DANDO Y RECIBIENDO
El Ángel anunció a María...
Musica Para el Alma
jueves, 5 de febrero de 2026
MARCOS 6,14-29 CICLO A
Evangelio viernes 06 Feb 2026
Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,14-29):
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se
había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan Bautista
ha resucitado, y por eso los ángeles actúan en él.» Otros decían: «Es Elías.»
Otros: «Es un profeta corno los antiguos.» Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan,
a quien yo decapité, que ha resucitado.»
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel,
encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su
hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su
hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de
conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre
honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y
lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio
un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.
El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.» Y le juró:
«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»
Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»
La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.»
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que
ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso
desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan.
Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a
la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos,
fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
Palabra del Señor
*Que la Paz del Señor llegue primero a
vuestros corazones antes que mis palabras*
(Es Juan, a quien yo decapité,
que ha resucitado)
*Colocarme en el lugar de Herodes me hace
reconocer que yo también tengo amigos, que no quiero de ninguna manera quedar
mal, y menos si he dicho o he prometido que voy hacer algo, algunos de mis
amigos son: El orgullo, la soberbia, el resentimiento. Estos tres amigos que
para mí son sagrado, lo respecto más que al Señor; reconocer que me equivoqué y
arrepentirme, en ocasiones se me hace muy difícil, inclinar la cabeza y decir
tú tenías razón, es duro, me cuesta mucho aceptar todo eso. En algunas ocasiones
prefiero hablar mentiras, para no fallarles a esos amigos, como el orgullo, la
soberbia y el resentimiento. Señor tú me conoces y te empeña en ayudarme: Por
tu amor y tu misericordia, enséñame a reconocer mis errores, mis limitaciones,
mis dificultades y regálame, el don del arrepentimiento y de pedir perdón cada
vez que me equivoco, principalmente con las personas que para mí son menos
importantes*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAUDES Y VISPERAS DEL VIERNES 6
*LAS LAUDES Y
LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar
este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
TIEMPO ORDINARIO
JUEVES DE LA SEMANA IV
Del Común de varios mártires. Salterio IV
6 de febrero
*SANTOS PABLO MIKI Y COMPAÑEROS, mártires (MEMORIA)*.
Pablo nació en el Japón entre los años 1564 y 1566. Ingresó la Compañía de
Jesús y predicó el Evangelio entre sus conciudadanos, con óptimos resultados.
Al recrudecerse la persecución contra los católicos, fue apresado con otros
veinticinco. Después de soportar duros escarnios, fueron llevados a la ciudad
de Nagasaki, en donde fueron crucificados el año 1597, en la víspera de este
día.
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de
los mártires.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de
los mártires.
Himno: TESTIGOS DE LA SANGRE.
Testigos de la sangre
con sangre rubricada,
frutos de amor cortados
al golpe de la espada.
Testigos del amor
en sumisión callada,
canto y cielo en los labios
al golpe de la espada.
Testigos del dolor
de vida enamorada;
diario placer de muerte
al golpe de la espada.
Testigos del cansancio
de una vida inmolada
a golpe de Evangelio
y al golpe de la espada.
Demos gracias al Padre
por la sangre sagrada;
pidamos ser sus mártires,
y a cada madrugada
poder morir la vida
al golpe de la espada. Amén.
SALMODIA
Ant 1. En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.
Salmo 142, 1-11 - LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA
Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.
Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.
Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.
Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. En la mañana, Señor, hazme escuchar
tu gracia.
Ant 2. El Señor hará derivar hacia
Jerusalén como un río la paz.
Cántico: CONSUELO Y GOZO PARA LA CIUDAD SANTA. Is 66, 10-14a
Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la amáis,
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
a su pecho seréis alimentados
y os saciaréis de sus consuelos
y apuraréis las delicias
de sus pechos abundantes.
Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella
como un río la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré yo
y en Jerusalén seréis consolados.
Al verlo se alegrará vuestro corazón
y vuestros huesos florecerán como un prado.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor hará derivar hacia
Jerusalén como un río la paz.
