Musica Para el Alma
lunes, 20 de abril de 2026
JUAN 6,30-35 CICLO A
Evangelio del Martes de la III
Semana de Pascua
21 Abr 2026
*Lectura del santo evangelio
según san Juan (6,30-35)*
En aquel tiempo, el
gentío dijo a Jesús:
«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del
cielo les dio a comer”».
Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio
pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.
Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre,
y el que cree en mí no tendrá sed jamás».
Palabra del Señor
*Que la Paz del Señor llegue primero a
vuestros corazones antes que mis palabras*
*(Yo soy el
pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá
sed jamás)*
*¿Qué significa pan de la vida? Para vivir se necesita
el pan. Quien tiene hambre no pide comidas refinadas y caras, pide pan. Quien
no tiene trabajo no pide sueldos altos, sino el “pan” de un empleo. Jesús se revela como el pan, es decir lo esencial,
lo necesario para la vida de cada día, sin Él no funciona. No un pan
entre muchos otros, sino el pan de la vida. En otras palabras,
nosotros, sin Él, más que vivir,
sobrevivimos: porque solo Él nos nutre el alma, solo Él nos perdona de ese mal
que solos no conseguimos superar, solo Él nos hace sentir amados, aunque todos
nos decepcionen, solo Él nos da la fuerza
de amar, solo Él nos da la fuerza de perdonar en las dificultades, solo Él da
al corazón esa paz que busca, solo Él da la vida
para siempre cuando la vida aquí en la tierra se acaba. Es el pan esencial de
la vida*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAUDES Y VISPERAS DEL MARTES 21
*LAS LAUDES Y
LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar
este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
*MARTES DE LA SEMANA III DE PASCUA*
LAUDES
(Oración
de la mañana)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Señor abre mis labios
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant.
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
Salmo
94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid,
aclamemos al Señor,
demos
vítores a la Roca que nos salva;
entremos
a su presencia dándole gracias,
aclamándolo
con cantos.
Porque
el Señor es un Dios grande,
soberano
de todos los dioses:
tiene
en su mano las simas de la tierra,
son
suyas las cumbres de los montes;
suyo
es el mar, porque él lo hizo,
la
tierra firme que modelaron sus manos.
Venid,
postrémonos por tierra,
bendiciendo
al Señor, creador nuestro.
Porque
él es nuestro Dios,
y
nosotros su pueblo,
el
rebaño que él guía.
Ojalá
escuchéis hoy su voz:
«No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como
el día de Masá en el desierto;
cuando
vuestros padres me pusieron a prueba
y
dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante
cuarenta años
aquella
generación me repugnó, y dije:
Es
un pueblo de corazón extraviado,
que
no reconoce mi camino;
por
eso he jurado en mi cólera
que
no entrarán en mi descanso»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno:
ESTABA AL ALBA MARÍA
Estaba
al alba María,
porque
era la enamorada.
«¡María!»,
la voz amada.
«¡Rabbuní!»,
dice María.
El
amor se hizo un abrazo
junto
a las plantas benditas;
las
llagas glorificadas
ríos
de fuego y delicia;
Jesús,
esposo divino,
María,
esposa cautiva.
Estaba
al alba María,
para
una unción preparada.
Jesús
en las azucenas
al
claro del bello día.
En
los brazos del Esposo
la
Iglesia se regocija.
¡Gloria
al Señor encontrado,
gloria
al Dios de la alegría,
gloria
al Amor más amado,
gloria
y paz, y Pascua y dicha! ¡Aleluya!
Estaba
al alba María,
es
Pascua en la Iglesia santa. ¡Aleluya! Amén.
SALMODIA
Ant
1. Tú nos devuelves la vida, y tu pueblo, Señor, se alegra contigo. Aleluya.
Salmo
84 - NUESTRA SALVACIÓN ESTA CERCA
Señor,
has sido bueno con tu tierra,
has
restaurado la suerte de Jacob,
has
perdonado la culpa de tu pueblo,
has
sepultado todos sus pecados,
has
reprimido tu cólera,
has
frenado el incendio de tu ira.
Restáuranos,
Dios salvador nuestro;
cesa
en tu rencor contra nosotros.
¿Vas
a estar siempre enojado,
o
a prolongar tu ira de edad en edad?
