*LAS LAUDES Y
LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar
este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
DOMINGO SEMANA III DE PASCUA
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant. Verdaderamente ha resucitado el
Señor. Aleluya.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA
DIVINA
Venid,
aclamemos al Señor,
demos
vítores a la Roca que nos salva;
entremos
a su presencia dándole gracias,
aclamándolo
con cantos.
Porque
el Señor es un Dios grande,
soberano
de todos los dioses:
tiene
en su mano las simas de la tierra,
son
suyas las cumbres de los montes;
suyo
es el mar, porque él lo hizo,
la
tierra firme que modelaron sus manos.
Venid,
postrémonos por tierra,
bendiciendo
al Señor, creador nuestro.
Porque
él es nuestro Dios,
y
nosotros su pueblo,
el
rebaño que él guía.
Ojalá
escuchéis hoy su voz:
«No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como
el día de Masá en el desierto;
cuando
vuestros padres me pusieron a prueba
y
dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante
cuarenta años
aquella
generación me repugnó, y dije:
Es
un pueblo de corazón extraviado,
que
no reconoce mi camino;
por
eso he jurado en mi cólera
que
no entrarán en mi descanso»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno: ESTABA AL ALBA MARÍA
Estaba
al alba María,
llamándole
con sus lágrimas.
Vino
la Gloria del Padre
y
amaneció el primer día.
Envuelto
en la blanca túnica
de
su propia luz divina
-la
sábana de la muerte
dejada
en tumba vacía-,
Jesús,
alzado, reinaba;
pero
ella no lo veía.
Estaba
al alba María,
la
fiel esposa que aguarda.
Mueva
el Espíritu al aura
en
el jardín de la vida.
Las
flores huelan la Pascua
de
la carne sin mancilla,
y
quede quieta la esposa
sin
preguntas ni fatiga.
¡Ya
está delante el esposo,
venido
de la colina!
Estaba
al alba María,
porque
era la enamorada. Amén.
SALMODIA
Ant 1. El Señor reina vestido de
majestad. Aleluya.
Salmo 92 - GLORIA DEL DIOS CREADOR
El
Señor reina vestido de majestad,
el
Señor, vestido y ceñido de poder:
así
está firme el orbe y no vacila.
Tu
trono está firme desde siempre,
y
tú eres eterno.
Levantan
los ríos, Señor,
levantan
los ríos su voz,
levantan
los ríos su fragor;
pero
más que la voz de aguas caudalosas,
más
potente que el oleaje del mar,
más
potente en el cielo es el Señor.
Tus
mandatos son fieles y seguros;
la
santidad es el adorno de tu casa,
Señor,
por días sin término.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor reina vestido de
majestad. Aleluya.
Ant 2. La creación será liberada para
participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Aleluya.
Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL
SEÑOR - Dn 3,57-88. 56
Creaturas
todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo
con himnos por los siglos.
Ángeles
del Señor, bendecid al Señor;
cielos,
bendecid al Señor.
Aguas
del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos
del Señor, bendecid al Señor.
Sol
y luna, bendecid al Señor;
astros
del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia
y rocío, bendecid al Señor;
vientos
todos, bendecid al Señor.
Fuego
y calor, bendecid al Señor;
fríos
y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos
y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos
y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas
y nieves, bendecid al Señor;
noche
y día, bendecid al Señor.
Luz
y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos
y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga
la tierra al Señor,
ensálcelo
con himnos por los siglos.
Montes
y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto
germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales,
bendecid al Señor;
mares
y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos
y peces, bendecid al Señor;
aves
del cielo, bendecid al Señor.
Fieras
y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo
con himnos por los siglos.
Hijos
de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga
Israel al Señor.
Sacerdotes
del Señor, bendecid al Señor;
siervos
del Señor, bendecid al Señor.
Almas
y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos
y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Ananías,
Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo
con himnos por los siglos.
Bendigamos
al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo
con himnos por los siglos.
Bendito
el Señor en la bóveda del cielo,
alabado
y glorioso y ensalzado por los siglos.
No
se dice Gloria al Padre.
Ant. La creación será liberada para
participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Aleluya.
Ant 3. El nombre del Señor es sublime
sobre el cielo y la tierra. Aleluya.
Salmo 148 - ALABANZA DEL DIOS CREADOR
Alabad
al Señor en el cielo,
alabad
al Señor en lo alto.
Alabadlo
todos sus ángeles,
alabadlo
todos sus ejércitos.
