Musica Para el Alma
viernes, 6 de junio de 2025
JUAN 21,20-25 CICLO C
Lecturas
del Sábado de la VII Semana de Pascua
07 Jun 2025
Evangelio
*Lectura del santo evangelio según san Juan (21,20-25)*
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que
los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se
había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va
a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú
sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no
moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede
hasta que yo venga, ¿a ti qué?» Éste es el discípulo que da testimonio de todo
esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas
otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no
cabrían ni en todo el mundo.
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
(«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti
qué? Tú sígueme.»)
*De Pedro y de juan
con sus formas de ser puedo aprender: De Pedro la fuerza, la valentía, la
impronta en el trabajo, la valentía de reconocer sus errores. De Juan puedo
aprender: el amor, la paciencia, el descanso. El Señor me invita a pedir “El
Don de la Sabiduría” para aprender de sus discípulos. Puedo tomar la decisión
de aprender a enfrentar las cosas sin miedo, porque es el Señor, quien a mí, me
ha elegido. También puedo tomar la gran decisión de amar, si acepto el amor de
Dios en mi vida, tendré la fuerza de que si alguien me insulta responder con
amor, si alguien habla mal de mí, tener la fuerza y el amor de orar por esa
persona. Porque es entregándome cómo voy a recibir. El Señor me regala la
oportunidad de llegar al desprendimiento de mí mismo. Es perdonando, como seré
perdonado*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAUDES Y VISPERAS DEL SABADO 7
*LAS LAUDES Y
LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este
Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
*TIEMPO PASCUAL*
SÁBADO
DE SEMANA VII
Propio del Tiempo. Salterio III
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Ant. A Cristo, el Señor, que nos
prometió el Espíritu Santo, venid, adorémosle. Aleluya.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. A Cristo, el Señor, que nos
prometió el Espíritu Santo, venid, adorémosle. Aleluya.
Himno: CONTIGO SUBE EL MUNDO CUANDO SUBES.
Contigo sube el mundo cuando subes,
y al son de tu alegría matutina
nos alzamos los muertos de las tumbas;
salvados respiramos vida pura,
bebiendo de tus labios el Espíritu.
Cuanto la lengua a proferir no alcanza
tu cuerpo nos lo dice, ¡Oh Traspasado!
Tu carne santa es luz de las estrellas,
victoria de los hombres, fuego y brisa,
y fuente bautismal, ¡oh Jesucristo!
Cuanto el amor humano sueña y quiere,
en tu pecho, en tu médula, en tus llagas
vivo está, ¡oh Jesús glorificado!
En ti, Dios fuerte, Hijo primogénito,
callando, el corazón lo gusta y siente.
Lo que fue, lo que existe, lo que viene,
lo que en el Padre es vida incorruptible,
tu cuerpo lo ha heredado y nos lo entrega.
Tú nos haces presente la esperanza,
tú que eres nuestro hermano para siempre.
Cautivos de tu vuelo y exaltados
contigo hasta la diestra poderosa,
al Padre y al Espíritu alabamos;
como espigas que doblan la cabeza,
los hijos de la Iglesia te adoramos. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Mis palabras son espíritu y vida. Aleluya.
Salmo 118, 145-152 TE INVOCO DE TODO CORAZÓN
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mis palabras son espíritu y vida.
Aleluya.
Ant 2. Edificaste, Señor, un templo y un
altar en tu monte santo. Aleluya.
Cántico: DAME SEÑOR, LA SABIDURÍA Sb 9, 1-6. 9-11
Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus creaturas,
y para que rigiese el mundo con santidad y justicia
y lo gobernase con rectitud de corazón.
Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.
Pues aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada.
Contigo está la sabiduría conocedora de tus obras,
que te asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo que es recto según tus preceptos.
Mándala de tus santos cielos
y de tu trono de gloria envíala
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.
Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Edificaste, Señor, un templo y un
altar en tu monte santo. Aleluya.
Ant 3. Yo soy el camino y la verdad y la
vida. Aleluya.
Salmo 116 - INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA.
Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Yo soy el camino y la verdad y la
vida. Aleluya.
