*LAS LAUDES Y
LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar
este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
*VIERNES
SEMANA V PASCUA*
LAUDES
(Oración
de la mañana)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Señor abre mis labios
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant.
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
Salmo
94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid,
aclamemos al Señor,
demos
vítores a la Roca que nos salva;
entremos
a su presencia dándole gracias,
aclamándolo
con cantos.
Porque
el Señor es un Dios grande,
soberano
de todos los dioses:
tiene
en su mano las simas de la tierra,
son
suyas las cumbres de los montes;
suyo
es el mar, porque él lo hizo,
la
tierra firme que modelaron sus manos.
Venid,
postrémonos por tierra,
bendiciendo
al Señor, creador nuestro.
Porque
él es nuestro Dios,
y
nosotros su pueblo,
el
rebaño que él guía.
Ojalá
escuchéis hoy su voz:
«No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como
el día de Masá en el desierto;
cuando
vuestros padres me pusieron a prueba
y
dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante
cuarenta años
aquella
generación me repugnó, y dije:
Es
un pueblo de corazón extraviado,
que
no reconoce mi camino;
por
eso he jurado en mi cólera
que
no entrarán en mi descanso»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno:
TU CUERPO ES LAZO DE AMORES
Tu
cuerpo es lazo de amores,
de
Dios y el hombre atadura;
amor
que a tu cuerpo acude
como
tu cuerpo perdura.
Tu
cuerpo, surco de penas,
hoy
es de luz y rocío;
que
lo vean los que lloran
con
ojos enrojecidos.
Tu
cuerpo espiritual
es
la Iglesia congregada;
tan
fuerte como tu cruz,
tan
bella como tu Pascua.
Tu
cuerpo sacramental
es
de tu carne y tu sangre,
y
la Iglesia, que es tu Esposa,
se
acerca para abrazarte. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Acuérdate de mí, Señor Jesús, cuando llegues a tu reino. Aleluya.
Salmo
50 - CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Misericordia,
Dios mío, por tu bondad;
por
tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava
del todo mi delito,
limpia
mi pecado.
Pues
yo reconozco mi culpa,
tengo
siempre presente mi pecado:
contra
ti, contra ti solo pequé,
cometí
la maldad que aborreces.
En
la sentencia tendrás razón,
en
el juicio brillará tu rectitud.
Mira,
que en la culpa nací,
pecador
me concibió mi madre.
Te
gusta un corazón sincero,
y
en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame
con el hisopo: quedaré limpio;
lávame:
quedaré más blanco que la nieve.
Hazme
oír el gozo y la alegría,
que
se alegren los huesos quebrantados.
Aparta
de mi pecado tu vista,
borra
en mí toda culpa.
¡Oh
Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame
por dentro con espíritu firme;
no
me arrojes lejos de tu rostro,
no
me quites tu santo espíritu.
Devuélveme
la alegría de tu salvación,
afiánzame
con espíritu generoso:
enseñaré
a los malvados tus caminos,
los
pecadores volverán a ti.
Líbrame
de la sangre, ¡oh Dios,
Dios,
Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor,
me abrirás los labios,
y
mi boca proclamará tu alabanza.
Los
sacrificios no te satisfacen;
si
te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi
sacrificio es un espíritu quebrantado:
un
corazón quebrantado y humillado
tú
no lo desprecias.
Señor,
por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye
las murallas de Jerusalén:
entonces
aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas
y holocaustos,
sobre
tu altar se inmolarán novillos.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Acuérdate de mí, Señor Jesús, cuando llegues a tu reino. Aleluya.
Ant
2. Es verdad: tú eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador.
Aleluya.
Cántico:
QUE LOS PUEBLOS TODOS SE CONVIERTAN AL SEÑOR. Is 45, 15-25
Es
verdad: tú eres un Dios escondido,
el
Dios de Israel, el Salvador.
Se
avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se
van avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras
el Señor salva a Israel
con
una salvación perpetua,
para
que no se avergüencen ni se sonrojen
nunca
jamás.
Así
dice el Señor, creador del cielo
-
él es Dios -,
él
modeló la tierra,
la
fabricó y la afianzó;
no
la creó vacía,
sino
que la formó habitable:
«Yo
soy el Señor y no hay otro.»
No
te hablé a escondidas,
en
un país tenebroso,
no
dije a la estirpe de Jacob:
«Buscadme
en el vacío.»
