Evangelio del Lunes de la XXII Semana del Tiempo Ordinario
31 Ago 2026
*Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,16-30)*
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se
había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se
puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y,
desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del
Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el
Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los
ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de
gracia del Señor.»
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la
sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple
esta Escritura que acabáis de oír.»
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia
que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»
Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti
mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en
Cafarnaún.»
Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os
garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo
cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el
país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de
Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en
tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que
Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo
empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su
pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se
alejaba.
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
《Al
oír esto, todos se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del
pueblo y lo llevaron hasta un precipicio, con intención de despeñarlo》
*El Señor
quiere sacarme de esta manera engañosa de amar, porque tengo una forma
retorcida de hacerlo. Me pongo furioso y digo: «¿Cómo es posible que el Señor
haga milagros, regale bendiciones y premie a personas que no están ni van a la
iglesia?», porque pienso que no se lo merecen. Esto descubre en mí la parte
oscura que tengo, que se llama egoísmo. La buena noticia es que el Señor quiere
abrir mis ojos, desea purificar mi alma, desea limpiar
todo mi ser, desea que aprenda a ser fiel a Él en esta vida; y todo esto
es para que me deje amar y pueda amar al que es diferente de
mí*
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
