SÁBADO DE SEMANA VI
Del Propio. Salmodia Complementaria.
12 de mayo
HORA NONA
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: SALVADOR DEL MUNDO
Salvador del mundo,
Señor de los ángeles:
por tu cruz gloriosa
la muerte venciste.
Oh Señor, consérvanos
los dones amables
que, con sufrimientos,
tú nos mereciste.
Y a quienes a precio
de dolor salvaste,
llévalos al cielo
para que te alaben.
Llévanos a todos,
Señor, suplicámoste,
pues que nos hiciste
reino de tu Padre. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo 125 - DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo 126 - EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS.
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo 127 - PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
¡Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA BREVE 2Co 5, 14-15
El amor de Cristo nos apremia, al pensar que, si uno murió por todos, consiguientemente todos murieron en él; y murió por todos, para que los que viven no vivan ya para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
V. Quédate con nosotros, Señor. Aleluya.
R. Porque ya es tarde. Aleluya.
ORACIÓN
OREMOS,
Mueve, Señor, nuestros corazones para que se adhieran siempre a obrar el bien; que, tendiendo sin desfallecer hacia lo mejor, alcancemos vivir también en la eternidad los bienes del misterio pascual. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
Musica Para el Alma
viernes, 11 de mayo de 2018
EL ROSARIO
EL SANTO ROSARIO
.
Misterios Gozosos (LUNES Y SABADOS)
.
Por la señal de la Santa
Cruz, de nuestros enemigos…
.
1º La Encarnación del Hijo de Dios. (Lc 1, 26-38)
2º La Visitación de María a su prima Isabel. (Lc 1, 39-56)
3º El Nacimiento del
niño Dios. (Lc 2, 1-20)
4º Presentación del Niño en el Templo. (Lc 2,21-35)
5º El niño perdido y hallado en el templo. (Lc 2,41-52)
.
Oremos:
Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos
siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión de santa María, la
Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del
cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
.
《 El que DESEA y QUIERE amar, con el corazón según EL
SEÑOR: llegará a ser, SANTO 》
JUAN 16, 23b-28 LO QUE ME DICE EL EVANGELIO
Lo
que me dice: El Santo Evangelio:
Sábado, 12 de mayo de
2018 (Juan 16,
23b-28). («Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo
rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me
queréis y creéis que yo salí de Dios »).
*Cuando niño yo tenía un amiguito, que compartí muchos momento, de alegría,
de juego, de diversión, de salida, y decía muy orgulloso ese es mi
amiguito, eran tan bellos y agradable aquellos momentos, era tan grade la
confianza con mi amiguito, que mis padres me dejaban salir con sus padre y mis
padres se sentían seguro cunado yo salía con mi amiguito y sus padres. En ese
punto mi invita el Señor hacer su amigo y quererlo y creer en él, y su padre
viendo como soy con su hijo, como comparto con su hijo, viendo su Padre, como
es mi amista con su hijo, sincera, sin malas intenciones, no buscando mi
beneficio, sino siendo un amigo leal, fiel, respetuoso. El padre cuando vea mi
actitud con su hijo, seguro que si su hijo le pido un favor para mí me lo
concederá, porque el padre dirá ese es un gran amigo de mi hijo, y podre decir lleno
de alegría YO TENGO UN AMIGO QUE ME AMA, ME AMA, SU NOMBRE ES*.
《 *El que DESEA y QUIERE amar, con el
corazón según EL SEÑOR: llegará a ser, SANTO* 》
EVANGELIO
Sábado, 12 de mayo de 2018
Evangelio
Lectura del santo
evangelio según san Juan (16,23b-28):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.
Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente.
Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios.
Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».
Palabra del Señor
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.
Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente.
Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios.
Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».
Palabra del Señor
SALMO
Sábado, 12 de mayo de 2018
Salmo
Sal 46,2-18-9.10
R/. Dios es el rey del mundo
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R/.
Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R/.
Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso. R/.
R/. Dios es el rey del mundo
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R/.
Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R/.
Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso. R/.
Gloria al Padre y al
Hijo y al Espíritu Santo.
PRIMERA LECTURA
Sábado, 12 de mayo de 2018
Primera
lectura
Lectura del libro de los
Hechos de los apóstoles (18,23-28):
PASADO algún tiempo en Antioquía, Pablo marchó y recorrió sucesivamente Galacia y Frigia, animando a los discípulos.
Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras. Lo habían instruido en el camino del Señor y exponía con entusiasmo y exactitud lo referente a Jesús, aunque no conocía más que el bautismo de Juan.
Apolo, pues, se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Áquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Una vez llegado, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.
Palabra de Dios
PASADO algún tiempo en Antioquía, Pablo marchó y recorrió sucesivamente Galacia y Frigia, animando a los discípulos.
Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras. Lo habían instruido en el camino del Señor y exponía con entusiasmo y exactitud lo referente a Jesús, aunque no conocía más que el bautismo de Juan.
Apolo, pues, se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Áquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Una vez llegado, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.
Palabra de Dios
LECTURAS LARGAS
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los apóstoles 24, 1-27
PABLO ANTE EL PROCURADOR FÉLIX
En aquellos días, bajó el sumo sacerdote Ananías con algunos ancianos y un tal Tértulo, que era abogado, para presentar demanda contra Pablo ante el procurador. Citado que hubieron a Pablo, empezó Tértulo su acusación en estos términos:
«La gran paz de que gozamos, gracias a ti, y las mejoras que, por tu providencia, se han realizado en favor de nuestro pueblo son beneficios que siempre y en todas partes hemos recibido, óptimo Félix, con suma gratitud. Pero no quiero entretenerte demasiado; sólo te ruego que nos escuches unos momentos con tu acostumbrada bondad. Pues bien, nos consta que este hombre es una peste, que incita a la rebelión a todos los judíos por todo el imperio, y que es jefe de esa secta de los nazarenos. Hasta ha intentado profanar el templo. Por este motivo lo prendimos. Puedes tú mismo tomarle ahora declaración y cerciorarte por su misma boca de la verdad de todas nuestras acusaciones.»
Los judíos, por su parte, se adhirieron a la acusación, asegurando que era verdad. A una señal del procurador, tomó Pablo la palabra y se expresó así:
«Sabiendo que desde hace muchos años eres juez de esta nación, voy a hablar con toda confianza en mi defensa. Sabrás que no hace doce días que subí a Jerusalén a adorar a Dios, y que ni en el templo, ni en las sinagogas, ni por la ciudad me encontraron discutiendo con nadie o amotinando a la gente. Y de ningún modo pueden demostrar las acusaciones de que me hacen ahora objeto. Yo te declaro lo siguiente: Yo sirvo al Dios de mis padres según la doctrina y modo de vivir que ellos llaman secta. Pero yo conservo mi fe en todo cuanto se halla escrito en la ley y en los profetas, y tengo mi esperanza fundada en Dios, como la tienen ellos mismos, de que habrá resurrección de buenos y malos. Por esto me esfuerzo también yo mismo en tener siempre una conciencia limpia ante Dios y ante los hombres. Al cabo, pues, de muchos años he venido a traer las limosnas recogidas para los de mi nación y a ofrecer sacrificios. Y en esa ocasión, cuando estaba yo purificado, me encontraron en el templo, pero sin haber provocado yo revuelta ni alboroto alguno. Y los que me encontraron fueron algunos judíos de la provincia romana de Asia. Éstos son los que deberían presentarse aquí, y acusarme si tenían algo contra mí. O bien, que digan estos mismos qué crimen encontraron en mí, cuando comparecí ante el Consejo, como no fuese esta sola frase, que en medio de ellos proferí en alta voz; "Por defender la resurrección de los muertos me encuentro hoy procesado ante vosotros."»
Félix, que estaba bien al tanto de cuanto a esta doctrina se refería, difirió el proceso, diciendo:
«Cuando baje el tribuno Lisias, examinaré a fondo vuestra causa.»