Alabadlo,
sol y luna;
alabadlo,
estrellas lucientes.
Alabadlo,
espacios celestes,
y
aguas que cuelgan en el cielo.
Alaben
el nombre del Señor,
porque
él lo mandó, y existieron.
Les
dio consistencia perpetua
y
una ley que no pasará.
Alabad
al Señor en la tierra,
cetáceos
y abismos del mar.
Rayos,
granizo, nieve y bruma,
viento
huracanado que cumple sus órdenes.
Montes
y todas las sierras,
árboles
frutales y cedros.
Fieras
y animales domésticos,
reptiles
y pájaros que vuelan.
Reyes
y pueblos del orbe,
príncipes
y jefes del mundo.
Los
jóvenes y también las doncellas,
los
viejos junto con los niños.
Alaben
el nombre del Señor,
el
único nombre sublime.
Su
majestad sobre el cielo y la tierra;
él
acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza
de todos sus fieles,
de
Israel, su pueblo escogido.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El nombre del Señor es sublime
sobre el cielo y la tierra. Aleluya.
LECTURA BREVE Hch 10,
40-43
Dios
resucitó a Jesús al tercer día e hizo que se apareciese no a todo el pueblo,
sino a nosotros, que somos los testigos elegidos de antemano por Dios. Nosotros
hemos comido y bebido con él, después que Dios lo resucitó de entre los
muertos. Y él nos mandó predicar al pueblo y atestiguar que ha sido constituido
por Dios juez de vivos y muertos. De él hablan todos los profetas y aseguran
que cuantos tengan fe en él recibirán por su nombre el perdón de sus pecados.
RESPONSORIO BREVE
V.
Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.
R.
Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.
V.
Tú que has resucitado de entre los muertos.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R.
Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.
V. Mi
corazón se alegra. Aleluya.
R. Y te canto agradecido. Aleluya.
PRIMERA LECTURA AÑO (II)
De los Hechos de los apóstoles 8,
4-25
FELIPE EN SAMARÍA. SIMÓN MAGO
En
aquellos días, los que se habían dispersado fueron anunciando por todas partes
la Buena Nueva de la palabra de Dios. Tal fue el caso de Felipe, que bajó a la
ciudad de Samaría y predicó a Cristo. La gente, con asentimiento general, al
oír y ver los prodigios que obraba Felipe, ponía mucha atención a sus palabras.
De muchos posesos salían los espíritus inmundos, dando grandes alaridos; y
muchos paralíticos y cojos quedaron curados. Con esto reinaba un gran júbilo en
aquella ciudad.
Había
estado allí, practicando la magia y embaucando a la gente de Samaría, un
hombre, llamado Simón, que decía que era un gran personaje. Todos, pequeños y
grandes, lo seguían, y decían de él:
«Éste
es el ángel de Dios, llamado el Grande.»
E
iban en pos de él, pues hacía mucho tiempo que los tenía embaucados con sus
artes mágicas. Pero cuando comenzaron a creer en la Buena Nueva del reino de
Dios y en la persona de Jesucristo, que les predicaba Felipe, se hicieron
bautizar hombres y mujeres. El mismo Simón creyó también y, después de bautizado,
no se apartaba un momento del lado de Felipe. Y no salía de su asombro, viendo
las señales y grandes prodigios que éste obraba.
Cuando
los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que los samaritanos
habían recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Éstos
bajaron allá e hicieron oración por ellos a fin de que recibieran el Espíritu
Santo; pues aún no había descendido sobre ninguno de ellos, y solamente estaban
bautizados en el nombre de Jesús, el Señor. Los dos apóstoles les impusieron
las manos, y así recibieron el Espíritu Santo. Viendo Simón que el Espíritu
Santo se comunicaba por la imposición de las manos de los apóstoles, les
ofreció dinero, diciendo:
«Dadme
también a mí este poder de hacer que todos aquellos a quienes yo imponga las
manos reciban el Espíritu Santo.»
Pero
Pedro le replicó:
«Que
tu dinero perezca contigo, por haber creído que a precio de plata podrías
conseguir este don gratuito de Dios. No hay para ti parte ni herencia en este
asunto, pues tu corazón no procede con rectitud a los ojos de Dios.
Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega al Señor, a ver si se te perdona
tu mala intención. Veo que estás envenenado y aprisionado en los lazos de la
maldad.»
Simón
le respondió:
«Rogad
vosotros por mí al Señor, para que no venga sobre mí ninguno de los males que
acabáis de decir.»
