*Lecturas
del Domingo de la 10ª semana del Tiempo Ordinario. Ciclo A*
Domingo, 7 de junio
de 2026
EVANGELIO
No he venido a
llamar a los justos, sino a los pecadores
*
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo,
sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: —«Sígueme».
Él se levantó y lo siguió.
Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y
pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
—«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y dijo:
—«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.
Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no
sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los
pecadores».
Palabra del Señor
*Que la Paz del
Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
*Sígueme. No tienen necesidad de médico los sanos, sino los
enfermos*
*Solo podemos seguir a Jesús, cuando
hemos experimentando el mal sabor del sufrimiento que nos deja el pecado,
cuando hemos tocado fondo , cuando nuestra vida se ha dejado arrastrar por los vicios,
cuando nos hemos ido detrás de otros dioses, cuando nos ha dominado la superstición,
cuando nos han dominado nuestras bajas paciones, cuando nos han dominado los
miedos, cuando la incertidumbre y la duda han hecho estrago en nuestra vida y
en medio de nuestros sufrimiento derrotado por la angustia, los miedos, los
temores y fatiga. Estando ya sentado en la mesa de los impuestos, que es una
mesa donde las personas nos rechazan, justo ahí pasa Jesús y nos dice: (Sígueme) en ese mismo instante cuando
levantamos la cabeza y podemos ver que hay uno que está pendiente de nosotros,
lo primero que hacemos es invitarlo a nuestra casa, una casa que ha estaba
cerrada porque nadie quería saber de nosotros y cuando Jesús llega a nuestra
casa todas las puertas se abren y las personas llegan, entran y se sientan
porque ya nuestra casa esta bendecida por Jesús y nuestra casa se convierte en
un gran hospital donde todos nosotros enfermos por distintas enfermedades
tenemos un médico que lo sana todo y el mismo medico se convierte en el
medicamento que necesitamos, Jesús es el médico y el medicamento. El que come
mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna*
*El que
desea y quiere amar, con el corazón según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