Y dio orden al centurión de custodiar a Pablo, pero de dejarle cierta libertad, permitiendo a sus amigos que le socorriesen. Algunos días más tarde, se presentó Félix con su mujer Drusila, que era judía. Y, habiendo mandado llamar a Pablo, lo oyó hablar acerca de la fe en Cristo Jesús. Según iba hablando Pablo sobre la justificación, la continencia y el juicio final, Félix se llenó de terror y le dijo:
«Por ahora retírate. Ya te llamaré cuando tenga tiempo.»
Esperaba, por otra parte, que Pablo le diese dinero, y por eso lo hacía llamar muchas veces y conversaba con él. Así transcurrieron dos años. A Félix, le sucedió Porcio Festo; y Félix, queriendo congraciarse con los judíos, dejó a Pablo en la prisión.
RESPONSORIO Jn 5, 28-29; Hch 24, 14. 15
R. Llega la hora en que los que están en el sepulcro oirán la voz del Hijo de Dios. * Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida. Aleluya.
V. Sirvo al Dios de mis Padres, y tengo mi esperanza fundada en Dios de que habrá resurrección de buenos y malos.
R. Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de san Gregorio de Nisa, obispo, sobre el Cantar de los cantares
(Homilía 15: PG 44, 1115-1118)
YO LES HE DADO LA GLORIA QUE TÚ ME DISTE
Cuando el amor llega a eliminar del todo el temor, el mismo temor se convierte en amor; entonces llega a comprenderse que la unidad es lo que alcanza la salvación, cuando estamos todos unidos, por nuestra íntima adhesión al solo y único bien, por la perfección de la que nos hace participar la paloma mística.
Algo de esto podemos deducir de aquellas palabras: Es única mi paloma, mi perfecta; es la única hija de su madre, la predilecta de quien la engendró.
Pero las palabras del Señor en el Evangelio nos enseñan esto mismo de una manera más clara. Él, en efecto, habiendo dado, por su bendición, todo poder a sus discípulos, otorgó también los demás bienes a sus elegidos, mediante las palabras con que se dirige al Padre, añadiendo el más importante de estos bienes, el de que, en adelante, no estén ya divididos por divergencia alguna en la apreciación del bien, sino que sean una sola cosa, por su unión con el solo y único bien. Así, unidos en la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz, como dice el Apóstol, serán todos un solo cuerpo y un solo espíritu, por la única esperanza a la que han sido llamados.
Pero será mejor citar literalmente las divinas palabras del Evangelio: Para que todos sean uno -dice-; para que, así como tú, Padre, estás en mi y yo en ti, sean ellos una cosa en nosotros.
El nexo de esta unidad es la gloria. Nadie podrá negar razonablemente que este nombre, gloria, se atribuye al Espíritu Santo, si se fija en las palabras del Señor, cuando dice: Yo les he dado la gloria que tú me diste. De hecho, dio esta gloria a los discípulos, cuando les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
Y esta gloria que él poseía desde siempre, antes de la existencia del mundo, la recibió él también al revestirse de la naturaleza humana; y, una vez que esta naturaleza humana de Cristo fue glorificada por el Espíritu Santo, la gloria del Espíritu fue comunicada a todo ser que participa de esta naturaleza, empezando por los apóstoles.
Por esto dice: Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos y tú en mi para que sean perfectos en la unidad. Por esto, todo aquel que va creciendo de la niñez hasta alcanzar el estado de hombre perfecto llega a aquella madurez espiritual, capaz de entender las cosas, capaz, por fin, de la gloria del Espíritu Santo, por su pureza de vida, limpia de todo defecto; éste es la paloma perfecta a la que se refiere el Esposo cuando dice: Es única mi paloma, mi perfecta.
