Lecturas
del IV Domingo del Tiempo Ordinario
01 Feb 2026
Primera Lectura
Lectura de la profecía de Sofonías (2,3;3,12-13):
Buscad al Señor los humildes de la tierra,
los que practican su derecho,
buscad la justicia, buscad la humildad,
quizá podáis resguardaros
el día de la ira del Señor.
Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.
El resto de Israel no hará más el mal,
no mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 145,7.8-9a.9bc-10
R/. Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos
El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.
Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
(1,26-31):
Fijas en vuestra asamblea, hermanos: no hay en
ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos
aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a
los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.
Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no
cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en
presencia del Señor.
A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para
nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.
Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».
Palabra de Dios
Evangelio del IV Domingo del Tiempo Ordinario
01 Feb 2026
*Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,1-12a)*
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió
al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les
enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos
quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el
reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de
cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa
será grande en el cielo».
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
(Alegraos y regocijaos,
porque vuestra recompensa será grande en el cielo).
*Entender esta
alegría o sentirse bienaventurado por ser pobres de
espíritu, por ser mansos, por tener hambre y sed de la justicia, por ser
misericordiosos, por ser limpios de corazón, por trabajan por la paz, por ser
perseguidos por causa de la justicia, por ser injuriado y que digan con mentira
toda clase de mal contra mí, por causa de ser cristiano. El Señor quiere que yo
sienta necesidad de todo eso, así como necesito del aire para respirar, como
necesito los alimentos para sostener mi cuerpo, como necesito del agua para
saciar mi sed, como necesito del sueño para el descanso, que son cosas básicas
para vivir. Mas el Señor quiere que sea feliz, que me sienta bienaventurado y
que deje que sus palabras sean el centro de mi vida. Porque el Señor sabe que
teniendo las cosas básicas como: El aire, el alimento, el agua, el sueño,
también hay cosas que llegan a mi vida sin ser invitada como: la tristeza, el
miedo, la angustia, los problemas u otras cosas que en ciertos momentos me
roban hasta el deseo de seguir viviendo. Conociéndome el Señor y queriendo lo
mejor para mí, me regala el testamento, donde están registrada las riquezas,
que estoy llamado a recibir que son: Las Bienaventuranzas*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