Ant 3. Nuestro Dios merece una alabanza
armoniosa.
Salmo 146 - PODER Y BONDAD DEL SEÑOR
Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel;
él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados.
Entonad la acción de gracias al Señor,
tocad la cítara para nuestro Dios,
que cubre el cielo de nubes,
preparando la lluvia para la tierra;
que hace brotar hierba en los montes,
para los que sirven al hombre;
que da su alimento al ganado,
y a las crías de cuervo que graznan.
No aprecia el vigor de los caballos,
no estima los músculos del hombre:
el Señor aprecia a sus fieles,
que confían en su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Nuestro Dios merece una alabanza
armoniosa.
LECTURA BREVE 2Co 1, 3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y
Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder
nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con
que nosotros somos consolados por Dios. Porque si es cierto que los sufrimientos
de Cristo rebosan sobre nosotros, también por Cristo rebosa nuestro consuelo.
RESPONSORIO BREVE
V. Los justos viven eternamente.
R. Los justos viven eternamente.
V. Reciben de Dios su recompensa.
R. Viven eternamente.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. Los justos viven eternamente.
V. Haz
brillar tu rostro, Señor, sobre tu siervo.
R. Enséñame tus leyes.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Génesis 32, 2-29
LA LUCHA DE JACOB
En aquellos días, Jacob, al ver a los ángeles de
Dios, dijo:
«Es el campamento de Dios.»
Y llamó a aquel lugar «Campamento». Jacob envió por delante mensajeros a Esaú,
su hermano, al país de Seír, al campo de Edom, y les encargó:
«Así diréis a mi señor Esaú: "Esto dice tu siervo Jacob: He vivido con
Labán y he estado con él hasta ahora; tengo vacas, asnos, ovejas, siervos y
siervas; he enviado a informar a mi señor, para alcanzar su favor."»
Los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo:
«Nos acercamos a tu hermano Esaú, y él salió a nuestro encuentro con
cuatrocientos hombres.»
Jacob se llenó de miedo y angustia, y dividió en dos campamentos su gente, sus
posesiones, ovejas, vacas y camellos, calculando:
«Si Esaú ataca un campamento y lo destroza, se salvará el otro.»
Y rezó:
«Dios de mi padre Abraham, Dios de mi padre Isaac, Señor que me dijiste:
"Vuelve a tu tierra nativa, que allí te haré beneficios", no merezco
los favores ni la lealtad con que has tratado a tu siervo, pues con un bastón
pasé este Jordán y ahora llevo dos campamentos; líbrame del poder de mi hermano
Esaú, pues temo que venga y mate a las madres con los hijos. Tú me dijiste:
"Te daré bienes, haré tu descendencia como la arena de la playa, que no se
puede contar."»
Y pasó allí la noche. Luego, de lo que tenía a mano, escogió regalos para su
hermano Esaú: doscientas cabras y veinte machos, doscientas ovejas y veinte
carneros, treinta camellas de leche con sus crías, cuarenta vacas y diez toros,
veinte borricas y diez asnos. Y se los confió a sus criados en rebaños aparte,
y les encargó:
«Id por delante, dejando un trecho entre cada rebaño.»
Y dio instrucciones al primero:
«Cuando te encuentre mi hermano Esaú y te pregunte: "¿De quién eres, a
dónde vas, para quién es eso que llevas?", responderás: "Es de tu
siervo Jacob, un regalo que envía a su señor Esaú; él viene detrás."»
Lo mismo encargó al segundo y al tercero y a todos los que guiaban los rebaños:
«Esto diréis a Esaú cuando lo encontréis, y añadiréis:
"Mira, también tu siervo Jacob viene detrás de nosotros."»
Pues se decía:
«Me lo ganaré con los regalos que van por delante.»
Y él pasó la noche en el campamento. Todavía de noche, se levantó, tomó a las
dos mujeres, las dos siervas y los once hijos, y cruzó el vado de Yaboc; pasó
con ellos el torrente e hizo pasar a sus posesiones. Y él se quedó solo.