LECTURA BREVE Rm 14, 7-9
Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí. Que si vivimos,
vivimos para el Señor; y si morimos, para el Señor morimos. En fin, que tanto
en vida como en muerte somos del Señor. Para esto murió Cristo y retornó a la
vida, para ser Señor de vivos y muertos.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Aleluya.
R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya.
Aleluya.
V. El que por nosotros colgó del madero.
R. Aleluya. Aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya.
Aleluya.
V. Dios
nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva. Aleluya.
R. Por la resurrección de Jesucristo de entre los
muertos. Aleluya.
PRIMERA LECTURA
Tercera carta del apóstol san Juan
CAMINEMOS EN LA VERDAD
Yo, el Presbítero, al muy querido Gayo, a quien amo en la verdad.
Carísimo, pido a Dios que en todo prosperes y que goces de buena salud, así
como prospera tu alma. Mucho me he alegrado con la venida de los hermanos y con
las noticias de tu permanencia en la verdad, de cómo caminas en ella. No hay
para mí mayor alegría que oír de mis hijos que caminan en la verdad.
Carísimo, te portas fielmente en todas las obras que haces en favor de los
hermanos, aun de los que son forasteros. Ellos hicieron el elogio de tu caridad
ante la Iglesia.
Harás una buena acción en proveerlos de lo necesario para su viaje, de una
manera digna de Dios. Ellos se han puesto en camino por el nombre del Señor,
sin recibir nada de los paganos. Por eso nosotros debemos acogerlos para ser
cooperadores de sus trabajos por la verdad.
He escrito algunas palabras a la Iglesia; pero Diotrefes, que ambiciona el
primer puesto entre todos, no acata nuestra autoridad. Por esto, cuando vaya,
lo amonestaré, recordándole las malas obras que hace: habla desvergonzadamente
contra nosotros; no contento con ello, rehúsa recibir a los hermanos; y a los
que quieren recibirlos se lo prohíbe, arrojándolos de la Iglesia.
Carísimo, no imites lo malo, sino lo bueno. Quien obra el bien es de Dios.
Quien obra el mal no ha visto a Dios. Por lo que se refiere a Demetrio, todos
hablan con elogio de él, incluso la misma Verdad. También nosotros lo
recomendamos, y nuestra recomendación, como ya lo sabes, es verdadera.
Tengo muchas cosas que escribirte; pero prefiero no confiarlas a la pluma y a
la tinta. Espero verte pronto y hablaremos personalmente. La paz sea contigo.
Te saludan los amigos. Saluda a los amigos, a cada uno en particular.
RESPONSORIO 3Jn 11; 1Pe 2, 19
R. No imites lo malo, sino lo bueno. * Quien
obra el bien es de Dios. Aleluya.
V. A Dios le somos gratos cuando, por causa suya,
soportamos penas injustamente inferidas.
R. Quien obra el bien es de Dios. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de un autor africano del siglo sexto
(Sermón 8, 1-3: PL 65, 743-744)
LA UNIDAD DE LA IGLESIA SE MANIFIESTA EN LA PLURALIDAD DE LENGUAS
Los apóstoles se pusieron a hablar en todas las lenguas. Así quiso Dios, por
aquel entonces, significar la presencia del Espíritu Santo, haciendo que todo
el que lo recibía hablase en todas las lenguas. Hay que entender, queridos
hermanos, que se trata del Espíritu Santo por el cual el amor de Dios se
derrama en nuestros corazones.
Y, ya que el amor había de congregar a la Iglesia de Dios, extendida por todo
el orbe de la tierra, del mismo modo que entonces cada persona que recibía el
Espíritu Santo podía hablar en todas las lenguas, así ahora la unidad de la
Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, se manifiesta en la pluralidad de
lenguas.
Por tanto, si alguien nos dice: «Has recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no
hablas en todas las lenguas?», debemos responderle: «Hablo ciertamente en todas
las lenguas, ya que pertenezco al cuerpo de Cristo, esto es, a la Iglesia, que
habla en todas las lenguas. Lo que Dios quiso entonces significar por la
presencia del Espíritu era que la Iglesia, en el futuro, hablaría en todas las
lenguas.» De este modo se cumplió lo que había prometido el Señor: Nadie echa
el vino nuevo en odres viejos, sino que se ha de echar en odres nuevos; así se
conservan las dos cosas.
