Musica Para el Alma

jueves, 24 de septiembre de 2026

LUCAS 9,18-22 CICLO A


 

Evangelio del Viernes de la XXV Semana del Tiempo Ordinario

25 Sep 2026

*Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,18-22)*

 

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»

 

Palabra del Señor

 

*Que la Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*

 

(«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»).  

*Surgieron diversas respuestas. Para mí, el único que realmente estaba atento a Jesús era Pedro; por eso su respuesta fue tan acertada. Ahora logro entender cuánto desacierto hay en mí mientras estoy en oración, porque mi mente se la pasa deambulando por distintos lugares. Mientras oro, pienso en qué voy a desayunar o planifico mi agenda del día; luego me levanto, dejo a Jesús con la palabra en la boca y salgo corriendo a mis afanes. Pedro supo responder porque estaba conectado a Jesús. En cambio, yo no encuentro una respuesta para definir quién es Jesús para mí. De mí salen solo poesías: «el Señor es bueno con todos», «Él es todopoderoso», «sin Él no soy nada». Son palabras hermosas, pero olvidamos que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado y ser ejecutado. El Señor sufre por las mañanas con mis oraciones tan egoístas, porque lo único que hago es pedir. Y pido porque le tengo miedo al sufrimiento: pido por mi esposa, por mis hijos para que los cuides y no recibamos malas noticias, por mi trabajo para evitar problemas, y por mi salud si siento un latido extraño en el pecho. Señor, concédeme que un día pueda reconocer de corazón, en mi propia vida, que Tú eres el Mesías de Dios*.

 

*El que desea y quiere amar, con el corazón según el Señor: llegará a ser, Santo*

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.


R. Amén.