Evangelio del Miércoles de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario
05 Ago 2026
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (15,21-28):
En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al
país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos
lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi
hija tiene un demonio muy malo.»
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
«Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las
migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En
aquel momento quedó curada su hija.
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
(Mujer,
grande es tu fe; que te suceda como deseas)
*El amor de
una madre por un hijo es para mí el amor más grande que pueda existir aquí en
esta tierra. Esta mujer me da un signo, y es que la mejor forma de pedir algo
al Señor es poniéndome en su presencia y postrándome a sus pies; y en su
presencia, sin tratar de aparentar nada ni de justificarme en nada, tan solo
mostrándole mi corazón desnudo, lastimado, sufrido, lleno de heridas y de
miedos. Porque el Señor sabe que, cuando la fuerza del pecado me atrapa, no me
porto como un hijo de Dios. Y esta mujer me da fuerza y me invita a levantarme,
porque las migajas que caen de las manos y del corazón de Jesús son migajas
enteras de amor y de misericordia para mí*
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