Con razón algunos, al oír que los apóstoles hablaban en todas las lenguas,
decían: Están llenos de mosto. Es que se habían convertido ya en odres nuevos,
renovados por la gracia santificadora, para que, llenos del vino nuevo, esto
es, del Espíritu Santo, hablaran llenos de ardor en todas las lenguas,
prefigurando así, por aquel evidentísimo milagro, la catolicidad de la Iglesia,
que había de abarcar a los hombres de toda lengua.
Celebrad, pues, este día, conscientes de que sois miembros del único cuerpo de
Cristo. No lo celebraréis en vano, si procuráis ser lo que celebráis, viviendo
unidos a la Iglesia, a la cual el Señor, llenándola del Espíritu Santo,
reconoce como suya, a medida que se va esparciendo por todo el mundo, Iglesia
que, a su vez, lo reconoce a él como su Señor. Como el esposo no abandona a su
propia esposa ni admite que sea sustituida por otra. A vosotros, hombres de
todas las naciones, que sois miembros de Cristo, que constituís el cuerpo de
Cristo, la Iglesia de Cristo, la esposa de Cristo, os dice el Apóstol:
Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos por mantener la unidad del
Espíritu, con el vinculo de la paz.
Fijaos que al precepto de la mutua tolerancia añade la mención del amor, y
cuando habla de la solicitud por la unidad hace referencia al vínculo de la
paz. Tal ha de ser la casa de Dios, edificada con piedras vivas, para que el
padre de familia se complazca en habitar en ella, y sus ojos no tengan que
contemplar con disgusto su división y su ruina.
RESPONSORIO Hch 15, 8-9; 11, 18
R. Dios, que conoce los corazones, ha dado su
Espíritu a todos los pueblos, igual que a nosotros; * y
no ha establecido diferencia alguna entre ellos y nosotros, pues ha purificado
sus corazones por la fe. Aleluya.
V. Así, pues, Dios ha concedido también a los
demás pueblos la conversión que conduce a la vida.
R. y no ha establecido diferencia alguna entre
ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones por la fe. Aleluya.
Evangelio
*Lectura del santo evangelio según san Juan (21,20-25)*
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien
Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le
había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú
sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no
moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede
hasta que yo venga, ¿a ti qué?» Éste es el discípulo que da testimonio de todo
esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas
otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no
cabrían ni en todo el mundo.
Palabra del Señor
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo. Aleluya.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Yo estaré siempre con vosotros
hasta el fin del mundo. Aleluya.
PRECES
Nosotros, que hemos sido bautizados en el Espíritu Santo,
glorifiquemos al Señor, junto con todos los bautizados, y roguémosle:
Señor Jesús, santifícanos en el Espíritu.
Envíanos, Señor, tu Espíritu Santo,
para que te confesemos ante los hombres como Señor y rey nuestro.
Danos una caridad sincera,
para que nos amemos mutuamente, como buenos hermanos.
Dispón con tu gracia el corazón de los fieles,
para que acojan con amor y alegría los dones del Espíritu.
Danos la fortaleza del Espíritu Santo,
y haz que sane y vigorice lo que en nosotros está enfermo y débil.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Bajo el impulso del Espíritu Santo, que ora en nuestro interior con gemidos
inenarrables, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACION
Concédenos, Dios todopoderoso, seguir siempre realizando en toda
nuestra vida el espíritu de estas fiestas pascuales, que hemos celebrado. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
I VÍSPERAS DE
PENTECOSTÉS
(Oración de la tarde)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno: VEN, CREADOR, ESPÍRITU AMOROSO
Ven, Creador, Espíritu amoroso,
ven y visita el alma que a ti clama
y con tu soberana gracia inflama
los pechos que criaste poderoso.
Tú que abogado fiel eres llamado,
del Altísimo don, perenne fuente
de vida eterna, caridad ferviente,
espiritual unción, fuego sagrado.
Tú te infundes al alma en siete dones,
fiel promesa del Padre soberano;
tú eres el dedo de su diestra mano,
tú nos dictas palabras y razones.
Ilustra con tu luz nuestros sentidos,
del corazón ahuyenta la tibieza,
haznos vencer la corporal flaqueza,
con tu eterna virtud fortalecidos.
