Lecturas
del Miércoles de la IV Semana del Tiempo Ordinario
04 Feb 2026
Primera Lectura
Lectura del segundo libro de Samuel (24,2.9-17):
En aquellos días, el rey David ordenó a Joab y
a los jefes del ejército que estaban con él: «Id por todas las tribus de
Israel, desde Dan hasta Berseba, a hacer el censo de la población, para que yo
sepa cuánta gente tengo.»
Joab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil
hombres aptos para el servicio militar, y en Judá quinientos mil.
Pero, después de haber hecho el censo del pueblo, a David le remordió la
conciencia y dijo al Señor: «He cometido un grave error. Ahora, Señor, perdona
la culpa de tu siervo, porque ha hecho una locura.»
Antes que David se levantase por la mañana, el profeta Gad, vidente de David,
recibió la palabra del Señor: «Vete a decir a David: «Así dice el Señor: Te
propongo tres castigos; elige uno, y yo lo ejecutaré.»»
Gad se presentó a David y le notificó: «¿Qué castigo escoges? Tres años de
hambre en tu territorio, tres meses huyendo perseguido por tu enemigo, o tres
dias de peste en tu territorio. ¿Qué le respondo al Señor, que me ha enviado?»
David contestó: «¡Estoy en un gran apuro! Mejor es caer en manos de Dios, que
es compasivo, que caer en manos de hombres.»
Y David escogió la peste. Eran los días de la recolección del trigo. El Señor
mandó entonces la peste a Israel, desde la mañana hasta el tiempo señalado. Y
desde Dan hasta Berseba, murieron setenta mil hombres del pueblo. El ángel
extendió su mano hacia Jerusalén para asolarla.
Entonces David, al ver al ángel que estaba hiriendo a la población, dijo al
Señor: «¡Soy yo el que ha pecado! ¡Soy yo el culpable! ¿Qué han hecho estas
ovejas? Carga la mano sobre mí y sobre mi familia.»
El Señor se arrepintió del castigo, y dijo al ángel, que estaba asolando a la
población: «¡Basta! ¡Detén tu mano!»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 31,1-2.5.6.7
R/. Perdona, Señor, mi culpa y mi
pecado
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. R/.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.
Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará. R/.
Tú eres mi refugio,
me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación. R/.
Evangelio del Miércoles de la IV Semana del Tiempo Ordinario
04 Feb 2026
*Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,1-6)*
En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en
compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la
sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo
eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos?
¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas
y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?»
Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta
más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.»
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las
manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor
enseñando.
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
《No
desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos》
*Entre las personas del pueblo de
Jesús y yo la única diferencia es que yo a ellos les hago un juicio y digo:
"Que malo eran" Mi problema es que creo que conozco a Jesús, y pienso
que como estoy en la iglesia él tiene que hacer milagros mayores conmigo,
porque él, hace milagros a personas que no están en la iglesia y son malo según
yo, y me lleno de orgullo, vana gloria y de egoísmo, más en el fondo el Señor,
me dice una palabra que es muy cierta y me duele mucho y es que yo no confío en
él, por eso no puede hacer ningún milagro importa en mi vida, solo me sana de
algunas cosas. Si yo confiara en el Señor, no me daría tanta brega perdona,
pedir perdón, pedir al Señor, que me conceda siempre el último puesto, porque el
que se ensalza será humillado. Como estoy en la iglesia y soy cristiano, en lo más
profundo de mi pienso que el Señor, tiene que hacer lo que yo diga*
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
