Musica Para el Alma

viernes, 18 de septiembre de 2026

MATEO 20,1-16 CICLO A


 

Evangelio de XXV Domingo del Tiempo Ordinario

20 Sep 2026

*Lectura del Santo Evangelio Según San Mateo (20,1-16)*

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.» Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Id también vosotros a mi viña.» Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.» Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.» Él replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

 

Palabra del Señor

 

*Que la Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*

 

(«¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?»).  

*El Señor entrega su amor a todos sin reservarse nada para sí; lo ofrece a cada persona independientemente de su condición actual. Desde luego, esto requiere que el ser humano esté dispuesto a encaminarse y adentrarse en la viña. Esta viña representa el corazón de Dios, el cual trabaja incansablemente en una entrega inagotable de amor para que a la humanidad jamás le falten la gracia ni la misericordia. Una de las condiciones fundamentales para laborar en esta viña es dejarse amar y permitir que la misericordia cale hondo en el corazón, ya sea que este despertar ocurra al principio o al final de la vida; pues Él se ha manifestado como prueba de que su amor no se le niega a nadie. La justicia de Dios dista mucho de la justicia humana, donde el afecto se rige por la lógica transaccional del «tú me buscas, yo te busco; tú me haces el bien, yo te devuelvo el bien». En cambio, nuestro Dios es pura entrega: «Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos*».

 

*El que desea y quiere amar, con el corazón según el Señor: llegará a ser, Santo*

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.


R. Amén.