RESPONSORIO Cf. Jn 15, 15; cf. 14, 26; 15, 14
R. Ya no os llamaré siervos, sino amigos; porque sabéis todo lo que he hecho en medio de vosotros. * Recibid en vosotros el Espíritu Santo, el Abogado que el Padre os enviará. Aleluya.
V. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando.
R. Recibid en vosotros el Espíritu Santo, el Abogado que el Padre os enviará. Aleluya.
ORACIÓN.
OREMOS,
Mueve, Señor, nuestros corazones para que se adhieran siempre a obrar el bien; que, tendiendo sin desfallecer hacia lo mejor, alcancemos vivir también en la eternidad los bienes del misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
De los Hechos de los apóstoles 24, 1-27
PABLO ANTE EL PROCURADOR FÉLIX
En aquellos días, bajó el sumo sacerdote Ananías con algunos ancianos y un tal Tértulo, que era abogado, para presentar demanda contra Pablo ante el procurador. Citado que hubieron a Pablo, empezó Tértulo su acusación en estos términos:
«La gran paz de que gozamos, gracias a ti, y las mejoras que, por tu providencia, se han realizado en favor de nuestro pueblo son beneficios que siempre y en todas partes hemos recibido, óptimo Félix, con suma gratitud. Pero no quiero entretenerte demasiado; sólo te ruego que nos escuches unos momentos con tu acostumbrada bondad. Pues bien, nos consta que este hombre es una peste, que incita a la rebelión a todos los judíos por todo el imperio, y que es jefe de esa secta de los nazarenos. Hasta ha intentado profanar el templo. Por este motivo lo prendimos. Puedes tú mismo tomarle ahora declaración y cerciorarte por su misma boca de la verdad de todas nuestras acusaciones.»
Los judíos, por su parte, se adhirieron a la acusación, asegurando que era verdad. A una señal del procurador, tomó Pablo la palabra y se expresó así:
«Sabiendo que desde hace muchos años eres juez de esta nación, voy a hablar con toda confianza en mi defensa. Sabrás que no hace doce días que subí a Jerusalén a adorar a Dios, y que ni en el templo, ni en las sinagogas, ni por la ciudad me encontraron discutiendo con nadie o amotinando a la gente. Y de ningún modo pueden demostrar las acusaciones de que me hacen ahora objeto. Yo te declaro lo siguiente: Yo sirvo al Dios de mis padres según la doctrina y modo de vivir que ellos llaman secta. Pero yo conservo mi fe en todo cuanto se halla escrito en la ley y en los profetas, y tengo mi esperanza fundada en Dios, como la tienen ellos mismos, de que habrá resurrección de buenos y malos. Por esto me esfuerzo también yo mismo en tener siempre una conciencia limpia ante Dios y ante los hombres. Al cabo, pues, de muchos años he venido a traer las limosnas recogidas para los de mi nación y a ofrecer sacrificios. Y en esa ocasión, cuando estaba yo purificado, me encontraron en el templo, pero sin haber provocado yo revuelta ni alboroto alguno. Y los que me encontraron fueron algunos judíos de la provincia romana de Asia. Éstos son los que deberían presentarse aquí, y acusarme si tenían algo contra mí. O bien, que digan estos mismos qué crimen encontraron en mí, cuando comparecí ante el Consejo, como no fuese esta sola frase, que en medio de ellos proferí en alta voz; "Por defender la resurrección de los muertos me encuentro hoy procesado ante vosotros."»
Félix, que estaba bien al tanto de cuanto a esta doctrina se refería, difirió el proceso, diciendo:
«Cuando baje el tribuno Lisias, examinaré a fondo vuestra causa.»
Y dio orden al centurión de custodiar a Pablo, pero de dejarle cierta libertad, permitiendo a sus amigos que le socorriesen. Algunos días más tarde, se presentó Félix con su mujer Drusila, que era judía. Y, habiendo mandado llamar a Pablo, lo oyó hablar acerca de la fe en Cristo Jesús. Según iba hablando Pablo sobre la justificación, la continencia y el juicio final, Félix se llenó de terror y le dijo:
«Por ahora retírate. Ya te llamaré cuando tenga tiempo.»