Por ti, nuestro enemigo desterrado,
gocemos de paz santa duradera,
y, siendo nuestro guía en la carrera,
todo daño evitemos y pecado.
Por ti al eterno Padre conozcamos,
y al Hijo, soberano omnipotente,
y a ti, Espíritu, de ambos procedente,
con viva fe y amor siempre creamos. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un
mismo lugar. Aleluya.
Salmo 112 - ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Cuando llegó el día de Pentecostés,
estaban todos reunidos en un mismo lugar. Aleluya.
Ant 2. Aparecieron sobre los apóstoles
unas como lenguas de fuego, y se posó sobre cada uno de ellos el Espíritu
Santo. Aleluya.
Salmo 146 - PODER Y BONDAD DEL SEÑOR
Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel;
él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados.
Entonad la acción de gracias al Señor,
tocad la cítara para nuestro Dios,
que cubre el cielo de nubes,
preparando la lluvia para la tierra;
que hace brotar hierba en los montes,
para los que sirven al hombre;
que da su alimento al ganado,
y a las crías de cuervo que graznan.
No aprecia el vigor de los caballos,
no estima los músculos del hombre:
el Señor aprecia a sus fieles,
que confían en su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Aparecieron sobre los apóstoles
unas como lenguas de fuego, y se posó sobre cada uno de ellos el Espíritu
Santo. Aleluya.
Ant 3. El Espíritu, que procede del Padre,
él me glorificará. Aleluya.
Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Espíritu, que procede del Padre,
él me glorificará. Aleluya.
LECTURA BREVE Rm 8, 11
Si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en
vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos vivificará
también vuestros cuerpos mortales por obra de su Espíritu que habita en
vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
V. Os lo enseñará todo.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende
en ellos el fuego de tu amor, tú que con la diversidad de lenguas congregaste
todos los pueblos en la confesión de una sola fe. Aleluya.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Ven, Espíritu Santo, llena los
corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor, tú que con la
diversidad de lenguas congregaste todos los pueblos en la confesión de una sola
fe. Aleluya.
PRECES
Celebremos la gloria de Dios, quien, al llegar a su término en
Pentecostés los cincuenta días de Pascua, llenó a los apóstoles del Espíritu
Santo, y supliquemos con ánimo gozoso y confiado, diciendo:
Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra.
Tú que, al comienzo de los tiempos, creaste el cielo y la tierra y, al llegar
la etapa final de la historia, quisiste que Cristo fuera cabeza de toda la
creación,
por tu Espíritu renueva la faz de la tierra y conduce a los hombres a la
salvación.
Tú que infundiste el aliento de vida en el rostro de Adán,
envía ahora tu Espíritu a la Iglesia, para que, vivificada y rejuvenecida,
comunique tu vida al mundo.
Ilumina a todos los hombres con la luz de tu Espíritu y disipa las tinieblas de
nuestro mundo,
para que el odio se convierta en amor, el sufrimiento en gozo y la guerra en
paz.
Fecundiza el mundo con tu Espíritu, agua viva que mana del costado de Cristo,
para que la tierra entera se vea libre de todo mal.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Tú que, por obra del Espíritu Santo, conduces sin cesar a los hombres a la vida
eterna,
dígnate llevar, por este mismo Espíritu, a los difuntos al gozo eterno de tu
presencia.
Dirijámonos ahora al Padre con las palabras que el Espíritu del Señor
resucitado pone en nuestros labios:
Padre nuestro...
ORACION
Dios todopoderoso y eterno, que has querido que la celebración del
misterio pascual se prolongara simbólicamente durante cincuenta días, te
pedimos que, por la acción del Espíritu Santo, lleves a la unidad en el amor a
todas las naciones de la tierra, y que sus diversas lenguas se unan para
proclamar unánimemente la gloria de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por
los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
LAS LECTURAS DEL SABADO 7 DE JUNIO 2025
Lecturas
del Sábado de la VII Semana de Pascua
07 Jun 2025
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (28,16-20.30-31):
Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo
vivir por su cuenta en una casa, con un soldado que lo vigilase.
