Musica Para el Alma
lunes, 24 de mayo de 2021
EVANGELIO DE MARCOS 10,28-31 CICLO B
*Lecturas
de la 8ª Semana del Tiempo Ordinario Ciclo B*
Martes, 25 de mayo de 2021
Evangelio
*Lectura
del santo evangelio según san Marcos (10,28-31)*
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o
hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no
reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y
madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna.
Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».
Palabra del Señor
(«Recibirá
ahora, en este tiempo, cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura,
vida eterna»).
*Hoy
el Señor me invita hacer generoso con él, para que reciba un gran premio, la
vida eterna. Ahora puedo entender lo que el Señor me trata de decir y es que
las cosas que él me regala, solo puedo saborearla cuando me llegan las persecuciones. No
es que el regalo del Señor no sea completo, sino que me deja la
persecución por buenas razones, y es para hacerme entrar en la humildad,
para hacerme obediente, para cuidarme, que no me gloríe por mi fuerza, porque
en cualquier momento puedo caer. La persecución es lo que me mantendrá unido al
Señor es como el cordón umbilical, porque la persecución siempre me dará motivo
suficiente para mantenerme en la oración*.
*El
que desea y quiere amar, con el corazón según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El Señor
nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAS LAUDES Y LAS VÍSPERAS DEL MARTES 25. SAN BEDA
*LAS LAUDES Y LAS VISPERAS*
Abre,
Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los
pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi
sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y
merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro
Señor. Amén
*San Beda*
MARTES 25, SEMANA IV
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVITATORIO
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Ant. Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.
Himno: ESTÁTE, SEÑOR, CONMIGO.
Estáte, Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas.
Llévame, en tu compañía
donde tu vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía;
si tú vida no me das
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.
Por eso, más que a la muerte
temo, Señor, tu partida,
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tú das,
sé que alcanzarla no puedo,
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.
Salmo 100 - PROPÓSITO DE UN PRÍNCIPE JUSTO
Voy a cantar la bondad y la justicia,
para ti es mi música, Señor;
voy a explicar el camino perfecto:
¿Cuándo vendrás a mí?
Andaré con rectitud de corazón
dentro de mi casa;
no pondré mis ojos
en intenciones viles.
Aborrezco al que obra mal,
no se juntará conmigo;
lejos de mí el corazón torcido,
no aprobaré al malvado.
Al que en secreto difama a su prójimo
lo haré callar;
ojos engreídos, corazones arrogantes
no los soportaré.
Pongo mis ojos en los que son leales,
ellos vivirán conmigo;
el que sigue un camino perfecto,
ése me servirá.
No habitará en mi casa
quien comete fraudes;
el que dice mentiras
no durará en mi presencia.
Cada mañana haré callar
a los hombres malvados,
para excluir de la ciudad del Señor
a todos los malhechores.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.
Ant 2. No nos desampares, Señor, para siempre.
Cántico: ORACIÓN DE AZARÍAS EN EL HORNO Dn 3, 26-27. 29. 34-41
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
digno de alabanza y glorioso es tu nombre.
Porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros
y todas tus obras son verdad,
y rectos tus caminos,
y justos todos tus juicios.
Hemos pecado y cometido iniquidad
apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido.
Por el honor de tu nombre,
no nos desampares para siempre,
no rompas tu alianza,
no apartes de nosotros tu misericordia.
Por Abraham, tu amigo,
por Isaac, tu siervo,
por Israel, tu consagrado,
a quienes prometiste
multiplicar su descendencia
como las estrellas del cielo,
como la arena de las playas marinas.
Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
de todos los pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra
a causa de nuestros pecados.
En este momento no tenemos príncipes,
ni profetas, ni jefes;
ni holocausto, ni sacrificios,
ni ofrendas, ni incienso;
ni un sitio donde ofrecerte primicias,
para alcanzar misericordia.
Por eso, acepta nuestro corazón contrito,
y nuestro espíritu humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos cebados;
que éste sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.
Ahora te seguimos de todo corazón,
te respetamos y buscamos tu rostro.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. No nos desampares, Señor, para siempre.
Ant 3. Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.
Salmo 143, 1-10 - ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.
LECTURA BREVE Is 55, 1
Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid,
comprad trigo, comed sin pagar: vino y leche de balde.
RESPONSORIO BREVE
V. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.
V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
R. Espero en tu palabra.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.
Lecturas
Primera Lectura
De la primera carta a los Corintios 15, 20-34
LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS
Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de
los que durmieron. Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por
un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán
mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango:
Cristo como primicia; luego los de Cristo en su venida. Luego, el fin, cuando
entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo Principado,
Dominación y Potestad. Porque debe él reinar “hasta que ponga a todos sus
enemigos bajo sus pies”. El último enemigo en ser destruido será la muerte.
Porque “ha sometido todas las cosas bajo sus pies”. Más cuando diga que «todo está
sometido», es evidente que se excluye a Aquel que ha sometido a él todas las
cosas.
Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se
someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo
en todo. De no ser así ¿a qué viene el bautizarse por los muertos? Si los
muertos no resucitan en manera alguna ¿por qué bautizarse por ellos? Y nosotros
mismos ¿por qué nos ponemos en peligro a todas horas? Cada día estoy a la
muerte ¡sí hermanos! gloria mía en Cristo Jesús Señor nuestro, que cada día
estoy en peligro de muerte. Si por motivos humanos luché en Éfeso contra las
bestias ¿qué provecho saqué? Si los muertos no resucitan, “comamos y bebamos,
que mañana moriremos”. No os engañéis: «Las malas compañías corrompen las buenas
costumbres.» Despertaos, como conviene, y no pequéis; que hay entre vosotros quienes
desconocen a Dios. Para vergüenza vuestra lo digo.
Responsorio 1 Co 15, 25-26; cf. Ap
20, 13. 14
R. Cristo debe reinar hasta que Dios ponga todos sus enemigos
bajo sus pies. * El último enemigo aniquilado será la muerte.
V. Entonces la muerte y el hades devolverán los muertos, y la
muerte y el hades serán arrojados al lago de fuego.
R. El último enemigo aniquilado será la muerte.
Segunda Lectura
Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo
(Libro 10,1,1-2, 2; 5, 7: CSEL 33, 226-227. 230-231)
A TI, SEÑOR, ME MANIFIESTO TAL COMO SOY
Conózcate a ti, conocedor mío, conózcate a ti como tú me conoces.
Fuerza de mi alma, entra en ella y ajústala a ti, para que la tengas y poseas sin
mancha ni arruga. Ésta es mi esperanza, por eso hablo; y en esta esperanza me
gozo cuando rectamente me gozo. Las demás cosas de esta vida tanto menos se han
de llorar cuanto más se las llora, y tanto más se han de deplorar cuanto menos
se las deplora. He aquí que amaste la verdad, porque el que realiza la verdad
se acerca a la luz. Yo quiero obrar según ella, delante de ti por esta mi
confesión, y delante de muchos testigos por este mi escrito.
Y ciertamente, Señor, a cuyos ojos está siempre desnudo el abismo de la
conciencia humana, ¿qué podría haber oculto en mí, aunque yo no te lo quisiera
confesar? Lo que haría sería esconderte a ti de mí, no a mí de ti. Pero ahora,
que mi gemido es un testimonio de que tengo desagrado de mí, tú brillas y me
llenas de contento, y eres amado y deseado por mí, hasta el punto de llegar a
avergonzarme y desecharme a mí mismo y de elegirte sólo a ti, de manera que en
adelante no podré ya complacerme si no es en ti, ni podré serte grato si no es
por ti.
Como quiera, pues, que yo sea, Señor, manifiesto estoy ante ti. También he
dicho ya el fruto que produce en mí esta confesión, porque no la hago con
palabras y voces de carne, sino con palabras del alma y clamor de la mente, que
son las que tus oídos conocen.
Porque, cuando soy malo, confesarte a ti no es otra cosa que tomar disgusto de
mí; y, cuando soy bueno, confesarte a ti no es otra cosa que no atribuirme eso
a mí, porque tú, Señor, bendices al justo; pero antes de ello haces justo al
impío. Así, pues, mi confesión en tu presencia, Dios mío, es a la vez callada y
clamorosa: callada en cuanto que se hace sin ruido de palabras, pero clamorosa
en cuanto al clamor con que clama el afecto.
Tú eres, Señor, el que me juzgas; porque, aunque ninguno de los hombres conoce
lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él, con
todo, hay algo en el hombre que ignora aun el mismo espíritu que habita dentro
de él; pero tú, Señor, conoces todas sus cosas, porque tú lo has hecho. También
yo, aunque en tu presencia me desprecie y me tenga por tierra y ceniza, sé algo
de ti que ignoro de mí.
Ciertamente ahora te vemos confusamente en un espejo, aún no cara a cara; y
así, mientras peregrino fuera de ti, me siento más presente a mí mismo que a
ti; y sé que no puedo de ningún modo violar el misterio que te envuelve; en
cambio, ignoro a qué tentaciones podré yo resistir y a cuáles no podré, estando
solamente mi esperanza en que eres fiel y no permitirás que seamos tentados más
de lo que podamos soportar, antes con la tentación das también el éxito, para
que podamos resistir.
Confiese, pues, yo lo que sé de mí; confiese también lo que de mí ignoro;
porque lo que sé de mí lo sé porque tú me iluminas, y lo que de mí ignoro no lo
sabré hasta tanto que mis tinieblas se conviertan en mediodía ante tu
presencia.
Responsorio Sal 138, 1. 2. 7
R. Señor, tú me sondeas y me conoces; * de
lejos penetras mis pensamientos.
V. ¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu
mirada?
R. De lejos penetras mis pensamientos.
*Lecturas
de la 8ª Semana del Tiempo Ordinario Ciclo B*
Martes, 25 de mayo de 2021
Evangelio
*Lectura
del santo evangelio según san Marcos (10,28-31)*
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas,
o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba
ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e
hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos
primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».
Palabra del Señor
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
Lc 1, 68-79
+Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.