Pedro
y Juan, después de haber predicado y testificado la verdad del Evangelio del
Señor, regresaron a Jerusalén, evangelizando al mismo tiempo muchas aldeas de
samaritanos.
RESPONSORIO Mt 10,
8. 7
R.
Dijo Jesús a sus discípulos: «Curad a los enfermos, resucitad a los muertos. *
Dad gratuitamente lo que de gracia habéis recibido.» Aleluya.
V.
Id y predicad, anunciando que se acerca el reino de los cielos.
R.
Dad gratuitamente lo que de gracia habéis recibido. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
De la Apología primera de san
Justino, mártir, en favor de los cristianos
(Cap. 66-67: PG 6, 427-431)
LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA
Sólo
pueden participar de la eucaristía los que admiten como verdaderas nuestras
enseñanzas, han sido lavados en el baño de regeneración y del perdón de los
pecados y viven tal como Cristo nos enseñó.
Porque
el pan y la bebida que tomamos no los recibimos como pan y bebida corrientes,
sino que así como Jesucristo, nuestro salvador, se encarnó por la acción del
Verbo de Dios y tuvo carne y sangre por nuestra salvación, así también se nos
ha enseñado que aquel alimento sobre el cual se ha pronunciado la acción de
gracias, usando de la plegaria que contiene sus mismas palabras, y del cual,
después de transformado, se nutre nuestra sangre y nuestra carne es la carne y
la sangre de Jesús, el Hijo de Dios encarnado.
Los
apóstoles, en efecto, en sus comentarios llamados Evangelios, nos enseñan que
así lo mandó Jesús, ya que él, tomando pan y habiendo pronunciado la acción de
gracias, dijo: Haced esto en memoria mía; éste es mi cuerpo; del mismo modo,
tomando el cáliz y habiendo pronunciado la acción de gracias, dijo: Ésta es mi
sangre, y se lo entregó a ellos solos. A partir de entonces, nosotros
celebramos siempre el recuerdo de estas cosas; y, además, los que tenemos
alguna posesión socorremos a todos los necesitados, y así estamos siempre
unidos. Y por todas las cosas de las cuales nos alimentamos alabamos al Creador
de todo, por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.
Y,
el día llamado del sol, nos reunimos en un mismo lugar, tanto los que habitamos
en las ciudades como en los campos, y se leen los comentarios de los apóstoles
o los escritos de los profetas, en la medida que el tiempo lo permite.
Después,
cuando ha acabado el lector, el que preside exhorta y amonesta con sus palabras
a la imitación de tan preclaros ejemplos.
Luego
nos ponemos todos de pie y elevamos nuestras preces; y, como ya hemos dicho,
cuando hemos terminado las preces, se trae pan, vino y agua; entonces el que
preside eleva, fervientemente, oraciones y acciones de gracias, y el pueblo
aclama: Amén. Seguidamente tiene lugar la distribución y comunicación, a cada
uno de los presentes, de los dones sobre los cuales se ha pronunciado la acción
de gracias, y los diáconos los llevan a los ausentes.
Los
que poseen bienes en abundancia, y desean ayudar a los demás, dan, según su
voluntad, lo que les parece bien, y lo que se recoge se pone a disposición del
que preside, para que socorra a los huérfanos y a las viudas y a todos los que,
por enfermedad u otra causa cualquiera, se hallan en necesidad, como también a
los que están encarcelados y a los viajeros de paso entre nosotros: en una
palabra, se ocupa de atender a todos los necesitados.
Nos
reunimos precisamente el día del sol, porque éste es el primer día de la
creación, cuando Dios empezó a obrar sobre las tinieblas y la materia, y
también porque es el día en que Jesucristo, nuestro salvador, resucitó de entre
los muertos. Lo crucificaron, en efecto, la vigilia del día de Saturno, y a la
mañana siguiente de ese día, es decir, en el día del sol, fue visto por sus
apóstoles y discípulos, a quienes enseñó estas mismas cosas que hemos puesto a
vuestra consideración.
RESPONSORIO
R.
Jesús, cuando iba a pasar de este mundo al Padre, * instituyó en memoria de su
muerte el sacramento de su cuerpo y de su sangre. Aleluya.
V.
Y, entregando su cuerpo como alimento y su sangre como bebida, dijo a sus
discípulos: «Haced esto en memoria mía.»
R.
Instituyó en memoria de su muerte el sacramento de su cuerpo y de su sangre.
Aleluya.