Tres días después, convocó a los judíos principales; cuando se reunieron, les
dijo: «Hermanos, estoy aquí preso sin haber hecho nada contra el pueblo ni las
tradiciones de nuestros padres; en Jerusalén me entregaron a los romanos. Me
interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que
mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, tuve que apelar al
César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo
he querido veros y hablar con vosotros; pues por la esperanza de Israel llevo
encima estas cadenas.» Vivió allí dos años enteros a su propia costa,
recibiendo a todos los que acudían, predicándoles el reino de Dios y enseñando
lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 10,4.5.7
R/. Los buenos verán tu rostro,
Señor
El Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres. R/.
El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro. R/.
Lecturas
del Sábado de la VII Semana de Pascua
07 Jun 2025
Evangelio
*Lectura del santo evangelio según san Juan (21,20-25)*
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que
los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se
había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va
a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú
sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no
moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede
hasta que yo venga, ¿a ti qué?» Éste es el discípulo que da testimonio de todo
esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas
otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no
cabrían ni en todo el mundo.
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
(«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti
qué? Tú sígueme.»)
*De Pedro y de juan
con sus formas de ser puedo aprender: De Pedro la fuerza, la valentía, la
impronta en el trabajo, la valentía de reconocer sus errores. De Juan puedo
aprender: el amor, la paciencia, el descanso. El Señor me invita a pedir “El
Don de la Sabiduría” para aprender de sus discípulos. Puedo tomar la decisión
de aprender a enfrentar las cosas sin miedo, porque es el Señor, quien a mí, me
ha elegido. También puedo tomar la gran decisión de amar, si acepto el amor de
Dios en mi vida, tendré la fuerza de que si alguien me insulta responder con
amor, si alguien habla mal de mí, tener la fuerza y el amor de orar por esa
persona. Porque es entregándome cómo voy a recibir. El Señor me regala la
oportunidad de llegar al desprendimiento de mí mismo. Es perdonando, como seré
perdonado*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
jueves, 5 de junio de 2025
JUAN 21,15-19 CICLO C
Lecturas
del Viernes de la VII Semana de Pascua
06 Jun 2025
Evangelio
*Lectura del santo evangelio según san Juan (21,15-19)*
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos,
después de comer con ellos, dice a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le
contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú
mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las
manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.»
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió: «Sígueme.»
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
*Hoy Jesús el gran
maestro me sorprende con un examen de una sola pregunta, y esta pregunta está
fundamentada en un solo tema: El Amor ¿Me amas? No es bueno que responda
rápidamente, tengo que dejar que esta pregunta recorra toda mi alma, toda mi
mente y recorra también entre las personas que me conocen ¿Por qué me hace esta
pregunta el Señor? Porque el Señor me quiere libre para él, porque vivo
sumergido en mis afanes diarios y durante el día hasta me olvido de lo
impórtate de amar. Lo más impresionante del caso es que las personas que está a
cargo de ver mis respuestas son: las personas que me rodean, y son ellos los
encargados de decir; si de mí sale amor. Porque amar no es un sentimiento, ni
sentir cosas por dentro, amar es hacer el bien, sin esperar nada a cambio*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAS LAUDES Y LAS VISPERAS DEL VIERNES 6
*LAS LAUDES Y LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este
Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
*TIEMPO PASCUAL*
VIERNES
DE SEMANA VII
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Ant. A Cristo, el Señor, que nos
prometió el Espíritu Santo, venid, adorémosle. Aleluya.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. A Cristo, el Señor, que nos
prometió el Espíritu Santo, venid, adorémosle. Aleluya.
Himno: EMPRENDA LA ESPERANZA RAUDO VUELO
Emprenda la esperanza raudo vuelo
siguiendo los caminos de nuestro Salvador,
y libre de nostalgias, camino de los cielos,
alegre el corazón.
Dijeron que te fuiste a las alturas
juntándote a los coros del «Gloria» de Belén,
acaban hoy su canto en melodías puras
con un solemne «Amén».
Jamás te irás, Señor, porque eres nuestro,
serás Hijo del hombre sin fin de eternidad;
los hombres, por tu nombre, de Dios hijos dilectos,
hermanos te serán.
Asciende victorioso del combate,
derrama sobre el mundo tu Espíritu de amor,
retorna jubiloso al seno de tu Padre,
tú volverás Señor. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado. Aleluya.
