Musica Para el Alma
viernes, 6 de agosto de 2021
EVANGELIO DE MATEO 17,14-20 CICLO B
*Lecturas del Sábado de la 18ª semana del Tiempo Ordinario*
Sábado, 7 de agosto de 2021
Evangelio
*Lectura
del santo evangelio según san Mateo (17,14-20)*
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor,
ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se
cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido
capaces de curarlo.»
Jesús contestó: «¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar
con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los
discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos
echarlo nosotros?»
Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un
grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría.
Nada os sería imposible.»
Palabra del Señor
*(Se lo
he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo)*
*Al Señor no le gusta que les hablan mal
de sus discípulos. Este hombre quiere sanación para su hijo, él está
preocupado, el necesita ayuda. Pero al mismo tiempo es incrédulo en su corazón,
el entiende que esos discípulos no tienen capacidad. Aplicando esta lectura a
mi vida también puedo ver que la actitud de ese hombre está dentro de mí. En
muchas ocasiones me cuesta mucho escuchar las predicaciones de otras personas. El
Señor viene en mi ayuda y me invita a la fe y también me invita a pedir al
Espíritu Santo que venga en mi ayuda y me enseñe a escuchar a todos los que
hablan de la palabra del Señor, con la intención de aprender algo*
*El
que desea y quiere amar, con el corazón según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El Señor
nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAS LAUDES Y LAS VÍSPERAS DEL SÁBADO 8. SAN CAYETANO
*LAS LAUDES Y LAS VISPERAS*
Abre,
Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los
pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi
sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y
merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro
Señor. Amén
*San Cayetano*
SABADO
SEMANA II
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVITATORIO
V. Señor abre mis labios
R. Y
mi boca proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant. Escuchemos la voz del Señor y entremos
en su descanso.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno: SEÑOR YO SÉ QUE EN LA MAÑANA PURA.
Señor, yo sé que, en la mañana pura
de este mundo, tu diestra generosa
hizo la luz antes que toda cosa,
porque todo tuviera su figura.
Yo sé que te refleja la segura
línea inmortal del lirio y de la rosa
mejor que la embriagada y temerosa
música de los vientos de la altura.
Por eso te celebro yo en el frío
pensar exacto a la verdad sujeto,
y en la ribera sin temblor del río;
por eso yo te adoro, mudo y quieto,
y por eso, Señor, el dolor mío
para llegar hasta ti se hizo soneto. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Por la mañana proclamamos, Señor, tu
misericordia y de noche tu fidelidad.
Salmo 91 - ALABANZA A DIOS QUE CON SABIDURÍA
Y JUSTICIA DIRIGE LA VIDA DE LOS HOMBRES.
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.
El justo crecerá como una palmera
y se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Por
la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.
Ant 2. Dad
gloria a nuestro Dios.
Cántico: BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU
PUEBLO Dt 32, 1-12
Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destile como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como sereno sobre el césped;
voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a nuestro Dios.
Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.
Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿no es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?
Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre y te lo contará,
a tus ancianos y te lo dirán:
Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad,
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue la parte de su heredad.
Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.
Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.
El Señor solo los condujo
no hubo dioses extraños con él.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dad
gloria a nuestro Dios.
Ant 3. ¡Qué
admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!
Salmo 8 - MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD
DEL HOMBRE.
Señor, dueño nuestro,
¡que admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él;
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las aguas.
Señor, dueño nuestro,
¡que admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. ¡Qué
admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!
LECTURA BREVE Rm 12, 14-16a
Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis. Alegraos con los que se alegran;
llorad con los que lloran. Tened un mismo sentir entre vosotros, sin apetecer
grandezas; atraídos más bien por lo humilde.
RESPONSORIO BREVE
V. Te aclamarán mis labios, Señor, cuando
salmodie para ti.
R. Te
aclamarán mis labios, Señor, cuando salmodie para ti.
V. Mi
lengua recitará tu auxilio.
R. Cuando
salmodie para ti.
V. Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te
aclamarán mis labios, Señor, cuando salmodie para ti.
Primera Lectura
Del segundo libro de los Reyes 4, 8-37
EL HIJO DE LA SUNAMITA
En aquellos días, pasó Eliseo por Sunán. Había allí una mujer rica
que le obligó a comer en su casa; después, siempre que él pasaba, entraba allí
a comer. Un día, dijo la mujer a su marido: «Mira, ese que viene siempre por
casa es un profeta santo. Si te parece, le hacemos en la azotea una habitación
pequeña de tabique: le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil;
y, cuando venga a casa, podrá quedarse allí arriba.»
Un día que Eliseo llegó a Sunán, subió a la habitación de la azotea y durmió
allí.
Después, dijo a su criado Guejazi: «Llama a la sunamita.»
La llamó y se presentó ante él. Entonces, Eliseo habló a Guejazi:
«Dile: “Te has tomado todas estas molestias por nosotros. ¿Qué puedo hacer por
ti? Si quieres alguna recomendación para el rey o el general...”»
Ella dijo: «Yo vivo con los míos.»
