vive resucitado de entre los muertos,
como enseño en mi mensaje de salud. Verdadera es la sentencia que dice: Si
hemos muerto con él, viviremos también con él.
V.
Quédate con nosotros, Señor. Aleluya.
R.
Porque ya es tarde. Aleluya.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor
Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que
puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos que se aparten de
todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan, y que cumplan lo que ese
nombre significa. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
CONCLUSIÓN
V.
Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
VÍSPERAS
(Oración
de la tarde)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
CANTARÁN, LLORARÁN RAZAS Y HOMBRES
Cantarán,
llorarán razas y hombres,
buscarán
la esperanza en el dolor,
el
secreto de vida es ya presente:
resucitó
el Señor.
Dejarán
de llorar los que lloraban,
brillará
en su mirar la luz del sol,
ya
la causa del hombre está ganada:
resucitó
el Señor.
Volverán
entre cánticos alegres
los
que fueron llorando a su labor,
traerán
en sus brazos la cosecha:
resucitó
el Señor.
Cantarán
a Dios Padre eternamente
la
alabanza de gracias por su don,
en
Jesús ha brillado su Amor santo:
resucitó
el Señor. Amén.
SALMODIA
Ant
1. El Señor será tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor. Aleluya.
Salmo
122 - EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO
A
ti levanto mis ojos,
a
ti que habitas en el cielo.
Como
están los ojos de los esclavos
fijos
en las manos de sus señores,
como
están los ojos de la esclava
fijos
en las manos de su señora,
así
están nuestros ojos
en
el Señor, Dios nuestro,
esperando
su misericordia.
Misericordia,
Señor, misericordia,
que
estamos saciados de desprecios;
nuestra
alma está saciada
del
sarcasmo de los satisfechos,
del
desprecio de los orgullosos.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El Señor será tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor. Aleluya.
Ant
2. La trampa se rompió y escapamos. Aleluya.
Salmo
123 - NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
Si
el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que
lo diga Israel-,
si
el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando
nos asaltaban los hombres,
nos
habrían tragado vivos:
tanto
ardía su ira contra nosotros.
Nos
habrían arrollado las aguas,
llegándonos
el torrente hasta el cuello;
nos
habrían llegado hasta el cuello
las
aguas espumantes.
Bendito
el Señor, que no nos entregó
como
presa a sus dientes;
hemos
salvado la vida como un pájaro
de
la trampa del cazador:
la
trampa se rompió y escapamos.
Nuestro
auxilio es el nombre del Señor,
que
hizo el cielo y la tierra.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
La trampa se rompió y escapamos. Aleluya.
Ant
3. Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Aleluya.
Cántico:
EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN - Ef 1, 3-10
Bendito
sea Dios,
Padre
de nuestro Señor Jesucristo,
que
nos ha bendecido en la persona de Cristo
con
toda clase de bienes espirituales y celestiales.
El
nos eligió en la persona de Cristo,
antes
de crear el mundo,
para
que fuésemos consagrados
e
irreprochables ante él por el amor.
Él
nos ha destinado en la persona de Cristo,
por
pura iniciativa suya,
a
ser sus hijos,
para
que la gloria de su gracia,
que
tan generosamente nos ha concedido
en
su querido Hijo,
redunde
en alabanza suya.
Por
este Hijo, por su sangre,
hemos
recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El
tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos
a conocer el misterio de su voluntad.
Éste
es el plan
que
había proyectado realizar por Cristo
cuando
llegase el momento culminante:
hacer
que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las
del cielo y las de la tierra.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Aleluya.
LECTURA
BREVE Hb 8,1b-3a
Tenemos
un sumo sacerdote que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los
cielos. Él es ministro del santuario y de la verdadera Tienda de Reunión, que
fue fabricada por el Señor y no por hombre alguno. Todo sumo sacerdote es
instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios.
RESPONSORIO
BREVE
V.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
R.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V.
Al ver al Señor.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Esta es la obra de Dios: que creáis plenamente en aquel que él ha enviado.
Aleluya.
Cántico
de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
se
alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque
ha mirado la humillación de su esclava.
Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque
el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su
nombre es santo,
y
su misericordia llega a sus fieles
de
generación en generación.
El
hace proezas con su brazo:
dispersa
a los soberbios de corazón,
derriba
del trono a los poderosos
y
enaltece a los humildes,
a
los hambrientos los colma de bienes
y
a los ricos los despide vacíos.
Auxilia
a Israel, su siervo,
acordándose
de su misericordia
-como
lo había prometido a nuestros padres-
en
favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Esta es la obra de Dios: que creáis plenamente en aquel que él ha enviado.
