*LAS LAUDES Y
LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar
este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
*LUNES SEMANA
II DE PASCUA*
LAUDES
(Oración
de la mañana)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant. Verdaderamente ha resucitado el
Señor. Aleluya.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA
DIVINA
Venid,
aclamemos al Señor,
demos
vítores a la Roca que nos salva;
entremos
a su presencia dándole gracias,
aclamándolo
con cantos.
Porque
el Señor es un Dios grande,
soberano
de todos los dioses:
tiene
en su mano las simas de la tierra,
son
suyas las cumbres de los montes;
suyo
es el mar, porque él lo hizo,
la
tierra firme que modelaron sus manos.
Venid,
postrémonos por tierra,
bendiciendo
al Señor, creador nuestro.
Porque
él es nuestro Dios,
y
nosotros su pueblo,
el
rebaño que él guía.
Ojalá
escuchéis hoy su voz:
«No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como
el día de Masá en el desierto;
cuando
vuestros padres me pusieron a prueba
y
dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante
cuarenta años
aquella
generación me repugnó, y dije:
Es
un pueblo de corazón extraviado,
que
no reconoce mi camino;
por
eso he jurado en mi cólera
que
no entrarán en mi descanso»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno: LA BELLA FLOR QUE EN EL SUELO
La
bella flor que en el suelo
plantada
se vio marchita
ya
torna, ya resucita,
ya
su olor inunda el cielo.
De
tierra estuvo cubierta,
pero
no fructificó
del
todo, hasta que quedó
en
un árbol seco injerta.
Y,
aunque a los ojos del suelo
se
puso después marchita,
ya
torna, ya resucita,
ya
su olor inunda el cielo.
Toda
es de flores la fiesta,
flores
de finos olores,
mas
no se irá todo en flores,
porque
flor de fruto es ésta.
Y,
mientras su Iglesia grita
mendigando
algún consuelo,
ya
torna, ya resucita,
ya
su olor inunda el cielo.
Que
nadie se sienta muerto
cuando
resucita Dios,
que,
si el barco llega al puerto,
llegamos
junto con vos.
Hoy
la Cristiandad se quita
sus
vestiduras de duelo.
Ya
torna, ya resucita,
ya
su olor inunda el cielo. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Como busca la cierva
corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Aleluya.
Salmo 41 - DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS
DE CONTEMPLAR EL TEMPLO.
Como
busca la cierva
corrientes
de agua,
así
mi alma te busca
a
ti, Dios mío;
tiene
sed de Dios,
del
Dios vivo:
¿cuándo
entraré a ver
el
rostro de Dios?
Las
lágrimas son mi pan
noche
y día,
mientras
todo el día me repiten:
«¿Dónde
está tu Dios?»
Recuerdo
otros tiempos,
y
mi alma desfallece de tristeza:
cómo
marchaba a la cabeza del grupo,
hacia
la casa de Dios,
entre
cantos de júbilo y alabanza,
en
el bullicio de la fiesta.
¿Por
qué te acongojas, alma mía,
por
qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud
de mi rostro, Dios mío.»
Cuando
mi alma se acongoja,
te
recuerdo,
desde
el Jordán y el Hermón
y
el Monte Menor.
Una
sima grita a otra sima
con
voz de cascadas:
tus
torrentes y tus olas
me
han arrollado.
De
día el Señor
me
hará misericordia,
de
noche cantaré la alabanza
del
Dios de mi vida.
Diré
a Dios: Roca mía,
¿por
qué me olvidas?
¿Por
qué voy andando sombrío,
hostigado
por mi enemigo?
Se
me rompen los huesos
por
las burlas del adversario;
todo
el día me preguntan:
«¿Dónde
está tu Dios?»
¿Por
qué te acongojas, alma mía,
por
qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud
de mi rostro, Dios mío.»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Como busca la cierva corrientes
de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Aleluya.