Pero Eliseo insistió: «¿Qué podríamos hacer por ella?»
Guejazi comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos y su marido es viejo.»
Eliseo dijo: «Llámala.» La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le
dijo: «El año que viene por estas fechas abrazarás a un hijo.»
Ella respondió: «Por favor, no, señor, no engañes a tu servidora.»
Pero la mujer concibió, y dio a luz un hijo al año siguiente por aquellas
fechas, como le había predicho Eliseo. El niño creció. Un día fue adonde su
padre, que estaba con los segadores y dijo: «¡Me duele la cabeza!»
Su padre dijo a un criado: «Llévalo a su madre.»
El criado lo cogió y se lo llevó a su madre; ella lo tuvo en sus rodillas hasta
el mediodía, y el niño murió. Lo subió y lo acostó en la cama del profeta.
Cerró la puerta y salió. Llamó a su marido y le dijo: «Haz el favor de mandarme
un criado y una burra; voy a ir corriendo adonde el profeta y vuelvo en
seguida.»
Él le dijo: «¿Por qué vas a ir hoy a visitarlo, si no es luna nueva ni sábado?»
Pero ella respondió: «Hasta luego.»
Hizo aparejar la burra y ordenó al criado: «Toma el ronzal y anda. No aflojes
la marcha si no te lo digo.»
Marchó, pues, y llegó a donde estaba el profeta, en el monte Carmelo. Cuando
Eliseo la vio venir, dijo a su criado Guejazi: «Allí viene la sunamita. Corre a
su encuentro y pregúntale qué tal están ella, su marido y el niño.»
Ella respondió: «Estamos bien.»
Pero al llegar junto al profeta, en lo alto del monte, se abrazó a sus pies.
Guejazi se acercó para apartarla, pero el profeta le dijo: «Déjala, que está
apenada, y el Señor me lo tenía oculto sin revelármelo.»
Entonces, la mujer dijo: «¿Te pedí yo un hijo? ¡Te dije que no me engañaras!»
Eliseo ordenó a Guejazi: «Cíñete, coge mi bastón y ponte en camino; si
encuentras a alguno, no lo saludes, y, si te saluda alguno, no le respondas. Y
coloca mi bastón sobre el rostro del niño.»
Pero la madre exclamó: «¡Vive Dios! Por tu vida, no te dejaré.»
Entonces, Eliseo se levantó y la siguió. Mientras tanto, Guejazi se había
adelantado y había puesto el bastón sobre el rostro del niño, pero el niño no
habló ni reaccionó. Guejazi volvió al encuentro de Eliseo y le comunicó: «El
niño no se ha despertado.»
Eliseo entró en la casa y encontró al niño muerto tendido en su cama. Entró,
cerró la puerta y oró al Señor. Luego, subió a la cama y se echó sobre el niño,
boca con boca, ojos con ojos, manos con manos, encogido sobre él; la carne del
niño fue entrando en calor.
Entonces, Eliseo se puso a pasear por la habitación, de acá para allá; subió de
nuevo a la cama y se encogió sobre el niño, y así hasta siete veces; el niño
estornudó y abrió los ojos. Eliseo llamó a Guejazi y le ordenó:
«Llama a la sunamita.»
La llamó, y, cuando llegó, le dijo Eliseo:
«Toma a tu hijo.»
Ella entró y se arrojó a sus pies, postrada en tierra. Luego, cogió a su hijo y
salió.
Responsorio 2 R 4, 32. 33. 34; Mi
7, 8
R. Eliseo entró en la casa y encontró al niño muerto; cerró la
puerta y oró al señor. * La carne del niño fue
entrando en calor.
V. Todo el que pide recibe y el que busca halla y al que llama
se le abrirá.
R. La carne del niño fue entrando en calor.
Segunda Lectura
Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías
(Libro 4,17, 4-6: SC 100, 590-594)
QUIERO MISERICORDIA Y NO SACRIFICIOS
Dios quería de los israelitas, por su propio bien, no sacrificios
y holocaustos, sino fe, obediencia y justicia. Y así, por boca del profeta Oseas,
les manifestaba su voluntad, diciendo: Quiero misericordia y no sacrificios;
conocimiento de Dios, más que holocaustos.
Y el mismo Señor en persona les advertía: Si comprendierais lo que significa:
“Quiero misericordia y no sacrificios”, no condenaríais a los que no tienen
culpa, con lo cual daba testimonio a favor de los profetas, de que predicaban
la verdad, y a ellos les echaba en cara su culpable ignorancia.