Yo
soy el Señor que pronuncia sentencia
y
declara lo que es justo.
Reuníos,
venid, acercaos juntos,
supervivientes
de las naciones.
No
discurren los que llevan su ídolo de madera,
y
rezan a un dios que no puede salvar.
Declarad,
aducid pruebas,
que
deliberen juntos:
¿Quién
anunció esto desde antiguo,
quién
lo predijo desde entonces?
¿No
fui yo, el Señor?
-
No hay otro Dios fuera de mí -.
Yo
soy un Dios justo y salvador,
y
no hay ninguno más.
Volveos
hacia mí para salvaros,
confines
de la tierra,
pues
yo soy Dios y no hay otro.
Yo
juro por mi nombre,
de
mi boca sale una sentencia,
una
palabra irrevocable:
«Ante
mí se doblará toda rodilla,
por
mí jurará toda lengua»,
dirán:
«Sólo el Señor
tiene
la justicia y el poder.»
A
él vendrán avergonzados
los
que se enardecían contra él,
con
el Señor triunfará y se gloriará
la
estirpe de Israel.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Es verdad: tú eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador. Aleluya.
Ant
3. Servid al Señor con alegría. Aleluya.
Salmo
99 - ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO.
Aclama
al Señor, tierra entera,
servid
al Señor con alegría,
entrad
en su presencia con aclamaciones.
Sabed
que el Señor es Dios:
que
él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad
por sus puertas con acción de gracias,
por
sus atrios con himnos,
dándole
gracias y bendiciendo su nombre:
«El
Señor es bueno,
su
misericordia es eterna,
su
fidelidad por todas las edades.»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Servid al Señor con alegría. Aleluya.
LECTURA
BREVE Hch 5,30-32
El
Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole
de un madero. La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para
otorgar a Israel la conversión, el perdón de los pecados. Testigos de esto
somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.
RESPONSORIO
BREVE
V.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
R.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V.
El que por nosotros colgó del madero.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
PRIMERA
LECTURA
De
los Hechos de los apóstoles 19, 21-40
REVUELTA
DE ÉFESO CONTRA PABLO
En
aquellos días, Pablo concibió el propósito de ir a Jerusalén atravesando
Macedonia y Acaya. Y pensaba:
«Después
de estar allí, he de visitar también Roma.»
Envió
a Macedonia a dos de sus auxiliares, a Timoteo y a Erasto; y él se detuvo algún
tiempo en el Asia proconsular.
Hubo
por aquellos días un gran tumulto con motivo de la predicación del Evangelio.
Un platero, llamado Demetrio, que labraba en plata templetes de Artemisa,
proporionaba mucho trabajo y ganancia a los artífices. Los convocó un día,
junto con los demás obreros del ramo, y les dijo:
«Bien
sabéis, amigos, que de esta industria depende nuestro bienestar. También estáis
viendo y oyendo decir que no sólo en Éfeso, sino en casi toda el Asia
proconsular, este Pablo, con su persuasión, ha llevado tras de sí a mucha
gente, diciéndoles que no son dioses los que fabricamos con nuestras manos.
Esto supone el peligro no sólo de que vaya a la ruina nuestra industria, sino
también de que el mismo santuario de la gran diosa Artemisa pierda su
prestigio. Con ello quedará despojada de su grandeza aquella a quien toda el
Asia proconsular y el orbe veneran.»
Ante
estas palabras, se llenaron de ira y comenzaron a gritar:
«¡Grande
es la Artemisa de los efesios!»
Se
produjo un revuelo en la ciudad, y todos a una se precipitaron en el teatro,
arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de viaje de
Pablo. Quería Pablo salir en público ante el gentío allí reunido, pero no le
dejaron los discípulos. Incluso algunos magistrados de la provincia romana de
Asia, amigos suyos, le mandaron recado, rogándole que no se presentase en el
teatro. Unos gritaban una cosa, y otros otra. La gente que se había reunido se
hallaba revuelta y alborotada, y la mayor parte no sabían por qué se habían
reunido. En esto, algunos de entre la multitud dieron sus instrucciones a
Alejandro, a quien los judíos habían hecho destacarse; y Alejandro, haciendo
señas con la mano, intentó hablar en defensa propia ante la reunión. Apenas se
dieron cuenta de que era judío, levantaron todos a una la voz y estuvieron por
espacio de dos horasgritando:
«¡Grande
es la Artemisa de los efesios!»
