Musica Para el Alma

lunes, 4 de febrero de 2019

LAS LECTURAS DEL MARTES 5 DE FEBRERO 2019


Lecturas del ciclo C. Tiempo Ordinario
La Romana R. D.
Martes, 5 de febrero de 2019

Primera lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (12,1-4):

HERMANOS:
Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo.
Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 21,26b-27.28.30.31-32

R/.
 Te alabarán, Señor, los que te buscan

V/. Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
¡Viva su corazón por siempre! R/.

R/. Te alabarán, Señor, los que te buscan

V/. Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R/.

R/. Te alabarán, Señor, los que te buscan

V/. Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
«Todo lo que hizo el Señor». R/.

R/. Te alabarán, Señor, los que te buscan

Martes, 5 de febrero de 2019
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (5,21-43):

EN aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar.
Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
«Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».
Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando:
«Con solo tocarle el manto curaré».
Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba:
«Quién me ha tocado el manto?».
Los discípulos le contestaban:
«Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “Quién me ha tocado?”».
Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.
Él le dice:
«Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
«Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
«No temas; basta que tengas fe».
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos y después de entrar les dijo:
« ¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:
«Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).
La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.
Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor

domingo, 3 de febrero de 2019

COMPLETA ORACIÓN ANTES DE IR A LA CAMA

Completas

Notas

  • Además de las fórmulas penitenciales mostradas aquí, pueden usarse otras aprobadas.
  • Además de himnos mostrados aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Esta hora se termina con una de las antífonas de la Santísima Virgen que se muestran en el formulario: Madre del Redentor, Salve, Reina de los cielos, Dios te salve española, Dios te Salve latinoamericana; Bajo tu amparo, o con algún otro canto debidamente aprobado.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Examen

Hermanos: Llegados al fin de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos humildemente nuestros pecados.
  • Formula 1
  • Formula 2
  • Formula 3
Yo confieso ante Dios Todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno

    Salmodia

    Antífona 1: Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.
    Salmo 85
    Oración de un pobre ante las adversidades
    Bendito sea Dios, que nos alienta en nuestras luchas. (2Co 1,3.4)
    Inclina tu oído, Señor, escúchame,
    que soy un pobre desamparado;
    protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
    salva a tu siervo, que confía en ti.

    Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
    que a ti te estoy llamando todo el día;
    alegra el alma de tu siervo,
    pues levanto mi alma hacia ti;

    porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
    rico en misericordia con los que te invocan.
    Señor, escucha mi oración,
    atiende a la voz de mi súplica.

    En el día del peligro te llamo,
    y tú me escuchas.
    No tienes igual entre los dioses, Señor,
    ni hay obras como las tuyas.

    Todos los pueblos vendrán
    a postrarse en tu presencia, Señor,
    bendecirán tu nombre:
    «Grande eres tú, y haces maravillas;
    tú eres el único Dios.»

    Enséñame, Señor, tu camino,
    para que siga tu verdad;
    mantén mi corazón entero
    en el temor de tu nombre.

    Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
    daré gloria a tu nombre por siempre,
    por tu gran piedad para conmigo,
    porque me salvaste del abismo profundo.

    Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
    una banda de insolentes atenta contra mi vida,
    sin tenerte en cuenta a ti.

    Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
    lento a la cólera, rico en piedad y leal,
    mírame, ten compasión de mí.

    Da fuerza a tu siervo,
    salva al hijo de tu esclava;
    dame una señal propicia,
    que la vean mis adversarios y se avergüencen,
    porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

    Lectura Breve

    1Ts 5,9-10
    Dios nos ha destinado a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo; él murió por nosotros, para que, despiertos o dormidos, vivamos con él.

    Responsorio Breve

    R. A tus manos, Señor, * Encomiendo mi espíritu. A tus manos.
    V. Tú, el Dios leal, nos librarás. * Encomiendo. Gloria al Padre. A tus manos.

    Canto Evangélico

    Antifona: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos para que velemos con Cristo y descansemos en paz. (T.P. Aleluya)
    Nunc dimittis Lc 2, 29-32
    Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel
    Ahora, Señor, según tu promesa,
    puedes dejar a tu siervo irse en paz.