Ant 2. Llena, Señor, a Sión de tu
majestad y al templo de tu gloria. Aleluya.
Cántico: SUPLICA EN FAVOR DE LA
CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN Sir. 36, 1-7. 13-16
Sálvanos,
Dios del universo,
infunde
tu terror a todas las naciones;
amenaza
con tu mano al pueblo extranjero,
para
que sienta tu poder.
Como
les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos
así tu gloria castigándolos a ellos:
para
que sepan, como nosotros lo sabemos,
que
no hay Dios fuera de ti.
Renueva
los prodigios, repite los portentos,
exalta
tu mano, robustece tu brazo.
Reúne
a todas las tribus de Jacob
y
dales su heredad como antiguamente.
Ten
compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de
Israel, a quien nombraste tu primogénito.
Ten
compasión de tu ciudad santa,
de
Jerusalén, lugar de tu reposo.
Llena
a Sión de tu majestad
y
al templo de tu gloria.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Llena, Señor, a Sión de tu
majestad y al templo de tu gloria. Aleluya.
Ant 3. La gloria de Dios ilumina la
ciudad santa y el cordero es su sol. Aleluya.
SALMO 18 A - ALABANZA AL DIOS CREADOR
DEL UNIVERSO.
El
cielo proclama la gloria de Dios,
el
firmamento pregona la obra de sus manos:
el
día al día le pasa el mensaje,
la
noche a la noche se lo murmura.
Sin
que hablen, sin que pronuncien,
sin
que resuene su voz,
a
toda la tierra alcanza su pregón
y
hasta los límites del orbe su lenguaje.
Allí
le ha puesto su tienda al sol:
él
sale como el esposo de su alcoba,
contento
como un héroe, a recorrer su camino.
Asoma
por un extremo del cielo,
y
su órbita llega al otro extremo:
nada
se libra de su calor.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. La gloria de Dios ilumina la
ciudad santa y el cordero es su sol. Aleluya.
LECTURA BREVE Rm 10,
8b-10
«Cerca
de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón», es decir, el mensaje de la
fe que nosotros predicamos. Porque, si proclamas con tu boca a Jesús como Señor
y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.
Pues con el corazón creemos para obtener la justificación y con la boca hacemos
profesión de nuestra fe para alcanzar la salvación.
RESPONSORIO BREVE
V.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Aleluya.
R.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Aleluya.
V.
El que por nosotros colgó del madero.
R.
Aleluya. Aleluya.
V.
Gloria al Padre,y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Aleluya.
PRIMERA LECTURA AÑO (II)
De los Hechos de los apóstoles 4,
32--5, 16
LA PRIMERA COMUNIDAD CRISTIANA.
ANANÍAS Y SAFIRA
En
aquellos días, la multitud de los creyentes no era sino un solo corazón y una
sola alma. Nadie tenìa como propio lo que poseía, sino que todo lo tenìan en
comùn. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección de Jesús, el Señor,
con mucho valor, y todos eran muy bien vistos por el pueblo. No había entre
ellos menesterosos, pues todos los que poseían campos o casas los vendían, y
traían el producto de la venta para depositarlo en manos de los apóstoles.
Luego, se repartía a cada uno según su necesidad.
Tal
fue el caso de José. llamado por los apóstoles Bernabé (que euiere decir: «hijo
de la consolación»). Era éste un levita, natural de Chipre, que vendió un campo
que poseía para poner el dinero a disposición de los apóstoles. Pero otro,
llamado Ananías, de acuerdo con su mujer Safira, vendió una posesión y,
reservándose para sí una parte del precia con la complicidad de su mujer, puso
lo restante a disposición de los apóstoles. Díjole Pedro:
«Ananías,
¿Cómo has dejado que Satanás se apodere de tu corazón, engañando al Espíritu
Santo, y quedándote con una parte del precio del campo? ¿No era tuyo antes de
venderlo? Y, una vez vendido, ¿no quedaba su precio en tu poder? ¿Cómo se te ha
ocurrido hacer esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios.»