PRECES
Dios nos otorga el gozo de poder alabarlo en este comienzo del
día, reavivando con ello nuestra esperanza. Invoquémosle, pues, diciendo:
Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.
Dios y Padre de nuestro Salvador Jesucristo,
te damos gracias porque, por mediación de tu Hijo, nos has dado el conocimiento
y la inmortalidad.
Danos, Señor, un corazón humilde
para que vivamos sujetos unos a otros en el temor de Cristo.
Infunde tu Espíritu en nosotros, tus siervos,
para que nuestro amor fraterno sea sin fingimiento.
Tú que has dispuesto que el hombre dominara el mundo con su esfuerzo,
haz que nuestro trabajo te glorifique y santifique a nuestros hermanos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Ya que Dios nos muestra siempre su amor de Padre, velando amorosamente por
nosotros, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro...
ORACION
Aumenta, Señor, nuestra fe, para que esta alabanza que brota de
nuestro corazón vaya siempre acompañada de frutos de vida eterna. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
*San Beda*
Historiador y Doctor de la
Iglesia, nacido en 672 ó 673 y muerto en 735. En el último capítulo de su gran
obra sobre la "Historia Eclesiástica del Pueblo Inglés", Beda nos
contó algo de su propia vida, prácticamente todo lo que sabemos de él. Sus
palabras, escritas en 731, cuando su muerte no estaba demasiado lejos, no sólo
muestran la sencillez y piedad características del hombre, sino que arrojan luz
sobre la composición de la obra por la cual se le recuerda mejor en todo el
mundo.
Escribió así:
Y es así que, muy interesado en la historia eclesiástica de
Bretaña, especialmente en la raza de los ingleses, yo, Beda, sirviente de
Cristo y sacerdote del monasterio de los benditos apóstoles San Pedro y San
Pablo, el cual se encuentra en Wearmouth y Jarrow (en Northumbria), con la
ayuda del Señor he compuesto, cuanto he logrado recabar de documentos antiguos,
de las tradiciones de los ancianos y de mi propio conocimiento. Nací en el
territorio del monasterio ya mencionado, y a la edad de siete años fui dado,
por el interés de mis familiares, al reverendísimo abad benedictino Biscop, y después
a Ceolfrid, para recibir educación. Desde entonces he permanecido toda mi vida
en dicho monasterio, dedicando todas mis penas al estudio de las Escrituras, a
observar la disciplina monástica y a cantar diariamente en la iglesia, siendo
siempre mi deleite el aprender, enseñar o escribir. A los diecinueve años, fui
admitido al diaconado, a los treinta al sacerdocio, ambas veces mediante las
manos del reverendísimo obispo Juan [san Juan de Beverley], y a las órdenes del
abad Ceolfrid. Desde el momento de mi admisión al sacerdocio hasta mis actuales
59 años me he esforzado por hacer breves notas sobre las sagradas Escrituras,
para uso propio y de mis hermanos, ya sea de las obras de los venerables Padres
de la Iglesia o de su significado e interpretación.
Después de esto, Beda inserta una lista de Indiculus, de sus
anteriores escritos y, finalmente, termina su gran obra con las siguientes
palabras:
Y os ruego, amoroso Jesús, que así como me habéis concedido la
gracia de tomar con deleite las palabras de vuestro conocimiento, me concedáis
misericordiosamente llegar a ti, la fuente de toda sabiduría, y permanecer para
siempre delante de vuestro rostro.
Es evidente, en la carta de Beda al obispo Egberto, que el
historiador visitaba ocasionalmente a sus amigos durante algunos días,
alejándose del monasterio de Jarrow; pero salvo esas raras excepciones, su vida
parece haber transcurrido como una pacífica ronda de estudios y oración dentro
de su propia comunidad. El cariño que ésta le tenía queda manifiesto en el
conmovedor relato de la última enfermedad y la muerte del santo, legada a
nosotros por Cuthbert, uno de sus discípulos. Su búsqueda del conocimiento no
fue interrumpida por su enfermedad y los hermanos le leían mientras él estaba
en cama, pero la lectura era reemplazada constantemente por las lágrimas.
"Puedo declarar con toda verdad," escribe Cuthbert sobre su amado
maestro, "que nunca vi con mis ojos, ni oí con mis oídos a nadie que
agradeciera tan incesantemente al Dios vivo. Incluso el día de su muerte (la
vigilia de la Ascensión de 735) el santo estaba ocupado dictando una traducción
del Evangelio de San Juan. Al atardecer, el muchacho Wilbert, que la estaba
escribiendo, le dijo: "Hay todavía una oración, querido maestro, que no
está escrita." Y cuando la hubo entregado, y el muchacho le dijo que
estaba terminada, "Habéis hablado con verdad…", contestó Beda,
"…está terminada. Tomad mi cabeza entre vuestras manos, pues es de gran
placer sentarme frente a cualquier lugar sagrado donde haya orado, así sentado
puedo llamar a mi Padre." Y así, sobre el suelo de su celda, cantando
"Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo", y el resto, exhaló
su último aliento.
