DANDO Y RECIBIENDO
El Ángel anunció a María...
Musica Para el Alma
sábado, 1 de agosto de 2026
MATEO 14,13-21 CICLO A
Evangelio del XVIII Domingo del Tiempo Ordinario
02 Ago 2026
*Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21)*
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte
de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y
apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al
desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se
hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es
muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de
comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los
dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la
bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se
los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron
doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar
mujeres y niños.
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
«No
hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
*Esta
enseñanza del Señor es una lección para mí. Con su gesto corporal, el Señor me
habla y me confirma que él no actúa solo ni por su cuenta, sino en combinación
con su Padre. Él podía hacer el milagro sin mirar al cielo, pero este signo de
mirar al cielo es para que yo me enfoque cuando sienta en mi vida un problema
superior a mis fuerzas, que ni los bienes materiales me pueden resolver. Esta
enseñanza del Señor hoy me hace ver que no importa lo grande que sea mi
problema o mi dificultad: solo debo mirar al cielo y abrir mis brazos con fe. Arriba tengo un Padre que me ve, me escucha, me ilumina y
me llena de alegría y esperanza. Recuerdo las palabras del salmista cuando dice:
«Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? El
auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra*
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
LAUDES Y VISPERAS DEL DOMINGO 2
*LAS LAUDES Y
LAS VISPERAS*
Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de
todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y
enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar
este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por
Cristo nuestro Señor. Amén
DOMINGO
SEMANA II
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVITATORIO
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Gloria al Padre,
y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Pueblo del Señor, rebaño que él
guía, bendice a tu Dios. Aleluya.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Pueblo del Señor, rebaño que él
guía, bendice a tu Dios. Aleluya.
Himno: CRISTO, EL SEÑOR
Cristo, el Señor,
como la primavera,
como una nueva aurora,
resucitó.
Cristo, nuestra Pascua,
es nuestro rescate,
nuestra salvación.
Es grano en la tierra,
muerto y florecido,
tierno pan de amor.
Se rompió el sepulcro,
se movió la roca,
y el fruto brotó.
Dueño de la muerte,
en el árbol grita
su resurrección.
Humilde en la tierra,
Señor de los cielos,
su cielo nos dio.
Ábranse de gozo
las puertas del Hombre,
que al hombre salvó.
Gloria para siempre
al Cordero humilde
que nos redimió. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.
Salmo 117 - HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los magnates.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Bendito el que viene en nombre del
Señor. Aleluya.
Ant 2. Cantemos un himno al Señor nuestro
Dios. Aleluya.
Cántico: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR Dn 3, 52-57
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre, Santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Cantemos un himno al Señor nuestro
Dios. Aleluya.
Ant 3. Alabad al Señor por su inmensa
grandeza. Aleluya.
Salmo 150 - ALABAD AL SEÑOR.
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su augusto firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Alabad al Señor por su inmensa
grandeza. Aleluya.
LECTURA BREVE Ez 36, 25-27
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras
inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os
infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y
os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis
según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
RESPONSORIO BREVE
V. Te damos gracias, ¡oh Dios!, invocando tu nombre.
R. Te damos gracias, ¡oh Dios!, invocando tu
nombre.
V. Pregonando tus maravillas.
R. Invocando tu nombre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. Te damos gracias, ¡oh Dios!, invocando tu
nombre.
V. Dichosos vuestros ojos porque ven.
R. Y vuestros oídos porque oyen.
PRIMERA
LECTURA
Del libro del
profeta Abdías 1-21
JUICIO CONTRA
EDOM
Visión de
Abdías.
Así dice el Señor a Edom: Hemos oído un mensaje
del Señor, una embajada enviada a las gentes: «Alcémonos a luchar contra
ellos.» Te he hecho pequeño entre las gentes, eres muy despreciado. La soberbia
de tu corazón te ha seducido, habitas en las asperezas de las peñas, moras en
la altura y piensas: «¿Quién podrá abatirme a tierra?» Aunque te levantes como
el águila y pongas el nido en las estrellas, de allí te derribaré -oráculo del
Señor-.
