Lecturas
del Jueves de la XVII Semana del Tiempo Ordinario
30 Jul 2026
Primera Lectura
Lectura del libro de Jeremías (18,1-6):
Palabra del Señor que recibió Jeremías:
«Levántate y baja al taller del alfarero, y allí te comunicaré mi palabra.»
Bajé al taller del alfarero, que estaba trabajando en el torno. A veces, le
salía mal una vasija de barro que estaba haciendo, y volvía a hacer otra
vasija, según le parecía al alfarero.
Entonces me vino la palabra del Señor: «¿Y no podré yo trataros a vosotros,
casa de Israel, como este alfarero? –oráculo del Señor–. Mirad: como está el
barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel.»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 145
R/. Dichoso a quien auxilia el Dios
de Jacob
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista. R/.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes. R/.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él. R/.
Evangelio del Jueves de la XVII Semana del Tiempo Ordinario
30 Jul 2026
*Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,47-53)*
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El
reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge
toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y
reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final
del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los
echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos les contestaron: «Sí.»
Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como
un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.
Palabra del Señor
*Que la Paz del Señor llegue primero a
vuestros corazones antes que mis palabras*
(Reúnen los peces buenos en
cestos y tiran los malos).
*El Señor me habla con un lenguaje
en clave, porque si me habla claramente, puedo gloriarme, dar una dirección
torcida a la palabra y creer que yo puedo controlar. Entonces podría pasar del
conocimiento a la manipulación; puedo llegar a pensar que el Señor reúne en un
lugar a los buenos y en otro a los malos (las personas buenas en la iglesia y
los malos en la cárcel). Pero veo que no es así. El Señor se sienta y reúne a
todos sin distinción. El Señor los va tomando en sus manos a todos y nos mira
con una pregunta: ¿Quieres hacer mi voluntad? Y la respuesta la encuentra en
nuestro corazón. Si quiero hacer la voluntad del Señor, me va a colocar en un
recipiente o en un cesto a su lado. Si todavía no quiero gozar de hacer la
voluntad del Señor, me tirará de nuevo a esa vida vacía, sin sentido, sin el
verdadero amor. La belleza de esta palabra está en que el Señor me coloca entre
sus manos y me mira; en su mirada me escruta, ve hasta mis pensamientos y ahí
descubre en mí si deseo hacer de corazón su voluntad. Siento alegría porque él
tiene un lugar para mí, muy cerca de él, reservado para mí*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