El calificativo Venerabilis parece haber sido agregado al nombre
de Beda antes de haber transcurrido las dos generaciones posteriores a su
muerte. Por supuesto, no existe una autoridad anterior que corrobore la leyenda
repetida por Fuller acerca del “monje torpe” que al componer un epitafio sobre
Beda se quedó sin palabras para completar la frase Hac sunt in fossa Bedae…
ossa y a la mañana siguiente se encontró con que los ángeles habían llenado el
espacio con la palabra venerabilis. El calificativo es utilizado por Alcuin,
Amalarius y al parecer por Paulo el Diácono, y el importante Consejo de Aachen
de 835 lo describe como venerabilis et modernis temporibus doctor admirabilis
Beda. Este decreto se mencionaba especialmente en la petición que el Cardenal
Wiseman y los obispos ingleses enviaron a la Santa Sede en 1859, rogando que
Beda fuera declarado Doctor de la Iglesia. El tema ya había sido discutido
antes de la época de Benedicto XIV, pero no fue hasta el 13 de noviembre de
1899 que León XIII decretó que el 27 de mayo toda la Iglesia debía celebrar la
fiesta del Venerable Beda, con el título de Doctor Ecclesiae. Durante toda la
Edad Media se había celebrado en York y en el Norte de Inglaterra el culto
local al Santo Beda, pero la fiesta no era tan popular en el sur, donde se
seguía la Liturgia de Sarum.
La influencia de Beda entre los eruditos ingleses y extranjeros
fue muy grande, y probablemente habría sido mayor si los monasterios del norte
no hubieran sido devastados por las invasiones Danesas menos de un siglo
después de la muerte de Beda. En innumerables formas, pero especialmente por su
moderación, amabilidad y gran visión, Beda se distingue entre sus
contemporáneos. En lo referente a erudición, indudablemente fue el hombre más
sabio de su tiempo. Una característica muy notable, observada por Plummer (I,
p. xxiii), es su sentido de propiedad literaria, una particularidad
extraordinaria en esa época. Él mismo anotaba escrupulosamente en sus escritos
los pasajes que había tomado prestados de otros e incluso rogaba a los copistas
de sus obras que conservaran las referencias, una recomendación a la que ellos
pusieron muy poca atención. A pesar de lo elevado de su cultura, Beda aclara
repetidamente que sus estudios están subordinados a la interpretación de las
Escrituras. En su "De Schematibus" lo dice así: "Las Sagradas
Escrituras están sobre todos los demás libros, no sólo por su autoridad Divina,
o por su utilidad pues son una guía hacia la vida eterna, sino también por su
antigüedad y su forma literaria” (positione dicendi). Tal vez el mayor tributo
al genio de Beda es que con una convicción tan desprovista de compromiso y tan
sincera de que la sabiduría humana es inferior, haya podido adquirir tanta
cultura verdadera. Aunque el Latín fue para él una lengua todavía viva, y
aunque no parece haber volteado conscientemente hacia la Era de Augusto de la
Literatura Romana que preservaba modelos más puros de estilo literario que la
época de Fortunato o San Agustín, ya sea por genio natural o por el contacto
con los clásicos, Beda es extraordinario por la relativa pureza de su lenguaje
y también por su lucidez y sobriedad, especialmente en temas de crítica
histórica. En todos estos aspectos presenta un marcado contraste con san
Aldhelm quien se aproxima más al tipo Celta.
*VÍSPERAS*
(Oración de la tarde)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno: TÚ QUE ERES CRISTO, EL ESPLENDOR Y EL DÍA.
Tú que eres, Cristo, el esplendor y el día,
y de la noche ahuyentas las tinieblas,
Luz de Luz que a tus fieles
cual luz te manifiestas,
te pedimos, Señor, humildemente
esta noche que estés de centinela,
en ti hallemos reposo
y la paz nos concedas.
Si se entregan al sueño nuestros ojos,
en ti vigile el corazón alerta,
y rogamos tus hijos,
Señor, que nos protejas.
Defensor nuestro, míranos, rechaza
al enemigo cruel que nos acecha
y, a quienes redimiste
con tu sangre, gobierna.
A ti, Cristo, Señor del universo,
y a ti, Padre, alabanza dondequiera,
y al Amor, por los siglos
loores. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.
Salmo 136, 1-6 - JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA.
Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.
Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»
¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;
que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.
Ant 2. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.
Salmo 137 - HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DE UN REY
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre;
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.
El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu izquierda contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.
Ant 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
LECTURA BREVE Col 3, 16
Que la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos
unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle
gracias de todo corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
RESPONSORIO BREVE
V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V. De alegría perpetua a tu derecha.
R. En tu presencia, Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y
tu nombre es santo.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y
tu nombre es santo.
PRECES
Invoquemos a Cristo, que da fuerza y poder a su pueblo, diciendo:
Señor, escúchanos.
Cristo, fortaleza nuestra, concede a todos tus fieles, a quienes has llamado a
la luz de tu verdad,
que tengan siempre fidelidad y constancia.
Haz, Señor, que los que gobiernan el mundo lo hagan conforme a tu querer,
y que sus decisiones vayan encaminadas a la consecución de la paz.