Si vinieran a ti salteadores o ladrones
nocturnos, ¿no te robarían con medida? Si vinieran a ti vendimiadores, ¿no
dejarían racimos? ¡Ay de Esaú, destruido! Lo han registrado, le han robado sus
tesoros escondidos; te han empujado hasta la frontera tus aliados, tus amigos
te engañan y te dominan. Los que comen tu pan te tienden trampas; pero él no
comprende.
Pues aquel día -oráculo del Señor-, destruiré a
los sabios de Edom, a los prudentes del monte de Esaú. Temblarán tus soldados,
Temán, y se acabarán los varones del monte de Esaú; por la violencia criminal
contra tu hermano Jacob, te cubrirá la vergüenza y perecerás para siempre. Tú
estabas allí presente el día que los extranjeros capturaban su ejército, y los
extraños forzaban sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalén; tú eras como
uno de ellos.
No te alegres de ese día de tu hermano, del día
de su desgracia; no te goces del día de Judá, del día de su perdición; ni
hables alto el día de su angustia. No entres por las puertas de mi pueblo el
día de la aflicción; no te complazcas de sus males el día de la desgracia; no
eches mano a sus riquezas el día de su calamidad. No aguardes junto a las
salidas para matar a los fugitivos; no vendas a los supervivientes el día de la
desgracia.
Se acerca el día del Señor contra todas las
naciones; lo que hiciste te lo harán, tu paga caerá sobre tu cabeza. Como
bebisteis en el monte santo, beberán todos los pueblos, uno tras otro. Beberán,
se tambalearán, y serán como si no fueran. Pero en el monte de Sión quedará un
resto, que será santo, y la casa de Jacob recobrará sus bienes. La casa de
Jacob será un fuego, la casa de José una llama; la casa de Esaú será estopa,
arderá hasta consumirse. Y no quedará superviviente en la casa de Esaú -lo ha dicho
el Señor-.
Poseerán el Negueb, el monte de Esaú, las
colinas de Sefela y la tierra filistea; poseerán los campos de Efraím y de
Samaria, de Benjamín y de Galaad. Y esos pobres desterrados israelitas serán
dueños de Canaán hasta Sarepta; y los desterrados de Jerusalén que están en
Sefarad ocuparán los poblados del Negueb. Después subirán vencedores al monte
de Sión, para gobernar la montaña de Esaú, y el reino será del Señor.
RESPONSORIO
Ab 3-4; Am 9, 1
R. La soberbia de tu corazón te ha seducido,
habitas en las asperezas de las peñas, moras en la altura. * Aunque te levantes
como el águila y pongas el nido en las estrellas, de allí te derribaré.
V. No escapará ni un fugitivo; aunque perforen
hasta el infierno, de allí los sacará mi mano.
R. Aunque te levantes como el águila y pongas
el nido en las estrellas, de allí te derribaré.
SEGUNDA LECTURA
Comienza la
carta llamada de Bernabé
(Cap. 1, 1-8;
2, 1-5: Funk 1, 3-7)
LA ESPERANZA
DE LA VIDA, PRINCIPIO Y FIN DE NUESTRA FE
Os saludo, hijos e hijas, con el deseo de la
paz, en el nombre del Señor, que nos ha amado.
Grandes y abundantes son los dones de justicia
con que Dios os ha enriquecido; por esto, lo que hace, más que nada, que me
alegre sobremanera es la dicha y excelencia de vuestras almas, ya que habéis
acogido la gracia del don espiritual, que ha sido plantada en vosotros. Ello es
para mí un motivo de mayor congratulación, ya que me da la esperanza de mi
propia salvación, al contemplar cómo ha sido derramada en vosotros la
abundancia del Espíritu que procede de la fuente del Señor. De tal modo me
impresionó vuestro aspecto, para mí tan deseado, cuando estaba entre vosotros.
Estando yo íntimamente persuadido y convencido
de que, cuando estaba entre vosotros, os enseñé muchas cosas de palabra, ya que
el Señor me acompañó en el camino de la justicia, me siento también impulsado a
amaros más que a mi propia vida; grande, en efecto, es la fe y la caridad que
habita en vosotros, por la esperanza de alcanzar la vida de Cristo. Todo esto
me lleva a considerar que, si me tomo interés en comunicaros algo de lo que yo
mismo he recibido, no me ha de faltar la recompensa por prestar este servicio a
vuestras almas; por esto me he decidido a escribiros unas pocas palabras para
que enriquezcáis vuestra fe con un conocimiento más pleno.