Por
fin, el alto funcionario de la ciudad logró calmar la multitud, y se expresó
así:
«Efesios,
¿quién no sabe que la ciudad de Éfeso es la guardiana del templo de la gran
Artemisa y de su estatua traída del cielo? Esto no lo puede negar nadie. Pro lo
tanto, conviene que estéis en calma y que no hagáis nada atropelladamente;
porque habéis traído aquí a estos hombres que ni son sacrilegos ni blasfeman
contra vuestra diosa. Si Demetrio y sus compañeros de profesión tienen algo que
demandar contra alguno, asambleas públicas se celebran, y procónsules hay: que
recurran a ellos. Si alguna otra cosa deseáis, la trataremos en la asamblea
legal ordinaria. Porque estamos expuestos a que nos acusen de sedición por lo
que ha sucedido hoy, y no hay motivo alguno que justifique este tumulto.» Y,
dicho esto, disolvió la manifestación.
RESPONSORIO
Cf. 2Co 1, 8.9
R.
No quisiéramos que desconocieseis la tribulación que nos sobrevino en el Asia
Menor. * Pero no pusimos nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios,
que resucita a los muertos. Aleluya.
V.
Nos vimos agobiados lo indecible, hasta no poder más.
R.
Pero no pusimos nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios, que
resucita a los muertos. Aleluya.
SEGUNDA
LECTURA
De
los Sermones del beato Isaac, abad del monasterio de Stella
(Sermón
42: PL 194, 1831-1832)
PRIMOGÉNITO
DE MUCHOS HERMANOS
Así
como la cabeza y el cuerpo forman un solo hombre, así también el Hijo de la
Virgen y sus miembros elegidos forman un solo hombre y un solo Hijo del hombre.
Dice la Escritura: El Cristo íntegro y total lo forman la cabeza y el cuerpo,
ya que todos los miembros juntos forman un solo cuerpo, el cual, junto con la
cabeza, constituye un solo Hijo del hombre, un solo Hijo de Dios, por su unión
con el Hijo de Dios en persona, el cual, a su vez, es un solo Dios por su unión
con la divinidad.
Por
tanto, todo el cuerpo unido a la cabeza es Hijo del hombre e Hijo de Dios, y
aun Dios. De ahí aquellas palabras: Padre, quiero que sean uno, como nosotros
somos uno.
Así
pues, según este famoso texto de la Escritura, no existe el cuerpo separado de
la cabeza, ni la cabeza separada del cuerpo; ni existe el Cristo total, cuerpo
y cabeza, separado de Dios.
De
manera que todo el conjunto, por su unión con Dios, es un solo Dios; pero el
Hijo de Dios está unido con Dios por naturaleza, y el Hijo del hombre está
unido con el Hijo de Dios de manera personal, mientras que su cuerpo lo está de
un modo místico. Por consiguiente, los miembros de Cristo, unidos
espiritualmente a él por la fe, pueden afirmar con todo derecho que son ellos
también lo mismo que es él, Hijo de Dios y Dios. Pero él lo es por naturaleza,
los miembros por comunicación; él lo es en plenitud, los miembros por
participación; finalmente, él es Hijo de Dios por generación, los miembros lo
son por adopción, tal como está escrito: Habéis recibido espíritu de adopción
filial, por el que clamamos: «¡Padre!»
Según
este espíritu, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios, para que el
primogénito de muchos hermanos pudiera enseñarnos a decir: Padre nuestro, que
estás en el cielo. Y en otro lugar dice el Señor: Subo a mi Padre y a vuestro
Padre.
Por
el mismo Espíritu por el cual el Hijo del hombre nació del seno de la Virgen
como cabeza nuestra, nosotros renacemos en la fuente bautismal como hijos de
Dios y como cuerpo del Hijo del hombre. Y, así como él nació inmune de pecado,
así también nosotros renacemos por el perdón de nuestros pecados.