Un hombre luchó con él hasta la aurora; y, viendo que no le podía, le tocó la
articulación del muslo, y se la dejó tiesa mientras peleaba con él. Dijo:
«Suéltame, que llega la aurora.»
Respondió:
«No te soltaré hasta que me bendigas.» Y le preguntó:
«¿Cómo te llamas?»
Contestó:
«Jacob.»
Le replicó:
«Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con dioses y con
hombres y has podido.» Jacob, a su vez, preguntó:
«Dime tu nombre.»
Respondió:
«¿Por qué me preguntas mi nombre?»
Y lo bendijo.
RESPONSORIO Gn 32, 30. cf. 28
R. He visto a
Dios cara a cara, * y he
quedado vivo.
V. Y me dijo: «Ya no te llamarás Jacob, sino
Israel.»
R. Y he quedado vivo.
SEGUNDA LECTURA
De la Historia del martirio de los santos Pablo
Miki y compañeros, escrita por un autor contemporáneo.
(Cap. 14, 109-110: Acta Sanctorum Februarii 1, 769)
SERÉIS MIS TESTIGOS
Una vez crucificados, era admirable ver la
constancia de todos, a la que los exhortaban, ora el padre Pasio, ora el padre
Rodríguez. El padre comisario estaba como inmóvil, con los ojos fijos en el
cielo. El hermano Martín cantaba salmos en acción de gracias a la bondad
divina, intercalando el versículo: En tus manos, Señor. También el hermano
Francisco Blanco daba gracias a Dios con voz inteligible. El hermano Gonzalo
rezaba en voz alta el padrenuestro y el avemaría.
Pablo Miki, nuestro hermano, viéndose colocado en el púlpito más honorable de
los que hasta entonces había ocupado, empezó por manifestar francamente a los
presentes que él era japonés, que pertenecía a la Compañía de Jesús, que moría
por haber predicado el Evangelio y que daba gracias a Dios por un beneficio tan
insigne; a continuación añadió estas palabras:
«Llegado a este momento crucial de mi existencia, no creo que haya nadie entre
vosotros que piense que pretendo disimular la verdad. Os declaro, pues, que el
único camino que lleva a la salvación es el que siguen los cristianos. Y, como
este camino me enseña a perdonar a los enemigos y a todos los que me han
ofendido, perdono de buen grado al rey y a todos los que han contribuido a mi
muerte, y les pido que quieran recibir la iniciación cristiana del bautismo.»
Luego, vueltos los ojos a sus compañeros, comenzó a darles ánimo en aquella
lucha decisiva; en el rostro de todos se veía una alegría especial, sobre todo
en el de Luis; éste, al gritarle otro cristiano que pronto estaría en el paraíso,
atrajo hacia sí las miradas de todos por el gesto lleno de gozo que hizo con
los dedos y con todo su cuerpo. Antonio, que estaba al lado de Luis, con los
ojos fijos en el cielo, después de haber invocado el santísimo nombre de Jesús
y de María, se puso a cantar el salmo: Alabad, siervos del Señor, que había
aprendido en la catequesis de Nagasaki, ya que en ella se enseña a los niños
algunos salmos. Otros, finalmente, iban repitiendo con rostro sereno:
«¡Jesús, María!.»
Algunos también exhortaban a los presentes a una vida digna de cristianos; con
estas y otras semejantes acciones demostraban su pronta disposición ante la
muerte. Entonces los cuatro verdugos empezaron a sacar lanzas de las fundas que
acostumbraban usar los japoneses; ante aquel horrendo espectáculo todos los
fieles se pusieron a gritar:
«¡Jesús, María!.»
Y, lo que es más, prorrumpieron en unos lamentos capaces de llegar hasta el
mismo cielo. Los verdugos asestaron a cada uno de los crucificados una o dos
lanzadas con lo que, en un momento, pusieron fin a sus vidas.