Evangelio del III Domingo de
Pascua
19
Abr 2026
*Lectura
del santo evangelio según san Lucas (24,13-35)*
Aquel
mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban
caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta
estadios;
iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras
conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con
ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba
Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí
estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante
Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros
jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos
que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día
desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han
sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo
encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición
de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al
sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo
vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era
necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que
se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando;
pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan,
pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron
los ojos y lo reconocieron.
Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba
las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron
reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían
reconocido al partir el pan.
Palabra
del Señor
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El Mesías tenía que morir, y
resucitar de entre los muertos al tercer día. Aleluya.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU
PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito
sea el Señor, Dios de Israel,
porque
ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos
una fuerza de salvación
en
la casa de David, su siervo,
según
lo había predicho desde antiguo
por
boca de sus santos profetas:
Es
la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y
de la mano de todos los que nos odian;
ha
realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando
su santa alianza
y
el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para
concedernos que, libres de temor,
arrancados
de la mano de los enemigos,
le
sirvamos con santidad y justicia,
en
su presencia, todos nuestros días.
Y
a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque
irás delante del Señor
a
preparar sus caminos,
anunciando
a su pueblo la salvación,
el
perdón de sus pecados.
Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos
visitará el sol que nace de lo alto,
para
iluminar a los que viven en tiniebla
y
en sombra de muerte,
para
guiar nuestros pasos
por
el camino de la paz.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Mesías tenía que morir, y
resucitar de entre los muertos al tercer día. Aleluya.
PRECES
Oremos
a Cristo, autor de la vida, a quien Dios resucitó de entre los muertos, quien
por su poder nos resucitará también a nosotros, y digámosle:
*Cristo, vida nuestra, sálvanos*.
Cristo,
luz esplendorosa que brillas en las tinieblas, rey de la vida y salvador de los
que han muerto,
concédenos
vivir hoy en tu alabanza.
Señor
Jesús, que anduviste los caminos de la pasión y de la cruz,
concédenos
que, unidos a ti en el dolor y en la muerte, resucitemos también contigo.
Hijo
del Padre, maestro y hermano nuestro, tú que has hecho de nosotros un pueblo de
reyes y sacerdotes,
enséñanos
a ofrecer con alegría nuestro sacrificio de alabanza.
Rey
de la gloria, esperamos anhelantes el día de tu manifestación gloriosa,
para
poder contemplar tu rostro y ser semejantes a ti.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Dirijámonos
ahora al Padre con las palabras que el Espíritu del Señor resucitado pone en
nuestra boca:
Padre nuestro...
ORACION
Señor,
que tu pueblo se regocije siempre al verse renovado y rejuvenecido por la
resurrección de Jesucristo, y que la alegría de haber recobrado la dignidad de
la adopción filial le dé la firme esperanza de resucitar gloriosamente como
Jesucristo. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es
Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
HORA TERCIA
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: ESPÍRITU DE DIOS, LA TIERRA
LLENAS
Espíritu
de Dios, la tierra llenas,
las
mentes de los hombres las bañas en tu luz,
tú
que eres Luz de Dios, divino fuego,
infunde
en todo hombre la fuerza de la cruz.
Sé
luz resplandeciente en las tinieblas
de
quienes el pecado sumió en la obscuridad,
reúne
en la asamblea de los hijos
los
justos que te amaron, los muertos por la paz.
Acaba
en plenitud al Cristo vivo,
confirma
en el creyente la gracia y el perdón,
reúnelos
a todos en la Iglesia,
testigos
jubilosos de la resurrección. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
119 - DESEO DE LA PAZ
En
mi aflicción llamé al Señor,
y
él me respondió.
Líbrame,
Señor, de los labios mentirosos,
de
la lengua traidora.
¿Qué
te va a dar o a mandar Dios,
lengua
traidora?
Flechas
de arquero, afiladas
con
ascuas de retama.
¡Ay
de mí, desterrado en Masac,
acampado
en Cadar!
Demasiado
llevo viviendo
con
los que odian la paz;
cuando
yo digo: «Paz»,
ellos
dicen: «Guerra».
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
120 - EL GUARDIÁN DEL PUEBLO.
Levanto
mis ojos a los montes:
¿de
dónde me vendrá el auxilio?
El
auxilio me viene del Señor,
que
hizo el cielo y la tierra.
No
permitirá que resbale tu pie,
tu
guardián no duerme;
no
duerme ni reposa
el
guardián de Israel.
El
Señor te guarda a su sombra,
está
a tu derecha;
de
día el sol no te hará daño,
ni
la luna de noche.