Y, al enseñar a sus discípulos a ofrecer a Dios las primicias de su creación,
no porque él lo necesite, sino para el propio provecho de ellos, y para que se
mostrasen agradecidos, tomó pan, que es un elemento de la creación, pronunció
la acción de gracias, y dijo: Esto es mi cuerpo. Del mismo modo, afirmó que el
cáliz, que es también parte de esta naturaleza creada a la que pertenecemos, es
su propia sangre, con lo cual nos enseñó cuál es la oblación del nuevo
Testamento; y la Iglesia, habiendo recibido de los apóstoles esta oblación,
ofrece en todo el mundo a Dios, que nos da el alimento, las primicias de sus dones
en el nuevo Testamento, acerca de lo cual Malaquías, uno de los doce profetas menores,
anunció por adelantado: Vosotros no me agradáis —dice el Señor de los ejércitos—,
no me complazco en la ofrenda de vuestras manos. Del Oriente al Poniente es grande
entre las naciones mi nombre; en todo lugar ofrecerán incienso y sacrificio a
mi nombre, una ofrenda pura, porque es grande mi nombre entre las naciones
—dice el Señor de los ejércitos—, con las cuales palabras manifiesta con toda
claridad que cesarán los sacrificios del pueblo antiguo y que en todo lugar se
le ofrecerá un sacrificio, y éste ciertamente puro, y que su nombre será
glorificado entre las naciones.
Este nombre que ha de ser glorificado entre las naciones no es otro que el de
nuestro Señor, por el cual es glorificado el Padre, y también el hombre. Y, si el
Padre se refiere a su nombre, es porque en realidad es el mismo nombre de su
propio Hijo, y porque el hombre ha sido hecho por él. Del mismo modo que un
rey, si pinta una imagen de su hijo, con toda propiedad podrá llamar suya
aquella imagen, por la doble razón de que es la imagen de su hijo y de que es
él quien la ha pintado, así también el Padre afirma que el nombre de
Jesucristo, que es glorificado por todo el mundo en la Iglesia, es suyo porque es
el de su Hijo y porque él mismo, que escribe estas cosas, lo ha entregado por
la salvación de los hombres.
Por lo tanto, puesto que el nombre del Hijo es propio del Padre, y la Iglesia
ofrece al Dios todopoderoso por Jesucristo, con razón dice, por este doble
motivo: En todo lugar ofrecerán incienso y sacrificio a mi nombre, una ofrenda
pura. Y Juan, en el Apocalipsis, nos enseña que el incienso es las oraciones de
los santos.
Responsorio Cf. Lc 22, 19. 20; Pr
9, 5
R. «Esto es mi cuerpo que va a ser entregado por vosotros; ésta
es la sangre de la nueva alianza que será derramada por vosotros», dice el
Señor. * Cuantas veces lo toméis, hacedlo en memoria mía.
V. Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado.
R. Cuantas veces lo toméis, hacedlo en memoria mía.
*Lecturas del Sábado de la 18ª semana del Tiempo Ordinario*
Sábado, 7 de agosto de 2021
Evangelio
*Lectura
del santo evangelio según san Mateo (17,14-20)*
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor,
ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se
cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces
de curarlo.»
Jesús contestó: «¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar
con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los
discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos
echarlo nosotros?»
Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un
grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría.
Nada os sería imposible.»
Palabra del Señor
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Guía nuestros pasos, Dios de Israel, por
el camino de la paz.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU
PRECURSOR Lc 1, 68-79
+Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Guía
nuestros pasos, Dios de Israel, por el camino de la paz.
PRECES
Celebremos la sabiduría y la bondad de
Cristo, que ha querido ser amado y servido en los hermanos, especialmente en
los que sufren, y supliquémosle insistentemente diciendo:
Señor, acrecienta nuestro amor.
Al recordar esta mañana tu santa resurrección,
te pedimos, Señor, que extiendas los beneficios de tu redención a todos los
hombres.
Que todo el día de hoy sepamos dar buen testimonio del nombre cristiano
y ofrezcamos nuestra jornada como un culto espiritual agradable al Padre.
Enséñanos, Señor, a descubrir tu imagen en todos los hombres
y a saberte servir a ti en cada uno de ellos.
Cristo, Señor nuestro, vid verdadera de la que nosotros somos sarmientos,
haz que permanezcamos en ti y demos fruto abundante para que con ello sea
glorificado nuestro Padre que está en el cielo.
Se pueden añadir algunas intenciones
libres
Con la confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo como
Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACION
Que nuestra voz, Señor, nuestro espíritu
y toda nuestra vida sean una continua alabanza en tu honor, y ya que toda
nuestra existencia es un don gratuito de tu liberalidad, haz que también cada
una de nuestras acciones te esté plenamente dedicada. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo
mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
*San
Cayetano*
Su padre, militar, murió
defendiendo la ciudad contra un ejército enemigo. El niño quedó huérfano, al
cuidado de su santa madre que se esmeró intensamente por formarlo muy buen.
Estudió en la Universidad de
Padua donde obtuvo dos doctorados y allí sobresalía por su presencia venerable
y por su bondad exquisita que le ganaba muchas amistades.
Se fue después a Roma, y en esa
ciudad capital llegó a ser secretario privado del Papa Julio II, y notario de
la Santa Sede.
A los 33 años fue ordenado
sacerdote. El respeto que tenía por la Santa Misa era tan grande, que entre su
ordenación sacerdotal y su primera misa pasaron tres meses, tiempo que dedicó a
prepararse lo mejor posible a la santa celebración.
En Roma se inscribió en una
asociación llamada "Del Amor Divino", cuyos socios se esmeraban por
llevar una vida lo más fervorosa posible y por dedicarse a ayudar a los pobres
y a los enfermos.