Tú que con cinco panes saciaste a la multitud,
enséñanos a socorrer con nuestros bienes a los hambrientos.
Que los que tienen en su mano los destinos de los pueblos no cuiden sólo del
bienestar de su nación,
sino que piensen también en los otros pueblos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Cuando vengas en tu día a ser glorificado en los santos,
da a nuestros hermanos difuntos la resurrección y la vida feliz.
Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús, y oremos
al Padre diciendo:
Padre nuestro...
ORACION
Puestos en oración ante ti, Señor, imploramos tu clemencia y te
pedimos que nuestras palabras concuerden siempre con los sentimientos de
nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los
siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
LECTURAS DEL MARTES 25 DE MAYO 2021
*Lecturas
de la 8ª Semana del Tiempo Ordinario Ciclo B*
Martes, 25 de mayo de 2021
Primera
lectura
Lectura del
libro del Eclesiástico (35,1-12):
Quien observa la ley multiplica las ofrendas,
quien guarda los mandamientos ofrece sacrificios de comunión.
Quien devuelve un favor hace una ofrenda de flor de harina,
quien da limosna ofrece sacrificios de alabanza.
Apartarse del mal es complacer al Señor,
un sacrificio de expiación es apartarse de la injusticia.
No te presentes ante el Señor con las manos vacías,
pues esto es lo que prescriben los mandamientos.
La ofrenda del justo enriquece el altar,
su perfume sube hasta el Altísimo.
El sacrificio del justo es aceptable,
su memorial no se olvidará.
Glorifica al Señor con generosidad,
y no escatimes las primicias de tus manos.
Cuando hagas tus ofrendas, pon cara alegre
y paga los diezmos de buena gana.
Da al Altísimo como él te ha dado a ti,
con generosidad, según tus posibilidades.
Porque el Señor sabe recompensar
y te devolverá siete veces más.
No trates de sobornar al Señor, porque no lo aceptará;
no te apoyes en sacrificio injusto.
Porque el Señor es juez,
y para él no cuenta el prestigio de las personas.
Palabra de Dios
Salmo
Sal
49,5-6.7-8.14.23
R/. Al que sigue buen
camino
le haré ver la salvación de Dios
V/. «Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio».
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar. R/.
V/. «Escucha, pueblo mío, voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
—yo soy Dios, tu Dios—.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí». R/.
V/. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo.
«El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios». R/.
*Lecturas
de la 8ª Semana del Tiempo Ordinario Ciclo B*
Martes, 25 de mayo de 2021
Evangelio
*Lectura
del santo evangelio según san Marcos (10,28-31)*
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o
hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no
reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y
madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna.
Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».
Palabra del Señor
(«Recibirá
ahora, en este tiempo, cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura,
vida eterna»).
*Hoy
el Señor me invita hacer generoso con él, para que reciba un gran premio, la
vida eterna. Ahora puedo entender lo que el Señor me trata de decir y es que
las cosas que él me regala, solo puedo saborearla cuando me llegan las persecuciones. No
es que el regalo del Señor no sea completo, sino que me deja la
persecución por buenas razones, y es para hacerme entrar en la humildad,
para hacerme obediente, para cuidarme, que no me gloríe por mi fuerza, porque
en cualquier momento puedo caer. La persecución es lo que me mantendrá unido al
Señor es como el cordón umbilical, porque la persecución siempre me dará motivo
suficiente para mantenerme en la oración*.
*El
que desea y quiere amar, con el corazón según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El Señor
nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
domingo, 23 de mayo de 2021
EVANGELIO DE JUAN 19,25-34 CICLO B
*Bienaventurada Virgen María Madre
de la Iglesia*
Lunes, 24 de mayo 2021
Evangelio
*Lectura del santo evangelio según
san Juan (19,25-34)*
25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la
hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena.
26 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien
amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
27 Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde
aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido,
para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed.»
29 Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama
de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca.
30 Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E
inclinando la cabeza entregó el espíritu.
31 Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no
quedasen los cuerpos en la cruz el sábado - porque aquel sábado era muy solemne
- rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.
32 Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del
primero y del otro crucificado con él.
33 Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le
quebraron las piernas,
34 sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una
lanza y al instante salió sangre y agua.
Palabra del Señor
(Junto a la cruz de Jesús estaban su madre)
*Esta
lectura es para que yo pueda sentir cercanía del dolor de Cristo y el dolor de
su Madre. Que puedo yo aprender de todo esto, que la Cruz es el lugar donde se
encuentran dos corazones destrozado por el dolor y la angustia, aquí en esta
tierra, pero son dos corazones rebosados de amor eterno y como el gran Goliat
del odio busca de una manera desesperada romper o traspasar el amor de estos
dos corazones, que se hicieron en un instante uno en el amor. En ellos el
dolor, la angustia y la tristeza no dieron lugar a que pudiera penetrar el
odio, sino que en “La Cruz Gloriosa brilló El Gran Amor” y fue el lugar
donde recibí, donde me entregaron a la Madre de mi señor. Y esto viene a
traer a mi vida paz, amor, tranquilidad y reposo a mi corazón*.