Al
oír Ananías estas palabras, cayó muerto. Con esto se apoderó un gran temor de
todos cuantos lo oyeron contar. Luego, los más jóvenes, envolviéndolo en un
lienzo, lo sacaron para darle sepultura. Unas tres horas más tarde entró la
mujer, que no sabía lo que había ocurrido. Y Pedro le preguntó:
«Dime,
¿es verdad que habèis vendido el campo a tal precio?»
Ella
respondió:
«Sí,
a ese precio.»
Y
exclamó Pedro:
«¿Cómo
os habèis puesto de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? Mira: los pies
de los que han sepultado a tu marido están a la puerta y te llevarán a ti
también.»
En
el mismo instante, se desplomó a sus pies y expiró. Entraron los jóivenes y,
encontrándola ya cadáver, la sacaron y la enterraron junto a su marido. Con
esto se apoderó un gran temor de toda la comunidad y de todos cuanto lo oían
contar.
Los
apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se
reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a
juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el
número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor. La gente
sacaba los enfermos a la calle y los ponía en catres y camillas, para que, al
pasar Pedro, su sombra por lo menos cayera sobre alguno. Mucha gente de los
alrededores acudía a Jerusalén llevando enfermos y poseídos de espíritu
inmundo; y todos se curaban.
RESPONSORIO Cf. Hch
4, 33. 31b
R.
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. *
Todos eran muy bien vistos. Aleluya.
V.
Los llenó a todos el Espíritu Santo y anunciaban con valentía la palabra de
Dios.
R.
Todos eran muy bien vistos. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
De una Homilía pascual de un autor
antiguo
(PG 59, 723-724)
LA PASCUA ESPIRITUAL
La
Pascua que hemos celebrado es el origen de la salvación de todos, comenzando
por el primer hombre, que continúa viviendo en sus descendientes.
Primero
fue establecida toda aquella serie de instituciones antiguas, limitadas a un
tiempo, como tipo e imagen de las cosas eternas, para anunciar de un modo
velado la realidad que ahora sale a plena luz; pero, al hacerse presente esta
realidad, lo que era tipo e imagen no tiene ya vigencia; cuando llega el rey,
nadie lo deja de lado para seguir venerando su imagen.
Queda,
pues, muy claro en qué alto grado la realidad excede a la figura, ya que ésta
celebraba la momentánea preservación de la muerte de los primogénitos
israelitas, pero la realidad celebra la vida perpetua de todos los hombres.
No
es gran cosa verse libre de la muerte por breve tiempo si se ha de morir poco
después, pero sí lo es verse libre de la muerte de un modo definitivo; y esto
es lo que nos ha sucedido a nosotros, ya que Cristo, nuestra Pascua, ha sido
inmolado.
Ya
el mismo nombre de la fiesta encierra en sí una gran excelencia, si
comprendemos lo que realmente significa. La palabra Pascua, en efecto,
significa «paso», refiriéndose al hecho de que el ángel exterminador que mataba
a los primogénitos pasó de largo ante las casas de los hebreos. Verdaderamente
el ángel exterminador ha pasado de largo ante nosotros, dejándonos intactos y
resucitados por Cristo para la vida eterna.
¿Qué
significa, si buscamos su sentido verdadero, el hecho de que aquel tiempo en
que se celebraba la Pascua y la salvación de los primogénitos fuera establecido
como el inicio del año? Que también para nosotros el sacrificio de la Pascua
verdadera es el inicio de la vida eterna.
El
año, en efecto, es como un símbolo de la eternidad, ya que, una vez terminado
su curso, vuelve siempre a recomenzar su ciclo. Y Cristo, el padre sempiterno,
se ha ofrecido por nosotros en sacrificio y, considerando como si nuestra vida
anterior no hubiera pasado en el tiempo, nos da el principio de una segunda
vida, mediante el baño de regeneración, imagen de su muerte y resurrección.