Del
mismo modo que en la cruz cargó sobre su cuerpo de carne con los pecados de
todo el cuerpo, así quiso también que a su cuerpo místico, por la gracia de la
regeneración, no le fuese imputado pecado alguno, como está escrito: Dichoso el
hombre a quien el Señor no le apunta el delito. Este hombre dichoso es sin duda
el Cristo íntegro, el cual, en cuanto que su cabeza es Dios, él mismo perdona
los pecados; en cuanto que la cabeza del cuerpo es un Hijo del hombre, nada
tiene personalmente que se le pueda perdonar; y, en cuanto que el cuerpo de la
cabeza son muchos, nada se imputa.
Él
mismo es justo por sí mismo y se justifica a sí mismo. Él mismo es Salvador y
salvado; cargó en su cuerpo sobre el leño los pecados de los cuales limpia a su
cuerpo por medio del agua. Ahora continúa salvando por el leño y por el agua,
como Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo, los cuales cargó sobre
sí mismo, como sacerdote y sacrificio, y como Dios que, ofreciendo su propia
persona a sí mismo, por sí mismo se reconcilió a sí consigo mismo, y con el
Padre y el Espíritu Santo.
RESPONSORIO
Rm 12, 5; Col 2, 9-10; 1, 18
R.
Siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, e individualmente somos miembros
unos de otros. * En su cuerpo glorificado habita toda la plenitud de la
divinidad; e, incorporados a él, alcanzáis también vosotros esa plenitud en él.
Aleluya.
V.
Él es la cabeza del cuerpo de la Iglesia; él es el principio, el primogénito de
entre los muertos, y así es el primero en todo.
R.
En su cuerpo glorificado habita toda la plenitud de la divinidad; e,
incorporados a él, alcanzáis también vosotros esa plenitud en él. Aleluya.
Evangelio del Viernes de la V
Semana de Pascua
08
May 2026
*Lectura
del santo evangelio según san Juan (15,12-17)*
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por
sus amigos.
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a
vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a
conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he
destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os
améis unos a otros».
Palabra
del Señor
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Éste es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. Aleluya.
Cántico
de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito
sea el Señor, Dios de Israel,
porque
ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos
una fuerza de salvación
en
la casa de David, su siervo,
según
lo había predicho desde antiguo
por
boca de sus santos profetas:
Es
la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y
de la mano de todos los que nos odian;
ha
realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando
su santa alianza
y
el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para
concedernos que, libres de temor,
arrancados
de la mano de los enemigos,
le
sirvamos con santidad y justicia,
en
su presencia, todos nuestros días.
Y
a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque
irás delante del Señor
a
preparar sus caminos,
anunciando
a su pueblo la salvación,
el
perdón de sus pecados.
Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos
visitará el sol que nace de lo alto,
para
iluminar a los que viven en tiniebla
y
en sombra de muerte,
para
guiar nuestros pasos
por
el camino de la paz.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Éste es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. Aleluya.
PRECES
Dirijamos
nuestra oración a Dios Padre, que por la resurrección de Jesucristo nos ha dado
vida nueva, y digámosle:
Ilumínanos,
Señor, con la claridad de Jesucristo.
Señor,
Padre clementísimo, tú que nos has revelado tu plan de salvación, proyectado
desde antes de la creación del mundo, y eres fiel en todas tus promesas,
escucha
con amor nuestras plegarias.
Purifícanos
con tu verdad y encamina nuestros pasos por las sendas de la santidad,
para
que hagamos siempre el bien según tu agrado.
Haz
resplandecer tu rostro sobre nosotros,
para
que, libres de todo mal, nos saciemos con los bienes de tu casa.
Tú
que por Cristo nos reconciliaste contigo,
danos
la paz a nosotros y a todos los hombres del mundo.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Porque
deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que
su reino llegue a nosotros:
Padre
nuestro...
ORACION
Señor,
concédenos realizar plenamente en nosotros mismos el misterio pascual, para que
la alegría que experimentamos en estas fiestas nos dé una fuerza constante que
nos lleve a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y
reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los
siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
VÍSPERAS
(Oración
de la tarde)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
TU CUERPO ES PRECIOSA LÁMPARA
Tu
cuerpo es preciosa lámpara,
llagado
y resucitado,
tu
rostro es la luz del mundo,
nuestra
casa, tu costado.
Tu
cuerpo es ramo de abril
y
blanca flor del espino,
y
el fruto que nadie sabe
tras
la flor eres tú mismo.
Tu
cuerpo es salud sin fin,
joven,
sin daño de días;
para
el que busca vivir
es
la raíz de la vida. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Cristo por nosotros se hizo pobre a fin de que nosotros nos enriqueciéramos.