El
Señor te guarda de todo mal,
él
guarda tu alma;
el
Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora
y por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
¡Qué
alegría cuando me dijeron:
«Vamos
a la casa del Señor»!
Ya
están pisando nuestros pies
tus
umbrales, Jerusalén.
Jerusalén
está fundada
como
ciudad bien compacta.
Allá
suben las tribus,
las
tribus del Señor,
según
la costumbre de Israel,
a
celebrar el nombre del Señor;
en
ella están los tribunales de justicia
en
el palacio de David.
Desead
la paz a Jerusalén:
«Vivan
seguros los que te aman,
haya
paz dentro de tus muros,
seguridad
en tus palacios.»
Por
mis hermanos y compañeros,
voy
a decir: «La paz contigo.»
Por
la casa del Señor, nuestro Dios,
te
deseo todo bien.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE Cf. 1Co 15, 3b-5
Cristo
murió por nuestros pecados, según las Escrituras, y fue sepultado; resucitó al
tercer día y vive, según lo anunciaron también las Escrituras. Y se apareció a
Cefas y luego a los Doce.
V.
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R.
Y se ha aparecido a Simón. Aleluya.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor,
que tu pueblo se regocije siempre al verse renovado y rejuvenecido por la
resurrección de Jesucristo, y que la alegría de haber recobrado la dignidad de
la adopción filial le dé la firme esperanza de resucitar gloriosamente como
Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
CONCLUSIÓN
V.
Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
HORA SEXTA
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
CUANDO LA LUZ DEL DÍA ESTÁ EN SU CUMBRE
Cuando
la luz del día está en su cumbre,
eres,
Señor Jesús, luz y alegría
de
quienes en la fe y en la esperanza
celebran
ya la fiesta de la Vida
Eres
resurrección, palabra y prenda
de
ser y de vivir eternamente;
sembradas
de esperanzas nuestras vidas,
serán
en ti cosecha para siempre.
Ven
ya, Señor Jesús, Salvador nuestro,
de
tu radiante luz llena este día,
camino
de alegría y de esperanza,
cabal
acontecer de nueva vida.
Concédenos,
oh Padre omnipotente,
por
tu Hijo Jesucristo, hermano nuestro,
vivir
ahora el fuego de tu Espíritu,
haciendo
de esta tierra un cielo nuevo. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
122 - EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO
A
ti levanto mis ojos,
a
ti que habitas en el cielo.
Como
están los ojos de los esclavos
fijos
en las manos de sus señores,
como
están los ojos de la esclava
fijos
en las manos de su señora,
así
están nuestros ojos
en
el Señor, Dios nuestro,
esperando
su misericordia.
Misericordia,
Señor, misericordia,
que
estamos saciados de desprecios;
nuestra
alma está saciada
del
sarcasmo de los satisfechos,
del
desprecio de los orgullosos.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
123 - NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
Si
el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que
lo diga Israel-,
si
el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando
nos asaltaban los hombres,
nos
habrían tragado vivos:
tanto
ardía su ira contra nosotros.
Nos
habrían arrollado las aguas,
llegándonos
el torrente hasta el cuello;
nos
habrían llegado hasta el cuello
las
aguas espumantes.
Bendito
el Señor, que no nos entregó
como
presa a sus dientes;
hemos
salvado la vida como un pájaro
de
la trampa del cazador:
la
trampa se rompió y escapamos.
Nuestro
auxilio es el nombre del Señor,
que
hizo el cielo y la tierra.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
124 - EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO.
Los
que confían en el Señor son como el monte Sión:
no
tiembla, está asentado para siempre.
Jerusalén
está rodeada de montañas,
y
el Señor rodea a su pueblo
ahora
y por siempre.
No
pesará el cetro de los malvados
sobre
el lote de los justos,
no
sea que los justos extiendan
su
mano a la maldad.
Señor,
concede bienes a los buenos,
a
los sinceros de corazón;
y
a los que se desvían por sendas tortuosas,
que
los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz
a Israel!
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE Ef 2, 4-6
Dios,
que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, aún cuando
estábamos muertos por nuestros pecados, nos vivificó con Cristo -por pura
gracia habéis sido salvados- y nos resucitó con él, y nos hizo sentar en los
cielos con Cristo Jesús.
V.
Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
R.
Al ver al Señor. Aleluya.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor,
que tu pueblo se regocije siempre al verse renovado y rejuvenecido por la
resurrección de Jesucristo, y que la alegría de haber recobrado la dignidad de
la adopción filial le dé la firme esperanza de resucitar gloriosamente como
Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
CONCLUSIÓN
V.
Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
HORA NONA
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
SALVADOR DEL MUNDO
Salvador
del mundo,
Señor
de los ángeles:
por
tu cruz gloriosa
la
muerte venciste.
Oh
Señor, consérvanos
los
dones amables
que,
con sufrimientos,
tú
nos mereciste.
Y
a quienes a precio
de
dolor salvaste,
llévalos
al cielo
para
que te alaben.
Llévanos
a todos,
Señor,
suplicámoste,
pues
que nos hiciste
reino
de tu Padre. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
117 I - HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA.
Dad
gracias al Señor porque es bueno,
porque
es eterna su misericordia.
Diga
la casa de Israel:
eterna
es su misericordia.
Diga
la casa de Aarón:
eterna
es su misericordia.
Digan
los fieles del Señor:
eterna
es su misericordia.
En
el peligro grité al Señor,
y
me escuchó, poniéndome a salvo.
El
Señor está conmigo: no temo;
¿qué
podrá hacerme el hombre?
El
Señor está conmigo y me auxilia,
veré
la derrota de mis adversarios.
Mejor
es refugiarse en el Señor
que
fiarse de los hombres,
mejor
es refugiarse en el Señor
que
confiar en los magnates.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
117 II
Todos
los pueblos me rodeaban,
en
el nombre del Señor los rechacé;
me
rodeaban cerrando el cerco,
en
el nombre del Señor los rechacé;
me
rodeaban como avispas,
ardiendo
como fuego en las zarzas,
en
el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban
y empujaban para derribarme,
pero
el Señor me ayudó;
el
Señor es mi fuerza y mi energía,
él
es mi salvación.
Escuchad:
hay cantos de victoria
en
las tiendas de los justos:
«La
diestra del Señor es poderosa,
la
diestra del Señor es excelsa,
la
diestra del Señor es poderosa.»
No
he de morir, viviré
para
contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero
no me entregó a la muerte.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo
117 III
Abridme
las puertas del triunfo,
y
entraré para dar gracias al Señor.
Esta
es la puerta del Señor:
los
vencedores entrarán por ella.
Te
doy gracias porque me escuchaste
y
fuiste mi salvación.
La
piedra que desecharon los arquitectos
es
ahora la piedra angular.
Es
el Señor quien lo ha hecho,
ha
sido un milagro patente.
Éste
es el día en que actuó el Señor:
sea
nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor,
danos la salvación;
Señor,
danos prosperidad.
Bendito
el que viene en nombre del Señor,
os
bendecimos desde la casa del Señor;
el
Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad
una procesión con ramos
hasta
los ángulos del altar.
Tú
eres mi Dios, te doy gracias;
Dios
mío, yo te ensalzo.
Dad
gracias al Señor porque es bueno,
porque
es eterna su misericordia.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE Rm 6, 4
Por
nuestro bautismo fuimos sepultados con Cristo, para participar de su muerte;
para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del
Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.
V.
Quédate con nosotros, Señor. Aleluya.
R.
Porque ya es tarde. Aleluya.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor,
que tu pueblo se regocije siempre al verse renovado y rejuvenecido por la
resurrección de Jesucristo, y que la alegría de haber recobrado la dignidad de
la adopción filial le dé la firme esperanza de resucitar gloriosamente como
Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
CONCLUSIÓN
V.
Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
II VÍSPERAS
(Oración
de la tarde)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno:
AL FIN SERÁ LA PAZ Y LA CORONA
Al
fin será la paz y la corona,
los
vítores, las palmas sacudidas,
y
un aleluya inmenso como el cielo
para
cantar la gloria del Mesías.
Será
el estrecho abrazo de los hombres,
sin
muerte, sin pecado, sin envidia;
será
el amor perfecto del encuentro,
será
como quien llora de alegría.
Porque
hoy remonta el vuelo el sepultado
y
va por el sendero de la vida
a
saciarse de gozo junto al Padre
y
a preparar la mesa de familia.
Se
fue, pero volvía, se mostraba,
lo
abrazaban, hablaba, compartía;
y
escondido la Iglesia lo contempla,
lo
adora más presente todavía.
Hundimos
en sus ojos la mirada,
y
ya es nuestra la historia que principia,
nuestros
son los laureles de su frente,
aunque
un día le dimos las espinas.
Que
el tiempo y el espacio limitados
sumisos
al Espíritu se rindan,
y
dejen paso a Cristo omnipotente,
a
quien gozoso el mundo glorifica. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la
diestra de la Majestad en las alturas. Aleluya.