Y,
así, todo el que reconoce que la Pascua ha sido inmolada para él, tenga como
principio de vida la inmolación de Cristo en su favor. Cada uno de nosotros nos
apropiamos esta Inmolación cuando reconocemos el don y entendemos que este
sacrificio es el origen de nuestra vida. El que ha llegado a este conocimiento
que se esfuerce en recibir este principio de vida nueva y que no retorne ya más
a la vida anterior, cuyo fin se aproxima.
Pues,
una vez que hemos muerto al pecado -dice el Apóstol-, ¿cómo continuar viviendo
en él?
RESPONSORIO 1Co 5,
7-8; Rm 4, 25
R.
Tirad fuera la levadura vieja para que seáis una masa nueva, pues Cristo,
nuestro cordero pascual, ha sido Inmolado. * Así, pues, celebremos nuestra
fiesta con el cuerpo del Señor. Aleluya.
V.
Fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitado para nuestra
Justificación.
R.
Así, pues, celebremos nuestra fiesta con el cuerpo del Señor. Aleluya.
Evangelio del Lunes de la II
Semana de Pascua
13
Abr 2026
*Lectura
del santo evangelio según san Juan (3,1-8)*
Había
un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a
ver a Jesús de noche y le dijo:
«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie
puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino
de Dios».
Nicodemo le pregunta:
«¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar
en el vientre de su madre y nacer?».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede
entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del
Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de
nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde
viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».
Palabra
del Señor
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Os digo con toda verdad: el que
no nace de arriba no podrá entrar en el reino de Dios. Aleluya.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU
PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito
sea el Señor, Dios de Israel,
porque
ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos
una fuerza de salvación
en
la casa de David, su siervo,
según
lo había predicho desde antiguo
por
boca de sus santos profetas:
Es
la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y
de la mano de todos los que nos odian;
ha
realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando
su santa alianza
y
el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para
concedernos que, libres de temor,
arrancados
de la mano de los enemigos,
le
sirvamos con santidad y justicia,
en
su presencia, todos nuestros días.
Y
a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque
irás delante del Señor
a
preparar sus caminos,
anunciando
a su pueblo la salvación,
el
perdón de sus pecados.
Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos
visitará el sol que nace de lo alto,
para
iluminar a los que viven en tiniebla
y
en sombra de muerte,
para
guiar nuestros pasos
por
el camino de la paz.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Os digo con toda verdad: el que no nace de arriba no podrá entrar en el reino
de Dios. Aleluya.
PRECES
Oremos
a Dios Padre todopoderoso, glorificado por la muerte y resurrección de Cristo,
y digámosle confiados:
Ilumina, Señor, nuestras mentes.
Padre,
fuente de toda luz, que has querido iluminar el mundo con la gloria de Cristo
resucitado,
ilumina,
desde el principio de este día, nuestras almas con la luz de la fe.
Tú
que por medio de tu Hijo, resucitado de entre los muertos, has abierto a los
hombres las puertas de la salvación,
haz
que, a través de los trabajos de este día, se acreciente
nuestra
esperanza.
Tú
que por medio de tu Hijo resucitado has derramado sobre el mundo tu Espíritu
Santo,
enciende
nuestros corazones con el fuego de este mismo Espíritu.
Tú
que para librarnos entregaste a tu Hijo a la muerte,
haz
que él sea hoy para nosotros salvación y redención.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Terminemos
nuestra oración con la plegaria que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACION
Dios
todopoderoso y eterno, a quien confiadamente invocamos con el nombre de Padre,
intensifica en nosotros el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que
merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
*HORA TERCIA*
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: ESPÍRITU DE DIOS, LA TIERRA
LLENAS
Espíritu
de Dios, la tierra llenas,
las
mentes de los hombres las bañas en tu luz,
tú
que eres Luz de Dios, divino fuego,
infunde
en todo hombre la fuerza de la cruz.