*El
que desea y quiere amar, con el corazón según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El Señor
nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAS LAUDES Y LAS VÍSPERAS DEL LUNES 24. SANTA MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA
*LAS LAUDES Y LAS VISPERAS*
Abre,
Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los
pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi
sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y
merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro
Señor. Amén
*LAS LAUDES SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA*
Lunes 24
de mayo 2021
*Santa María, Madre de la
Iglesia, memoria obligatoria*
Común
de Santa María Virgen
Salterio:
lunes de la primera semana
Memoria
de la bienaventurada Virgen María, madre de la Iglesia, a quien Cristo
encomendó sus discípulos para que, perseverando en la oración al Espíritu
Santo, cooperaran en el anuncio del Evangelio.
Inicio
Si Oficio
de Lecturas es la primera oración del día se reza el Invitatorio
†
(Se hace la señal de la cruz sobre los labios mientras se dice:)
V/. -Señor, Ábreme los labios.
R/. -Y
mi boca proclamará tu alabanza.
Salmo
94: Invitación a la alabanza divina
Ant: Venid, adoremos a Cristo, hijo de María
Virgen.
o bien: Aclamemos al Señor en esta
fiesta de María Virgen.
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
-se repite la antífona
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
-se repite la antífona
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
-se repite la antífona
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
-se repite la antífona
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»
-se repite la antífona
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Venid, adoremos a Cristo, hijo de María
Virgen.
o bien: Aclamemos al Señor en esta
fiesta de María Virgen.
Himno
Quién podrá tanto alabarte
según es tu merecer;
quién sabrá también loarte
que no le falte saber;
pues que para nos valer
tanto vales,
da remedio a nuestros males.
¡Oh Madre de Dios y hombre!
¡Oh concierto de concordia!
Tú que tienes por renombre
Madre de misericordia;
pues para quitar discordia
tanto vales,
da remedio a nuestros males.
Tú que estabas ya criada
cuando el mundo se crió;
tú que estabas muy guardada
para quien de ti nació;
pues por ti nos conoció,
si nos vales,
fenecerán nuestros males.
Tú que eres flor de las flores,
tú que del cielo eres puerta,
tú que eres olor de olores,
tú que das gloria muy cierta;
si de la muerte muy muerta
no nos vales,
no hay remedio a nuestros males. Amén.
Salmodia
Salmo
5,2-10.12-13: Oración de la mañana de un justo perseguido
Ant: A ti te suplico, Señor; por la mañana
escucharás mi voz.
Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.
A ti te suplico, Señor;
por la mañana escucharás mi voz,
por la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.
Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.
Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia.
Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo enemigos;
alláname tu camino.
En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.
Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu nombre.
Porque tú, Señor, bendices al justo,
y como un escudo lo rodea tu favor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: A ti te suplico, Señor; por la mañana
escucharás mi voz.
1Cro
29,10-13: Solo a Dios honor y gloria
Ant: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre
glorioso.
Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
por los siglos de los siglos.
Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el esplendor, la majestad,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,
tú eres rey y soberano de todo.
De ti viene la riqueza y la gloria,
tú eres Señor del universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas a todos.
Por eso, Dios nuestro,
nosotros te damos gracias,
alabando tu nombre glorioso.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre
glorioso.
Salmo
28: Manifestación de Dios en la tempestad
Ant: Postraos ante el Señor en el atrio
sagrado.
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria ha tronado,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los cedros del Líbano.
Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una cría de búfalo.
La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.
La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Postraos ante el Señor en el atrio
sagrado.
Lectura
Bíblica
Is 61,10
(cfr.)
Desbordo de gozo con el Señor, y me
alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en
un manto de triunfo, como novia que se adorna con sus joyas.
V/. El Señor la eligió y la predestinó.
R/. El Señor la eligió y la predestinó.
V/. La hizo morar en su templo santo.
R/. Y la predestinó.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. El Señor la eligió y la predestinó.
Lectura
Bíblica
V/. Enséñame a cumplir tu voluntad, Señor.
R/. Y a guardarla de todo corazón.
Job
lamenta su desgracia
Jb
29,1-10; 30,1.9-23
Job volvió a entonar sus versos,
diciendo:
¡Quién me diera volver a los viejos
días, cuando Dios velaba sobre mí, cuando su lámpara brillaba encima de mi
cabeza y a su luz cruzaba las tinieblas! ¡Aquellos días de mi otoño, cuando
Dios era un íntimo en mi tienda, el Todopoderoso estaba conmigo y me rodeaban
mis hijos! Lavaba mis pies en leche, y la roca me daba ríos de aceite.
Cuando salía a la puerta de la ciudad y
tomaba asiento en la plaza, los jóvenes, al verme, se escondían, los ancianos
se levantaban y se quedaban en pie, los jefes se abstenían de hablar, tapándose
la boca con la mano, enmudecía la voz de los notables y se les pegaba la lengua
al paladar.
