Evangelio del Jueves de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario
01 Oct 2026
*Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 1-12)*
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta
y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares
adonde pensaba ir él.
Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño
de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando
como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y
no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa,
decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre
ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y
bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando
de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan,
curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de
Dios.» Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid:
«Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo
sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de
Dios.» Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese
pueblo.»
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
《La mies es abundante y los obreros pocos:
rueguen, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies》
*Esta palabra representa un llamado especial
para mí, porque «rueguen» es una palabra que me invita a pedir con seriedad en
la oración, haciendo que crezca en mí el deseo de la evangelización. Rogar es
pedir ser un obrero en la mies; puedo ver esto como un regalo, como una
oportunidad que me concede el dueño de la viña. Y qué bueno que esto no dependa
de lo que yo sepa, de la sabiduría que pueda tener, de lo hermoso o bello que
pueda hablar, ni de las relaciones humanas que posea; nada de eso. Esto es,
totalmente, un regalo del dueño de la mies. El Señor me hace una invitación a
la sinceridad con esta lectura, porque suelo pedirle que mande obreros a su
mies, pero no me incluyo; pienso: «eso no es para mí, es para otras personas».
Sin embargo, es a mí a quien el Señor le dice que ruegue (que pida en oración)
para que me mande a mí, no a otro. Es por eso que faltan obreros: porque digo
«vayan», pero yo no voy. Por esa razón faltan y seguirán faltando obreros, en
lo que me decido a pedirle al Señor que me mande a mí*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