Viendo que el estado de
relaajación de los católicos era sumamente grande y escandaloso, se propuso fundar
una comunidad de sacerdotes que se dedicaran a llevar una vida lo más santa
posible y a enfervorizar a los fieles. Y fundó los Padres Teatinos (nombre que
les viene a Teati, la ciudad de la cual era obispo el superior de la comunidad,
Msr. Caraffa, que después llegó a ser el Papa Pablo IV).
San Cayetano le escribía a un
amigo: "Me siento sano del cuerpo pero enfermo del alma, al ver cómo
Cristo espera la conversión de todos, y son tan poquitos los que se mueven a
convertirse". Y este era el más grande anhelo de su vida: que las gentes
empezaran a llevar una vida más de acuerdo con el santo Evangelio.
Y donde quiera que estuvo trabajó
por conseguirlo.
En ese tiempo estalló la
revolución de Lutero que fundó a los evangélicos y se declaró en guerra contra
la Iglesia de Roma. Muchos querían seguir su ejemplo, atacando y criticando a
los jefes de la santa Iglesia Católica, pero San Cayetano les decía: "Lo
primero que hay que hacer para reformar a la Iglesia es reformarse uno a sí
mismo".
San Cayetano era de familia muy
rica y se desprendió de todos sus bienes y los repartió entre los pobres. En
una carta escribió la razón que tuvo para ello: "Veo a mi Cristo pobre, ¿y
yo me atreveré a seguir viviendo como rico?" Veo a mi Cristo humillado y
despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? Oh, que ganas siento de
llorar al ver que las gentes no sienten deseos de imitar al Redentor
Crucificado".
En Nápoles un señor rico quiere
regalarle unas fincas para que viva de la renta, junto con sus compañeros,
diciéndole que allí la gente no es tan generosa como en otras ciudades. El
santo rechaza la oferta y le dice: "Dios es el mismo aquí y en todas partes,
y El nunca nos ha desamparado, si siquiera por un minuto".
Fundó asociaciones llamadas
"Montes de piedad" (Montepíos) que se dedicaban a prestar dinero a
gentes muy pobres con bajísimos intereses.
Sentía un inmenso amor por
Nuestro Señor, y lo adoraba especialmente en la Sagrada Hostia en la Eucaristía
y recordando la santa infancia de Jesús. Su imagen preferida era la del Divino
Niño Jesús.
La gente lo llamaba: "El
padrecito que es muy sabio, pero a la vez muy santo".
Los ratos libres los dedicaba,
donde quiera que estuviera, a atender a los enfermos en los hospitales,
especialmente a los más abandonados y repugnantes.
Un día en su casa de religioso no
había nada para comer porque todos habían repartido sus bienes entre los
pobres. San Cayetano se fue al altar y dando unos golpecitos en la puerta del
Sagrario donde estaban las Santas Hostias, le dijo con toda confianza:
"Jesús amado, te recuerdo que no tenemos hoy nada para comer". Al
poco rato llegaron unas mulas trayendo muy buena cantidad de provisiones, y los
arrieros no quisieron decir de dónde las enviaban.
En su última enfermedad el médico
aconsejó que lo acostaran sobre un colchón de lana y el santo exclamó: "Mi
Salvador murió sobre una tosca cruz. Por favor permítame a mí que soy un pobre
pecador, morir sobre unas tablas". Y así murió el 7 de agosto del año
1547, en Nápoles, a la edad de 67 años, desgastado de tanto trabajar por
conseguir la santificación de las almas.
En seguida empezaron a
conseguirse milagros por su intercesión y el Sumo Pontífice lo declaró santo en
1671.
I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno: ÉSTE ES EL TIEMPO EN QUE LLEGAS
Éste es el tiempo en que llegas,
Esposo, tan de repente,
que invitas a los que velan
y olvidas a los que duermen.
Salen cantando a tu encuentro
doncellas con ramos verdes
y lámparas que guardaron
copioso y claro el aceite.
¡Cómo golpean las necias
las puertas de tu banquete!
¡Y cómo lloran a oscuras
los ojos que no han de verte!
Mira que estamos alerta,
Esposo, por si vinieres,
y está el corazón velando
mientras los ojos se duermen.
Danos un puesto a tu mesa,
Amor que a la noche vienes,
antes que la noche acabe
y que la puerta se cierre. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Anunciad a los pueblos y decidles: «Mirad, viene Dios, nuestro
Salvador.»
Salmo 140, 1-9 - ORACIÓN ANTE EL PELIGRO
Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.
Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.
Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo opondré mi oración a su malicia.
Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.
Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Anunciad a los pueblos y decidles: «Mirad, viene Dios, nuestro
Salvador.»
Ant 2. Mirad: el Señor vendrá y todos sus santos vendrán con él; en aquel
día habrá una gran luz. Aleluya.
Salmo 141 - ORACIÓN DEL HOMBRE ABANDONADO: TU ERES MI REFUGIO
A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.
Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.
Me vuelvo a la derecha y miro:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.
