Lecturas
del Jueves de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario
10 Sep 2026
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
(8,1b-7.11-13):
El conocimiento engríe, lo constructivo es el
amor. Quien se figura haber terminado de conocer algo, aún no ha empezado a
conocer como es debido. En cambio, al que ama a Dios, Dios lo reconoce.
Vengamos a eso de comer de lo sacrificado. Sabemos que en el mundo real un
ídolo no es nada, y que Dios no hay más que uno; pues, aunque hay los llamados
dioses en el cielo y en la tierra –y son numerosos los dioses y numerosos los
señores–, para nosotros no hay más que un Dios, el Padre, de quien procede el
universo y a quien estamos destinados nosotros, y un solo Señor, Jesucristo,
por quien existe el universo y por quien existimos nosotros. Sin embargo, no
todos tienen ese conocimiento: algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace
poco, comen pensando que la carne está consagrada al ídolo y, como su
conciencia está insegura, se mancha. Así, tu conocimiento llevará al desastre
al inseguro, a un hermano por quien Cristo murió. Al pecar de esa manera contra
los hermanos, turbando su conciencia insegura, pecáis contra Cristo. Por eso,
si por cuestión de alimento peligra un hermano mío, nunca volveré a comer
carne, para no ponerlo en peligro.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 138,1-3.13-14ab.23-24
R/. Guíame, Señor, por el camino
eterno
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.
Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras. R/.
Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno. R/.
Evangelio del Jueves de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario
10 Sep 2026
*Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,27-38)*
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los
que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al
que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa,
déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se
lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si
amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los
que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito
tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis
cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores,
con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y
prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo,
que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed
compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados;
no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se
os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La
medida que uséis, la usarán con vosotros.»
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
(A
los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que
os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian)
*El Señor, con esta lectura, no me viene a imponer
nada; comienza diciéndome: «Al que me escucha». Yo tengo dos opciones: puedo
escuchar para aprender y poner en práctica, o puedo escuchar y no prestar
atención, es decir, como decimos popularmente, "que me entre por un oído y
me salga por el otro". El Señor, de una manera muy especial, quiere
enseñarme el verdadero significado de la palabra amar: amar es «hacer el bien
sin esperar nada a cambio». Dicen las Sagradas Escrituras que el Señor pasó por
la tierra haciendo el bien; no dice que pasó por la tierra amando. Amar es
hacer el bien. La buena noticia para mí es que el Señor me hace una invitación para
que pueda hacer bien, el bien. Es como decir que el Señor quiere que yo me
parezca lo más posible a Él: que camine como Él y que piense como Él, para que
al final yo pueda decir: «No soy yo quien vive en mí, es Cristo quien vive en
mí*
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