Salmo
109 - EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.
Oráculo
del Señor a mi Señor:
«Siéntate
a mi derecha,
y
haré de tus enemigos
estrado
de tus pies.»
Desde
Sión extenderá el Señor
el
poder de tu cetro:
somete
en la batalla a tus enemigos.
«Eres
príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre
esplendores sagrados;
yo
mismo te engendré, como rocío,
antes
de la aurora.»
El
Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú
eres sacerdote eterno
según
el rito de Melquisedec.»
El
Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará
a los reyes.
En
su camino beberá del torrente,
por
eso levantará la cabeza.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra
de la Majestad en las alturas. Aleluya.
Ant
2. El Señor envió la redención a su pueblo. Aleluya.
Salmo
110 - GRANDES SON LAS OBRAS DEL SEÑOR
Doy
gracias al Señor de todo corazón,
en
compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes
son las obras del Señor,
dignas
de estudio para los que las aman.
Esplendor
y belleza son su obra,
su
generosidad dura por siempre;
ha
hecho maravillas memorables,
el
Señor es piadoso y clemente.
Él
da alimento a sus fieles,
recordando
siempre su alianza;
mostró
a su pueblo la fuerza de su poder,
dándoles
la heredad de los gentiles.
Justicia
y verdad son las obras de sus manos,
todos
sus preceptos merecen confianza:
son
estables para siempre jamás,
se
han de cumplir con verdad y rectitud.
Envió
la redención a su pueblo,
ratificó
para siempre su alianza,
su
nombre es sagrado y temible.
Primicia
de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen
buen juicio los que lo practican;
la
alabanza del Señor dura por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El Señor envió la redención a su pueblo. Aleluya.
Ant
3. Aleluya. Reina el Señor, nuestro Dios: alegrémonos y démosle gracias.
Aleluya.
Cántico:
LAS BODAS DEL CORDERO - Cf. Ap 19,1-2, 5-7
El
cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio
es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya
sólo al principio y al final de cada estrofa.
Aleluya.
La
salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R.
Aleluya)
porque
sus juicios son verdaderos y justos.
R.
Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Alabad
al Señor sus siervos todos.
(R.
Aleluya)
Los
que le teméis, pequeños y grandes.
R.
Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Porque
reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R.
Aleluya)
Alegrémonos
y gocemos y démosle gracias.
R.
Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Llegó
la boda del cordero.
(R.
Aleluya)
Su
esposa se ha embellecido.
R.
Aleluya, (aleluya).
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya. Reina el Señor, nuestro Dios: alegrémonos y démosle gracias. Aleluya.
LECTURA
BREVE Hb 10, 12-14
Cristo,
habiendo ofrecido un solo sacrificio en expiación de los pecados, está sentado
para siempre a la diestra de Dios, y espera el tiempo que falta «hasta que sus
enemigos sean puestos por escabel de sus pies». Así, con una sola oblación, ha
llevado para siempre a la perfección en la gloria a los que ha santificado.
RESPONSORIO
BREVE
V.
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.
R.
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.
V.
Y se ha aparecido a Simón.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Jesús explicó a los discípulos el misterio de la Pascua en todos los pasajes de
la Escritura, desde Moisés hasta los profetas. Aleluya.
Cántico
de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
se
alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque
ha mirado la humillación de su esclava.
Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque
el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su
nombre es santo,
y
su misericordia llega a sus fieles
de
generación en generación.
El
hace proezas con su brazo:
dispersa
a los soberbios de corazón,
derriba
del trono a los poderosos
y
enaltece a los humildes,
a
los hambrientos los colma de bienes
y
a los ricos los despide vacíos.
Auxilia
a Israel, su siervo,
acordándose
de su misericordia
-como
lo había prometido a nuestros padres-
en
favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Jesús explicó a los discípulos el misterio de la Pascua en todos los pasajes de
la Escritura, desde Moisés hasta los profetas. Aleluya.
PRECES
Oremos
a Cristo, el Señor, que murió y resucitó por los hombres, y ahora intercede por
nosotros, y digámosle:
Cristo,
rey victorioso, escucha nuestra oración.
Cristo,
luz y salvación de todos los pueblos,
derrama
el fuego del Espíritu Santo sobre los que has querido fueran testigos de tu
resurrección en el mundo.
Que
el pueblo de Israel te reconozca como el Mesías de su esperanza
y
la tierra toda se llene del conocimiento de tu gloria.