Salmo 50 - CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Lava del todo mi delito, Señor,
limpia mi pecado. Aleluya.
Ant 2. Cristo, cargado con nuestros
pecados, subió al leño. Aleluya.
Cántico: LAMENTACIÓN DEL PUEBLO EN TIEMPO DE HAMBRE Y DE GUERRA - Jr
14,17-21
Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche no cesan:
por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes dolores.
Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin sentido por el país.
¿Por qué has rechazado del todo a Judá?
¿tiene asco tu garganta de Sión?
¿Por que nos has herido sin remedio?
Se espera la paz, y no hay bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.
Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros padres,
porque pecamos contra ti.
No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Cristo, cargado con nuestros
pecados, subió al leño. Aleluya.
Ant 3. Entrad en la presencia del Señor
con aclamaciones. Aleluya.
Salmo 99 - ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO.
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Entrad en la presencia del Señor
con aclamaciones. Aleluya.
LECTURA BREVE Hch 5, 30-32
El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis
colgándole de un madero. La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y
salvador, para otorgar a Israel la conversión, el perdón de los pecados. Testigos
de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Aleluya.
R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya.
Aleluya.
V. El que por nosotros colgó del madero.
R. Aleluya. Aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya.
Aleluya.
V. En
tu resurrección, oh Cristo. Aleluya.
R. El cielo y la tierra se alegran. Aleluya.
PRIMERA LECTURA
Segunda carta del apóstol san Juan
EL QUE PERMANECE EN LA DOCTRINA DE CRISTO POSEE AL
PADRE Y AL HIJO
Yo, el Presbítero, a la Señora Elegida y a sus
hijos, a quienes amo en la verdad (y no solamente yo, sino también todos los
que han conocido la verdad). Yo os amo por esa misma verdad que mora en
nosotros y que en nosotros permanecerá eternamente. La gracia, la misericordia
y la paz de parte de Dios Padre y de Jesucristo, Hijo del Padre, estarán con
nosotros en la verdad y en el amor.
Mucho me he alegrado de encontrar a tus hijos caminando en la verdad, conforme
al mandato que hemos recibido del Padre. Ahora, Señora, te ruego no como quien
te envía un mandamiento nuevo, sino el mandato que teníamos desde un principio,
que nos amemos unos a otros. Y en esto consiste el amor: en que vivamos
conforme a sus mandatos. Y este mandamiento, según habéis oído desde un
principio, consiste en vivir en el amor.
Se han levantado en el mundo muchos seductores que niegan que Jesucristo ha
venido en carne. Ése es el seductor y el anticristo. Mirad por vosotros mismos,
para que no perdáis el fruto de vuestros trabajos y para que recibáis una
abundante recompensa. Quien sale de los justos límites y no permanece en la
doctrina de Cristo no posee a Dios. Quien persevera en su doctrina posee al
Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no lo
recibáis en casa ni lo saludéis, pues el que lo saluda se hace solidario de sus
malas obras.
Tengo muchas cosas que escribiros, pero prefiero no confiarlas al papel y a la
tinta. Espero ir a veros y hablar con vosotros de viva voz, a fin de que
nuestro gozo sea completo. Te saludan los hijos de tu hermana Electa.
RESPONSORIO Cf. 2Jn 4. 5. 3; Dt
5, 33
R. Éste es el
mandamiento que hemos recibido del Padre, el cual no es ya un mandamiento nuevo,
sino que lo tenemos desde un principio: * Vivid
en la verdad y en el amor. Aleluya.
V. Seguid el camino que os marcó el Señor, vuestro
Dios, y viviréis.
R. Vivid en la verdad y en el amor. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Hilario, obispo, Sobre la
Santísima Trinidad
(Libro 2, 1, 33. 35: PL 10, 50-51. 73-75)
EL DON DEL PADRE EN CRISTO
El Señor mandó bautizar en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo, esto es, en la profesión de fe en el Creador, en
el Hijo único y en el que es llamado Don.
Uno solo es el Creador de todo, ya que uno solo es Dios Padre, de quien procede
todo; y uno solo el Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, por quien ha sido
hecho todo; y uno solo el Espíritu, que a todos nos ha sido dado.