A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi heredad en el país de la vida.»
Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.
Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mirad: el Señor vendrá y todos sus santos vendrán con él; en aquel
día habrá una gran luz. Aleluya.
Ant 3. Vendrá el Señor con gran poder y lo contemplarán todos los
hombres.
Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL - Flp 2,
6-11
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Vendrá el Señor con gran poder y lo contemplarán todos los
hombres.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 23-24
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser
-espíritu, alma y cuerpo- sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de
nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él
las cumplirá.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Y danos tu salvación.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Mirad: el Señor viene de lejos y su resplandor ilumina toda la
tierra.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mirad: el Señor viene de lejos y su resplandor ilumina toda la
tierra.
PRECES
Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su
llegada, y digámosle:
Ven, Señor, y no tardes más.
Esperamos alegres tu venida,
ven, Señor Jesús.
Tú que existes antes de los tiempos,
ven y salva a los que viven en el tiempo.
Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan,
ven a restaurar la obra de tus manos.
Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal,
ven y arráncanos del dominio de la muerte.
Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante,
ven y danos tu vida eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino,
ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las
palabras que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACION
Señor, despierta en tus fieles el deseo de prepararse a la venida
de Cristo por la práctica de las buenas obras, para que, colocados un día a su
derecha, merezcan poseer el reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por
los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
LAS LECTURAS DEL SÁBADO 8 DE AGOSTO 2021
*Lecturas del Sábado de la 18ª semana del Tiempo Ordinario*
Sábado, 7 de agosto de 2021
Primera lectura
Lectura del
libro del Deuteronomio (6,4-13):
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es
solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma,
con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se
las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de
camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu
frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales.
Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que juró a tus padres –a
Abrahán, Isaac y Jacob– que te había de dar, con ciudades grandes y ricas que
tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos
ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado,
comerás hasta hartarte. Pero, cuidado: no olvides al Señor que te sacó de
Egipto, de la esclavitud. Al Señor, tu Dios, temerás, a él sólo servirás, sólo
en su nombre jurarás.»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 17,2-3a.3bc-4.47.51ab
R/. Yo te amo, Señor;
tú eres mi fortaleza
Yo te amo, Señor;
tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca,
mi alcázar, mi libertador. R/.
Dios mío, peña mía,
refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.
Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido. R/.
*Lecturas del Sábado de la 18ª semana del Tiempo Ordinario*
Sábado, 7 de agosto de 2021
Evangelio
*Lectura
del santo evangelio según san Mateo (17,14-20)*
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor,
ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se
cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido
capaces de curarlo.»
Jesús contestó: «¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar
con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los
discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos
echarlo nosotros?»
Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un
grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría.
Nada os sería imposible.»
Palabra del Señor
*(Se lo
he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo)*
*Al Señor no le gusta que les hablan mal
de sus discípulos. Este hombre quiere sanación para su hijo, él está
preocupado, el necesita ayuda. Pero al mismo tiempo es incrédulo en su corazón,
el entiende que esos discípulos no tienen capacidad. Aplicando esta lectura a
mi vida también puedo ver que la actitud de ese hombre está dentro de mí. En
muchas ocasiones me cuesta mucho escuchar las predicaciones de otras personas. El
Señor viene en mi ayuda y me invita a la fe y también me invita a pedir al
Espíritu Santo que venga en mi ayuda y me enseñe a escuchar a todos los que
hablan de la palabra del Señor, con la intención de aprender algo*
*El
que desea y quiere amar, con el corazón según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El Señor
nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
jueves, 5 de agosto de 2021
EVANGELIO DE MARCOS 9,2-10 CICLO B
*Lecturas del Transfiguración del Señor*
6 de agosto
Evangelio
*Lectura
del santo evangelio según san Marcos (9,2-10)*
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos
a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se
volvieron de un blanco deslumbrador, corno no puede dejarlos ningún batanero
del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está
aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para
Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo
amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con
ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que
habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar
de entre los muertos».
Palabra del Señor
(Y se transfiguró
delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol)
*El Señor me muestra que existe un lugar santo donde
se reúnen: El amor (que es Jesús), los mandamientos (representado por Moisés),
y (Elías que representa a los profetas) Esta reunión es tan Santa, que produce
una la luz, tan luminosa que se trasforma en un blanco tan deslumbrante, que
nadie en este mundo lo puede lograr. Pedro me dice que ese lugar están bueno,
que a uno se olvida hasta de su propia vida. La buena noticia para mi es que el
Señor con esta reunión, en medio de tanta luz me invita a disfrutar lo sabroso
que es vivir, en el amor, en los mandamientos y en la obediencia a sus
palabras*.
*El
que desea y quiere amar, con el corazón según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El Señor
nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAS LAUDES Y LAS VÍSPERAS DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
*LAS LAUDES Y LAS VISPERAS*
Abre,
Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los
pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi
sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y
merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro
Señor. Amén
*Laudes*
*LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR*
V. Señor,
ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: A Cristo,
el rey supremo de la gloria, venid, adorémosle.