¿No
vas a devolvernos la vida,
para
que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos,
Señor, tu misericordia
y
danos tu salvación.
Voy
a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios
anuncia la paz
a
su pueblo y a sus amigos
y
a los que se convierten de corazón.»
La
salvación está ya cerca de sus fieles,
y
la gloria habitará en nuestra tierra;
la
misericordia y la fidelidad se encuentran,
la
justicia y la paz se besan;
la
fidelidad brota de la tierra,
y
la justicia mira desde el cielo;
el
Señor dará la lluvia,
y
nuestra tierra dará su fruto.
La
justicia marchará ante él,
la
salvación seguirá sus pasos.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Tú nos devuelves la vida, y tu pueblo, Señor, se alegra contigo. Aleluya.
Ant
2. Confiamos en el Señor; él nos dará la luz y la paz. Aleluya.
Càntico:
HIMNO DESPUÉS DE LA VICTORIA SOBRE EL ENEMIGO Is 26, 1-4. 7-9. 12
Tenemos
una ciudad fuerte,
ha
puesto para salvarla murallas y baluartes:
Abrid
las puertas para que entre un pueblo justo,
que
observa la lealtad;
su
ánimo está firme y mantiene la paz,
porque
confía en ti.
Confiad
siempre en el Señor,
porque
el Señor es la Roca perpetua:
La
senda del justo es recta.
Tú
allanas el sendero del justo;
en
la senda de tus juicios, Señor, te esperamos,
ansiando
tu nombre y tu recuerdo.
Mi
alma te ansía de noche,
mi
espíritu en mi interior madruga por ti,
porque
tus juicios son luz de la tierra,
y
aprenden justicia los habitantes del orbe.
Señor,
tú nos darás la paz,
porque
todas nuestras empresas
nos
las realizas tú.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Confiamos en el Señor; él nos dará la luz y la paz. Aleluya.
Ant
3. La tierra ha dado su fruto: que canten de alegría las naciones. Aleluya.
Salmo
66 - QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR.
El
Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine
su rostro sobre nosotros;
conozca
la tierra tus caminos,
todos
los pueblos tu salvación.
¡Oh
Dios!, que te alaben los pueblos,
que
todos los pueblos te alaben.
Que
canten de alegría las naciones,
porque
riges el mundo con justicia,
riges
los pueblos con rectitud
y
gobiernas las naciones de la tierra.
¡Oh
Dios!, que te alaben los pueblos,
que
todos los pueblos te alaben.
La
tierra ha dado su fruto,
nos
bendice el Señor, nuestro Dios.
Que
Dios nos bendiga; que le teman
hasta
los confines del orbe.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
La tierra ha dado su fruto: que canten de alegría las naciones. Aleluya.
LECTURA
BREVE Hch 13, 30-33
Dios
resucitó a Jesús de entre los muertos. Y durante muchos días se apareció a los
que con él habían subido de Galilea a Jerusalén: éstos, efectivamente, dan
ahora testimonio de él ante el pueblo. Y nosotros os damos la buena nueva: la
promesa que Dios hizo a nuestros padres la ha cumplido él ahora con nosotros,
sus hijos, resucitando a Jesús, según está escrito en el salmo segundo: «Tú
eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy.»
RESPONSORIO
BREVE
V.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
R.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V.
El que por nosotros colgó del madero.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
PRIMERA
LECTURA
De
los Hechos de los apóstoles 9, 1-22
VOCACIÓN
DE SAULO
En
aquellos días, Saulo, que no respiraba aún sino amenazas de muerte contra los
discípulos del Señor, se presentó ante el sumo sacerdote y le pidió cartas de
recomendación, dirigidas a las comunidades de Damasco, con el objeto de traer
presos a Jerusalén a cuantos discípulos de la nueva doctrina encontrase, fuesen
hombres o mujeres. Ya se acercaba en su viaje a Damasco, cuando de repente se
vio rodeado de un resplandor que venía del cielo. Cayó a tierra y oyó una voz
que le decía:
«Saulo,
Saulo, ¿por qué me persigues?»
Él
preguntó:
«Señor,
¿quién eres?»
Y
la voz dijo:
«Yo
soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, y entra en la ciudad; allí se te
dirá lo que tienes que hacer.»