Tres son las enseñanzas del Señor: la esperanza
de la vida, principio y fin de nuestra fe; la justicia, principio y fin del
juicio; la caridad, junto con la alegría y el gozo, testigo de que nuestras
obras son justas. El Señor, en efecto, nos ha dado a conocer, por medio de los
profetas, las cosas pasadas y las presentes, y nos ha dado también poder gustar
por anticipado las primicias de lo venidero. Y al contemplar cómo todas estas
cosas se van realizando a su tiempo, tal como él ha dicho, ello debe movernos a
un temor de Dios cada vez más perfecto y más profundo. Yo, no en calidad de
maestro, sino como uno más entre vosotros, os iré mostrando algunas cosas que
os sirvan de alegría en la situación presente.
Puesto que los días son malos y aquel que obra
es poderoso, debemos investigar cuidadosamente, en provecho nuestro, los dones
con que el Señor nos ha justificado. Ahora bien, lo que ayuda nuestra fe es el
temor y la paciencia, y nuestra fuerza reside en la tolerancia y la
continencia. Si estas virtudes perseveran santamente en nosotros, en todo lo
que atañe al Señor, poseeremos además la alegría de la sabiduría, de la ciencia
y del perfecto conocimiento.
Dios nos ha revelado, en efecto, por boca de
todos sus profetas, que él no tiene necesidad de sacrificios, holocaustos ni
oblaciones, pues dice en cierto lugar: ¿Qué me importa el número de vuestros
sacrificios? -dice el Señor-. Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa
de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada. ¿Por qué
entráis a visitarme? ¿Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis
atrios? No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios,
sábados, asambleas no los aguanto.
RESPONSORIO
Ga 2, 16; Gn 15, 6
R. Sabemos que el hombre se justifica por creer
en Cristo Jesús. * Nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados
por la fe en Cristo.
V. Abraham creyó al Señor y le fue reputado por
justicia.
R. Nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para
ser justificados por la fe en Cristo.
Evangelio del XVIII Domingo del
Tiempo Ordinario
02
Ago 2026
*Lectura
del santo evangelio según san Mateo (14,13-21)*
En
aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó
de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió
por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio
lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos
a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para
que vayan a las aldeas y se compren de comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los
dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la
bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se
los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron
doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar
mujeres y niños.
Palabra
del Señor
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
Lc 1, 68-79
+Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
PRECES
Invoquemos, hermanos, a nuestro Salvador, que ha venido al mundo
para ser «Dios-con-nosotros», y digámosle confiadamente:
Señor Jesús, rey de la gloria, sé tú nuestra luz y nuestro gozo.
Señor Jesús, sol que nace de lo alto y primicia de la humanidad resucitada,
haz que siguiéndote a ti no caminemos nunca en sombras de muerte, sino que
tengamos siempre la luz de la vida.
Que sepamos descubrir, Señor, cómo todas las creaturas están llenas de tus
perfecciones,
para que así, en todas ellas, sepamos contemplarte a ti.
No permitas, Señor, que hoy nos dejemos vencer por el mal,
antes danos tu fuerza para que venzamos al mal a fuerza del bien.
Tú que, bautizado por Juan en el Jordán, fuiste ungido con el Espíritu Santo,
asístenos durante este día para que actuemos movidos por este mismo Espíritu.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios; por ello nos atrevemos a decir:
Padre nuestro...
ORACION
Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a
la humanidad caída, conserva a tus fieles en continua alegría y concede los
gozos del cielo a quienes has librado de la muerte eterna. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
DOMINGO
SEMANA II
II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya.
Himno: ¿DONDE ESTÁ MUERTE, TU VICTORIA?
¿Dónde está muerte, tu victoria?
¿Dónde está muerte, tu aguijón?
Todo es destello de su gloria,
clara luz, resurrección.
Fiesta es la lucha terminada,
vida es la muerte del Señor,
día la noche engalanada,
gloria eterna de su amor.
Fuente perenne de la vida,
luz siempre viva de su don,
Cristo es ya vida siempre unida
a toda vida en aflicción.
Cuando la noche se avecina,
noche del hombre y su ilusión,
Cristo es ya luz que lo ilumina,
Sol de su vida y corazón.