    Porque mis ojos han visto a tu Salvador.
    a quien has presentado ante todos los pueblos:

    luz para alumbrar a las naciones
    y gloria de tu pueblo Israel.

    Gloria al Padre.
    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre,
    por los siglos de los siglos. Amén.

    Oración

    Oremos:
    Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la simiente del reino, que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy, crezca y germine para la cosecha de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
    Amén.

    Bendición

    V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
    R. Amén.

    Antífonas finales de la Santísima Virgen María

    • Antifona 1
    • Antifona 2
    • Antifona 3
    • Antifona 4
    • Antifona 5
    Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
    vida, dulzura y esperanza nuestra;
    Dios te salve.

    A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
    a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
    en este valle de lágrimas.

    Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
    vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
    y, después de este destierro,
    muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

    ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

    VÍSPERAS ORACIÓN AL FINAL DE LA TARDE

    Vísperas

    Invocación

    V. Dios mío, ven en mi auxilio.
    R. Señor, date prisa en socorrerme.
    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

    Himno

    • Himno 1
    Y dijo el Señor Dios en el principio:
    «¡Que sea la luz!» Y fue la luz primera.
    Y vio el Señor
    que las cosas eran buenas.
    ¡Aleluya!
    Y dijo Dios: «¡Que exista el firmamento!»
    Y el cielo abrió su bóveda perfecta.
    Y vio el Señor
    que las cosas eran buenas.
    ¡Aleluya!
    Y dijo Dios: «iQue existan los océanos,
    y emerjan los cimientos de la tierra!»
    Y vio el Señor
    que las cosas eran buenas.
    ¡Aleluya!
    Y dijo Dios: «¡Que brote hierba verde,
    y el campo dé semillas y cosechas!»
    Y vio el Señor
    que las cosas eran buenas.
    ¡Aleluya!
    Y dijo Dios: «¡Que el cielo se ilumine,
    y nazca el sol, la luna y las estrellas!»
    Y vio el Señor
    que las cosas eran buenas.
    ¡Aleluya!
    Y dijo Dios: «¡Que bulla el mar de peces;
    de pájaros, el aire del planeta!»
    Y vio el Señor
    que las cosas eran buenas.
    ¡Aleluya!
    Y dijo Dios: «¡Hagamos hoy al hombre,
    a semejanza nuestra, a imagen nuestra!»
    Y vio el Señor
    que las cosas eran buenas.
    ¡Aleluya!
    Y descansó el Señor el día séptimo.
    Y el hombre continúa su tarea.
    Y vio el Señor
    que las cosas eran buenas.
    ¡Aleluya! Amén.

    Salmodia

    Antífona 1: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
    Salmo 135,1-9
    Himno pascual
    Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)
    Dad gracias al Señor porque es bueno:
    porque es eterna su misericordia.

    Dad gracias al Dios de los dioses:
    porque es eterna su misericordia.

    Dad gracias al Señor de los señores:
    porque es eterna su misericordia.

    Sólo él hizo grandes maravillas:
    porque es eterna su misericordia.

    Él hizo sabiamente los cielos:
    porque es eterna su misericordia.

    Él afianzó sobre las aguas la tierra:
    porque es eterna su misericordia.

    Él hizo lumbreras gigantes:
    porque es eterna su misericordia.

    El sol que gobierna el día:
    porque es eterna su misericordia.

    La luna que gobierna la noche:
    porque es eterna su misericordia.
    Antífona 2: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.
    Salmo 135,10-26
    Él hirió a Egipto en sus primogénitos:
    porque es eterna su misericordia.

    Y sacó a Israel de aquel país:
    porque es eterna su misericordia.

    Con mano poderosa, con brazo extendido:
    porque es eterna su misericordia.

    Él dividió en dos partes el mar Rojo:
    porque es eterna su misericordia.

    Y condujo por en medio a Israel:
    porque es eterna su misericordia.

    Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
    porque es eterna su misericordia.

    Guió por el desierto a su pueblo:
    porque es eterna su misericordia.

    Él hirió a reyes famosos:
    porque es eterna su misericordia.

    Dio muerte a reyes poderosos:
    porque es eterna su misericordia.

    A Sijón, rey de los amorreos:
    porque es eterna su misericordia.