Los
hombres que lo acompañaban estaban mudos de espanto; oían la voz, pero no veían
a nadie. Saulo se levantó del suelo; tenía los ojos abiertos, pero no veía
nada. Lo tomaron de la mano y lo condujeron a Damasco; y así estuvo tres días
ciego y sin comer ni beber nada. Había en Damasco un discípulo, llamado
Ananías, a quien llamó el Señor en visión:
«¡Ananías!»
Contestó
él:
«Heme
aquí, Señor.»
Y
el Señor le dijo:
«Vete
en seguida a la calle que se llama Recta y pregunta en casa de Judas por uno de
Tarso que se llama Saulo. Sábete que está en oración y ha visto en una visión
que un hombre, llamado Ananías, entraba para imponerle las manos y devolverle
la vista.»
Ananías
respondió:
«Señor,
he oído contar a muchos los males que ha causado este hombre a tus fieles en
Jerusalén, y ahora está aquí con plenos poderes de parte de los jefes de los
sacerdotes, para prender a cuantos invocan tu nombre.»
Pero
el Señor le dijo:
«Vete,
porque éste es un instrumento que me he escogido yo para que lleve mi nombre a
los gentiles, a los reyes y a los hijos de Israel. Yo mismo le mostraré todo lo
que tendrá que padecer por mi nombre.»
Fue
Ananías y entró en la casa; le impuso las manos y le dijo:
«Saulo,
hermano: Jesús, el Señor, que se te apareció en el camino por donde venías, me
envía para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo.»
Al
momento se le cayeron de los ojos unas como escamas y recobró la vista.
Inmediatamente, se hizo bautizar. Luego, tomó alimento y recobró fuerzas. Una
vez que hubo pasado algunos días con los discípulos de Damasco, comenzó Saulo a
predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios. Y cuantos le oían no
salían de su asombro y decían:
«Pero,
¿no es éste el que perseguía en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y no
ha venido aquí para llevarlos detenidos al tribunal de los jefes de los
sacerdotes?»
Pero
Saulo cobraba cada vez más energía, y confundía a los judíos que vivían en
Damasco, haciéndoles ver con muchos argumentos que Jesús es el Mesías.
RESPONSORIO
Cf. Ga 1, 15. 16; Is 49, 1
R.
Dios, que me eligió desde el seno de mi madre, me llamó por su gracia y tuvo a
bien revelarme a su Hijo* para que yo lo anunciara a los gentiles. Aleluya.
V.
El Señor me llamó desde el vientre de mi madre, cuando aún estaba yo en el seno
materno pronunció mi nombre.
R.
Para que yo lo anunciara a los gentiles. Aleluya.
SEGUNDA
LECTURA
De
los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón
34, 1-3. 5-6: CCL 41. 424-426)
CANTEMOS
AL SEÑOR EL CÁNTICO DEL AMOR
Cantad
al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. Se
nos exhorta a cantar al Señor un cántico nuevo. El hombre nuevo sabe lo que
significa este cántico nuevo. Un cántico es expresión de alegría y,
considerándolo con más atención, es una expresión de amor. Por esto, el que es
capaz de amar la vida nueva es capaz de cantar el cántico nuevo. Debemos, pues,
conocer en qué consiste esta vida nueva, para que podamos cantar el cántico
nuevo. Todo, en efecto, está relacionado con el único reino, el hombre nuevo,
el cántico nuevo, el Testamento nuevo. Por ello el hombre nuevo debe cantar el
cántico nuevo porque pertenece al Testamento nuevo.
Nadie
hay que no ame, pero lo que interesa es cuál sea el objeto de su amor. No se
nos dice que no amemos, sino que elijamos a quien amar. Pero, ¿cómo podremos
elegir, si antes no somos nosotros elegidos? Porque, para amar, primero tenemos
que ser amados. Oíd lo que dice el apóstol Juan: Él nos amó primero. Si
buscamos de dónde le viene al hombre el poder amar a Dios, la única razón que
encontramos es porque Dios lo amó primero. Se dio a sí mismo como objeto de
nuestro amor y nos dio el poder amarlo. El apóstol Pablo nos enseña de manera
aún más clara cómo Dios nos ha dado el poder amarlo: El amor de Dios -dice- ha
sido derramado en nuestros corazones. ¿Por quién ha sido derramado? ¿Por
nosotros, quizá? No, ciertamente. ¿Por quién, pues? Por el Espíritu Santo que
se nos ha dado.