Salmo 94
Invitación a la alabanza divina
Animaos
los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Laudes
Himno
Es domingo; una luz nueva
resucita la mañana
con su mirada inocente,
llena de gozo y de gracia.
Es domingo; la alegría
del mensaje de la Pascua
es la noticia que llega
siempre y que nunca se gasta.
Es domingo; la pureza
no sólo la tierra baña,
que ha penetrado
en la vida por las ventanas del alma.
Es domingo; la presencia
de Cristo llena la casa:
la Iglesia, misterio y fiesta,
por él y en él convocada.
Es domingo; «éste es el día
que hizo el Señor», es la Pascua,
día de la creación
nueva y siempre renovada.
Es domingo; de su hoguera
brilla toda la semana
y vence oscuras tinieblas
en jornadas de esperanza.
Es domingo; un canto nuevo
toda la tierra le canta
al Padre, al Hijo, al Espíritu,
único Dios que nos salva. Amén.
Salmodia
Antífona
1: Hoy el rostro de nuestro Señor Jesucristo resplandeció en la
montaña como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la nieve.
Salmo 62, 2-9
El alma sedienta de Dios
Madruga
por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas.
Oh Dios,
tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Antífona
2: Hoy el Señor se transfiguró y fue testimoniado por la voz del
Padre; se aparecieron radiantes Moisés y Elías y hablaban con Jesús de su
muerte, que iba a consumar.
Dn 3,57-88.56
Toda la creación alabe al Señor
Alabad al
Señor, sus siervos todos. (Ap 19,5)
Criaturas
todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor;
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.
Antífona
3: La ley se dio por medio de Moisés, y la profecía por medio de
Elías, los cuales fueron vistos hablando con el Señor, resplandecientes en la montaña.
Salmo 149
Alegría de los santos
Los hijos
de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se alegran por su Rey, Cristo, el Señor.
(Hesiquio)
Cantad al
Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.
Lectura Breve
Ap 21, 10.
23
El ángel
me transportó en espíritu a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa,
Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios. La ciudad no necesita ni de
sol ni de luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina, y su
lámpara es el Cordero.
Responsorio Breve
V. Lo
coronaste de gloria y dignidad, Señor. Aleluya, aleluya.
R. Lo coronaste de gloria y dignidad, Señor. Aleluya, aleluya.
V. Le diste el mando sobre las obras de tus manos.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Lo coronaste de gloria y dignidad, Señor. Aleluya, aleluya.
V. Dios les hablaba desde la columna de nube.
R. Oyeron sus mandatos.
Lecturas
Primera Lectura
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 7-4, 6
GLORIA DIFUNDIDA POR CRISTO EN LA NUEVA ALIANZA
Hermanos: Si el régimen de la ley que mata, que fue grabada con
letras en piedra, fue glorioso, y de tal modo que ni podían fijar la vista los
israelitas en el rostro de Moisés por la gloria de su rostro, que era pasajera,
¿cuánto más glorioso no será el régimen del espíritu? Efectivamente, si hubo
gloria en el régimen que lleva a la condenación, con mayor razón hay profusión
de gloria en el régimen que conduce a la justificación. Y, en verdad, lo que en
aquel caso fue gloria, no es tal en comparación con ésta, tan eminente y
radiante. Pues si lo perecedero fue como un rayo de gloria, con más razón será
glorioso lo imperecedero.
Estando, pues, en posesión de una esperanza tan grande, procedemos con toda
decisión y seguridad, y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para
que no se fijasen los hijos de Israel en su resplandor, que era perecedero. Y
sus entendimientos quedaron embotados, pues, en efecto, hasta el día de hoy
perdura ese mismo velo en la lectura de la antigua alianza. El velo no se ha
descorrido, pues sólo con Cristo queda removido. Y así, hasta el día de hoy,
siempre que leen a Moisés, persiste un velo tendido sobre sus corazones. Más
cuando se vuelvan al Señor, será descorrido el velo. El Señor es espíritu, y
donde está el Espíritu del Señor, ahí está la libertad. Y todos nosotros,
reflejando como en un espejo en nuestro rostro descubierto la gloria del Señor,
nos vamos transformando en su propia imagen, hacia una gloria cada vez mayor,
por la acción del Señor, que es espíritu.
Por eso, investidos, por la misericordia de Dios, de este ministerio, no sentimos
desfallecimiento, antes bien, renunciamos a todo encubrimiento vergonzoso del Evangelio;
procedemos sin astucia y sin adulterar la palabra de Dios y, dando a conocer la
verdad, nos encomendamos al juicio de toda humana conciencia en la presencia de
Dios. Si, con todo, nuestro Evangelio queda cubierto como por un velo, queda
así encubierto sólo para los que van camino de perdición, para aquellos cuyos
entendimientos incrédulos cegó el dios del mundo presente, para que no vean
brillar la luz del mensaje evangélico sobre la gloria de Cristo, que es imagen
de Dios.
No nos predicamos a nosotros mismos, sino que predicamos a Cristo Jesús como
Señor; nosotros nos presentamos como siervos vuestros por Jesús. El mismo Dios
que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas», ha hecho brillar la luz en
nuestros corazones, para que demos a conocer la gloria de Dios que resplandece
en el rostro de Cristo.
