Lecturas
del Jueves de la XXII Semana del Tiempo Ordinario
03 Sep 2026
Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
(3,18-23):
Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se
cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la
sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los
sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los
sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres,
pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo
presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 23,1-2.3-4ab.5-6
R/. Del Señor es la tierra y cuanto
la llena
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.
Evangelio del Jueves de la XXII Semana del Tiempo Ordinario
03 Sep 2026
*Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,1-11)*
En aquel tiempo, la gente se agolpaba
alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago
de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores
habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la
de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca,
sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para
pescar.»
Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido
nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la
red. Hicieron señas a lo socios de la otra barca, para que vinieran a echarles
una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de
mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al
ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y
Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
(«Dejándolo todo lo siguieron»).
*Subió a
una de las barcas, a la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra.
Ponerme en el lugar de Simón me hace entenderlo: él estaba lavando las redes,
cansado, con hambre y sueño mientras Jesús hablaba. Simón pensaría: ¿Y cuándo
se va a callar? Luego, Jesús le dijo: Rema mar adentro y echa las redes. Esa
fue la gota que derramó el vaso. Simón no aguantó más y le contestó: Maestro,
nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu
palabra, echaré las redes. Pensaba que, cuando sacaran las redes vacías, él
mismo lo reprendería con todo lo que tenía guardado en su corazón para decirle.
¡Oh, sorpresa! Hicieron una redada de peces tan grande que la red se rompía.
Hicieron señas a los socios de la otra barca para que vinieran a echarles una
mano. Simón se arrojó a los pies de Jesús diciendo: Apártate de mí, Señor, que
soy un pecador. Lo hizo porque eran tantas las cosas feas que había pensado y en
su interior sobre el Señor. La respuesta de Jesús fue: No temas; desde ahora
serás pescador de hombres. Desde ese día, Pedro lo dejó todo por Jesús. También
yo espero con ansias ese día en que pueda reconocer a Jesús en mi vida, y
dedicarme a hacer el bien con amor y humildad a todos, me vaya bien o me vaya
mal*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
