TIEMPO DE CUARESMA
SÁBADO DE LA SEMANA V
Propio del Tiempo. Salterio I. I Víspera del Domingo de Ramos en la Pasión del
Señor
13 de abril
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros
murió, venid, adorémosle»
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno: LOS HOMBROS TRAIGO CARGADOS.
Los hombros traigo cargados
de graves culpas, mi Dios;
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Yo soy quien ha de llorar,
por ser acto de flaqueza;
que no hay en naturaleza
más flaqueza que el pecar.
Y, pues andamos trocados,
que yo peco y lloráis vos,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Vos sois quien cargar se puede
estas mis culpas mortales,
que la menor destas tales
a cualquier peso excede;
y, pues que son tan pesados
aquestos yerros, mi Dios,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Al Padre, al Hijo, al Amor,
alegres cantad, criaturas,
y resuene en las alturas
toda gloria y todo honor. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
Salmo 118, 145-152 TE INVOCO DE TODO CORAZÓN
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Me adelanto a la
aurora pidiendo auxilio.
Ant 2. Mi fuerza y mi
poder es el Señor, él fue mi salvación.
Cántico: HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL
MAR ROJO Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18
Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».
Los carros del faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar rojo a sus mejores capitanes.
Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.
Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»
Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.
¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tu, terrible entre los santos,
temibles por tus proezas, autor de maravillas?
Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.
Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mi fuerza y mi
poder es el Señor, él fue mi salvación.
Ant 3. Alabad al Señor,
todas las naciones.
Salmo 116 - INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA
DIVINA.
Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Alabad al Señor,
todas las naciones.
LECTURA BREVE Is 65, 1b-3a
Dije, «Aquí estoy, aquí estoy», a un pueblo que no invocaba mi nombre. Tenía
mis manos extendidas todo el día hacia un pueblo rebelde, que andaba por el mal
camino, siguiendo sus antojos, pueblo que me provocaba en mi propia cara,
continuamente.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del cazador.
R. Él me librará de
la red del cazador.
V. Me cubrirá con su
plumaje.
R. Él me librará de
la red del cazador.
V. Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Él me librará de
la red del cazador.
PRIMERA LECTURA
De la carta a los Hebreos 13,1-25
VIDA COTIDIANA A IMITACIÓN DE CRISTO
Hermanos: Permanezca bien arraigada la caridad fraterna. No os olvidéis de la
hospitalidad; gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles.
Acordaos de los presos como si estuvieseis en la cárcel con ellos, y de los que
son maltratados, pensando que también vosotros vivís en un cuerpo. Tened todos
en gran honor el matrimonio, y que el lecho conyugal sea sin mancilla; Dios
juzgará a los fornicarios y adúlteros. No haya avaricia en vuestras costumbres;
contentaos con lo que tenéis, pues él ha dicho: «Jamás te dejaré, ni te
abandonaré.» Así que con toda confianza podemos decir: «El Señor está conmigo: no
temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?»
Acordaos de aquellos superiores vuestros que os expusieron la palabra de Dios:
reflexionando sobre el desenlace de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el
mismo hoy que ayer, y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas
llamativas y extrañas. Es mejor ir fortaleciendo el corazón con la gracia que
con los alimentos, de los que ningún provecho sacaron quienes a ellos se
atuvieron. Nosotros tenemos un altar del que no tienen derecho a comer los que
sirven en el tabernáculo. Los cuerpos de los animales, cuya sangre es
introducida en el Santo de los Santos por el sumo sacerdote como sacrificio por
el pecado, son quemados fuera del campamento. Así también Jesús, para
santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la muerte fuera de la
ciudad. Salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando con su oprobio.
Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura.
Por medio de él ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es
decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre.
No os olvidéis de la beneficencia y de la mutua asistencia; Dios se complace en
tales sacrificios. Obedeced a vuestros superiores y vivid sometidos a ellos,
porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta de las
mismas. Haced de modo que cumplan con alegría y sin lamentaciones. De otro modo
no sería provechoso para vosotros. Orad por nosotros, pues creemos tener
conciencia recta cuando queremos conducirnos bien en todas las cosas. Sobre
todo, os ruego que lo hagáis para que cuanto antes me vea entre vosotros.
El Dios de la paz, que sacó de entre los muertos, por la sangre de la alianza
eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, os haga perfectos en
todo bien, para hacer su voluntad, cumpliendo en vosotros lo que es grato en su
presencia por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
Os ruego, hermanos, que acojáis benévolamente este discurso de exhortación.
Cierto que os lo mando con breves palabras. Sabed que ha sido puesto en
libertad nuestro hermano Timoteo. Con él, si viene pronto, iré a veros. Saludad
a todos vuestros superiores y a todos los fieles. Os saludan los de Italia. La
gracia sea con todos vosotros.
RESPONSORIO Hb 13, 13-14; 1Cro 29, 15
R. Salgamos hacia Jesús fuera del campamento, cargando con su
oprobio. * Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la
futura.
V. Ante ti, Señor, somos emigrantes y extranjeros; nuestra vida
terrena no es más que una sombra.
R. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando
la futura.