Esperaba, por otra parte, que Pablo le diese dinero, y por eso lo hacía llamar muchas veces y conversaba con él. Así transcurrieron dos años. A Félix, le sucedió Porcio Festo; y Félix, queriendo congraciarse con los judíos, dejó a Pablo en la prisión.
RESPONSORIO Jn 5, 28-29; Hch 24, 14. 15
R. Llega la hora en que los que están en el sepulcro oirán la voz del Hijo de Dios. * Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida. Aleluya.
V. Sirvo al Dios de mis Padres, y tengo mi esperanza fundada en Dios de que habrá resurrección de buenos y malos.
R. Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de san Gregorio de Nisa, obispo, sobre el Cantar de los cantares
(Homilía 15: PG 44, 1115-1118)
YO LES HE DADO LA GLORIA QUE TÚ ME DISTE
Cuando el amor llega a eliminar del todo el temor, el mismo temor se convierte en amor; entonces llega a comprenderse que la unidad es lo que alcanza la salvación, cuando estamos todos unidos, por nuestra íntima adhesión al solo y único bien, por la perfección de la que nos hace participar la paloma mística.
Algo de esto podemos deducir de aquellas palabras: Es única mi paloma, mi perfecta; es la única hija de su madre, la predilecta de quien la engendró.
Pero las palabras del Señor en el Evangelio nos enseñan esto mismo de una manera más clara. Él, en efecto, habiendo dado, por su bendición, todo poder a sus discípulos, otorgó también los demás bienes a sus elegidos, mediante las palabras con que se dirige al Padre, añadiendo el más importante de estos bienes, el de que, en adelante, no estén ya divididos por divergencia alguna en la apreciación del bien, sino que sean una sola cosa, por su unión con el solo y único bien. Así, unidos en la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz, como dice el Apóstol, serán todos un solo cuerpo y un solo espíritu, por la única esperanza a la que han sido llamados.
Pero será mejor citar literalmente las divinas palabras del Evangelio: Para que todos sean uno -dice-; para que, así como tú, Padre, estás en mi y yo en ti, sean ellos una cosa en nosotros.
El nexo de esta unidad es la gloria. Nadie podrá negar razonablemente que este nombre, gloria, se atribuye al Espíritu Santo, si se fija en las palabras del Señor, cuando dice: Yo les he dado la gloria que tú me diste. De hecho, dio esta gloria a los discípulos, cuando les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
Y esta gloria que él poseía desde siempre, antes de la existencia del mundo, la recibió él también al revestirse de la naturaleza humana; y, una vez que esta naturaleza humana de Cristo fue glorificada por el Espíritu Santo, la gloria del Espíritu fue comunicada a todo ser que participa de esta naturaleza, empezando por los apóstoles.
Por esto dice: Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos y tú en mi para que sean perfectos en la unidad. Por esto, todo aquel que va creciendo de la niñez hasta alcanzar el estado de hombre perfecto llega a aquella madurez espiritual, capaz de entender las cosas, capaz, por fin, de la gloria del Espíritu Santo, por su pureza de vida, limpia de todo defecto; éste es la paloma perfecta a la que se refiere el Esposo cuando dice: Es única mi paloma, mi perfecta.
RESPONSORIO Cf. Jn 15, 15; cf. 14, 26; 15, 14
R. Ya no os llamaré siervos, sino amigos; porque sabéis todo lo que he hecho en medio de vosotros. * Recibid en vosotros el Espíritu Santo, el Abogado que el Padre os enviará. Aleluya.
V. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando.
R. Recibid en vosotros el Espíritu Santo, el Abogado que el Padre os enviará. Aleluya.
ORACIÓN.
OREMOS,
Mueve, Señor, nuestros corazones para que se adhieran siempre a obrar el bien; que, tendiendo sin desfallecer hacia lo mejor, alcancemos vivir también en la eternidad los bienes del misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
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