    Y a Hog, rey de Basán:
    porque es eterna su misericordia.

    Les dio su tierra en heredad:
    porque es eterna su misericordia.

    En heredad a Israel su siervo:
    porque es eterna su misericordia.

    En nuestra humillación, se acordó de nosotros:
    porque es eterna su misericordia.

    Y nos libró de nuestros opresores:
    porque es eterna su misericordia.

    Él da alimento a todo viviente:
    porque es eterna su misericordia.

    Dad gracias al Dios del cielo:
    porque es eterna su misericordia.
    Antífona 3: Cuando llegó el momento culminante, Dios recapituló todas las cosas en Cristo.
    Ef 1,3-10
    El Dios salvador
    Bendito sea Dios,
    Padre de nuestro Señor Jesucristo,
    que nos ha bendecido en la persona de Cristo
    con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

    Él nos eligió en la persona de Cristo,
    antes de crear el mundo,
    para que fuésemos santos
    e irreprochables ante él por el amor.

    Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
    por pura iniciativa suya,
    a ser sus hijos,
    para que la gloria de su gracia,
    que tan generosamente nos ha concedido
    en su querido Hijo,
    redunde en alabanza suya.

    Por este Hijo, por su sangre,
    hemos recibido la redención,
    el perdón de los pecados.
    El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
    ha sido un derroche para con nosotros,
    dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

    Éste es el plan
    que había proyectado realizar por Cristo
    cuando llegase el momento culminante:
    recapitular en Cristo todas las cosas
    del cielo y de la tierra.

    Lectura Breve

    1Ts 3,12-13
    Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.

    Responsorio Breve

    R. Suba mi oración * Hasta ti, Señor. Suba.
    V. Como incienso en tu presencia. * Hasta ti, Señor. Gloria al Padre. Suba.

    Canto Evangélico

    Antifona: Proclame siempre mi alma tu grandeza, oh Dios mío.
    Magnificat Lc 1, 46-55
    Alegría del alma en el Señor
    Proclama mi alma la grandeza del Señor,
    se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
    porque ha mirado la humillación de su esclava.

    Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
    porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
    su nombre es santo,
    y su misericordia llega a sus fieles
    de generación en generación.

    Él hace proezas con su brazo:
    dispersa a los soberbios de corazón,
    derriba del trono a los poderosos
    y enaltece a los humildes,
    a los hambrientos los colma de bienes
    y a los ricos los despide vacíos.

    Auxilia a Israel, su siervo,
    acordándose de la misericordia
    —como lo había prometido a nuestros padres—
    en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre,
    por los siglos de los siglos. Amén.

    Preces

    Llenos de confianza en Jesús, que no abandona nunca a los que se acogen a él, invoquémoslo, diciendo:
    'Escúchanos, Dios nuestro'.

    Señor Jesucristo, tú que eres nuestra luz, ilumina a tu Iglesia,
    —para que predique a los paganos el gran misterio que veneramos, manifestado en la carne.

    Guarda a los sacerdotes y ministros de la Iglesia,
    —y haz que, después de predicar a los otros, sean hallados fieles, ellos también, en tu servicio.

    Tú que, por tu sangre, diste la paz al mundo.
    —aparta de nosotros el pecado de discordia y el azote de la guerra.

    Ayuda, Señor, a los que uniste con la gracia del matrimonio,
    —para que su unión sea efectivamente signo del misterio de la Iglesia.

    Concede, por tu misericordia, a todos los difuntos el perdón de sus faltas,
    —para que sean contados entre tus santos.

    Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios: Padre nuestro.

    Padre Nuestro

    Padre nuestro, que estás en el cielo,
    santificado sea tu nombre,
    venga tu reino,
    hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
    Danos hoy nuestro pan de cada día,
    perdona nuestras ofensas,
    como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
    no nos dejes caer en tentación,
    y líbranos del mal.

    Oración

    Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque atardece; sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra débil esperanza; así, nosotros, junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la fracción del pan. Tú que vives y reinas.
    Amén.