1 Jn 3, 1. 2
R. Mirad qué amor nos ha tenido el Padre * para
llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!
V. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él,
porque lo veremos tal cual es.
R. Para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!
Segunda Lectura
Del sermón de Anastasio Sinaíta, obispo, en el día de la
Transfiguración del Señor
(Núms. 6-10: Mélanges d'archéologie et d'histoire 67 (1955), 241-244)
¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!
El misterio que hoy celebramos lo manifestó Jesús a sus discípulos
en el monte Tabor. En efecto, después de haberles hablado, mientras iba con
ellos, acerca del reino y de su segunda venida gloriosa, teniendo en cuenta que
quizá no estaban muy convencidos de lo que les había anunciado acerca del reino,
y deseando infundir en sus corazones una firmísima e íntima convicción, de modo
que por lo presente creyeran en lo futuro, realizó ante sus ojos aquella
admirable manifestación, en el monte Tabor, como una imagen prefigurativa del
reino de los cielos. Era como si les dijese: "El tiempo que ha de
transcurrir antes de que se realicen mis predicciones no ha de ser motivo de
que vuestra fe se debilite, y, por esto, ahora mismo, en el tiempo presente, os
aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar al
Hijo del hombre con la gloria de su Padre."
Y el evangelista, para mostrar que el poder de Cristo estaba en armonía con su
voluntad, añade: Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a
su hermano Juan, y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante
de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron
blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Éstas son las maravillas de la presente solemnidad, éste es el misterio, saludable
para nosotros, que ahora se ha cumplido en la montaña, ya que ahora nos reúne
la muerte y, al mismo tiempo, la festividad de Cristo. Por esto, para que
podamos penetrar, junto con los elegidos entre los discípulos inspirados por
Dios, el sentido profundo de estos inefables y sagrados misterios, escuchemos
la voz divina y sagrada que nos llama con insistencia desde lo alto, desde la
cumbre de la montaña.
Debemos apresurarnos a ir hacia allí —así me atrevo a decirlo— como Jesús, que
allí en el cielo es nuestro guía y precursor, con quien brillaremos con nuestra
mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra
alma, hechos conformes a su imagen, y, como él, transfigurados continuamente y
hechos partícipes de la naturaleza divina, y dispuestos para los dones
celestiales.
Corramos hacia allí, animosos y alegres, y penetremos en la intimidad de la nube,
a imitación de Moisés y Elías, o de Santiago y Juan. Seamos como Pedro,
arrebatado por la visión y aparición divina, transfigurado por aquella hermosa
transfiguración, desasido del mundo, abstraído de la tierra; despojémonos de lo
carnal, dejemos lo creado y volvámonos al Creador, al que Pedro, fuera de sí,
dijo: Señor, ¡qué bien se está aquí! Ciertamente, Pedro, en verdad qué bien se
está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso,
más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él,
vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de
ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría:
¡Qué bien se está aquí! donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la
felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad,
serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre,
pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha sido la salvación de esta casa, donde
con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos
reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras.
Mt 17, 2. 3; cf. Lc 9, 32. 34
R. El rostro de Jesús se puso brillante como el sol; * y
los discípulos, al contemplarlo circundado de gloria, se llenaron de temor.
V. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús.
R. Y los discípulos, al contemplarlo circundado de gloria, se
llenaron de temor.
*Lecturas del Transfiguración del Señor*
6 de agosto
Evangelio
*Lectura
del santo evangelio según san Marcos (9,2-10)*
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos
solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se
volvieron de un blanco deslumbrador, corno no puede dejarlos ningún batanero
del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está
aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para
Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo
amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con
ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que
habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar
de entre los muertos».
Palabra del Señor
Canto Evangélico
Antifona: Una
voz, desde la nube, decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.
Escuchadlo.» Aleluya.
Benedictus
Lc 1, 68-79
El Mesías y
su precursor
+ Bendito
sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo,
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Preces
Acudamos
al Padre, que maravillosamente transfiguró a Jesucristo, nuestro Salvador, en
el monte santo, y digámosle con fe:
*Que tu luz, Señor, nos haga ver la
luz*.
Padre lleno de amor, tú que transfiguraste a tu Hijo amado en la montaña santa
y, por medio de la nube luminosa, te manifestaste a ti mismo, — haz que
escuchemos siempre fielmente la voz de tu Hijo amado.
Señor, tú que nos nutres de lo sabroso de tu casa y nos das a beber del torrente
de tus delicias, — haz que sepamos contemplar en la gloria de tu Hijo
transfigurado nuestra futura condición gloriosa.
Tú que hiciste que del seno de las tinieblas brillara la luz y has hecho
brillar nuestros corazones para que contemplaran tu gloria en el rostro de
Cristo, — haz que tu Iglesia viva atenta a la contemplación de las maravillas
de tu Hijo amado.
Tú que nos has llamado con una vocación santa, por tu gracia manifestada con la
aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, — ilumina a todos los hombres con
el Evangelio, para que lleguen al conocimiento de la vida incorruptible.