Consérvanos,
Señor, en la comunión de tu Iglesia
y
haz que con todos nuestros hermanos obtengamos el premio y el descanso de
nuestros trabajos.
Tú
que has vencido a la muerte, nuestro enemigo, destruye en nosotros el poder del
mal, tu enemigo,
para
que vivamos siempre para ti, vencedor inmortal.
Se
pueden añadir algunas intenciones libres
Cristo
Salvador, tú que te hiciste obediente hasta la muerte y has sido elevado a la
derecha del Padre,
recibe
en tu reino glorioso a nuestros hermanos difuntos.
Unamos
nuestra oración a la de Jesús, nuestro abogado ante el Padre, y digamos como él
nos enseñó:
Padre
nuestro...
ORACION
Señor,
que tu pueblo se regocije siempre al verse renovado y rejuvenecido por la
resurrección de Jesucristo, y que la alegría de haber recobrado la dignidad de
la adopción filial le dé la firme esperanza de resucitar gloriosamente como
Jesucristo. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es
Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
COMPLETAS
(Oración
antes del descanso nocturno)
INVOCACIÓN
INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
Hermanos,
habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido,
reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo
confieso ante Dios todopoderoso
y
ante vosotros, hermanos,
que
he pecado mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión:
por
mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por
eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a
los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que
intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V.
El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
Himno:
EN TI, SEÑOR, REPOSAN NUESTRAS VIDAS
En
ti, Señor, reposan nuestras vidas
en
el descanso santo de la noche;
tú
nos preparas para la alborada
y
en el Espíritu Santo nos acoges.
En
apartadas y lejanas tierras
el
sol ha despertado las ciudades;
amigo
de los hombres, ve sus penas
y
ensancha de tu amor los manantiales.
Vencedor
de la muerte y de las sombras,
Hijo
eterno de Dios, resucitado,
líbranos
del peligro de la noche
al
dormirnos confiados en tus brazos. Amén.
SALMODIA
Ant
1. Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo
90 - A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE.
Tú
que habitas al amparo del Altísimo,
que
vives a la sombra del Omnipotente,
di
al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios
mío, confío en ti.»
Él
te librará de la red del cazador,
de
la peste funesta.
Te
cubrirá con sus plumas,
bajo
sus alas te refugiarás:
su
brazo es escudo y armadura.
No
temerás el espanto nocturno,
ni
la flecha que vuela de día,
ni
la peste que se desliza en las tinieblas,
ni
la epidemia que devasta a mediodía.
Caerán
a tu izquierda mil,
diez
mil a tu derecha;
a
ti no te alcanzará.
Tan
sólo abre tus ojos
y
verás la paga de los malvados,
porque
hiciste del Señor tu refugio,
tomaste
al Altísimo por defensa.
No
se te acercará la desgracia,
ni
la plaga llegará hasta tu tienda,
porque
a sus ángeles ha dado órdenes
para
que te guarden en tus caminos;
te
llevarán en sus palmas,
para
que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás
sobre áspides y víboras,
pisotearás
leones y dragones.
«Se
puso junto a mí: lo libraré;
lo
protegeré porque conoce mi nombre,
me
invocará y lo escucharé.
Con
él estaré en la tribulación,
lo
defenderé, lo glorificaré;
lo
saciaré de largos días,
y
le haré ver mi salvación.»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA
BREVE Ap 22, 4-5
Verán
el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y
no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre
ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.
RESPONSORIO
BREVE
V.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
R.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
V.
Tú, el Dios leal, nos librarás.
R.
Aleluya, aleluya.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con
Cristo y descansemos en paz. Aleluya.
CÁNTICO
DE SIMEÓN Lc 2, 29-32
Ahora,
Señor, según tu promesa,
puedes
dejar a tu siervo irse en paz,
porque
mis ojos han visto a tu Salvador,
a
quien has presentado ante todos los pueblos
luz
para alumbrar a las naciones
y
gloria de tu pueblo Israel.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con
Cristo y descansemos en paz. Aleluya.
ORACION
OREMOS,
Humildemente
te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de
la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana
nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Cristo nuestro
Señor.
Amén.
BENDICIÓN
V.
El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R.
Amén.
ANTIFONA
FINAL DE LA SANTISIMA VIRGEN
Reina
del cielo, alégrate, aleluya,
porque
Cristo,
a
quien llevaste en tu seno, aleluya,
ha
resucitado, según su palabra, aleluya.
Ruega
al Señor por nosotros, aleluya.