    Conclusión

    Si preside el obispo, es conveniente que éste bendiga al pueblo con la bendición solemne:
    V. El Señor esté con vosotros.
    R. Y con tu espíritu.
    V. Que la paz de Dios, que sobrepasa todo anhelo y esfuerzo humano, custodie vuestro corazón y vuestra inteligencia en el amor y conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
    R. Amén.
    V. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
    R. Amén.
    Si preside un presbítero o un diácono, bendice al pueblo como el obispo, o bien con la bendición común:
    V. El Señor esté con vosotros.
    R. Y con tu espíritu.
    V. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
    R. Amén.
    Si se despide a la comunidad, se añade la invitación:
    V. Podéis ir en paz.
    R. Demos gracias a Dios.
    En el rezo individual o en una celebración comunitaria presidida por un ministro no ordenado, se dice:
    V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
    R. Amén.

    NONA. ORACIÓN DE MEDIA TARDE

    Nona

    Notas

    • En la Hora intermedia nunca se hace mención de las memorias de los santos.

    Invocación

    V. Dios mío, ven en mi auxilio.
    R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, Y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (T. P. Aleluya).

    Himno

    • Himno 1
    ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
    ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
    que a mi puerta, cubierto de rocío,
    pasas las noches del invierno a oscuras?
    ¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
    pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío,
    si de mi ingratitud el hielo frío
    secó las llagas de tus plantas puras!
    Cuantas veces el ángel me decía:
    "Alma, asómate ahora a la ventana,
    verás con cuanto amor llamar porfía"!
    ¡Y cuántas, hermosura soberana:
    "Mañana le abriremos", respondía,
    para lo mismo responder mañana!
    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
    Por los siglos de los siglos. Amén

    Salmodia

    Antífona 1: Llamé al Señor, y él me respondió.
    Salmo 125
    Dios, alegría y esperanza nuestra
    Si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo. (2Co 1,7)
    Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
    nos parecía soñar:
    la boca se nos llenaba de risas,
    la lengua de cantares.

    Hasta los gentiles decían:
    «El Señor ha estado grande con ellos.»
    El Señor ha estado grande con nosotros,
    y estamos alegres.

    Que el Señor cambie nuestra suerte,
    como los torrentes del Negueb.
    Los que sembraban con lágrimas
    cosechan entre cantares.

    Al ir, iba llorando,
    llevando la semilla;
    al volver, vuelve cantando,
    trayendo sus gavillas.
    Antífona 2: Llamé al Señor, y él me respondió.
    Salmo 126
    El esfuerzo humano es inútil sin Dios
    Sois edificio de Dios. (1Co 3,9)
    Si el Señor no construye la casa,
    en vano se cansan los albañiles;
    si el Señor no guarda la ciudad,
    en vano vigilan los centinelas.

    Es inútil que madruguéis,
    que veléis hasta muy tarde,
    que comáis el pan de vuestros sudores:
    ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

    La herencia que da el Señor son los hijos;
    su salario, el fruto del vientre:
    son saetas en mano de un guerrero
    los hijos de la juventud.

    Dichoso el hombre que llena
    con ellas su aljaba:
    no quedará derrotado cuando litigue
    con su adversario en la plaza.
    Antífona 3: Llamé al Señor, y él me respondió.
    Salmo 127
    Paz doméstica en el hogar del justo
    «Que el Señor te bendiga desde Sión», es decir, desde su Iglesia. (Arnobio)
    Dichoso el que teme al Señor
    + y sigue sus caminos.

    Comerás del fruto de tu trabajo,
    serás dichoso, te irá bien;
    tu mujer, como parra fecunda,
    en medio de tu casa;

    tus hijos, como renuevos de olivo,
    alrededor de tu mesa:
    ésta es la bendición del hombre
    que teme al Señor.

    Que el Señor te bendiga desde Sión,
    que veas la prosperidad de Jerusalén
    todos los días de tu vida;
    que veas a los hijos de tus hijos.
    ¡Paz a Israel!

    Lectura Breve

    Ba 4,21-22
    ¡Ánimo, hijos! Gritad a Dios para que os libre del poder enemigo. Yo espero que el Eterno os salvará, el Santo ya me llena de alegría, porque muy pronto el Eterno, vuestro Salvador, tendrá misericordia de vosotros.