Padre amantísimo, tú que nos has tenido un amor tan grande que has querido nos
llamáramos hijos tuyos y que lo fuéramos en verdad, haz que, cuando Cristo se
manifieste en su gloria, nosotros seamos semejantes a él.
Aquí se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ya que Dios nos ha llamado a ser sus hijos, acudamos a nuestro Padre, diciendo:
Padre nuestro.
Padre Nuestro
Padre
nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Oremos:
Oh Dios,
que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de
la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente
nuestra perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos, te rogamos, que,
escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el Predilecto, seamos un día coherederos
de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
*Vísperas*
*LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR*
V. Dios
mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio,
ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
El dolor extendido por tu cuerpo,
sometida tu alma como un lago,
vas a morir y mueres por nosotros
ante el Padre que acepta perdonándonos.
Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele
tu agonía en el mundo, en tus hermanos.
Que hay hambre, ese resumen de injusticias;
que hay hombre en el que estás crucificado.
Gracias por tu palabra que está viva,
y aquí la van diciendo nuestros labios;
gracias porque eres Dios y hablas a Dios
de nuestras soledades, nuestros bandos.
Que no existan verdugos, que no insistan;
rezas hoy con nosotros que rezamos.
Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.
Salmodia
Antífona
1: Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los
llevó aparte a un alto monte, y se transfiguró en su presencia.
Salmo 109, 1-5. 7
Oráculo
del Señor a mi Señor:
"siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies".
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora".
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
"Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec".
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso, levantará la cabeza.
Antífona
2: Una nube brillante los envolvió y de la nube salió una voz que
dijo: «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias.»
Salmo 120
Levanto
mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
Antífona
3: Cuando bajaban del monte, les dio Jesús esta orden: «A nadie deis
a conocer esta visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los
muertos.» Aleluya.
Cántico Cf. 1 Tm 3, 16
R. Alabad
al Señor, todas las naciones.
Cristo, manifestado en fragilidad humana,
santificado por el Espíritu.
R. Alabad al Señor, todas las naciones.
Cristo, mostrado a los ángeles,
proclamado a los gentiles.
R. Alabad al Señor, todas las naciones.
Cristo, objeto de fe para el mundo,
elevado a la gloria.
R. Alabad al Señor, todas las naciones.
Lectura Breve
Rm 8, 16-17
El mismo
Espíritu se une a nosotros para testificar que somos hijos de Dios; y, si somos
hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, si
es que padecemos juntamente con Cristo, para ser glorificados juntamente con
él.
Responsorio Breve
V. Honor
y majestad lo preceden. Aleluya, aleluya.
R. Honor y majestad lo preceden. Aleluya, aleluya.
V. Fuerza y esplendor están en su templo.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Honor y majestad lo preceden. Aleluya, aleluya.
Canto Evangélico
Antifona: Al
oír la voz, los discípulos cayeron sobre sus rostros, sobrecogidos de temor;
pero Jesús se llegó a ellos y, tocándolos con la mano, les dijo: «Levantaos, no
tengáis miedo.» Aleluya.
Magnificat
Lc 1, 46-55
Alegría del
alma en el Señor
Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Preces
Acudamos
a nuestro Salvador, maravillosamente transfigurado ante sus discípulos, en el
monte santo, y digámosle con fe:
Ilumina, Señor, nuestras tinieblas.
Oh Cristo, que, antes de entregarte a la pasión, quisiste manifestar en tu cuerpo
transfigurado la gloria de la resurrección futura, te pedimos por la Iglesia
que sufre, — que, en medio de las dificultades del mundo, viva transfigurada
por la esperanza de tu victoria.
Cristo, Señor nuestro, que tomando a Pedro, Santiago y Juan los llevaste contigo
a un monte alto, te pedimos por el papa N. y por los obispos, — que, llenos de
aquella paz y alegría que son fruto de la esperanza en la resurrección, sirvan
fielmente a tu pueblo.
Cristo Jesús, que desde el monte santo hiciste brillar tu rostro sobre Moisés y
Elías, te pedimos por Israel, el pueblo que hiciste tuyo desde tiempos
antiguos, — concédele que alcance la plenitud de la redención.
Cristo, esperanza nuestra, que iluminaste al mundo entero cuando sobre ti amaneció
la gloria del Creador, te pedimos por todos los hombres de buena voluntad, —
haz que caminen siempre siguiendo el resplandor de tu luz.
Aquí se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cristo, Salvador nuestro, que transformarás nuestro frágil cuerpo en cuerpo
glorioso como el tuyo, te pedimos por nuestros hermanos difuntos,
— transfórmalos a imagen tuya y admítelos ya en tu gloria.
Llenos de esperanza, oremos al Padre como Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Padre Nuestro
Padre
nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación,
y líbranos del mal.
Oración
Oh Dios,
que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de
la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente
nuestra perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos, te rogamos, que,
escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el Predilecto, seamos un día
coherederos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y
reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los
siglos.
Amén.
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.