Ahora, en cambio, se burlan de mí
muchachos más jóvenes que yo, a cuyos padres habría rehusado dejar con los perros
de mi rebaño. Ahora, en cambio, me sacan coplas, soy el tema de sus burlas, me
aborrecen, se distancian de mí y aun se atreven a escupirme a la cara. Dios ha
soltado la cuerda de mi arco, y, desenfrenados contra mí, me humillan. A mi
derecha se levanta una canalla que prepara el camino a mi exterminio; deshacen
mi sendero, trabajan en mi ruina y nadie los detiene; irrumpen por una ancha
brecha al asalto, en medio del estruendo.
Se vuelven contra mí los terrores, se
disipa como el aire mi dignidad y pasa como nube mi ventura. Ahora desahogaré
mi alma: Me amenaza de día la aflicción; la noche me taladra hasta los huesos,
pues no duermen las llagas que me roen. Él me agarra con violencia por la ropa,
me sujeta por el cuello de la túnica, me arroja en el fango, y me confundo con
el barro y la ceniza.
Te pido auxilio, y no me haces caso;
espero en ti, y me clavas la mirada. Te has vuelto mi verdugo y me atacas con
tu brazo musculoso. Me levantas en vilo, me paseas, y me sacudes en el huracán.
Ya sé que me devuelves a la muerte, donde se dan cita todos los vivientes.»
R/. La noche me taladra hasta los huesos, pues no
duermen las llagas que me roen. Me arroja en el fango, y me confundo con el
barro y la ceniza.
V/. Déjame, Señor, que mis días son un soplo.
R/. Me arroja en el fango, y me confundo con el barro y
la ceniza.
María,
Madre de la Iglesia
San Pablo VI, papa
De la
alocución en la clausura de la III sesión del Concilio Vaticano II (21 de
noviembre de 1964: AAS 56 [1964], 1015-1016)
La reflexión sobre las estrechas
relaciones de María con la Iglesia, tan claramente establecidas por la actual
Constitución conciliar, nos permite creer que es éste el momento más solemne y
más apropiado para dar satisfacción a un voto que, señalado por Nos al término
de la sesión anterior, han hecho suyo muchísimos padres conciliares, pidiendo
insistentemente una declaración explícita, durante este Concilio de la función
maternal que la Virgen ejerce sobre el pueblo cristiano. A este fin hemos
creído oportuno consagrar, en esta misma sesión pública, un título en honor de
la Virgen, sugerido por diferentes partes del orbe católico, y particularmente
entrañable para Nos, pues con síntesis maravillosa expresa el puesto
privilegiado que este Concilio ha reconocido a la Virgen en la Santa Iglesia.
Así pues, para gloria de la Virgen y
consuelo nuestro, Nos proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, es
decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los
pastores que la llaman Madre amorosa, y queremos que de ahora en adelante sea
honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título.
Se trata de un título, venerables
hermanos, que no es nuevo para la piedad de los cristianos; antes bien, con
este nombre de Madre, y con preferencia a cualquier otro, los fieles y la
Iglesia entera acostumbran a dirigirse a María. En verdad pertenece a la
esencia genuina de la devoción a María, encontrando su justificación en la
dignidad misma de la Madre del Verbo Encarnado.
La divina maternidad es el fundamento de
su especial relación con Cristo y de su presencia en la economía de la
salvación operada por Cristo, y también constituye el fundamento principal de
las relaciones de María con la Iglesia, por ser Madre de Aquél, que desde el
primer instante de la Encarnación en su seno virginal se constituyó en cabeza
de su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. María, pues, como Madre de Cristo, es
Madre también de los fieles y de todos los pastores; es decir, de la Iglesia.
Con ánimo lleno de confianza y amor
filial elevamos a Ella la mirada, a pesar de nuestra indignidad y flaqueza;
Ella, que nos dio con Cristo la fuente de la gracia, no dejará de socorrer a la
Iglesia, que, floreciendo ahora en la abundancia de los dones del Espíritu
Santo, se empeña con nuevos ánimos en su misión de salvación.
Nuestra confianza se aviva y confirma
más considerando los vínculos estrechos que ligan al género humano con nuestra
Madre celestial. A pesar de la riqueza en maravillosas prerrogativas con que
Dios la ha honrado, para hacerla digna Madre del Verbo Encarnado, está muy
próxima a nosotros. Hija de Adán, como nosotros, y, por tanto, hermana nuestra
con los lazos de la naturaleza, es, sin embargo, una criatura preservada del
pecado original en virtud de los méritos de Cristo, y que a los privilegios
obtenidos suma la virtud personal de una fe total y ejemplar, mereciendo el
elogio evangélico “Bienaventurada porque has creído”. En su vida terrena
realizó la perfecta figura del discípulo de Cristo, espejo de todas las
virtudes, y encarnó las bienaventuranzas evangélicas proclamadas por Cristo.
Por lo cual, toda la Iglesia, en su incomparable variedad de vida y de obras,
encuentra en Ella la más auténtica forma de la perfecta imitación de Cristo.
R/. El Espíritu Santo vino sobre María, la fuerza del
Altísimo la cubrió con su sombra.
V/. Nuevamente asociada a la pasión de su Hijo,
entregada como Madre de los redimidos:
R/. La fuerza del Altísimo la cubrió con su sombra.