Aleluya.
PRECES
Con
espíritu gozoso, invoquemos a Cristo, a cuya humanidad dio vida el Espíritu
Santo, haciéndolo fuente de vida para los hombres, y digámosle:
Renueva
y da vida a todas las cosas, Señor.
Cristo,
salvador del mundo y rey de la nueva creación, haz que, ya desde ahora, con el
espíritu vivamos en tu reino,
donde
estás sentado a la derecha del Padre.
Señor,
tú que vives en tu Iglesia hasta el fin de los tiempos,
condúcela
por el Espíritu Santo al conocimiento de toda verdad.
Que
los enfermos, los moribundos y todos los que sufren encuentren luz en tu
victoria,
y
que tu gloriosa resurrección los consuele y los conforte.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Al
terminar este día, te ofrecemos nuestro homenaje, oh Cristo, luz imperecedera,
y
te pedimos que con la gloria de tu resurrección ilumines a nuestros hermanos
difuntos.
Porque
Jesucristo nos ha hecho participar de su propia vida, somos hijos de Dios y por
ello nos atrevemos a decir:
Padre
nuestro...
ORACION
Señor
Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que
puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos que se aparten de
todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan, y que cumplan lo que ese
nombre significa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los
siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
COMPLETAS
(Oración
antes del descanso nocturno)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
Hermanos,
habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido,
reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo
confieso ante Dios todopoderoso
y
ante vosotros, hermanos,
que
he pecado mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión:
por
mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por
eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a
los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que
intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V.
El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
Himno:
EL CORAZÓN SE DILATA
El
corazón se dilata
sin
noche en tu santo cuerpo,
oh
morada iluminada,
mansión
de todo consuelo.
Por
tu muerte sin pecado,
por
tu descanso y tu premio,
en
ti, Jesús, confiamos,
y
te miramos sin miedo.
Como
vigilia de amor
te
ofrecemos nuestro sueño;
tú
que eres el paraíso,
danos
un puesto en tu reino. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
85 - ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES.
Inclina
tu oído, Señor; escúchame,
que
soy un pobre desamparado;
protege
mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva
a tu siervo, que confía en ti.
Tú
eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que
a ti te estoy llamando todo el día;
alegra
el alma de tu siervo,
pues
levanto mi alma hacia ti;
porque
tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico
en misericordia con los que te invocan.
Señor,
escucha mi oración,
atiende
a la voz de mi súplica.
En
el día del peligro te llamo,
y
tú me escuchas.
No
tienes igual entre los dioses, Señor,
ni
hay obras como las tuyas.
Todos
los pueblos vendrán
a
postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán
tu nombre:
«Grande
eres tú, y haces maravillas;
tú
eres el único Dios.»
Enséñame,
Señor, tu camino,
para
que siga tu verdad;
mantén
mi corazón entero
en
el temor de tu nombre.
Te
alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré
gloria a tu nombre por siempre,
por
tu grande piedad para conmigo,
porque
me salvaste del abismo profundo.
Dios
mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una
banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin
tenerte en cuenta a ti.
Pero
tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento
a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame,
ten compasión de mí.
Da
fuerza a tu siervo,
salva
al hijo de tu esclava;
dame
una señal propicia,
que
la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque
tú, Señor, me ayudas y consuelas.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE 1Ts 5, 9-10
Dios
nos ha puesto para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió
por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos junto con él.
RESPONSORIO
BREVE
V.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
R.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
V.
Tú, el Dios leal, nos librarás.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con
Cristo y descansemos en paz. Aleluya.
CÁNTICO
DE SIMEÓN Lc 2, 29-32
Ahora,
Señor, según tu promesa,
puedes
dejar a tu siervo irse en paz,
porque
mis ojos han visto a tu Salvador,
a
quien has presentado ante todos los pueblos
luz
para alumbrar a las naciones
y
gloria de tu pueblo Israel.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con
Cristo y descansemos en paz. Aleluya.
ORACION
OREMOS,
Concede,
Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la
simiente del reino que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy crezca y germine
para la cosecha de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
BENDICIÓN
V.
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R.
Amén.
ANTIFONA
FINAL DE LA SANTISIMA VIRGEN
Reina
del cielo, alégrate, aleluya,
porque
Cristo,
a
quien llevaste en tu seno, aleluya,
ha
resucitado, según su palabra, aleluya.
Ruega
al Señor por nosotros, aleluya.



