Lecturas
del Miércoles de la XXII Semana del Tiempo Ordinario
02 Sep 2026
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
(3,1-9):
Hermanos, no pude hablaros como a hombres de
espíritu, sino como a gente carnal, como a niños en Cristo. Por eso os alimenté
con leche, no con comida, porque no estabais para más. Por supuesto, tampoco
ahora, que seguís los instintos carnales. Mientras haya entre vosotros envidias
y contiendas, es que os guían los instintos carnales y que procedéis según lo
humano. Cuando uno dice «yo soy de Pablo» y otro, «yo de Apolo», ¿no estáis
procediendo según lo humano? En fin de cuentas, ¿qué es Apolo y qué es Pablo?
Ministros que os llevaron a la fe, cada uno como le encargó el Señor. Yo
planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; por tanto, el que planta
no significa nada ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea,
Dios. El que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada uno
recibirá el salario según lo que haya trabajado. Nosotros somos colaboradores
de Dios, y vosotros campo de Dios, edificio de Dios.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 32,12-13.14-15.20-21
R/. Dichoso el pueblo que el Señor
se escogió como heredad
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.
Desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones. R/.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos. R/.
Evangelio del Miércoles de la XXII Semana del Tiempo Ordinario
02 Sep 2026
*Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,38-44)*
En aquel tiempo, al salir Jesús de la
sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta
y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre,
y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el
sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él,
poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de
Dios.» Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el
Mesías.
Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando;
dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.
Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino
de Dios, para eso me han enviado.»
Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
(También
a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a
esto he sido enviado).
*Es impresionante cómo
el Señor limpia todas mis maldades y me cura de mis dolencias. Si pudiera dar
un gran suspiro y sentir cuánto
amor, cuánto
consuelo y cuánta
esperanza hay para mí en el Señor, tendría siempre que bendecir y dar gracias
en todo tiempo, porque el Señor no se cansa de trabajar por mí. Siempre está
pendiente de mí, tiene tantas cosas que hacer y, al mismo tiempo, está
pendiente de cargar con mis dolencias, mis angustias, mis miedos y
mis enfermedades. Y lo
más hermoso es que
siempre tiene tiempo para mostrarme su amor y
su dulzura, y está
pendiente de todas mis entradas y salidas*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