Aleluya.
Salmo
40 - ORACIÓN DE UN ENFERMO.
Dichoso
el que cuida del pobre y desvalido;
en
el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.
El
Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para
que sea dichoso en la tierra,
y
no lo entrega a la saña de sus enemigos.
El
Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará
los dolores de su enfermedad.
Yo
dije: «Señor, ten misericordia,
sáname,
porque he pecado contra ti.»
Mis
enemigos me desean lo peor;
«A
ver si se muere y se acaba su apellido.»
El
que viene a verme habla con fingimiento,
disimula
su mala intención,
y
cuando sale afuera, la dice.
Mis
adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen
cálculos siniestros:
«Padece
un mal sin remedio,
se
acostó para no levantarse.»
Incluso
mi amigo, de quien yo me fiaba,
que
compartía mi pan,
es
el primero en traicionarme.
Pero
tú, Señor, apiádate de mí,
haz
que pueda levantarme,
para
que yo les dé su merecido.
En
esto conozco que me amas:
en
que mi enemigo no triunfa de mí.
A
mí, en cambio, me conservas la salud,
me
mantienes siempre en tu presencia.
Bendito
el Señor, Dios de Israel,
ahora
y por siempre. Amén, amén.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Cristo por nosotros se hizo pobre a fin de que nosotros nos enriqueciéramos.
Aleluya.
Ant
2. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios. Aleluya.
Salmo
45 - DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO
Dios
es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso
defensor en el peligro.
Por
eso no tememos aunque tiemble la tierra
y
los montes se desplomen en el mar.
Que
hiervan y bramen sus olas,
que
sacudan a los montes con su furia:
El
Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro
alcázar es el Dios de Jacob.
El
correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el
Altísimo consagra su morada.
Teniendo
a Dios en medio, no vacila;
Dios
la socorre al despuntar la aurora.
Los
pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero
él lanza su trueno y se tambalea la tierra.
El
Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro
alcázar es el Dios de Jacob.
Venid
a ver las obras del Señor,
las
maravillas que hace en la tierra:
Pone
fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe
los arcos, quiebra las lanzas,
prende
fuego a los escudos.
«Rendíos,
reconoced que yo soy Dios:
más
alto que los pueblos, más alto que la tierra.»
El
Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro
alcázar es el Dios de Jacob.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios. Aleluya.
Ant
3. Cantemos al Señor, sublime es su victoria. Aleluya.
Cántico:
CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4
Grandes
y maravillosas son tus obras,
Señor,
Dios omnipotente,
justos
y verdaderos tus caminos,
¡oh
Rey de los siglos!
¿Quién
no temerá, Señor,
y
glorificará tu nombre?
Porque
tú solo eres santo,
porque
vendrán todas las naciones
y
se postrarán en tu acatamiento,
porque
tus juicios se hicieron manifiestos.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Cantemos al Señor, sublime es su victoria. Aleluya.
LECTURA
BREVE Hb 5, 8-10
Cristo,
aunque era Hijo de Dios, aprendió por experiencia, en sus padecimientos, la
obediencia, y, habiendo así llegado hasta la plena consumación, se convirtió en
causa de salvación para todos los que lo obedecen, proclamado por Dios sumo
sacerdote «según el rito de Melquisedec.»
RESPONSORIO
BREVE
V.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
R.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V.
Al ver al Señor.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Aleluya.
Cántico
de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
se
alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque
ha mirado la humillación de su esclava.
Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque
el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su
nombre es santo,
y
su misericordia llega a sus fieles
de
generación en generación.
El
hace proezas con su brazo:
dispersa
a los soberbios de corazón,
derriba
del trono a los poderosos
y
enaltece a los humildes,
a
los hambrientos los colma de bienes
y
a los ricos los despide vacíos.
Auxilia
a Israel, su siervo,
acordándose
de su misericordia
-como
lo había prometido a nuestros padres-
en
favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Aleluya.
PRECES
Invoquemos
a Cristo, camino, verdad y vida, y digámosle:
Hijo
de Dios vivo, bendice a tu pueblo.
Te
rogamos, Señor, por los ministros de tu Iglesia: que, al distribuir entre sus
hermanos el pan de vida,
encuentren
también ellos en el pan que distribuyen su alimento y fortaleza.