Sé
luz resplandeciente en las tinieblas
de
quienes el pecado sumió en la obscuridad,
reúne
en la asamblea de los hijos
los
justos que te amaron, los muertos por la paz.
Acaba
en plenitud al Cristo vivo,
confirma
en el creyente la gracia y el perdón,
reúnelos
a todos en la Iglesia,
testigos
jubilosos de la resurrección. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
119 - DESEO DE LA PAZ
En
mi aflicción llamé al Señor,
y
él me respondió.
Líbrame,
Señor, de los labios mentirosos,
de
la lengua traidora.
¿Qué
te va a dar o a mandar Dios,
lengua
traidora?
Flechas
de arquero, afiladas
con
ascuas de retama.
¡Ay
de mí, desterrado en Masac,
acampado
en Cadar!
Demasiado
llevo viviendo
con
los que odian la paz;
cuando
yo digo: «Paz»,
ellos
dicen: «Guerra».
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
120 - EL GUARDIÁN DEL PUEBLO.
Levanto
mis ojos a los montes:
¿de
dónde me vendrá el auxilio?
El
auxilio me viene del Señor,
que
hizo el cielo y la tierra.
No
permitirá que resbale tu pie,
tu
guardián no duerme;
no
duerme ni reposa
el
guardián de Israel.
El
Señor te guarda a su sombra,
está
a tu derecha;
de
día el sol no te hará daño,
ni
la luna de noche.
El
Señor te guarda de todo mal,
él
guarda tu alma;
el
Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora
y por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
¡Qué
alegría cuando me dijeron:
«Vamos
a la casa del Señor»!
Ya
están pisando nuestros pies
tus
umbrales, Jerusalén.
Jerusalén
está fundada
como
ciudad bien compacta.
Allá
suben las tribus,
las
tribus del Señor,
según
la costumbre de Israel,
a
celebrar el nombre del Señor;
en
ella están los tribunales de justicia
en
el palacio de David.
Desead
la paz a Jerusalén:
«Vivan
seguros los que te aman,
haya
paz dentro de tus muros,
seguridad
en tus palacios.»
Por
mis hermanos y compañeros,
voy
a decir: «La paz contigo.»
Por
la casa del Señor, nuestro Dios,
te
deseo todo bien.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE Cf. Ap 1, 17c-18
Ví
al Hijo del hombre y me dijo: «Yo soy el primero y el último, el que vive.
Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves
de la muerte y del hades.»
V.
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R.
Y se ha aparecido a Simón. Aleluya.
ORACIÓN
OREMOS,
Dios
todopoderoso y eterno, a quien confiadamente invocamos con el nombre de Padre,
intensifica en nosotros el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que
merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por
Cristo nuestro Señor.
Amén.
CONCLUSIÓN
V.
Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
HORA SEXTA
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
CUANDO LA LUZ DEL DÍA ESTÁ EN SU CUMBRE
Cuando
la luz del día está en su cumbre,
eres,
Señor Jesús, luz y alegría
de
quienes en la fe y en la esperanza
celebran
ya la fiesta de la Vida
Eres
resurrección, palabra y prenda
de
ser y de vivir eternamente;
sembradas
de esperanzas nuestras vidas,
serán
en ti cosecha para siempre.
Ven
ya, Señor Jesús, Salvador nuestro,
de
tu radiante luz llena este día,
camino
de alegría y de esperanza,
cabal
acontecer de nueva vida.
Concédenos,
oh Padre omnipotente,
por
tu Hijo Jesucristo, hermano nuestro,
vivir
ahora el fuego de tu Espíritu,
haciendo
de esta tierra un cielo nuevo. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
122 - EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO
A
ti levanto mis ojos,
a
ti que habitas en el cielo.
Como
están los ojos de los esclavos
fijos
en las manos de sus señores,
como
están los ojos de la esclava
fijos
en las manos de su señora,
así
están nuestros ojos
en
el Señor, Dios nuestro,
esperando
su misericordia.