Todo, pues, se halla ordenado según la propia virtud y operación: un Poder del
cual procede todo, un Hijo por quien existe todo, un Don que es garantía de
nuestra esperanza consumada. Ninguna falta se halla en semejante perfección;
dentro de ella, en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, se halla lo infinito
en lo eterno, la figura en la imagen, la fruición en el don.
Escuchemos las palabras del Señor en persona, que nos describe cuál es la
acción específica del Espíritu en nosotros; dice, en efecto: Tendría aún muchas
cosas que deciros, pero no estáis ahora en disposición de entenderlas. Os
conviene, por tanto, que yo me vaya, porque, si me voy, os enviaré el Abogado.
Y también: Yo rogaré al Padre y él os dará otro Abogado que esté con vosotros
para siempre, el Espíritu de verdad. Él os conducirá a la verdad completa,
porque no hablará por cuenta propia, sino que os dirá cuanto se le comunique y
os anunciará las cosas futuras. Él me glorificará, porque tomará de lo que es
mío.
Esta pluralidad de afirmaciones tiene por objeto darnos una mayor comprensión,
ya que en ellas se nos explica cuál sea la voluntad del que nos otorga su Don,
y cuál la naturaleza de este mismo Don: pues, ya que la debilidad de nuestra
razón nos hace incapaces de conocer al Padre y al Hijo y nos dificulta el creer
en la encarnación de Dios, el Don que es el Espíritu Santo, con su luz, nos
ayuda a penetrar en estas verdades.
Al recibirlo, pues, se nos da un conocimiento más profundo. Porque, del mismo
modo que nuestro cuerpo natural, cuando se ve privado de los estímulos
adecuados, permanece inactivo (por ejemplo, los ojos, privados de luz, los
oídos, cuando falta el sonido, y el olfato, cuando no hay ningún olor, no
ejercen su función propia, no porque dejen de existir por la falta de estímulo,
sino porque necesitan este estímulo para actuar), así también nuestra alma, si
no recibe por la fe el Don que es el Espíritu, tendrá ciertamente una
naturaleza capaz de entender a Dios, pero le faltará la luz para llegar a ese
conocimiento. El Don de Cristo está todo entero a nuestra disposición y se
halla en todas partes, pero se da a proporción del deseo y de los méritos de
cada uno. Este Don está con nosotros hasta el fin del mundo; él es nuestro
solaz en este tiempo de expectación; él, con su actuación en nosotros, es la
garantía de nuestra esperanza futura; él es la luz de nuestra mente, el
resplandor de nuestro espíritu.
RESPONSORIO Cf. Jn 14, 1; 17, 9;
16, 7
R. Ya es
tiempo de que yo vuelva al que me envió —dice el Señor—; no os entristezcáis ni
dejéis que se aflija vuestro corazón; * ruego
al Padre por vosotros para que él os cuide. Aleluya.
V. Si no me voy, el Abogado no vendrá a vosotros;
pero, si me voy, os lo enviaré.
R. Ruego al Padre por vosotros para que él os
cuide. Aleluya.
Evangelio
*Lectura del santo evangelio según san Juan
(21,15-19)*
Habiéndose aparecido Jesús a sus
discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le
contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú
mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las
manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.»
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió: «Sígueme.»
Palabra del Señor
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Cristo Jesús murió y resucitó, y está ahora a la diestra de Dios;
él vive para siempre para interceder por nosotros. Aleluya.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Cristo Jesús murió y resucitó, y
está ahora a la diestra de Dios; él vive para siempre para interceder por
nosotros. Aleluya.
PRECES
Oremos a Dios Padre, a quien pertenece el honor y la gloria por
los siglos de los siglos, y pidámosle nos conceda ir creciendo en la esperanza
por la acción del Espíritu Santo; digámosle:
Ven, Señor, en nuestra ayuda y sálvanos.
Padre todopoderoso, envía tu Espíritu para que interceda por nosotros,
porque no sabemos pedir lo que nos conviene.
Envíanos tu Espíritu, luz esplendorosa,
y haz que penetre hasta lo más íntimo de nuestro ser.
No nos abandones, Señor, en el abismo en que nos sumergen nuestros pecados,
porque somos obra de tus manos.