Teniendo,
pues, tan gran motivo de confianza, amemos a Dios con el amor que de él
procede. Oíd con qué claridad expresa san Juan esta idea: Dios es amor y quien
permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. Sería poco decir: El amor
es de Dios. Y ¿quién de nosotros se atrevería a decir lo que el evangelista
afirma: Dios es amor? Él lo afirma porque sabe lo que posee.
Dios
se nos ofrece en posesión. Él mismo clama hacia nosotros: «Amadme y me
poseeréis, porque no podéis amarme si no me poseéis.»
¡Oh,
hermanos! ¡Oh, hijos de Dios! Germen de universalidad, semilla celestial y
sagrada, que habéis nacido en Cristo a una vida nueva, a una vida que viene de
lo alto, escuchadme, mejor aún, cantad al Señor, junto conmigo, un cántico
nuevo. «Ya lo canto», me respondes. Sí, lo cantas, es verdad, ya lo oigo. Pero,
que tu vida no dé un testimonio contrario al que proclama tu voz.
Cantad
con la voz y con el corazón, con la boca y con vuestra conducta: Cantad al
Señor un cántico nuevo. ¿Os preguntáis qué alabanzas hay que cantar de aquel a
quien amáis? Porque, sin duda, queréis que vuestro canto tenga por tema a aquel
a quien amáis. ¿Os preguntáis cuáles son las alabanzas que hay que cantar?
Habéis oído: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Os preguntáis qué alabanzas?
Resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. Su alabanza son los mismos
que cantan.
¿Queréis
alabar a Dios? Vivid de acuerdo con lo que pronuncian vuestros labios. Vosotros
mismos seréis la mejor alabanza que podáis tributarle, si es buena vuestra
conducta.
RESPONSORIO
Rm 6,4; 1Jn 3, 23; Jdt 16, 15
R.
Así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre,
así también nosotros vivamos una vida nueva. * Amémonos mutuamente conforme al
mandamiento que nos dio. Aleluya.
V.
Cantemos un himno al Señor, cantemos a nuestro Dios un cántico nuevo.
R.
Amémonos mutuamente conforme al mandamiento que nos dio. Aleluya.
Evangelio del Martes de la III
Semana de Pascua
21 Abr 2026
*Lectura del santo evangelio
según san Juan (6,30-35)*
En aquel
tiempo, el gentío dijo a Jesús:
«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del
cielo les dio a comer”».
Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio
pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.
Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre,
y el que cree en mí no tendrá sed jamás».
Palabra del Señor
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Os lo digo con toda verdad: Moisés no os dio el pan del cielo; es mi Padre el
que os da el verdadero pan del cielo. Aleluya.
Cántico
de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito
sea el Señor, Dios de Israel,
porque
ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos
una fuerza de salvación
en
la casa de David, su siervo,
según
lo había predicho desde antiguo
por
boca de sus santos profetas:
Es
la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y
de la mano de todos los que nos odian;
ha
realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando
su santa alianza
y
el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para
concedernos que, libres de temor,
arrancados
de la mano de los enemigos,
le
sirvamos con santidad y justicia,
en
su presencia, todos nuestros días.
Y
a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque
irás delante del Señor
a
preparar sus caminos,
anunciando
a su pueblo la salvación,
el
perdón de sus pecados.
Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos
visitará el sol que nace de lo alto,
para
iluminar a los que viven en tiniebla
y
en sombra de muerte,
para
guiar nuestros pasos
por
el camino de la paz.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Os lo digo con toda verdad: Moisés no os dio el pan del cielo; es mi Padre el
que os da el verdadero pan del cielo. Aleluya.
PRECES
Alabemos
a Cristo, que con su poder reconstruyó el templo destruido de su cuerpo, y
supliquémosle:
Concédenos,
Señor, los frutos de tu resurrección.
Cristo
Salvador, que en tu resurrección anunciaste la alegría a las mujeres y a los
apóstoles y salvaste al universo entero,
conviértenos
en testigos de tu resurrección.
Tú
que has prometido la resurrección universal y has anunciado una vida nueva,
haz
de nosotros mensajeros del Evangelio de la vida.