Misericordia,
Señor, misericordia,
que
estamos saciados de desprecios;
nuestra
alma está saciada
del
sarcasmo de los satisfechos,
del
desprecio de los orgullosos.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
123 - NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
Si
el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que
lo diga Israel-,
si
el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando
nos asaltaban los hombres,
nos
habrían tragado vivos:
tanto
ardía su ira contra nosotros.
Nos
habrían arrollado las aguas,
llegándonos
el torrente hasta el cuello;
nos
habrían llegado hasta el cuello
las
aguas espumantes.
Bendito
el Señor, que no nos entregó
como
presa a sus dientes;
hemos
salvado la vida como un pájaro
de
la trampa del cazador:
la
trampa se rompió y escapamos.
Nuestro
auxilio es el nombre del Señor,
que
hizo el cielo y la tierra.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
124 - EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO.
Los
que confían en el Señor son como el monte Sión:
no
tiembla, está asentado para siempre.
Jerusalén
está rodeada de montañas,
y
el Señor rodea a su pueblo
ahora
y por siempre.
No
pesará el cetro de los malvados
sobre
el lote de los justos,
no
sea que los justos extiendan
su
mano a la maldad.
Señor,
concede bienes a los buenos,
a
los sinceros de corazón;
y
a los que se desvían por sendas tortuosas,
que
los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz
a Israel!
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE Col 2, 9-10a. 12
En
Cristo, en su cuerpo glorificado, habita toda la plenitud de la deidad; e, incorporados
a él, alcanzáis también vosotros esa plenitud en él. Con Cristo fuisteis
sepultados en el bautismo, y con él resucitasteis mediante la fe en el poder de
Dios, que lo resucitó de entre los muertos.
V.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
R.
Al ver al Señor. Aleluya.
ORACIÓN
OREMOS,
Dios
todopoderoso y eterno, a quien confiadamente invocamos con el nombre de Padre,
intensifica en nosotros el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que
merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por
Cristo nuestro Señor.
Amén.
CONCLUSIÓN
V.
Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
HORA NONA
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
SALVADOR DEL MUNDO
Salvador
del mundo,
Señor
de los ángeles:
por
tu cruz gloriosa
la
muerte venciste.
Oh
Señor, consérvanos
los
dones amables
que,
con sufrimientos,
tú
nos mereciste.
Y
a quienes a precio
de
dolor salvaste,
llévalos
al cielo
para
que te alaben.
Llévanos
a todos,
Señor,
suplicámoste,
pues
que nos hiciste
reino
de tu Padre. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
118, 41-48
Señor,
que me alcance tu favor,
tu
salvación según tu promesa:
así
responderé a los que me injurian,
que
confío en tu palabra;
no
quites de mi boca las palabras sinceras,
porque
yo espero en tus mandamientos.
Cumpliré
sin cesar tu voluntad,
por
siempre jamás;
andaré
por un camino ancho,
buscando
tus decretos;
comentaré
tus preceptos ante los reyes,
y
no me avergonzaré.
Serán
mi delicia tus mandatos,
que
tanto amo;
levantaré
mis manos hacia ti
recitando
tus mandatos.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
39, 2-14. 17-18 I - ACCIÓN DE GRACIAS Y PETICIÓN DE AUXILIO
Yo
esperaba con ansia al Señor;
él
se inclinó y escuchó mi grito;
me
levantó de la fosa fatal,
de
la charca fangosa;
afianzó
mis pies sobre roca,
y
aseguró mis pasos;
me
puso en la boca un cántico nuevo,
un
himno a nuestro Dios.
Muchos,
al verlo, quedaron sobrecogidos
y
confiaron en el Señor.
Dichoso
el hombre que ha puesto
su
confianza en el Señor,
y
no acude a los idólatras,
que
se extravían con engaños.
¡Cuántas
maravillas has hecho,
Señor,
Dios mío,
cuántos
planes en favor nuestro!