Santísima
Virgen María, Madre de la Iglesia (Memoria)
Lunes, 24
mayo de 2021
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (19,25-34):
25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y
la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena.
26 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien
amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
27 Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella
hora el discípulo la acogió en su casa.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para
que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed.»
29 Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de
hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca.
30 Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E
inclinando la cabeza entregó el espíritu.
31 Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no
quedasen los cuerpos en la cruz el sábado - porque aquel sábado era muy solemne
- rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.
32 Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y
del otro crucificado con él.
33 Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron
las piernas,
34 sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza
y al instante salió sangre y agua.
Palabra del Señor
Cántico
Evangélico
Ant: Los discípulos perseveraban unánimes en
la oración, con María, la madre de Jesús.
†
(Se hace
la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo,
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Los discípulos perseveraban unánimes en
la oración, con María, la madre de Jesús.
Preces
Elevemos nuestras súplicas al Salvador,
que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:
Que tu Madre, Señor, interceda por
nosotros
· - Oh Sol
de justicia, a quien la Virgen inmaculada precedía cual aurora luciente,
haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.
·
· - Verbo
eterno del Padre, que elegiste a María como arca incorruptible de tu morada,
líbranos de la corrupción del pecado.
·
· -
Salvador nuestro, que quisiste que tu madre estuviera junto a tu cruz,
por su intercesión, concédenos compartir con alegría tus padecimientos.
·
· - Jesús,
que, colgado en la cruz, diste María a Juan como madre,
haz que nosotros vivamos también como hijos suyos.
·
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos
enseñó el Señor:
Padre nuestro que estás en el
cielo, santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en
el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Final
Dios misericordioso, que quisiste que tu
Hijo unigénito proclamara desde la cruz como Madre nuestra a su propia Madre, haz
que tu Iglesia, por la mediación y cooperación maternal de la Virgen María,
crezca cada día en santidad y atraiga a su seno a todas las naciones. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Si el que
preside no es un ministro ordenado, o en el rezo individual:
†
(Se hace
la señal de la cruz mientras se dice:)
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo
mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.
Vísperas
Inicio
†
(se hace la señal de la cruz mientras se dice:)
V/. -Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. -Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya
Himno
Todos te deben servir,
Virgen y Madre de Dios,
que siempre ruegas por nos
y tú nos haces vivir.
Tanta fue tu perfección
y de tanto merecer,
que de ti quiso nacer
quien fue nuestra redención.
El tesoro divinal
en tu vientre se encerró,
tan precioso, que libró
todo el linaje humanal.
Tú sellaste nuestra fe
con el sello de la cruz,
tu pariste nuestra luz,
Dios de ti nacido fue.
¡Oh clara virginidad,
fuente de toda virtud!
No ceses de dar salud
a toda la cristiandad. Amén.
Salmodia
Salmo
10: El Señor, esperanza del justo
Ant: El Señor se complace en el pobre.
Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
"Escapa como un pájaro al monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?"
Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.
El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: El Señor se complace en el pobre.
Salmo
14: ¿Quién es justo ante el Señor?
Ant: Dichosos los limpios de corazón, porque
ellos verán a Dios.
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Dichosos los limpios de corazón, porque
ellos verán a Dios.
Efesios
1, 3-10: El Dios Salvador
Ant: Dios nos ha destinado en la persona de
Cristo a ser sus hijos.
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Dios nos ha destinado en la persona de
Cristo a ser sus hijos.
Lectura
Bíblica
Ga 4,4-5
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios
a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que
estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
V/. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está
contigo.
R/. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está
contigo.
V/. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de
tu vientre.
R/. El Señor está contigo.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está
contigo.
Cántico
Evangélico
Ant: Dijo el Señor a su madre: «Mujer, ahí
tienes a tu Hijo.» Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
†
(se hace
la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Dijo el Señor a su madre: «Mujer, ahí
tienes a tu Hijo.» Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
Preces
Proclamemos las grandezas de Dios Padre
todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la
madre de su Hijo, y supliquémosle, diciendo:
Que la llena de gracia interceda por
nosotros
· - Oh
Dios, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen
María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
haz que todos tus hijos deseen esta misma gloria y caminen hacia ella.
· - Tú que
nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos,
consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,
y a todos abundancia de salud y de paz.
· - Tú que
hiciste de María la llena de gracia,
concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.
· - Haz,
Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor,
y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre
de Jesús.
· - Tú que
coronaste a María como reina del cielo,
haz que los difuntos puedan alcanzar, con todos los santos, la felicidad de
tu reino.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Terminemos nuestra oración con las palabras que nos
enseñó el Señor:
Padre nuestro que estás en el
cielo, santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en
el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Final
Dios misericordioso, que quisiste que tu
Hijo unigénito proclamara desde la cruz como Madre nuestra a su propia Madre,
haz que tu Iglesia, por la mediación y cooperación maternal de la Virgen María,
crezca cada día en santidad y atraiga a su seno a todas las naciones. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Si el que
preside no es un ministro ordenado, o en el rezo individual:
†
(se hace
la señal de la cruz mientras se dice:)
V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo
mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.