Tú
que te apareciste repetidas veces a los apóstoles y les comunicaste el Espíritu
Santo,
renuévanos
por el Espíritu consolador.
Tu
que prometiste estar con tus discípulos hasta el fin del mundo,
quédate
hoy con nosotros y sé siempre nuestro compañero.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Concluyamos
nuestra oración, diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro maestro:
Padre
nuestro...
ORACION
Señor,
tú que abres las puertas del reino celestial a los que han renacido por el agua
y por el Espíritu Santo, acrecienta en tus hijos la gracia que les has dado,
para que no se vean privados de tus promesas los que han sido ya purificados de
sus culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
VÍSPERAS
(Oración
de la tarde)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
NOS REÚNE DE NUEVO EL MISTERIO
Nos
reúne de nuevo el misterio
del
Señor que resurge a la vida,
con
su luz ilumina a la Iglesia,
como
el sol al nacer cada día.
Resucita
también nuestras almas,
que
tu muerte libró del castigo
y
vencieron contigo al pecado
en
las aguas del santo bautismo.
Transfigura
los cuerpos mortales
que
contemplan tu rostro glorioso,
bella
imagen del Dios invisible
que
ha querido habitar con nosotros.
Cuando
vengas, Señor, en tu gloria,
que
podamos salir a tu encuentro,
y
a tu lado vivamos por siempre
dando
gracias al Padre en el reino. Amén.
SALMODIA
Ant
1. La paz sea con vosotros; soy yo, no tengáis miedo. Aleluya.
Salmo
124 - EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO.
Los
que confían en el Señor son como el monte Sión:
no
tiembla, está asentado para siempre.
Jerusalén
está rodeada de montañas,
y
el Señor rodea a su pueblo
ahora
y por siempre.
No
pesará el cetro de los malvados
sobre
el lote de los justos,
no
sea que los justos extiendan
su
mano a la maldad.
Señor,
concede bienes a los buenos,
a
los sinceros de corazón;
y
a los que se desvían por sendas tortuosas,
que
los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz
a Israel!
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
La paz sea con vosotros; soy yo, no tengáis miedo. Aleluya.
Ant
2. Espere Israel en el Señor. Aleluya.
Salmo
130 - COMO UN NIÑO, ISRAEL SE ABANDONÓ EN BRAZOS DE DIOS.
Señor,
mi corazón no es ambicioso,
ni
mis ojos altaneros;
no
pretendo grandezas
que
superan mi capacidad;
sino
que acallo y modero mis deseos,
como
un niño en brazos de su madre.
Espere
Israel en el Señor
ahora
y por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Espere Israel en el Señor. Aleluya.
Ant
3. Tema al Señor la tierra entera, porque él lo dijo y existió. Aleluya.
Cántico:
HIMNO A DIOS CREADOR Ap. 4, 11; 5, 9-10. 12
Eres
digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el
honor y el poder,
porque
tú has creado el universo;
porque
por tu voluntad lo que no existía fue creado.
Eres
digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque
fuiste degollado
y
por tu sangre compraste para Dios
hombres
de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y
has hecho de ellos para nuestro Dios
un
reino de sacerdotes
y
reinan sobre la tierra.
Digno
es el Cordero degollado
de
recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la
fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Tema al Señor la tierra entera, porque él lo dijo y existió. Aleluya.
LECTURA
BREVE 1Pe 2, 4-5
Acercándoos
al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y apreciada
por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del
templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios
espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
RESPONSORIO
BREVE
V.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
R.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V.
Al ver al Señor.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
El pan de Dios es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo. Aleluya.
Cántico
de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
se
alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque
ha mirado la humillación de su esclava.
Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque
el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su
nombre es santo,
y
su misericordia llega a sus fieles
de
generación en generación.
El
hace proezas con su brazo:
dispersa
a los soberbios de corazón,
derriba
del trono a los poderosos
y
enaltece a los humildes,
a
los hambrientos los colma de bienes
y
a los ricos los despide vacíos.
Auxilia
a Israel, su siervo,
acordándose
de su misericordia
-como
lo había prometido a nuestros padres-
en
favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El pan de Dios es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo. Aleluya.
PRECES
Aclamemos
alegres a Cristo, que después de ser sepultado en el seno de la tierra resucitó
gloriosamente a vida nueva, y digámosle confiados:
Rey
de la gloria, escúchanos.