RESPONSORIO Cf. Ga 6, 14; Flp 1,
29
R. Líbrenos
Dios de gloriarnos si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en quien
está nuestra salvación, vida y resurrección; * por
él hemos sido salvados y liberados.
V. Dios os ha dado la gracia de creer en
Jesucristo y aun de padecer por él.
R. Por él hemos sido salvados y liberados.
Evangelio
viernes 06 Feb 2026
Lectura del santo evangelio
según san Marcos (6,14-29):
En aquel
tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de
él. Unos decían: «Juan Bautista ha resucitado, y por eso los ángeles actúan en
él.» Otros decían: «Es Elías.» Otros: «Es un profeta corno los antiguos.»
Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.»
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel,
encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su
hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su
hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de
conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre
honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y
lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio
un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.
El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.» Y le juró:
«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»
Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»
La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.»
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que
ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso
desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan.
Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a
la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos,
fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
Palabra del Señor
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos
es el reino de los cielos.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dichosos los perseguidos por causa
de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.
PRECES
Celebremos, amados hermanos, a Jesús, el testigo fiel, y al
recordar hoy a los santos mártires sacrificados a causa de la palabra de Dios,
aclamémosle diciendo:
Nos has comprado, Señor, con tu sangre.
Por la intercesión de los santos mártires que entregaron libremente su vida
como testimonio de la fe,
concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.
Por la intercesión de los santos mártires que proclamaron la fe hasta derramar
su sangre,
concédenos, Señor, la integridad y constancia de la fe.
Por la intercesión de los santos mártires que soportando la cruz siguieron tus
pasos,
concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.
Por la intercesión de los santos mártires que blanquearon su manto en la sangre
del Cordero,
concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo:
Padre nuestro...
ORACION
Señor Dios, fortaleza de los mártires, que quisiste que san Pablo
Miki y sus compañeros alcanzaran la vida eterna, muriendo en cruz por confesar
la fe verdadera, concédenos, por su intercesión, proclamar con valentía nuestra
fe hasta derramar por ella, si es preciso, nuestra propia sangre. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
VÍSPERAS
(Oración de la tarde)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno: ESPÍRITUS SUBLIMES.
Espíritus sublimes,
¡oh mártires gloriosos!,
felices moradores
de la inmortal Sión,
rogad por los que luchan
en las batallas recias,
que alcancen la victoria
y eterno galardón.
¡Oh mártires gloriosos
de rojas vestiduras,
que brillan con eternos
fulgores ante Dios!
Con vuestro riego crezca
de Cristo la semilla,
y el campo de las mieses
se cubra ya en sazón. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a
salvo.
Salmo 143 I - ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi
refugio donde me pongo a salvo.
Ant 2. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el
Señor.
Salmo 143 II
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.
Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.
Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.
Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.
Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el
Señor.
Ant 3. Ahora se estableció la salud y el
reinado de nuestro Dios.
Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12,
10b-12a
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Ahora se estableció la salud y el
reinado de nuestro Dios.
LECTURA BREVE 1Pe 4, 13-14
Queridos hermanos: Estad alegres cuando compartís
los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis
de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros: porque el
Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. Alegraos, justos, y gozad con el Señor.
R. Alegraos, justos, y gozad con el Señor.
V. Aclamadlo, los rectos de corazón.
R. Y gozad con el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. Alegraos, justos, y gozad con el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de
Cristo; y, porque lo amaron hasta derramar su sangre, reinan con el Señor
eternamente.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Se alegran en el cielo los santos
que siguieron las huellas de Cristo; y, porque lo amaron hasta derramar su
sangre, reinan con el Señor eternamente.
PRECES
En esta hora en la que el Señor, cenando con sus discípulos,
presentó al Padre su propia vida que luego entregó en la cruz, aclamemos al Rey
de los mártires, diciendo:
Te glorificamos, Señor.
Te damos gracias, Señor, principio, ejemplo y rey de los mártires, porque nos
amaste hasta el extremo.
Te damos gracias, Señor, porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos
y les das parte en los premios de tu reino.