    Responsorio Breve

    V. Recuerda, Señor, tu ternura.
    R. Y tu misericordia, que son eternas.

    Oración

    Oremos:
    Tú nos has convocado, Señor, en tu presencia en aquella misma hora en que los apóstoles subían al templo para la oración de la tarde; concédenos que las súplicas que ahora te dirigimos en nombre de Jesús, tu Hijo, alcancen la salvación a cuantos invocan este nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.
    Amén.

    Conclusión

    Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
    V. Bendigamos al Señor.
    R. Demos gracias a Dios.

    EL ÁNGELUS


    LUNES Y SABADOS
    El Ángelus. El Santo Rosario. La Coronilla de la Divina Misericordia.

    El Ángelus

    V/. El ángel del Señor anunció a María.
    R/. Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
    Dios te salve, María…

    V/. He aquí la esclava del Señor.
    R/. Hágase en mí según tu palabra.
    Dios te salve, María…

    V/. Y el Verbo de Dios se hizo carne.
    R/. Y habitó entre nosotros.
    Dios te salve, María…

    V/. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
    R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

    Oración
    Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas, para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz, seamos llevados a la gloria de su re­su­rrección. Por Jesucristo nuestro Señor.
    R/. Amén.

    Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios: no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita.

    .
    EL SANTO ROSARIO

    .Misterios Gozosos (LUNES Y SABADOS)
    .Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos…
    .1º La Encarnación del Hijo de Dios. (Lc 1, 26-38)
     2º La Visitación de María a su prima Isabel. (Lc 1, 39-56)
     3º El Nacimiento del niño Dios.  (Lc 2, 1-20)
     4º Presentación del Niño en el Templo. (Lc 2,21-35)
     5º El niño perdido y hallado en el templo. (Lc 2,41-52)

    .Oremos:  
    Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión de santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

    .
    La Coronilla de la Divina Misericordia

    Se utiliza un rosario común de cinco decenas.
    1 Comenzar con un Padre Nuestro, Avemaría, y Credo.

    2 Al comenzar cada decena (cuentas grandes del Padre Nuestro) decir:
    "Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo,
    la Sangre, el Alma y la Divinidad
    de Tu Amadísimo Hijo,
    Nuestro Señor Jesucristo,
    para el perdón de nuestros
    pecados y los del mundo entero."
    .
    3. En las cuentas pequeñas del Ave María:
    "Por Su dolorosa Pasión,
    ten misericordia de nosotros
    y del mundo entero."

    Al finalizar las cinco decenas de la coronilla se repite tres
    veces
    :
    "Santo Dios, Santo Fuerte,
    Santo Inmortal, ten piedad de
    nosotros y del mundo entero."


    . El que DESEA y QUIERE amar, con el corazón según EL SEÑOR: llegará a ser,  SANTO

    PARA TI


    MARCOS 5,1-20. CICLO C. LO QUE ME DICE EL EVANGELIO


    Lunes, 4 de febrero de 2019
    Lo que me dice el Evangelio de  Marcos 5,1-20. Ciclo C. (Ellos le rogaban que se marchase de su comarca)   *Hoy puedo recordar, que yo también he vivido en los sepulcros. No puedo culpar a las personas, que echaron al Señor de su territorio, porque él Señor de alguna manera ha tocado sus intereses, sus bienes, sus negocio, y su dinero. Cuándo yo visitaba las discotecas, los centros de prostitución, los lugares de apuesta, de juego, los lugares donde se practica la hechicería, la brujería, consultando los horóscopos diariamente buscando suerte, y bienestar. Más algo importante está pasando en mi vida a partir de cuándo el Señor comienza a visitar mi vida atreves de su Palabra como he comenzado a dejar de gastar mi dinero en estos lugares. Pero a los dueños no le conviene que el Señor, visite los sepulcros, porque irían a la quiebra. Lo digo por mí, ya mi dinero a esos lugares no llega. El Señor me invita a que diga lo que él está haciendo en mí y diga cómo ha tenido misericordia de mí y que no tenga miedo de decir de donde el Señor a mí me esta sacado*. 

    *El que DESEA y QUIERE amar, con el corazón según EL SEÑOR: llegará a ser, SANTO*