Nadie
se te puede comparar:
intento
proclamarlas, decirlas,
pero
superan todo número.
Tú
no quieres sacrificios ni ofrendas,
y,
en cambio, me abriste el oído;
no
pides sacrificio expiatorio,
entonces
yo digo: «Aquí estoy
-como
está escrito en mi libro-
para
hacer tu voluntad.»
Dios
mío, lo quiero,
y
llevo tu ley en las entrañas.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
39 II
He
proclamado tu salvación
ante
la gran asamblea;
no
he cerrado los labios:
Señor,
tú lo sabes.
No
me he guardado en el pecho tu defensa,
he
proclamado tu fidelidad y tu salvación,
no
he negado tu misericordia y tu lealtad
ante
la gran asamblea.
Tú,
Señor, no me niegues tu clemencia,
que
tu misericordia y tu lealtad me guarden siempre,
porque
me cercan desgracias sin cuento.
Se
me echan encima mis culpas,
y
no puedo huir;
son
más que los cabellos de mi cabeza,
y
me falta el valor.
Señor,
dígnate librarme;
Señor,
date prisa en socorrerme.
Alégrense
y gocen contigo
todos
los que te buscan;
digan
siempre: «Grande es el Señor»,
los
que desean tu salvación.
Yo
soy pobre y desdichado,
pero
el Señor cuida de mí;
tú
eres mi auxilio y mi liberación:
Dios
mío, no tardes.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE 2Tm 2, 8. 11
Acuérdate
de Cristo Jesús, del linaje de David, que vive resucitado de entre los muertos,
como enseño en mi mensaje de salud. Verdadera es la sentencia que dice: Si
hemos muerto con él, viviremos también con él.
V.
Quédate con nosotros, Señor. Aleluya.
R.
Porque ya es tarde. Aleluya.
ORACIÓN
OREMOS,
Dios
todopoderoso y eterno, a quien confiadamente invocamos con el nombre de Padre,
intensifica en nosotros el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que
merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por
Cristo nuestro Señor.
Amén.
CONCLUSIÓN
V.
Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
VÍSPERAS
(Oración
de la tarde)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
CANTARÁN, LLORARÁN RAZAS Y HOMBRES
Cantarán,
llorarán razas y hombres,
buscarán
la esperanza en el dolor,
el
secreto de vida es ya presente:
resucitó
el Señor.
Dejarán
de llorar los que lloraban,
brillará
en su mirar la luz del sol,
ya
la causa del hombre está ganada:
resucitó
el Señor.
Volverán
entre cánticos alegres
los
que fueron llorando a su labor,
traerán
en sus brazos la cosecha:
resucitó
el Señor.
Cantarán
a Dios Padre eternamente
la
alabanza de gracias por su don,
en
Jesús ha brillado su Amor santo:
resucitó
el Señor. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.
Salmo
44 I - LAS NUPCIAS DEL REY.
Me
brota del corazón un poema bello,
recito
mis versos a un rey;
mi
lengua es ágil pluma de escribano.
Eres
el más bello de los hombres,
en
tus labios se derrama la gracia,
el
Señor te bendice eternamente.
Cíñete
al flanco la espada, valiente:
es
tu gala y tu orgullo;
cabalga
victorioso por la verdad y la justicia,
tu
diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus
flechas son agudas, los pueblos se te rinden,
se
acobardan los enemigos del rey.
Tu
trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro
de rectitud es tu cetro real;
has
amado la justicia y odiado la impiedad:
por
eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con
aceite de júbilo entre todos tus compañeros.
A
mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde
los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas
de reyes salen a tu encuentro,
de
pie a tu derecha está la reina
enjoyada
con oro de Ofir.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.
Ant
2. Dichosos los invitados a la cena del Señor. Aleluya.
Salmo
44 II
Escucha,
hija, mira: inclina el oído,
olvida
tu pueblo y la casa paterna:
prendado
está el rey de tu belleza,
póstrate
ante él, que él es tu señor.