Te damos gracias, Señor, porque hoy hemos ofrecido, como sacrificio para el
perdón de los pecados, la sangre de la alianza nueva y eterna.
Te damos gracias, Señor, porque con tu gracia nos has dado perseverar en la fe
durante el día que ahora termina.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Te damos gracias, Señor, porque has asociado a nuestros hermanos difuntos a tu
muerte.
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo:
Padre nuestro...
ORACION
Señor Dios, fortaleza de los mártires, que quisiste que san Pablo
Miki y sus compañeros alcanzaran la vida eterna, muriendo en cruz por confesar
la fe verdadera, concédenos, por su intercesión, proclamar con valentía nuestra
fe hasta derramar por ella, si es preciso, nuestra propia sangre. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
LAS LECTURAS DEL VIERNES 6 DE FEBRERO 2026
Lecturas
de los Santos Pablo Miki y compañeros, mártires
06 Feb 2026
Primera Lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (47,2-13):
Como la grasa es lo mejor del sacrificio, así
David es el mejor de Israel. Jugaba con leones como con cabritos, y con osos
como con corderillos; siendo un muchacho, mató a un gigante, removiendo la
afrenta del pueblo, cuando su mano hizo girar la honda, y derribó el orgullo de
Goliat. Invocó al Dios Altísimo, quien hizo fuerte su diestra para eliminar al
hombre aguerrido y restaurar el honor de su pueblo. Por eso le cantaban las
mozas, alabándolo por sus diez mil. Ya coronado, peleó y derrotó a sus enemigos
vecinos, derrotó a los filisteos hostiles, quebrantando su poder hasta hoy. De
todas sus empresas daba gracias, alabando la gloria del Dios Altísimo; de todo
corazón amó a su Creador, entonando salmos cada día; trajo instrumentos para
servicio del altar y compuso música de acompañamiento; celebró solemnemente
fiestas y ordenó el ciclo de las solemnidades; cuando alababa el nombre santo,
de madrugada, resonaba el rito. El Señor perdonó su delito y exaltó su poder
para siempre; le confirió el poder real y le dio un trono en Jerusalén.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 17,31.47.50.51
R/. Bendito sea mi Dios y Salvador
Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
él es escudo para los que a él se acogen. R/.
Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en honor de tu nombre. R/.
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre. R/.
Evangelio viernes 06 Feb 2026
Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,14-29):
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se
había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan Bautista
ha resucitado, y por eso los ángeles actúan en él.» Otros decían: «Es Elías.»
Otros: «Es un profeta corno los antiguos.» Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan,
a quien yo decapité, que ha resucitado.»
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel,
encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su
hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su
hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de
conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre
honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y
lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio
un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.
El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.» Y le juró:
«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»
Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»
La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.»
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que
ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso
desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan.
Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a
la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos,
fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
Palabra del Señor
*Que la Paz del Señor llegue primero a
vuestros corazones antes que mis palabras*
(Es Juan, a quien yo decapité,
que ha resucitado)
*Colocarme en el lugar de Herodes me hace
reconocer que yo también tengo amigos, que no quiero de ninguna manera quedar
mal, y menos si he dicho o he prometido que voy hacer algo, algunos de mis
amigos son: El orgullo, la soberbia, el resentimiento. Estos tres amigos que
para mí son sagrado, lo respecto más que al Señor; reconocer que me equivoqué y
arrepentirme, en ocasiones se me hace muy difícil, inclinar la cabeza y decir
tú tenías razón, es duro, me cuesta mucho aceptar todo eso. En algunas ocasiones
prefiero hablar mentiras, para no fallarles a esos amigos, como el orgullo, la
soberbia y el resentimiento. Señor tú me conoces y te empeña en ayudarme: Por
tu amor y tu misericordia, enséñame a reconocer mis errores, mis limitaciones,
mis dificultades y regálame, el don del arrepentimiento y de pedir perdón cada
vez que me equivoco, principalmente con las personas que para mí son menos
importantes*.
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.