SEGUNDA LECTURA
De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo
(Disertación 45, 23-24; PG 36, 654-655)
PARTICIPEMOS PLENAMENTE EN LA PASCUA
Es verdad que ahora celebraremos la Pascua todavía sacramentalmente; sin
embargo, lo haremos ya con un conocimiento más claro que en la antigua ley (ya
que la Pascua de la ley antigua era -no tengo reparo en decirlo- una figura más
oscura que lo que representaba), y de aquí a poco la celebraremos de un modo
más puro y perfecto, a saber, cuando aquel que es la Palabra beba con nosotros
el vino nuevo en el reino de su Padre, dándonos la plena y clara inteligencia
de lo que aquí nos enseñó de un modo más restringido. Decimos «nuevo», pues
siempre resulta nuevo lo que se llega a comprender de una manera diferente.
Y ¿en qué consiste esa bebida y esa manera nueva de percibir? Eso es lo que
toca a él enseñar a sus discípulos, y a nosotros aprenderlo. Y la doctrina de aquel
que alimenta es también alimento.
Celebremos, pues, ahora también nosotros lo mismo que celebraba la ley antigua,
pero no en un sentido literal, sino evangélico; de una manera perfecta, no
imperfecta; de un modo eterno, no temporal. Sea nuestra capital no la Jerusalén
terrena, sino la metrópoli celestial; quiero decir, no ésta que es ahora
hollada por los ejércitos, sino la que es ensalzada por las alabanzas y
encomios angélicos.
Inmolemos no ya terneros y machos cabríos, que es cosa ya caducada y sin
sentido, sino el sacrificio de alabanza, ofrecido a Dios en el altar del cielo,
junto con los coros celestiales. Atravesemos el primer velo, no nos detengamos
ante el segundo, contemplemos de lleno el santuario. y diré más todavía:
inmolémonos nosotros mismos a Dios, inmolemos cada día nuestra persona y toda
nuestra actividad, imitemos la pasión de Cristo con nuestros propios
padecimientos, honremos su sangre con nuestra propia sangre, subamos con
denuedo a la cruz.
Si quieres imitar a Simón de Cirene, toma la cruz y sigue al Señor.
Si quieres imitar al buen ladrón crucificado con él, reconoce honradamente su
divinidad; y así como entonces Cristo fue contado entre los malhechores, por ti
y por tus pecados, así tú ahora, por él, serás contado entre los justos. Adora
al que por amor a ti pende de la cruz y, crucificándote tú también, procura
recibir algún provecho de tu misma culpa; compra la salvación con la muerte;
entra con Jesús en el paraíso, para que comprendas de qué bienes te habías
privado. Contempla todas aquellas bellezas; deja fuera, muerto, lo que hay en
ti de murmurador y blasfemo.
Si quieres imitar a José de Arimatea, pide el cuerpo a aquel que lo mandó
crucificar; haz tuya la víctima expiatoria del mundo.
Si quieres imitar a Nicodemo, el que fue a Jesús de noche, unge a Jesús con
aromas, como lo ungió él para honrado en su sepultura.
Si quieres imitar a María, a la otra María, a Salomé y a Juana, ve de madrugada
a llorar junto al sepulcro, y haz de manera que, quitada la piedra del monumento,
puedas ver a los ángeles y aun al mismo Jesús.
RESPONSORIO Hb 13, 12-13; 12, 4
R. Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la
muerte fuera de la ciudad; * salgamos, pues, hacia éi fuera del campamento,
cargando con su oprobio.
V. Pues vosotros no habéis resistido aún hasta el derramamiento de
sangre en vuestra lucha contra el pecado.
R. Salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando con su
oprobio.
Sábado, 13
de abril de 2019
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (11,45-57):
En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que
había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les
contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
« ¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos
creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la
nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera
por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año,
habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo
por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente
entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una
ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a
Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en
el templo, se preguntaban:
« ¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde
estaba les avisara para prenderlo.
Palabra del Señor
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Jesús murió para reunir a los hijos de Dios
dispersos.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1,
68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Jesús murió para
reunir a los hijos de Dios dispersos.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, que para hacer de nosotros
creaturas nuevas ha instituido el baño del bautismo y nos alimenta con su
palabra y su carne, y supliquémosle, diciendo:
Renuévanos con tu gracia, Señor.
Señor Jesús, tú que eres manso y humilde de corazón, danos entrañas de
misericordia, bondad y humildad
y danos comprensión para con todos.
Renuévanos con tu gracia, Señor
Que sepamos ayudar a los necesitados y consolar a los que sufren,
para imitarte a ti, el buen Samaritano.
Renuévanos con tu gracia, Señor
Que María, la Virgen Madre, interceda por las vírgenes que se han consagrado a
tu servicio,
para que vivan su virginidad con un grande amor hacia ti, en bien de la
Iglesia.
Renuévanos con tu gracia, Señor
Concédenos la abundancia de tu misericordia
y perdona la multitud de nuestros pecados y el castigo que por ellos merecemos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó y pidamos al Padre que nos
libre del mal:
Padre nuestro...
ORACION
Dios nuestro, aunque continuamente realizas la salvación
de los hombres, sin embargo, concedes a tu pueblo gracias más abundantes en
este tiempo de Cuaresma; dígnate, pues, mirar con amor el esfuerzo cuaresmal de
tus elegidos y concede tu ayuda tanto a los catecúmenos que van a recibir el
bautismo como a tus hijos que ya lo hemos recibido. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos
lleve a la vida eterna.
R. Amén.