La
ciudad de Tiro viene con regalos,
los
pueblos más ricos buscan tu favor.
Ya
entra la princesa, bellísima,
vestida
de perlas y brocado;
la
llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la
siguen sus compañeras:
las
traen entre alegría y algazara,
van
entrando en el palacio real.
«A
cambio de tus padres tendrás hijos,
que
nombrarás príncipes por toda la tierra.»
Quiero
hacer memorable tu nombre
por
generaciones y generaciones,
y
los pueblos te alabarán
por
los siglos de los siglos.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Dichosos los invitados a la cena del Señor. Aleluya.
Ant
3. De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Aleluya.
Cántico:
EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN - Ef 1, 3-10
Bendito
sea Dios,
Padre
de nuestro Señor Jesucristo,
que
nos ha bendecido en la persona de Cristo
con
toda clase de bienes espirituales y celestiales.
El
nos eligió en la persona de Cristo,
antes
de crear el mundo,
para
que fuésemos consagrados
e
irreprochables ante él por el amor.
Él
nos ha destinado en la persona de Cristo,
por
pura iniciativa suya,
a
ser sus hijos,
para
que la gloria de su gracia,
que
tan generosamente nos ha concedido
en
su querido Hijo,
redunde
en alabanza suya.
Por
este Hijo, por su sangre,
hemos
recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El
tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos
a conocer el misterio de su voluntad.
Éste
es el plan
que
había proyectado realizar por Cristo
cuando
llegase el momento culminante:
hacer
que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las
del cielo y las de la tierra.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Aleluya.
LECTURA
BREVE Hb 8,1b-3a
Tenemos
un sumo sacerdote que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los
cielos. Él es ministro del santuario y de la verdadera Tienda de Reunión, que
fue fabricada por el Señor y no por hombre alguno. Todo sumo sacerdote es
instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios.
RESPONSORIO
BREVE
V.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
V.
Al ver al Señor.
R.
Aleluya. Aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Lo que de la carne nace carne es, y lo que nace del Espíritu espíritu es.
Aleluya.
Cántico
de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
se
alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque
ha mirado la humillación de su esclava.
Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque
el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su
nombre es santo,
y
su misericordia llega a sus fieles
de
generación en generación.
El
hace proezas con su brazo:
dispersa
a los soberbios de corazón,
derriba
del trono a los poderosos
y
enaltece a los humildes,
a
los hambrientos los colma de bienes
y
a los ricos los despide vacíos.
Auxilia
a Israel, su siervo,
acordándose
de su misericordia
-como
lo había prometido a nuestros padres-
en
favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Lo que de la carne nace carne es, y lo que nace del Espíritu espíritu es.
Aleluya.
PRECES
Llenos
de gozo, oremos a Cristo, el Señor, que con su resurrección ha iluminado al
mundo entero, y digámosle:
Cristo,
vida nuestra, escúchanos.
Señor
Jesús, que te hiciste compañero de camino de los discípulos que dudaban de ti,
acompaña
también a tu Iglesia peregrina entre las dificultades e incertidumbres de esta
vida.
No
permitas que tus fieles sean tardos y necios para creer,
y
aumenta su fe para que te proclamen vencedor de la muerte.
Mira,
Señor, con bondad a cuantos no te reconocieron en su camino,
y
manifiéstate a ellos para que te confiesen como salvador suyo.
Tú
que por la cruz reconciliaste a todos los hombres, uniéndolos, en tu cuerpo,
concede
la paz y la unidad a las naciones.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Tú
que eres el juez de vivos y muertos,
otorga
a los difuntos que creyeron en ti la remisión de todas sus culpas.
Terminemos
nuestra oración con las palabras del Señor: Padre nuestro.
Padre
nuestro...
ORACION
Dios
todopoderoso y eterno, a quien confiadamente invocamos con el nombre de Padre,
intensifica en nosotros el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que
merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