Te
pedimos por todo el pueblo cristiano: que viva, Señor, como pide la vocación a
que ha sido convocado
y
se esfuerce por mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Te
pedimos por los que rigen los destinos de las naciones: que cumplan su misión
con espíritu de justicia y con amor,
para
que haya paz y concordia entre los pueblos.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Señor,
que podamos celebrar tu santa resurrección con tus ángeles y tus santos,
y
que nuestros hermanos difuntos, a quienes encomendamos a tu bondad, se alegren
también en tu reino.
Terminemos
nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre
nuestro...
ORACION
Señor,
concédenos realizar plenamente en nosotros mismos el misterio pascual, para que
la alegría que experimentamos en estas fiestas nos dé una fuerza constante que
nos lleve a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y
reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los
siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
COMPLETAS
(Oración
antes del descanso nocturno)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
Hermanos,
habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido,
reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo
confieso ante Dios todopoderoso
y
ante vosotros, hermanos,
que
he pecado mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión:
por
mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por
eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a
los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que
intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V.
El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
Himno:
EL CORAZÓN SE DILATA
El
corazón se dilata
sin
noche en tu santo cuerpo,
oh
morada iluminada,
mansión
de todo consuelo.
Por
tu muerte sin pecado,
por
tu descanso y tu premio,
en
ti, Jesús, confiamos,
y
te miramos sin miedo.
Como
vigilia de amor
te
ofrecemos nuestro sueño;
tú
que eres el paraíso,
danos
un puesto en tu reino. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
87 - ORACIÓN DE UN HOMBRE GRAVEMENTE ENFERMO
Señor,
Dios mío, de día te pido auxilio,
de
noche grito en tu presencia;
llegue
hasta ti mi súplica,
inclina
tu oído a mi clamor.
Porque
mi alma está colmada de desdichas,
y
mi vida está al borde del abismo;
ya
me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy
como un inválido.
Tengo
mi cama entre los muertos,
como
los caídos que yacen en el sepulcro,
de
los cuales ya no guardas memoria,
porque
fueron arrancados de tu mano.
Me
has colocado en lo hondo de la fosa,
en
las tinieblas del fondo;
tu
cólera pesa sobre mí,
me
echas encima todas tus olas.
Has
alejado de mí a mis conocidos,
me
has hecho repugnante para ellos:
encerrado,
no puedo salir,
y
los ojos se me nublan de pesar.
Todo
el día te estoy invocando,
tendiendo
las manos hacia ti.
¿Harás
tú maravillas por los muertos?
¿Se
alzarán las sombras para darte gracias?
¿Se
anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o
tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se
conocen tus maravillas en la tiniebla
o
tu justicia en el país del olvido?
Pero
yo te pido auxilio,
por
la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por
qué, Señor, me rechazas
y
me escondes tu rostro?
Desde
niño fui desgraciado y enfermo,
me
doblo bajo el peso de tus terrores,
pasó
sobre mí tu incendio,
tus
espantos me han consumido:
me
rodean como las aguas todo el día,
me
envuelven todos a una;
alejaste
de mí amigos y compañeros:
mi
compañía son las tinieblas.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE Jr 14, 9
Tú
estás en medio de nosotros, Señor, tu nombre ha sido invocado sobre nosotros:
no nos abandones, Señor Dios nuestro.
RESPONSORIO
BREVE
V.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
R.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
V.
Tú, el Dios leal, nos librarás.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con
Cristo y descansemos en paz. Aleluya.
CÁNTICO
DE SIMEÓN Lc 2, 29-32
Ahora,
Señor, según tu promesa,
puedes
dejar a tu siervo irse en paz,
porque
mis ojos han visto a tu Salvador,
a
quien has presentado ante todos los pueblos
luz
para alumbrar a las naciones
y
gloria de tu pueblo Israel.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con
Cristo y descansemos en paz. Aleluya.
ORACION
OREMOS,
Señor,
Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que
reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, lo imitemos
también resucitando a una vida nueva. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
BENDICIÓN
V.
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R.
Amén.
ANTIFONA
FINAL DE LA SANTISIMA VIRGEN
Reina
del cielo, alégrate, aleluya,
porque
Cristo,
a
quien llevaste en tu seno, aleluya,
ha
resucitado, según su palabra, aleluya.
Ruega
al Señor por nosotros, aleluya.