Demos al Padre la alabanza,
por Jesucristo, Hijo y señor,
denos su espíritu esperanza
viva y eterna de su amor. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Cristo es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Aleluya.
Salmo 109, 1-5. 7 - EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Cristo es sacerdote eterno según el
rito de Melquisedec. Aleluya.
Ant 2. Nuestro Dios está en el cielo, y lo
que quiere lo hace. Aleluya.
Salmo 113 B - HIMNO AL DIOS VERDADERO.
No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?
Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:
tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;
tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.
Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.
Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.
Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo
que quiere lo hace. Aleluya.
Ant 3. Alabad al Señor sus siervos todos,
pequeños y grandes. Aleluya.
Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO - Cf. Ap 19,1-2, 5-7
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados
cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente
decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada
estrofa.
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Alabad al Señor sus siervos todos,
pequeños y grandes. Aleluya.
LECTURA BREVE 2Ts 2, 13-14
Nosotros debemos dar continuamente gracias a Dios por vosotros, hermanos, a
quienes tanto ama el Señor. Dios os eligió desde toda la eternidad para daros
la salud por la santificación que obra el Espíritu y por la fe en la verdad.
Con tal fin os convocó por medio del mensaje de la salud, anunciado por
nosotros, para daros la posesión de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
RESPONSORIO BREVE
V. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.
V. Su sabiduría no tiene medida.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Venid a mí todos los que andáis rendidos y agobiados, que yo os
daré descanso.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
+Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Venid a mí todos los que andáis
rendidos y agobiados, que yo os daré descanso.
PRECES
Demos gloria y honor a Cristo, que puede salvar definitivamente a
los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive para interceder en su
favor, y digámosle con plena confianza:
Acuérdate, Señor, de tu pueblo.
Señor Jesús, sol de justicia que iluminas nuestras vidas, al llegar al umbral
de la noche te pedimos por todos los hombres,
que todos lleguen a gozar eternamente de tu luz.
Guarda, Señor, la alianza sellada con tu sangre
y santifica a tu iglesia para que sea siempre inmaculada y santa.
Acuérdate de esta comunidad aquí reunida,
que tú elegiste como morada de tu gloria.
Que los que están en camino tengan un viaje feliz
y regresen a sus hogares con salud y alegría.
Se pueden añadir algunas intenciones libres
Acoge, Señor, a tus hijos difuntos
y concédeles tu perdón y la vida eterna.
Terminemos nuestras preces con la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACION
Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a
la humanidad caída, conserva a tus fieles en continua alegría y concede los
gozos del cielo a quienes has librado de la muerte eterna. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
LAS LECTURAS DEL DOMINGO 2 DE AGOSTO 2026
Lecturas
del XVIII Domingo del Tiempo Ordinario
02 Ago 2026
Primera Lectura
Lectura del libro de Isaías (55,1-3):
Así dice el Señor: «Oíd, sedientos todos, acudid
por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin
pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y
el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien,
saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y
viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a
David.»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 144
R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R/.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
(8,35.37-39):
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la
aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el
peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos
ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni
principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad,
ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo
Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios
Evangelio del XVIII Domingo del Tiempo Ordinario
02 Ago 2026
*Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21)*
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte
de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y
apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al
desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se
hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es
muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de
comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los
dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la
bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se
los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron
doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar
mujeres y niños.
Palabra del Señor
*Que la
Paz del Señor llegue primero a vuestros corazones antes que mis palabras*
«No
hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
*Esta
enseñanza del Señor es una lección para mí. Con su gesto corporal, el Señor me
habla y me confirma que él no actúa solo ni por su cuenta, sino en combinación
con su Padre. Él podía hacer el milagro sin mirar al cielo, pero este signo de
mirar al cielo es para que yo me enfoque cuando sienta en mi vida un problema
superior a mis fuerzas, que ni los bienes materiales me pueden resolver. Esta
enseñanza del Señor hoy me hace ver que no importa lo grande que sea mi
problema o mi dificultad: solo debo mirar al cielo y abrir mis brazos con fe. Arriba tengo un Padre que me ve, me escucha, me ilumina y
me llena de alegría y esperanza. Recuerdo las palabras del salmista cuando dice:
«Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? El
auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra*
*El que desea y quiere amar, con el corazón
según el Señor: llegará a ser, Santo*
V. El
Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.