Te
rogamos, Señor, por los obispos, los presbíteros y los diáconos: que sirvan con
celo a tu pueblo
y
lo conduzcan por los caminos del bien.
Te
rogamos, Señor, por los que sirven a tu Iglesia con el estudio de tu palabra:
que
escudriñen tu doctrina con pureza de corazón y deseo de adoctrinar a tu pueblo.
Te
rogamos, Señor, por todos los fieles de la Iglesia: que combatan bien el
combate de la fe
y,
habiendo corrido hasta la meta, alcancen la corona merecida.
Tú
que en la cruz cancelaste la nota de cargo de nuestra deuda,
destruye
también en nosotros toda clase de esclavitud y líbranos de toda tiniebla.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Tú
que al bajar al lugar de los muertos abriste las puertas del abismo,
recibe
a nuestros hermanos difuntos en tu reino.
Terminemos
nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre
nuestro...
ORACION
Señor,
tú que abres las puertas del reino celestial a los que han renacido por el agua
y por el Espíritu Santo, acrecienta en tus hijos la gracia que les has dado,
para que no se vean privados de tus promesas los que han sido ya purificados de
sus culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
COMPLETAS
(Oración
antes del descanso nocturno)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
Hermanos,
habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido,
reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo
confieso ante Dios todopoderoso
y
ante vosotros, hermanos,
que
he pecado mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión:
por
mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por
eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a
los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que
intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V.
El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
Himno:
EN TI, SEÑOR, REPOSAN NUESTRAS VIDAS
En
ti, Señor, reposan nuestras vidas
en
el descanso santo de la noche;
tú
nos preparas para la alborada
y
en el Espíritu Santo nos acoges.
En
apartadas y lejanas tierras
el
sol ha despertado las ciudades;
amigo
de los hombres, ve sus penas
y
ensancha de tu amor los manantiales.
Vencedor
de la muerte y de las sombras,
Hijo
eterno de Dios, resucitado,
líbranos
del peligro de la noche
al
dormirnos confiados en tus brazos. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
142, 1-11 - LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA
Señor,
escucha mi oración;
tú
que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú
que eres justo, escúchame.
No
llames a juicio a tu siervo,
pues
ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El
enemigo me persigue a muerte,
empuja
mi vida al sepulcro,
me
confina a las tinieblas
como
a los muertos ya olvidados.
mi
aliento desfallece,
mi
corazón dentro de mí está yerto.
Recuerdo
los tiempos antiguos,
medito
todas tus acciones,
considero
las obras de tus manos
y
extiendo mis brazos hacia ti:
tengo
sed de ti como tierra reseca.
Escúchame
en seguida, Señor,
que
me falta el aliento.
No
me escondas tu rostro,
igual
que a los que bajan a la fosa.
En
la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya
que confío en ti;
indícame
el camino que he de seguir,
pues
levanto mi alma a ti.
Líbrame
del enemigo, Señor,
que
me refugio en ti.
Enséñame
a cumplir tu voluntad,
ya
que tú eres mi Dios.
Tu
espíritu, que es bueno,
me
guíe por tierra llana.
Por
tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por
tu clemencia, sácame de la angustia.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE 1Pe 5,8-9
Sed
sobrios, estad despiertos, vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente,
ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe.
RESPONSORIO
BREVE
V.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
R.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
V.
Tú, el Dios leal, nos librarás.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con
Cristo y descansemos en paz. Aleluya.
CÁNTICO
DE SIMEÓN Lc 2, 29-32
Ahora,
Señor, según tu promesa,
puedes
dejar a tu siervo irse en paz,
porque
mis ojos han visto a tu Salvador,
a
quien has presentado ante todos los pueblos
luz
para alumbrar a las naciones
y
gloria de tu pueblo Israel.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con
Cristo y descansemos en paz. Aleluya.
ORACION
OREMOS,
Ilumina,
Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos
levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del
nuevo día. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
BENDICIÓN
V.
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R.
Amén.
ANTIFONA
FINAL DE LA SANTISIMA VIRGEN
Reina
del cielo, alégrate, aleluya,
porque
Cristo,
a
quien llevaste en tu seno, aleluya,
ha
resucitado, según su palabra, aleluya.
Ruega
al Señor por nosotros, aleluya.