Concédenos comprensión para asistir a los débiles y frágiles en la fe,
no con impaciencia y resentimiento, sino con auténtica caridad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Dirijamos ahora al Padre nuestra oración con las mismas palabras que Cristo nos
enseñó:
Padre nuestro...
ORACION
Dios nuestro, que nos has abierto las puertas de la eternidad con
la glorificación de tu Hijo Jesucristo y con la venida del Espíritu Santo,
concédenos que, por la recepción de dones tan grandes, nuestra fe vaya más y
más en aumento y nuestra entrega a ti sea cada día más completa. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
VÍSPERAS
(Oración de la tarde)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno: VEN, CREADOR, ESPÍRITU AMOROSO
Ven, Creador, Espíritu amoroso,
ven y visita el alma que a ti clama
y con tu soberana gracia inflama
los pechos que criaste poderoso.
Tú que abogado fiel eres llamado,
del Altísimo don, perenne fuente
de vida eterna, caridad ferviente,
espiritual unción, fuego sagrado.
Tú te infundes al alma en siete dones,
fiel promesa del Padre soberano;
tú eres el dedo de su diestra mano,
tú nos dictas palabras y razones.
Ilustra con tu luz nuestros sentidos,
del corazón ahuyenta la tibieza,
haznos vencer la corporal flaqueza,
con tu eterna virtud fortalecidos.
Por ti, nuestro enemigo desterrado,
gocemos de paz santa duradera,
y, siendo nuestro guía en la carrera,
todo daño evitemos y pecado.
Por ti al eterno Padre conozcamos,
y al Hijo, soberano omnipotente,
y a ti, Espíritu, de ambos procedente,
con viva fe y amor siempre creamos. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Yo, el Señor, soy el que te salva y el que te rescata. Aleluya.
Salmo 134 I - HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.
Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.
Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.
Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.
Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.
Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Yo, el Señor, soy el que te salva y
el que te rescata. Aleluya.
Ant 2. Bendito el reino que viene de
nuestro padre David. Aleluya.
Salmo 134 II.
Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.
Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas:
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,
tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.
Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor;
fieles del Señor, bendecid al Señor.
Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Bendito el reino que viene de
nuestro padre David. Aleluya.
Ant 3. Cantemos al Señor, sublime es su
victoria. Aleluya.
Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Cantemos al Señor, sublime es su
victoria. Aleluya.
LECTURA BREVE Ga 5, 16. 22-23a.
25
Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción
a las apetencias de la carne. El fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz,
comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Si
vivimos por el Espíritu marchemos tras el Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
V. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
V. Os lo enseñará todo.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Todos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en
compañía de María, la madre de Jesús. Aleluya.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Todos perseveraban en la oración,
con un mismo espíritu, en compañía de María, la madre de Jesús. Aleluya.
PRECES
Bendigamos a Dios Padre, que con tanta generosidad ha derramado
los dones del Espíritu Santo sobre todos los pueblos, y pidámosle que no cese
nunca de derramar su gracia sobre el mundo; digamos:
Que la gracia del Espíritu Santo abunde, Señor, en el mundo.
Señor, tú que nos has dado a tu Elegido como luz de los pueblos,
abre los ojos de los ciegos y libra de toda esclavitud a los que viven en
tinieblas.
Tú que ungiste a Cristo con la fuerza del Espíritu Santo, para que realizara la
salvación de los hombres,
haz que sintamos cómo pasa de nuevo por el mundo, haciendo el bien y curando a
todos.
Envía a tu Espíritu, que es la luz de los corazones,
para que confirme en la fe a los que viven en medio de incertidumbres y dudas.
Envía a tu Espíritu, que es descanso en el trabajo,
para que reconforte a los que se sienten fatigados y desanimados.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Realiza la esperanza de los que ya han muerto,
y haz que cuando venga el Señor obtengan una resurrección gloriosa.
Dirijamos ahora al Padre nuestra oración con las mismas palabras que Cristo nos
enseñó:
Padre nuestro...
ORACION
Dios nuestro, que nos has abierto las puertas de la eternidad con
la glorificación de tu Hijo Jesucristo y con la venida del Espíritu Santo,
concédenos que, por la recepción de dones tan grandes, nuestra fe vaya más y
más en aumento y nuestra entrega a ti sea cada día más completa. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.






